domingo, 25 de septiembre de 2011
Quatre per quatre setze
Minutos después era el turno de la intervención semanal de Pío Moa, casi siempre muy interesante, pero que hoy volvió con su matraca sobre el inglés, que está desplazando al español, etc. Y al final llega a decir que eso es mucho más grave que la inmersión lingüística en Cataluña, porque esta no va a tener éxito. Se entiende: no tendrá éxito en desterrar al español. De lo cual implícitamente se deduciría (esto lo digo yo) que para Moa el debate sobre la inmersión no es tanto una cuestión de libertad, como de idea de España. Igual que los toros, en suma.
Pero partamos de los hechos, antes de entrar en debates acaso estériles. ¿Seguro que no se puede estudiar en castellano en Cataluña? En realidad, sí se puede, como lo demuestran a menudo algunos medios de comunicación, que nos revelan los elitistas colegios a los que los propios dirigentes nacionalistas (pero no solo ellos, claro está) envían a sus hijos. Lo que no se puede hacer en Cataluña es elegir el español en la enseñanza pública. Luego, no es un problema de falta de libertad, sino de concepción de lo que son España y Cataluña, y del modelo educativo. El hecho de que esos colegios donde no se practica la inmersión en catalán no sean asequibles al bolsillo de la mayoría no tiene nada que ver con la cuestión de la libertad, como todo buen liberal sabe. No porque yo no pueda permitirme comer caviar todos los días voy a decir que en Cataluña, o en Pernambuco, no existe libertad para consumir caviar.
El razonamiento anterior no es incompatible con preferir un sistema en que los padres pudieran elegir la lengua vehicular de la enseñanza de sus hijos, incluso en la escuela pública. Del mismo modo que se puede preferir que no se prohíban los toros, y no por ello hacer de ello una cuestión de libertades, sino de símbolos, tradiciones, etc. Como yo no soy nacionalista, los argumentos melodramáticos que estos emplean para defender su modelo me parecen ridículos y falaces. Pero siempre me he sentido incómodo con la obsesión de ciertos autores a quienes admiro (pienso, por supuesto, en primer lugar, en F. Jiménez Losantos) por convertir la cuestión de la enseñanza del castellano en una cuestión de libertades en sí misma. Lo es solo en la medida en que el nacionalismo, como todo colectivismo, es terreno abonado para salvapatrias y proyectos de ingeniería social. Ahí está el problema del nacionalismo. No se trata de que viole un supuesto derecho sacrosanto de elegir la lengua de la educación. Personalmente creo tanto en ese derecho como en el derecho a cambiar de sexo a cargo de la Seguridad Social, es decir, nada.
Cuando los gobernantes, en lugar de gobernar, se dedican a tratar de moldear la sociedad a su gusto (a fer país) tenemos un problema, porque ningún gobierno es nadie para imponer la transformación de la sociedad. A partir de este momento, todos los abusos imaginables son posibles. La cuestión no es que las calles no estén rotuladas en castellano o que los libros de matemáticas, obligatoriamente, estén en catalán en la escuela pública. Eso nos podrá gustar más o menos, pero no toca una libertad esencial. A fin de cuentas, por minoritaria que sea en el mundo, el catalán es una lengua culta, como lo son el danés o el húngaro, y no pasa nada por que uno aprenda el teorema de Pitágoras en cualquiera de estas lenguas, mientras entienda lo que significa. En todas ellas se puede expresar que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Lo preocupante es lo que hay detrás de estos síntomas, que es el deseo de conformar a una población según un determinado plan, ateniéndose a un guión ideológico muy concreto.
Además puede ocurrir que no solo no estemos de acuerdo con los métodos de ingeniería social, sino tampoco con sus objetivos. Desde luego, yo no deseo una Cataluña independiente; tanto por razones prácticas como sentimentales, prefiero una España cohesionada, en la cual se respeten las particularidades culturales de cada región, pero donde el castellano, o español, fuera de manera efectiva la lengua oficial, la utilizada en la enseñanza, en las señalizaciones viarias, etc. Los catalanes nunca habíamos tenido problemas con el castellano hasta que una minoría de excusionistas y sardanistas neorrománticos y fascistoides se apoderaron del gobierno autonómico y empezaron a salir de hasta debajo de las piedras tipejos con barbita blanca de chivo que se sienten vejados por recibir un tiquet de compra donde diga "Droguería Manolo, para servirle." Llevamos años aguantando a estos lunáticos, pero precisamente por ello no vamos a comprar sus propios argumentos. Porque el de la barbita de chivo dice que Manolo el droguero coarta su "libertad" lingüística, su "derecho" a recibir un tiquet en catalán.
No, que el libro de matemáticas de mis hijos esté en catalán, no coarta mi libertad, aunque yo personalmente lo preferiría en español. Lo que sucede es que no tengo dinero para enviar a mis hijos a una escuela como la de los cachorros de Artur Mas; nadie más que yo tiene la culpa de que mis hijos aprendan álgebra en catalán, aunque la perspectiva tampoco me atormenta. Lo que amenaza mi libertad es que exista un gobierno que esté todos los días inmiscuyéndose en cosas que no son de su incumbencia, que obligue a rotular en catalán comercios privados (eso sí es una violación directa de la libertad, aunque poco frecuente: vayan ustedes a Tarragona) o que se salte las sentencias judiciales. Por ejemplo, en relación a la inmersión lingüística, de acuerdo: pero no porque esta en sí misma sea un atentado a la libertad, mientras no se extienda obligatoriamente a la enseñanza privada.
Si abusamos de la palabra libertad, incluso aunque sea para defender cosas perfectamente defendibles por otros motivos, no estamos favoreciendo la causa de la libertad, sino en el mejor de los casos, creando confusión. No nos preocupemos tanto por los pobres niñitos que estudian la tabla de multiplicar en catalán. Preocupémonos por la ideología del odio que se les inculca sutilmente, por las multas lingüísticas, por el famoso "tres por ciento" que se le escapó a Maragall, por la violación de la separación de poderes, por el mesianismo político. No hagamos un problema de lo que en sí mismo no lo es, no confundamos los síntomas con la enfermedad. Los toros, las banderas, el idioma de los libros de texto, no son tan trascendentes, me atrevo a afirmarlo. El problema, como siempre, son las ideas, las sutiles cadenas que estas forjan. Los gobiernos con ideas, los ideólogos en el poder: ahí está siempre el peligro.
sábado, 2 de julio de 2011
César Vidal y la mala fe
En aquella primera polémica, en mi opinión no se interpretó correctamente la postura de Pío Moa. Él no atacó a la homosexualidad, sino al homosexualismo, que son cosas distintas. Lo primero es una conducta que desde el punto de vista liberal no puede ser objeto de persecución ni discriminación pública; lo segundo es una ideología que pretende transformar la sociedad (mediante coacciones administrativas e incluso penales) para imponer una determinada concepción sobre la homosexualidad.
La actual polémica se inicia, aparentemente, por otro artículo de Moa de título provocador: "Defender el franquismo". En realidad, se origina en escritos anteriores de este autor, en los cuales reivindica la figura de Felipe II frente a los tópicos que beben en la Leyenda Negra. César Vidal, en su condición de protestante, no puede evitar traslucir ciertos prejuicios anticatólicos, lo que le lleva a una crítica insidiosa de las opiniones de Moa, en la cual sus afirmaciones epatantes sobre el franquismo le vienen que ni pintadas para descalificarle.
Vidal puede tener una parte de razón en cuanto a que la mentalidad estatalista heredada del franquismo sigue pesando en la sociedad actual. También en su observación de una cierta tendencia anglófoba de Moa. Pero su crítica sistemáticamente tergiversa la tesis de este, que evidentemente no afirma que Franco fuera liberal, sino que su régimen, en la práctica, lo fue mucho más que cualquier sistema totalitario fascista (en el pleno sentido del término) o socialista, y que estableció las bases de la democracia actual. A mí esto me parece una obviedad, que se aprecia por el hecho de que los grandes protagonistas de la transición fueron personajes procedentes del franquismo, como Juan Carlos, Suárez, Fraga y muchos otros.
Por lo demás, Moa replica con acierto que, pese al proteccionismo social del régimen, en los años sesenta se consiguió el pleno empleo. Responsabilizar al franquismo de los defectos estructurales de nuestro mercado laboral es una media verdad algo perezosa. Vidal no hace más que darle la razón a Moa en su contrarréplica, cuando pretende seguir sosteniendo su postura afirmando que el pleno empleo fue debido a la emigración, la escasa incorporación de la mujer al trabajo remunerado y la "liberalización" impulsada por el Plan de Estabilización. Salvo lo segundo (que por lo demás se daba en mayor o menor grado en todo el mundo, hace unas décadas), se trata precisamente de la clase de aspectos liberales que diferenciaban al franquismo de otra clase de dictaduras, como las de Europa Oriental. A ver qué alemán del Este podía irse a trabajar a Occidente y regresar sin problemas al cabo de unos años, como hicieron tantos españoles.
Un inciso. No comparto todas las opiniones de Pío Moa, especialmente su animadversión hacia el principal partido de derechas, el PP, por considerarlo parte del sistema. Curiosamente, aunque por razones opuestas, esta descalificación coincide con el mensaje de los "indignados". Pero no se aparta demasiado de la línea editorial de LD, que en los últimos años ha pasado de la acusación casi cariñosa de maricomplejinismo al ejercicio de una oposición frontal contra Rajoy. No se trata solo de Jiménez Losantos. Luis del Pino, en su programa de los fines de semana, llega hasta el extremo de presentar al PP como cómplice del PSOE en la presencia de Bildu en las instituciones, lo cual es una injusticia inaceptable: El PP es el único partido en el País Vasco que no ha permitido, ni directa ni indirectamente, que los proetarras obtengan ningún cargo político. (Fin del inciso.)
Hace tiempo que no escucho a César Vidal, y desde luego las formas empleadas en esta polémica me disuaden de volverlo a hacer. Abochorna que se finja dolido por las opiniones de Moa sobre la homosexualidad, cuando él invitó a su programa a un psiquiatra que mantiene que esta inclinación es una enfermedad, y prescindió de una colaboradora de su sección cultural al día siguiente de que esta hiciera una reseña de la película Brokeback Mountain, en la cual no cargaba con suficiente ferocidad contra ella, aunque no la elogiara precisamente.
Lo que ya produce grima es, aparte de su pedantería, el juego sucio de Vidal. Primero, haciéndose la víctima al recordar el episodio de la polémica anterior, que terminó con la salida de Marco de LD, como si hubiera sido por culpa de Moa. Y esto lo dice quien tiene muertos en el armario como Girauta. Y segundo, sugiriendo, como quien no quiere la cosa, connivencias de Moa con el antisemitismo, especie que no se sostiene ni un minuto. Hay que tener mala fe para utilizar semejantes procedimientos, y desgraciadamente parece que de ello se trata en este caso.
Para seguir la polémica hasta este momento:
Primera acotación a Pío Moa
Segunda acotación a Pío Moa
Tercera acotación a Pío Moa
César Vidal intenta refutarme
Segunda respuesta a César Vidal
Tercera respuesta a César Vidal (I)
Errores metodológicos de César Vidal (II)
Errores de hecho de César Vidal (y III)
Moa, me decepciona
¿Es liberal César Vidal?
domingo, 2 de enero de 2011
Ideas y personas
A mí Álvarez-Cascos sinceramente me parecía un valor sólido del PP, un tipo que ayudaba a conseguir votos y no se andaba con tibiezas. Al menos así lo veía hasta que filtró a la prensa que estaba dispuesto a presentarse por su cuenta, si no se atendían sus ambiciones asturianas. Pero nunca se me ocurrió pensar que sin Cascos, el PP perdía ninguna esencia. Si he sido y soy crítico del pepeísmo (de poner al partido por encima de las ideas), más lo soy aún de los personalismos, de pensar que existan individuos providenciales. Aquellos que El País y LD llaman "cadáveres políticos de Rajoy", Mayor Oreja, María San Gil, Ortega Lara, Acebes, Zaplana o Pizarro, son personas con sus virtudes y defectos, como todos, y según demos más relieve a unas u otros, podemos obtener retratos muy distintos.
A Mayor Oreja hay que escucharle siempre con la máxima atención cuando habla del País Vasco, pero si le desvías de ese tema, pierde muchísimo, se vuelve evanescente y escurridizo. Recuerdo una entrevista radiofónica en la que Federico y Pedro J intentaron sacarle alguna opinión sobre las actuaciones policiales y judiciales sobre el 11-M (creo que fue antes de las elecciones del 2008), pero el hombre se escabulló como una anguila.
Y ya que hablamos del 11-M, no podemos decir que aquellos infaustos días Ángel Acebes tuviera una brillante actuación, por mucho que su honradez quedara acreditada, informando a los ciudadanos prácticamente en tiempo real del curso de las investigaciones (o lo que la policía le contaba de ellas).
Pero es que Manuel Pizarro, siendo como es una persona indudablemente preparada y competente, como político es otra alma de cántaro. En el famoso debate entre él y Solbes, no me he cansado de decirlo desde el día siguiente, tener la razón no le sirvió de nada, porque no supo comunicarlo. Solbes le venció -y resulta penoso decirlo- utilizando el más puro método lakoffiano: Buscó llevar el debate al terreno ideológico (impuestos altos sí o no, pensiones públicas o privadas) y Pizarro (no Rajoy, señores, Manuel Pizarro: el mismo) lo rehuyó despavorido; ingenuamente pensó que con mostrar estadísticas, en lugar de ideas, podía contrarrestar la propaganda gubernamental.
En fin, si queremos podemos hablar incluso de Aznar (por quien siento la máxima admiración), de su "viaje al centro" y del catalán en la intimidad. O de Esperanza Aguirre (ídem) y el dinero que se gasta en publicidad institucional, especialmente en campañas inspiradas en la ideología de género. Pero la verdad, me da mucha pereza. Si siguiera por ese camino, llegaría a conclusiones parecidas a las de Pío Moa, para quien el PP no es más que otra marca del PSOE, y Rajoy un personaje tan nefasto o más que Zapatero.
¿Por qué no estoy de acuerdo con Moa en esto? Primeramente por una razón empírica. Si comparo los veinte años que han gobernado los socialistas con los ocho años de Aznar, no hay color. Aznar, ya digo, no era el Mesías, cometió errores graves (como la retirada de su tímida reforma laboral tras la huelga general, por citar sólo uno) y omisiones quizás peores. Pero globalmente fue el mejor presidente de la democracia española. Por mera analogía, creo que es lícito pensar que aunque Rajoy no nos lleve al éxtasis, puede llegar a ser un buen gobernante. Concedámosle al menos el beneficio de la duda. Incluso si nos engañara, creo que es imposible que lo hiciera peor que Zapatero.
En segundo lugar, me considero una persona conservadora. Quizás conservadora a fuer de liberal, pero conservadora al fin y al cabo. Y lo que define al conservador es que antepone (o eso intenta) el mundo real al mundo de la imaginación. Podemos fantasear todo lo que queramos sobre el partido liberal-conservador que necesitaría este país, sobre un líder político carismático y que defendiera sin complejos el liberalismo económico y se enfrentara heroicamente a la corrección política en temas como la ideología de género o el ecologismo. Pero al final tenemos lo que tenemos. El radicalismo del todo o nada es más fácil que conduzca a lo segundo que a lo primero.
Por supuesto, ser conservador no implica la renuncia a mejorar las cosas. No es sólo válido, sino obligado, tratar de forzar a los políticos a que tengan en cuenta las demandas de la sociedad civil, y en este sentido el movimiento del Tea Party me parece ejemplar. Los americanos no han ido a cargarse al Partido Republicano, no han dicho que todos los políticos son iguales. Han tratado de influir en la formación que más se acerca a sus ideas, y -todo hay que decirlo- su sistema político de primarias y listas abiertas les ha facilitado mucho la tarea. El resultado ha sido un gran éxito en las recientes elecciones parciales, no sólo de un partido, sino también en gran medida de las ideas centrales que defiende el Tea Party. ¿Qué hubieran conseguido diciendo que el Partido Republicano ya no les representaba, y aconsejando el voto a formaciones minoritarias?
Cada vez me aburren más las beatificaciones, sean las de María San Gil, Manuel Pizarro o Álvarez-Cascos. Y me incomoda que quienes elaboran con gran mérito las bases intelectuales de una derecha liberal se deslicen con tanta facilidad al género hagiográfico. No necesitamos eso. A mí al menos me basta con saber cómo piensan en general los militantes del PP y cómo piensan los del PSOE. Les aseguro que no es fácil confundirlos.
lunes, 6 de diciembre de 2010
La siniestra conspiración judeo-barcelonista
En Madrid también tienen que vender periódicos, claro. Allí está a la orden del día la teoría del villarato, según la cual el presidente de la RFEF, Ángel María Villar, influye en el colectivo arbitral para favorecer sistemáticamente al Barcelona. Esta teoría nace del apoyo que recibió este dirigente deportivo del anterior presidente del FCB, Joan Laporta, lo cual tiene tanto valor demostrativo como las estadísticas que aduce la prensa catalana para sostener exactamente lo contrario: Es decir, ninguno.
Pese a estos precedentes, confieso que la entrada del blog de Juan Manuel Rodríguez del 2 de diciembre me ha sorprendido por su desmesura victimista. Dice el ferviente bloguero madridista:
"Nunca como ahora he tenido tan meridianamente claro que el Real Madrid Club de Fútbol es objeto de una persecución salvaje, un acorralamiento producto de tantos y tantos años de superioridad sobre el resto, un hostigamiento coordinado desde varios sectores del fútbol nacional e internacional."
Luego sigue hablando de operación de "Madricidio", de "archienemigos" del club merengue movidos por "la inquina más profunda" y termina su pataleta incluyendo a Guardiola entre los que "van a por el Madrid", sector "fariseísmo santurrón" que mea colonia. Supongo que si el estilo de Pep fuera más chabacano, entrando al trapo de las provocaciones y baladroneando de sus éxitos deportivos, en la capital del reino caería simpatiquísimo.
Evidentemente, JMR respira por la herida de las sanciones de la UEFA, y de las reacciones mediáticas por la aplastante victoria azulgrana en el Camp Nou por 5-0. En lugar de hacer el menor amago de autocrítica, defiende la unidad total del madridismo en torno a los jugadores y a Mourinho, al que, pese al poco tiempo que lleva en el club, califica como el mejor entrenador desde Miguel Muñoz, nada menos.
Como seguidor del Barça, no puedo menos que alegrarme de este tipo de reacción visceral, de completa ausencia de reflexión en el entorno madridista. Me parecería mucho más temible el Madrid con un entrenador como Vicente del Bosque, o incluso Pellegrini (quien sostuvo una lucha titánica con el FCB la temporada pasada, quedando sólo a tres puntos por detrás del campeón) que no con un chuleta de discoteca como Mourinho. Me parecería mucho más temible si hubiera fichado a David Villa antes que el Barça, aunque por suerte (según contaba el viernes pasado José María García en una entrevista radiofónica en RAC 1) no lo hizo porque "no vendía camisetas". Pues nada, que continúen pensando que una mano negra les niega los títulos que ha conquistado el Barça en los últimos años y que lo hacen todo maravillosamente bien, porque son "el mejor club del siglo XX". Echar la culpa de los males propios a otros -y refugiarse en la nostalgia de edades doradas- es la fórmula segura para no remediarlos. El Madrid es historia; el Barça está haciendo historia.
P. S.: Creo que fue el lunes pasado que escuché a Federico Jiménez Losantos en esRadio decir que el 70 % de los aficionados españoles son del Madrid. Menos lobos, Federico. Según el Barómetro de Opinión del CIS de mayo del 2007, un 32,8 % de los aficionados sienten mayor simpatía por el Real Madrid que por cualquier otro equipo y un 25,7 % por el F. C. Barcelona, a mucha distancia del Valencia (5,3 %) y del Bilbao (5,1 %). Y no me sorprendería que durante la era Guardiola, el porcentaje del Barça se haya acercado aún más al del eterno rival.

domingo, 18 de julio de 2010
Homosexualismo, familia y estatismo
Los activistas homosexualistas se defienden asegurando que ellos no atacan en absoluto la familia, sino que tratan de dignificar los llamados "otros modelos de familia" basados, al igual que la tradicional, en el amor y el respeto mutuo. Para ello aducen un supuesto consenso científico según el cual los hijos criados en hogares homoparentales no presentan mayores problemas que los demás. Sin duda, esto puede ser así en las muestras seleccionadas, pero no debería sorprender que ciertos estudios guiados por los prejuicios políticamente correctos acaben "demostrando" aquello que se quería demostrar. Otros trabajos empíricos, sin embargo, muestran que los hogares que se apartan del modelo de la familia tradicional registran mayores índices de violencia doméstica, abusos sexuales y fracaso escolar. Pero la cuestión no es si una pareja homosexual ideal (estable, con buenos ingresos y alto nivel de formación) puede criar adecuadamente a un niño, que seguramente sí, sino en qué medida esa idílica pareja ideal, que se diría sacada de una teleserie con afán pedagógico, es representativa de las uniones homosexuales. Podemos y debemos respetar los casos de familias homoparentales existentes, pero favorecer su proliferación, ponerlas al mismo nivel que el modelo clásico de familia es una de las variantes más grotescas del igualitarismo a ultranza, que no supone el más mínimo avance en la libertad de nadie, ni homosexual ni heterosexual, sino más bien todo lo contrario (pensemos en la multa de 100.000 euros impuesta gubernativamente a Intereconomía TV).
Que el homosexualismo en el fondo no es más que un ataque soterrado contra la familia (y por tanto un frente de batalla más del estatismo) lo demuestra el hecho de que para justificar sus tesis, no tienen más remedio que poner en cuestión la llamada familia tradicional. En un informe-manifiesto elaborado por el CONICET (especie de CSIC argentino) para apoyar la legalización del matrimonio homosexual decretada por el gobierno de Cristina Kirchner, se sugiere que estudiar las familias homoparentales ya es en sí discriminatorio. "¿O alguien estudia -se pregunta de manera venenosa- a las familias heterosexuales para ver si tienen derecho a existir?" Pues a este paso, ya nada nos extrañaría. Según el informe, la familia en absoluto puede ser considerada una institución natural: "El tipo de familia nuclear que se suele identificarse (sic) como el modelo tradicional no se remonta a mucho más de cien años atrás y pertenece a la experiencia de determinadas clases sociales" (se les entiende: es un invento burgués). De ahí a reeditar viejos experimentos fracasados, como las comunas, o defender lisa y llanamente un sistema de crianza y hasta reproducción de la especie totalmente estatalizado, como en la famosa novela de Aldous Huxley, hay un paso muy corto.
sábado, 3 de julio de 2010
Vídeo estomagante en un canal de Godó
Imaginemos la que se organizaría ante un vídeo en el que junto a imágenes de Stalin, de iglesias reducidas a cenizas durante la república y la guerra civil, y de cadáveres de fusilados en las cunetas, aparecieran las de Iñaqui Gabilondo, Enric Sopena y Zapatero, sugiriendo que los periodistas y el político fueran directos herederos del totalitarismo comunista. Pues bien, sin duda serían menos injustas que el vídeo de Quintana, pues al menos Zapatero se ha proclamado rojo y se ha identificado claramente con el bando del Frente Popular. Por el contrario, Jiménez Losantos es el máximo popularizador en España del liberalismo, ideología no demasiado compatible con los Principios del Movimiento, mientras que el ex presidente, a través de la fundación FAES, sus libros, artículos y conferencias, es también hoy un notable padrino de las ideas de Adam Smith y Hayek.
¿Por qué, pese a ello, un engendro como La costra no generó las acusaciones de manipulación y demagogia que -previsiblemente- provocaría el montaje aquí propuesto? Pues muy sencillo: Porque las ideas de la izquierda las conoce todo el mundo, mientras que los conceptos básicos del liberalismo conservador son ignorados por millones de personas, que así pueden tragarse sin dificultad las distorsiones más burdas, e incluso aplaudirlas. Sólo conocen de Losantos o de Aznar declaraciones aisladas y sacadas deliberadamente de contexto para generar rechazo, mientras que el discurso de la izquierda, por su simplicidad y emotividad, por sí solo es mucho más fácil de vender. Además, generalmente, casi todos hemos venimos recibiendo desde la infancia y la adolescencia el adoctrinamiento de profesores y medios de comunicación progres. Como ha dicho Thomas Sowell:
"Mucha gente de derechas no tiene problema en entender a la gente de izquierdas porque gran parte de ella, si no la mayoría, era ella misma de izquierdas en su juventud. Pero gran parte, si no la mayoría de la gente de izquierdas, encuentra inexplicable cómo una persona decente e inteligente puede ser de derechas."
Por eso es imprescindible denunciar cada libelo, cada infamia, por muy torpes que sean. No podemos resignarnos a considerarlos normales, porque actúan como diques propagandísticos de contención de las ideas liberales, disuadiendo a miles de personas de experimentar un mínimo de curiosidad por conocerlas.
martes, 8 de septiembre de 2009
EsRadio ya se escucha en Tarragona (98.70 MHz)
sábado, 20 de junio de 2009
Federico Jiménez Losantos
Cuando tenía veintitantos años, una chica de mi pandilla, hija de guardia civil, nos contó con orgullo que su abuelo o su padre (no me acuerdo bien), del mismo pueblo de Jiménez Losantos, Orihuela del Tremedal, prácticamente lo había tenido en su regazo de niño. Se llamaba Valero. Recuerdo que la reacción de varios de nosotros fue de mofa. Considerábamos que Jiménez Losantos era un facha enemigo de Cataluña y bla bla bla.
Mi propio padre, por cierto, siempre fue un acérrimo seguidor de Federico. Pasaron los años, y como he contado otras veces, fui superando la izquierditis, aunque reconozco que tardé más en sustraerme al nacionalismo catalán ambiental. Por entonces descubrí Libertad Digital, y por este medio me enteré un día de que un autor del que había leído dos o tres excelentes libros, César Vidal, se encargaría del programa nocturno de la COPE. Así que empecé a escucharlo. Y al cabo de no mucho tiempo, de manera natural, empecé a sintonizar también esa emisora por las mañanas, es decir, me convertí en oyente de Jiménez Losantos. De hecho, si a César Vidal dejé de seguirlo, porque por las noches prefiero leer o navegar por internet (con “El gato al agua” de fondo en la tele; aunque cada vez también lo voy siguiendo menos), a FJL me he mantenido fiel, en parte porque es el horario que me va mejor, pero sobre todo porque es el comunicador con el cual más me identifico ideológicamente. (¡Exceptuando sus filias y fobias futbolísticas!).
Jiménez Losantos encaja bastante en el perfil del neoconservador, aunque el término me parece de dudosa utilidad fuera de Estados Unidos. Ha evolucionado desde la izquierda a posiciones liberal-conservadoras, es decir, la defensa del mercado libre y la propiedad privada, y de las raíces judeocristianas de nuestra civilización. De ahí también deriva en gran medida su idea de España, como nación clave en la formación de lo que conocemos como Occidente.
Al igual que los neocón estadounidenses, se opone al intervencionismo estatal, pero admite sin demasiados reparos la existencia de un sector público en la educación y la sanidad. Esto le lleva a mostrar un apoyo sostenido a la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ignorando las críticas de cierto liberalismo de torre de marfil. No sé si es exactamente lo que piensa Federico, pero esta flexibilidad en los principios liberales me parece admisible sólo desde un punto de vista táctico y gradualista, porque para mí lo ideal sería un Estado mínimo, reducido a la función estrictamente defensiva y jurídico-policial.

FJL se reconoce ateo, y no duda en cargar contra los “meapilas” desde la propia emisora de los obispos cuando lo cree conveniente, pero al mismo tiempo experimenta los mayores recelos ante quienes, como Rodríguez Zapatero, no se esfuerzan demasiado en disimular su odio hacia “Roma y la Cruz”. Es aquí donde me siento quizás más cercano a Jiménez Losantos, porque siendo también agnóstico, desde hace mucho me asquea la ingenua suficiencia y el simplismo adolescente de la mayor parte del ateísmo que hoy se manifiesta. (Quizás con la postura que me identifico aún más es con la que expresó elegantemente Andrés Amorós en una entrevista que le hizo Víctor Gago en Libertad Digital TV, cuando a la pregunta de si era creyente contestó: “Lo intento.”) En este aspecto, creo que Jiménez Losantos es el mayor divulgador del liberal-conservadurismo hayekiano en España, es decir, de la idea de que la libertad no puede sobrevivir sólo con burdos presupuestos "racionalistas", sin una tradición, unos valores morales y unos vínculos familiares y asociativos que permitan al individuo desarrollarse autónomamente desde la infancia, eludiendo la dependencia del Estado.
Pero quizás el rasgo ideológico más definitorio de Jiménez Losantos es su crítica rotunda del nacionalismo, especialmente el catalán. Como catalán que soy, reconozco que al principio fue lo que más me dificultó acercarme a él. Pero por caminos propios he llegado a las mismas conclusiones. Aquí sobre todo creo que ha sido determinante la singular influencia de mi padre, catalán de pies a cabeza (hijo de inmigrantes murcianos perfectamente integrados en Barcelona), casado con una arbequina -mi madre-, defensor siempre del idioma catalán, preocupado por que sus hijos lo habláramos con corrección y admirador de Josep Pla, al que conoció... Y al mismo tiempo, como recuerdo desde que tengo uso de razón, un enemigo implacable del provincianismo nacionalista y toda su parafernalia kulturkampf.
Por último, no podemos olvidar el papel crucial de Jiménez Losantos en la denuncia del golpe de Estado del 11-M y de la manipulación policial y judicial de la investigación de aquellos atentados, que es todo una y la misma cosa. Es ahí donde se demuestra el liberalismo, en la lucha sin cuartel contra la arbitrariedad y el abuso del poder, no simplemente en la defensa, con ser importante, de un mero programa económico. Porque el liberalismo es por encima de todo la desconfianza hacia el poder político, y no meramente la idea de que la libertad es útil para hacer crecer la renta per cápita, cosa evidente pero que a fin de cuentas se deduce de lo esencial, de un análisis solvente de las consecuencias del despotismo.
Se acercan tiempos decisivos. Con un gobierno que está usando la crisis económica para imponer más socialismo, en lo económico y en lo cultural, y una oposición que ha renunciado a su función de tal, para limitarse a heredar el poder, la salida de Jiménez Losantos de la COPE (sin que sepamos cuánto tiempo le llevará volver a tener una audiencia nacional) es un grave contratiempo para todo aquel que crea en la libertad y en España. Pero por ahora, hay que resistir, e Internet sigue siendo la trinchera más providencial que nunca podíamos haber imaginado.
lunes, 4 de mayo de 2009
Daños colaterales del Madrid 2-Barça 6
Pero esta mañana, lo siento Federico, te has pasado de cargante. Calificar de “agresión” la metáfora escasamente original de Mayor Oreja, quien dijo ayer que el PP ganaría por “goleada” las elecciones europeas, porque los madridistas se puedan sentir aludidos, es algo excesivo. Pero atribuir el desliz patoso del candidato a un “resentimiento” propio de su origen donostiarra, como si Mayor Oreja fuera un Odón Elorza cualquiera, me ha parecido una rabieta impropia de una persona de la inteligencia de Jiménez Losantos.
Pase que la línea editorial de la sección deportiva de la COPE sea madridista. Están en su derecho. Pase incluso –aunque menos– que parezca como si dieran por sentado que todos sus oyentes sean del Real Madrid, y que entre veras y burlas se refiera siempre Losantos, machaconamente, a las derrotas o los malos partidos de su equipo preferido como acontecimientos “luctuosos” (según para quien ¿no?). Pero que la emprenda contra un líder político como venganza por el 2-6, es francamente lastimoso. De todos modos, seguiré escuchando a Losantos, porque a mí sí que me importa un carajo de qué equipo sea. Al menos mientras no vuelva a mezclar churrras con merinas.
domingo, 5 de abril de 2009
Siempre nos quedará Libertad Digital
El momento no es casual. Tras la victoria en las autonómicas gallegas y el pacto entre PSE y PP en el País Vasco, el liderazgo de Rajoy sale fortalecido. Al no renovarle contrato a Losantos, la Conferencia Episcopal apuesta por el actual líder del Partido Popular frente a alternativas como Esperanza Aguirre o Rodrigo Rato.
Para los liberales es una mala noticia, pues posiblemente Losantos sea el intelectual liberal más influyente de España. El trabajo que ha hecho durante todos estos años, consistente en introducir a una audiencia básicamente conservadora en los principios del liberalismo, es impagable. En todo caso, we'll always have Libertad Digital.
lunes, 23 de marzo de 2009
Girauta y Vidal
He de decir, aunque me cueste perder la simpatía de alguien, que para mí Girauta tenía toda la razón, en aquella ocasión. Aunque al igual que él nunca he creído para nada (ni siquiera cuando era progre) en esa entelequia de los Països Catalans, otra cosa muy distinta es que esté dispuesto a comulgar con ruedas de molino. Y decir que valenciano y catalán son dos lenguas distintas no se lo cree ningún catalán ni ningún valenciano que esté familiarizado con el habla de ambas comunidades, como es mi caso. No hace falta ser filólogo ni historiador. Las diferencias entre ambas variantes lingüísticas son tan irrelevantes para la mutua comprensión como puedan serlo las del argentino y el castellano.
Otra cosa es que a los valencianos no les guste que su lengua se llame catalán, cosa que comprendo perfectamente, y por supuesto creo que tienen todo el derecho a llamarla como les dé la gana.
Insisto, desconozco si la ruptura ha tenido que ver con diferencias de opinión en este tema u otro. Pero dicho esto, también pienso que Girauta no ha estado correcto en las formas, eso hay que reconocerlo.
Pese a ello, espero que pronto veamos a Girauta en "El gato al agua". Todas las mañanas me levanto a las siete escuchando a Jiménez Losantos, pero por las noches, hace tiempo que migré de "La Linterna" al programa de Intereconomía TV. [ACTUALIZACIÓN: Pese a esto y esto.] Con todo el respeto intelectual que me merece César Vidal, no acabo de sintonizar con su estilo. Losantos es muy distinto; él discrepa con naturalidad con sus contertulios, no trata de recrear una especie de comunidad de pensamiento seráfica, ni por tanto necesita de vez en cuando excomulgar a nadie que se desvíe de la recta doctrina, que es la sensación que produce César Vidal: Más comedido en las formas pero intransigente en el fondo.
miércoles, 30 de julio de 2008
Carcalejos, Carcalejos, Carcalejos
Están haciendo con Jiménez Losantos lo mismo que hicieron en su día con Gómez de Liaño, tratar de destruirlo. También entonces hubo una serie de jueces adictos al polanco-cebrianismo (Auger, Bacigalupo, etc) que pusieron todo su empeño en destruir civilmente a quien había osado desafiar al poder fáctico fácilmente reconocible.
Esta vez se trata de eliminar al periodista que con mayor vehemencia ha denunciado la mentira de la versión oficial del 11-M, lo que le lleva a oponerse a personajes como Gallardón o Carcalejos. Para ello, el gobierno cuenta con inestimables apoyos en la judicatura y en los medios de comunicación, que actúan con coordinación casi militar, en el mejor estilo soviético. Y así nos vamos acercando peligrosamente al punto de no retorno en el deterioro de nuestra democracia, si es que no lo hemos sobrepasado ya.
Una juez ha condenado a Jiménez Losantos, por "intromisión ilegítima en el derecho fundamental al honor", a indemnizar a Carcalejos con 100.000 euros, a publicar el fallo de la sentencia en tres periódicos y a leerlo tres veces en su programa. (No precisa si debe hacerlo de rodillas.)
Están haciendo con Jiménez Losantos lo mismo que hicieron en su día con Gómez de Liaño, tratar de destruirlo. También entonces hubo una serie de jueces adictos al polanco-cebrianismo (Auger, Bacigalupo, etc) que pusieron todo su empeño en destruir civilmente a quien había osado desafiar al poder fáctico fácilmente reconocible.
Esta vez se trata de eliminar al periodista que con mayor vehemencia ha denunciado la mentira de la versión oficial del 11-M, lo que le lleva a oponerse a personajes como Gallardón o Carcalejos. Para ello, el gobierno cuenta con inestimables apoyos en la judicatura y en los medios de comunicación, que actúan con coordinación casi militar, en el mejor estilo soviético. Y así nos vamos acercando peligrosamente al punto de no retorno en el deterioro de nuestra democracia, si es que no lo hemos sobrepasado ya.
Una juez ha condenado a Jiménez Losantos, por "intromisión ilegítima en el derecho fundamental al honor", a indemnizar a Carcalejos con 100.000 euros, a publicar el fallo de la sentencia en tres periódicos y a leerlo tres veces en su programa. (No precisa si debe hacerlo de rodillas.)
Están haciendo con Jiménez Losantos lo mismo que hicieron en su día con Gómez de Liaño, tratar de destruirlo. También entonces hubo una serie de jueces adictos al polanco-cebrianismo (Auger, Bacigalupo, etc) que pusieron todo su empeño en destruir civilmente a quien había osado desafiar al poder fáctico fácilmente reconocible.
Esta vez se trata de eliminar al periodista que con mayor vehemencia ha denunciado la mentira de la versión oficial del 11-M, lo que le lleva a oponerse a personajes como Gallardón o Carcalejos. Para ello, el gobierno cuenta con inestimables apoyos en la judicatura y en los medios de comunicación, que actúan con coordinación casi militar, en el mejor estilo soviético. Y así nos vamos acercando peligrosamente al punto de no retorno en el deterioro de nuestra democracia, si es que no lo hemos sobrepasado ya.
martes, 17 de junio de 2008
No pasa nada (por ahora)
Ignoro si es costumbre de las transcripciones judiciales de discursos orales optar por la grosera fonetización de nombres propios extranjeros, como por ejemplo "Juliani", repetido sistemáticamente en la sentencia para referirse al alcalde neoyorquino Giuliani, entre otras igualmente ridículas, y si es normal la carencia de puntuación casi total en dichas transcripciones.
No me entretendré en comentar aspectos formales, a fin de no desviarme de lo importante, que es el argumento esencial de esta sentencia. Traducido al lenguaje corriente, aquel en el que Giuliani se escribe Giuliani, podría formularse así:
Federico Jiménez Losantos no puede ampararse en la libertad de expresión porque no se puede probar que el alcalde Gallardón dijera lo que algunos afirman que dijo, es falso que literalmente dijera cosas como "quiero tapar el 11-M" y no es cierto que todo el mundo interpretara de la misma manera sus palabras.
Es decir, la jueza nos está diciendo, primero, y en contradicción con los mismos fundamentos de derecho que la propia sentencia cita poco antes, y que definen la veracidad en términos de los cánones comúnmente admitidos de profesionalidad, que sólo es información veraz aquella que se puede probar. Nótese la enormidad de semejante afirmación. Prácticamente se carga toda posibilidad de opinión libre. Podemos comprobar que está lloviendo porque nos mojamos, pero ¿cómo demostrar enunciados complejos del tipo de "Gallardón traiciona los principios del PP"?
En segundo lugar, aunque en el fondo deriva de lo anterior, la sentencia increíblemente prohíbe toda interpretación. Puesto que el alcalde madrileño en ningún momento dijo literalmente que él no quería investigar el 11-M, no se puede afirmar legalmente (!) que ese fuera el sentido de sus palabras.
En tercer lugar, de manera increíblemente burda, la sentencia presenta triunfalmente como una falsedad más, imputable al querellado, la tesis de que todos los medios habrían interpretado del mismo modo las palabras de Gallardón. Y si fuera cierto que Federico hubiera incurrido en esa exageración ¿de verdad eso es materia de interés penal? Y sobre todo, ¿demuestra algo en absoluto, salvo que cada cual es libre de interpretar las palabras de un alcalde o las del rey como le venga en gana? Pues parece que según la ilustrísima magistrada, no es así.
Que los epítetos dedicados a Gallardón sean más o menos hirientes, es cuestión en la que, por sí sola, no se podía fundar una sentencia condenatoria. Insultar es llamar a alguien hijo de puta o cabrón, y todo lo que no sean expresiones de este jaez no pueden ser consideradas insultos, salvo que se quiera hacer imposible la crítica a los políticos. Por eso la magistrada ha optado por una estrategia argumentativa tan desesperada como era la de entrar en la veracidad de las afirmaciones de Federico, lo que nos conduce a algo tan absurdo y quimérico como querer fijar la interpretación que era lícito dar a las palabras pronunciadas por Gallardón en un acto del diario ABC.
Así que tranquilos. La libertad de expresión sigue indemne, por el momento. Con sentencias así, da gusto recurrir.
miércoles, 4 de junio de 2008
Descubriendo a Federico... Y una entrevista bilingüe a Girauta de propina
Federico me mola*
Lo habéis conseguido: me habéis convertido en un gran seguidor de Federico Jiménez Losantos. No porque me guste su estilo, que es demasiado agresivo. Ni por su ideología, porque no soy liberal. Ni por su amor eterno hacia España, ya que las patrias no me motivan tanto. Ni por sus filias ni fobias. Ni porque tenga acciones de la COPE ni de Libertad Digital -ya me gustaría. Pero cuando quieren cerrarle a alguien la boca, tengo la tendencia a enterarme de lo que dice y del porqué quieren que calle. Y Losantos es un radical. Pero radicales los hay por todas partes, en todos los periódicos -excepto en La Vanguardia, que es la moderación hecha diario-, en la televisión pública (¿hablamos de los reportajes propagandísticos de Terra Lliure en TVC?), y en las diferentes emisoras de radio del panorama comunicativo catalán y español. Y no se ha desatado ninguna campaña en contra del resto de opinadores.
Mira que es fácil no escucharlo y cambiar de emisora. O si se pasa de la raya ir a los tribunales y denunciar sus excesos. Pero no, aquí lo que molesta es que alguien sea diferente y se salga del rebaño. Todos los periodistas hacen política, nadie hace información. Todos comprados por los partidos o comprometidos con su causa. Pero no, el que molesta es Losantos. Federico es más directo, y más agresivo. Pero en una democracia el límite de la libertad de expresión está en manos de la justicia. Quien quiera luchar contra sus ideas, que lo haga mediante la palabra, pero no pidiendo que lo despidan. Se ve que el franquismo no terminó en Cataluña y España con la muerte del dictador, y todavía quedan muchos partidarios de la dictadura mental: abríos de mente, dejad que Losantos diga lo suyo, y si os insulta, buscad un buen abogado y a por todas...
Os recomiendo esta entrevista con Juan Carlos Girauta, uno de los columnistas de esta casa [e-Notícies] y colaborador de Jiménez Losantos.
Por cierto, que me uno a la recomendación de la entrevista, curioso ejercicio de bilingüismo, porque está hecha alternando preguntas en catalán y castellano.
_______
*En castellano en el original
viernes, 23 de mayo de 2008
La paradoja de Carlos López
Hoy sin embargo, he leído con disgusto la siguiente frase en la que, mientras escribo esto, es la última entrada en su blog:
Un día, leyendo cómo no LD, me enteré de que César Vidal, a quien conocía y admiraba desde que mucho tiempo antes leyera El Holocausto y otros libros suyos, había sido fichado por la cadena COPE para dirigir el programa nocturno La linterna. Así que empecé a escuchar por primera vez esta emisora. Y de la noche, pasé a La mañana. Ahora me levanto todos los días a las siete escuchando a Jiménez Losantos. El ciclo se ha completado, soy un derechista sin remisión. Pero si algún día los obispos deciden prescindir de Federico y apuntarse al centro reformista de Rajoy, Gallardón o quien haya entonces en el Ministerio de la Oposición, seguiré teniendo Libertad Digital. Eso sí, el acto matutino de afeitarse será mucho más aburrido.
Se me perdonará que haya hablado de mí. No quiero que sea el estilo de este blog. Pero si no lo digo, reviento. Ah, y Carlos, apreciado tocayo, esto no va contra ti. Al contrario, seguramente te leeré en adelante con más atención. Por mi parte, te aconsejo que hagas lo mismo con Libertad Digital, o al menos con algunos de sus columnistas. Un tío inteligente como tú se dará cuenta de lo injusta que ha sido aquella frase.
miércoles, 2 de abril de 2008
Miserere nobis
Estar de acuerdo en todo lo que dice Federico, de las 6 de la mañana hasta me parece que las 12 que dura su programa, cinco días a la semana, incluyendo su columna en El Mundo, sus libros y su blog sería algo prodigioso, lo nunca visto. Vamos, que ni dos gemelos univitelinos podrían aspirar a semejante coincidencia.
Dicho esto, evidentemente somos muchos los que compartimos sus posiciones fundamentales. Así, en lo del 11-M, creo que tiene más razón que un santo, y se me disculpará el chiste fácil en alusión a la cadena de los obispos. Si pensar que el 14 de marzo del año 2004 triunfó en España un golpe de Estado es ser un conspiranoico, muchos desde luego lo somos.
Ahora bien, hablar como hace Iracundo, del “apoyo incondicional” al PP por parte de Federico, me parece sumamente inexacto. Yo hablaría más bien de una relación amor-odio. Para cualquiera que lo siga mínimamente, es una evidencia que FJL lleva desde hace mucho tiempo defendiendo la existencia de una derecha liberal española. Esto puede hacerse de dos maneras, básicamente. Creando un partido nuevo, o intentando que el principal partido de la derecha asuma los postulados liberales y no reniegue de ciertas concepciones del conservadurismo clásico. Como desde luego no se logrará, es creando un partido nuevo… de izquierdas. Que es lo que son UPyD y Ciutadans.
Jiménez Losantos, es cierto, no pierde oportunidad de expresar cierta simpatía hacia el partido de Rosa Díez. Y en cuanto a C’s, en sus inicios al menos hizo incluso más que eso. Pero jamás ha negado que sus posiciones están más próximas a lo que podemos llamar derecha (libertad económica y respeto a la tradición judeocristiana) que no a la izquierda más agresivamente laicista y de tendencias socialistas o víaterceristas, por mucho que en algunos puntos programáticos el discurso de los partidos citados parezca más congruentemente liberal que el del PP (crítica sin medias tintas del nacionalismo, de la escasa división de poderes, etc).
Que Jiménez Losantos sea de derechas, podrá gustar o no. Pero apuntar esa característica en el capítulo de sus “miserias”, porque implica no apoyar por encima de otros al partido en el que Isidoro milita, se asemeja mucho a una pataleta infantil. Claro que a lo mejor lo que le resulta embarazoso es ese apoyo -por tibio que sea- de la COPE. Ya se sabe que hay quien perdona antes una ofensa que un favor.
lunes, 24 de marzo de 2008
Mariano K
La novela no alcanza la grandeza de sus más famosas El proceso y El castillo, pero todos los adeptos de Kafka reconocemos en ella al escritor nato que describe con penetrante psicología situaciones y personajes, así como el estilo inconfundible que sólo puede ser definido ostensivamente con el adjetivo kafkiano, porque es imposible reducirlo a ninguna de las incontables claves interpretativas que se han propuesto.
Tras llenar esta laguna en mi conocimiento de la obra kafkiana, que diría un pedante, me dispongo ahora a volver a leer los dos grandes clásicos citados, de los que guardo un recuerdo maravillado que parece acrecentarse con los años. Ayer ya empecé con el primer capítulo de El proceso. Y su primer fruto ya lo he tenido esta mañana, escuchando la tertulia del programa "La mañana" en la COPE. Soy de los que creen que, admitiendo que la realidad siempre supera a la ficción, la literatura puede hacérnosla con frecuencia más inteligible.
Me explico. Ya empiezan algunos a querer mentalizarnos de que el PP debería abstenerse en la votación de investidura de Zapatero. Que si un voto negativo es arrojar al PSOE en brazos de los nacionalistas, que si no se entenderá empezar la legislatura con una actitud destructiva, que si patatín que si patatán. Suelo estar casi siempre de acuerdo con las posiciones que defiende Federico Jiménez Losantos (y lo del "casi" lo pongo más que nada porque, a diferencia del turolense, yo soy del Barça), pero es que en este caso, además, me parecen tan certeras, que me cuesta entender cómo personas tan inteligentes como Recarte o Albiac defienden la abstención parlamentaria frente al no que propone Federico. El caso de Herrera no me sorprende tanto: es un político.
Vamos a ver. ¿Realmente puede haber alguien que sin ser socialista pretenda que las televisiones abran sus informativos, al día siguiente de la investidura, presentándonos a un PP que ha sido incapaz de votar contra Zapatero, regalándole así un plus de legitimidad que no necesita y mucho menos necesita España, pero que al mismo tiempo no ha podido reprimir la pataleta de abstenerse? Pues eso es lo que dirán, desengañémonos. Después de cuatro años en los que Rajoy ha aceptado reunirse con Zapatero todas las veces que le ha pedido y ha proclamado una y mil veces que le apoyará si cambia de política terrorista, mientras que los socialistas no han dejado un sólo momento de acusar al PP de todo, salvo de ser el ejecutor material del 11-M (sólo le han acusado de ser el causante), después de todo lo que hemos vivido la pasada legislatura, pretenden que empecemos la actual de nuevo con la misma estrategia que tanto éxito ha reportado al PP. "No, si ya sabemos -replican- que Zapatero nos la volverá a jugar, pero que no se diga que fue porque no le dimos otra opción." ¡Pero si lo van a decir en todo caso, so cenutrios!
Y aquí es donde acude en nuestro auxilio el ilustrativo caso del inolvidable Josef K, el protagonista de El proceso. Cuando vienen a detenerle una mañana, K primero piensa que debe tratarse de una broma, por lo que no ofrece apenas resistencia.
"K no infravaloraba el peligro de que más tarde se dijera que no aguantaba ninguna broma [¡crispador!]... si era una comedia, seguiría el juego."
Más adelante, cuando empieza a impacientarse y plantea unas mínimas exigencias, sus vigilantes le revelan que son unos simples subalternos, que no tienen culpa alguna de lo que le está ocurriendo. K decide esperar a entrevistarse con un funcionario de rango superior. Y así, de cesión en cesión, el detenido se hunde cada vez más en una situación sin salida. Lo bueno es que esa actitud razonable y civilizada no ayuda en nada a la defensa de nuestro personaje, sino todo lo contrario, pues para los arquetípicos burócratas a los que se ve enfrentado, toda cesión no es más que un reconocimiento tácito de culpabilidad, mientras que la menor chispa de resistencia a destiempo, se interpreta además como una muestra de mala voluntad y se exagera hasta el infinito. El desasosiego que provocan las novelas de Kafka, en buena medida se debe a que, aunque sabemos que el protagonista es víctima de una injusticia, resulta difícil sustraerse a la sensación de que no está tan completamente exento de culpa como podría parecer.
Mariano Rajoy lleva cuatro años interpretando el papel de Mariano K de cesión en cesión hasta la derrota final. Yo ya he dicho lo que pienso sobre su capacidad de liderar una oposición de verdad otros cuatro años. Lo he dicho a los pocos minutos de conocerse los resultados electorales, porque haberlo hecho antes hubiera sido incurrir en profecías de autocumplimiento. Pero si ahora Rajoy opta por que el Partido Popular se abstenga en la votación de investidura no hará más que corroborarme en mi opinión, la de que no será K quien aparte del poder a Z.
Nota filosófica: Nietzsche observó con su característica hiperlucidez que el nihilismo europeo era el último grado de la voluntad cristiana de justicia, que le llevaría a cuestionarse la existencia de un Dios que permite la injusticia. Veo un cierto paralelismo de este análisis con esta derecha tan impecablemente escrupulosa que permite que la pisen y la humillen quizá por un instinto de formalidad. Al igual que el nihilismo, se trata en el fondo de una patología que supone dar la razón a los que no creen ni en la justicia ni en las formas.
martes, 1 de enero de 2008
Peligros de la lectura
No importa. FJL es facha, y punto.
Se me ocurre, de todos modos, una sugerencia para los progres que estén deseando leer el libro, pero teman por su reputación. Existen unas fundas con las cuales, además de proteger los libros de todo tipo de incidencias domésticas o de transporte, se oculta con total discreción el título y el autor. Si a uno le preguntan "¿qué estás leyendo?", siempre puede contestar "La última novela de Boris Izaguirre", y quedar como un perfecto progre sin mácula.
Bien es verdad que más valiente resulta coger el toro por los cuernos, y mostrar ostentosamente la sobrecubierta. Cuando yo tenía dieciocho años y era (o creía ser) de izquierdas, me puse a leer El Capital de Marx. Mi padre, conservador de ideas claras, al ver el rostro barbudo que ilustraba la portada del grueso volumen, me preguntó: "Uy, ¿quieres decir...?", o algo así. Hipócritamente (aunque dudo que le engañara) le contesté más o menos que "hay que conocer todas las posiciones", etc. Y aparentemente, con esa explicación se tranquilizó. No mucho después, haciendo la mili, un teniente descubrió en mi taquilla Razón y Revolución, de Herbert Marcuse (también con la delatora efigie de Karl Marx en la portada) pero en lugar de cogerme manía (que era lo que temía) resultó ser un militar progre y se apuntó un tanto elogiando vagamente mi interés por la lectura. Entonces yo odiaba el Ejército y esa muestra de tolerancia no me conmovió. Ahora que estoy libre de prejuicios pacifistas, supongo que discreparíamos por otras razones, si es que aquel oficial (ahora me imagino que debe ser general o poco menos) sigue siendo un fiel lector de El País.
A donde quería ir a parar, y perdóneseme el excurso autobiográfico: ¡No pasa nada! Lean, señores progres, a Federico en el banco de un parque, sin miedo. Si alguien les afea semejante proceder, habiendo niños cerca, siempre pueden replicar aquello de que "este lector no comparte necesariamente las opiniones vertidas en este volumen". Incluso puede que, por el contrario, reciban la embarazosa aprobación de algún facha. Eso sí, existe el peligro de que la lectura les acabe influyendo en su manera de pensar. Es el riesgo de la curiosidad intelectual: Se puede llegar a cambiar.