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sábado, 2 de julio de 2011

César Vidal y la mala fe

Hace un año se produjo en LD la polémica entre José María Marco y Pío Moa, en la cual intervino también Jiménez Losantos, a favor del primero. Hoy tenemos un nuevo rifirrafe, esta vez entre César Vidal y Moa.

En aquella primera polémica, en mi opinión no se interpretó correctamente la postura de Pío Moa. Él no atacó a la homosexualidad, sino al homosexualismo, que son cosas distintas. Lo primero es una conducta que desde el punto de vista liberal no puede ser objeto de persecución ni discriminación pública; lo segundo es una ideología que pretende transformar la sociedad (mediante coacciones administrativas e incluso penales) para imponer una determinada concepción sobre la homosexualidad.

La actual polémica se inicia, aparentemente, por otro artículo de Moa de título provocador: "Defender el franquismo". En realidad, se origina en escritos anteriores de este autor, en los cuales reivindica la figura de Felipe II frente a los tópicos que beben en la Leyenda Negra. César Vidal, en su condición de protestante, no puede evitar traslucir ciertos prejuicios anticatólicos, lo que le lleva a una crítica insidiosa de las opiniones de Moa, en la cual sus afirmaciones epatantes sobre el franquismo le vienen que ni pintadas para descalificarle.

Vidal puede tener una parte de razón en cuanto a que la mentalidad estatalista heredada del franquismo sigue pesando en la sociedad actual. También en su observación de una cierta tendencia anglófoba de Moa. Pero su crítica sistemáticamente tergiversa la tesis de este, que evidentemente no afirma que Franco fuera liberal, sino que su régimen, en la práctica, lo fue mucho más que cualquier sistema totalitario fascista (en el pleno sentido del término) o socialista, y que estableció las bases de la democracia actual. A mí esto me parece una obviedad, que se aprecia por el hecho de que los grandes protagonistas de la transición fueron personajes procedentes del franquismo, como Juan Carlos, Suárez, Fraga y muchos otros.

Por lo demás, Moa replica con acierto que, pese al proteccionismo social del régimen, en los años sesenta se consiguió el pleno empleo. Responsabilizar al franquismo de los defectos estructurales de nuestro mercado laboral es una media verdad algo perezosa. Vidal no hace más que darle la razón a Moa en su contrarréplica, cuando pretende seguir sosteniendo su postura afirmando que el pleno empleo fue debido a la emigración, la escasa incorporación de la mujer al trabajo remunerado y la "liberalización" impulsada por el Plan de Estabilización. Salvo lo segundo (que por lo demás se daba en mayor o menor grado en todo el mundo, hace unas décadas), se trata precisamente de la clase de aspectos liberales que diferenciaban al franquismo de otra clase de dictaduras, como las de Europa Oriental. A ver qué alemán del Este podía irse a trabajar a Occidente y regresar sin problemas al cabo de unos años, como hicieron tantos españoles.

Un inciso. No comparto todas las opiniones de Pío Moa, especialmente su animadversión hacia el principal partido de derechas, el PP, por considerarlo parte del sistema. Curiosamente, aunque por razones opuestas, esta descalificación coincide con el mensaje de los "indignados". Pero no se aparta demasiado de la línea editorial de LD, que en los últimos años ha pasado de la acusación casi cariñosa de maricomplejinismo al ejercicio de una oposición frontal contra Rajoy. No se trata solo de Jiménez Losantos. Luis del Pino, en su programa de los fines de semana, llega hasta el extremo de presentar al PP como cómplice del PSOE en la presencia de Bildu en las instituciones, lo cual es una injusticia inaceptable: El PP es el único partido en el País Vasco que no ha permitido, ni directa ni indirectamente, que los proetarras obtengan ningún cargo político. (Fin del inciso.)

Hace tiempo que no escucho a César Vidal, y desde luego las formas empleadas en esta polémica me disuaden de volverlo a hacer. Abochorna que se finja dolido por las opiniones de Moa sobre la homosexualidad, cuando él invitó a su programa a un psiquiatra que mantiene que esta inclinación es una enfermedad, y prescindió de una colaboradora de su sección cultural al día siguiente de que esta hiciera una reseña de la película Brokeback Mountain, en la cual no cargaba con suficiente ferocidad contra ella, aunque no la elogiara precisamente.

Lo que ya produce grima es, aparte de su pedantería, el juego sucio de Vidal. Primero, haciéndose la víctima al recordar el episodio de la polémica anterior, que terminó con la salida de Marco de LD, como si hubiera sido por culpa de Moa. Y esto lo dice quien tiene muertos en el armario como Girauta. Y segundo, sugiriendo, como quien no quiere la cosa, connivencias de Moa con el antisemitismo, especie que no se sostiene ni un minuto. Hay que tener mala fe para utilizar semejantes procedimientos, y desgraciadamente parece que de ello se trata en este caso.

Para seguir la polémica hasta este momento:

Primera acotación a Pío Moa
Segunda acotación a Pío Moa
Tercera acotación a Pío Moa
César Vidal intenta refutarme
Segunda respuesta a César Vidal
Tercera respuesta a César Vidal (I)
Errores metodológicos de César Vidal (II)
Errores de hecho de César Vidal (y III)
Moa, me decepciona
¿Es liberal César Vidal?

lunes, 23 de marzo de 2009

Girauta y Vidal

Supongo que como a casi todo el mundo, la noticia de la ruptura de Juan Carlos Girauta con César Vidal, me ha sorprendido desagradablemente. Soy tan ignorante de las causas como el que más, pero recuerdo que hace tiempo ya se produjo un desacuerdo significativo entre ambos en "La Linterna", en relación al tema del catalán y el valenciano, que según el director del programa radiofónico, son dos lenguas distintas. Girauta -nada sospechoso de nacionalista catalán, y mucho menos de pancatalanista- replicó que para él estaba clara la unidad de la lengua de Josep Pla, Ramon Llull y Ausiàs March. Pero eso fue todo, y Vidal eludió una posible discusión, al menos con los micrófonos abiertos.

He de decir, aunque me cueste perder la simpatía de alguien, que para mí Girauta tenía toda la razón, en aquella ocasión. Aunque al igual que él nunca he creído para nada (ni siquiera cuando era progre) en esa entelequia de los Països Catalans, otra cosa muy distinta es que esté dispuesto a comulgar con ruedas de molino. Y decir que valenciano y catalán son dos lenguas distintas no se lo cree ningún catalán ni ningún valenciano que esté familiarizado con el habla de ambas comunidades, como es mi caso. No hace falta ser filólogo ni historiador. Las diferencias entre ambas variantes lingüísticas son tan irrelevantes para la mutua comprensión como puedan serlo las del argentino y el castellano.

Otra cosa es que a los valencianos no les guste que su lengua se llame catalán, cosa que comprendo perfectamente, y por supuesto creo que tienen todo el derecho a llamarla como les dé la gana.

Insisto, desconozco si la ruptura ha tenido que ver con diferencias de opinión en este tema u otro. Pero dicho esto, también pienso que Girauta no ha estado correcto en las formas, eso hay que reconocerlo.

Pese a ello, espero que pronto veamos a Girauta en "El gato al agua". Todas las mañanas me levanto a las siete escuchando a Jiménez Losantos, pero por las noches, hace tiempo que migré de "La Linterna" al programa de Intereconomía TV. [ACTUALIZACIÓN: Pese a esto y esto.] Con todo el respeto intelectual que me merece César Vidal, no acabo de sintonizar con su estilo. Losantos es muy distinto; él discrepa con naturalidad con sus contertulios, no trata de recrear una especie de comunidad de pensamiento seráfica, ni por tanto necesita de vez en cuando excomulgar a nadie que se desvíe de la recta doctrina, que es la sensación que produce César Vidal: Más comedido en las formas pero intransigente en el fondo.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Alerta Naranja


Geert Wilders, el líder del Partido para la Libertad de Holanda, ha propuesto prohibir El Corán por ser un libro fascista. No estoy de acuerdo con prohibir ningún libro. El político holandés aduce el precedente de la prohibición de Mein Kampf, escrito por Hitler antes de su llegada al poder, pero lo único que demuestra eso es que ni siquiera este odioso libro debería ser prohibido, porque sienta, en efecto, un precedente a la restricción de la libertad de expresión. Por eso mismo estoy en contra de las leyes contra el revisionismo, que tratan de impedir que se difundan las teorías negacionistas del Holocausto. Por supuesto que esas teorías son falsas de cabo a rabo, pero ¿puede un tribunal establecer la verdad científica? Y sobre todo, ¿dónde está el límite entre lo que es claramente inmoral y perverso y lo que un juez concreto, con sus eventuales prejuicios ideológicos, puede decidir que entra dentro de esas categorías? Porque no han faltado los cínicos que han comparado las obras filonazis de David Irving con las de Pío Moa y César Vidal (¡precisamente este último uno de los máximos conocedores y denunciadores de las supercherías revisionistas como las de Irving!).

Ahora bien, dicho esto, he de decir, aun a riesgo de parecer que me contradigo, que he sentido una gran simpatía por el gesto de Wilders. Su denuncia valiente y rotunda de la naturaleza fascista del islamismo, que le convierte en digno heredero del gran Pim Fortuyn, el "populista y xenófobo" (según el periódico de Pedro J. Ramírez, que cuando se pone políticamente correcto no es mejor que El País) que se atrevió a oponerse al avance del islamismo, y fue asesinado en 2003, cuando estaba a punto de ganar las elecciones en Holanda, no puede menos que llevarme a demostrar mi admiración. No hace falta prohibir El Corán. Mucho mejor es denunciar implacablemente, cuantas veces sea necesario, la mentira de un Islam moderado y pacífico, con la cual los lobos con piel de cordero tratan de anestesiar a Occidente, con la impagable ayuda del donjulianismo seudoprogresista. Como aquellos viejos comunistas inasequibles a la experiencia, siempre dispuestos a salvar la doctrina de sus catastróficas aplicaciones prácticas, abundan aquellos que pretenden distinguir entre una religión que defiende la guerra santa y la opresión de la mujer y... la guerra santa y la opresión de la mujer. Pues bien, políticos como Geert Wilders son una esperanza, en medio de tanto autoengaño. No es tan importante el que su propuesta sea acertada o no -de todos modos es inaplicable en la era de Internet- si con ella consigue que Europa empiece a despertar de su sueño.