Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de julio de 2014

La enfermedad del victimismo

Los palestinos que profieren lamentos desgarradores y se golpean la cabeza en los entierros de sus hijos -esos mismos hijos a los cuales adoctrinan en el odio y entrenan como terroristas suicidas desde la más tierna infancia, y a los que no dudan en usar como escudos humanos- son quizás la mejor imagen de la enfermedad del victimismo.

Hay que señalar que el victimismo ni siquiera necesita la existencia de un conflicto objetivo. Los nacionalistas catalanes pretenden que España lleva tres siglos tratando de perpetrar un "genocidio cultural" en Cataluña. Y sin embargo, los hechos son que la enseñanza pública se imparte exclusivamente en catalán, se editan en ese idioma los periódicos más conocidos de Barcelona, así como cientos de libros al año, existen numerosas cadenas de radio y televisión que utilizan exclusivamente la lengua de Pla, y la mayoría de las emisoras con sede en Madrid ofrecen informativos regionales y otros programas en catalán. Por no hablar de la señalización viaria, las comunicaciones de las administraciones locales y autonómica, y la rotulación de la mayoría de empresas. El catalán no sólo es omnipresente en Cataluña (cosa hasta cierto punto natural), sino que además recibe un trato privilegiado, lo que supone una evidente y absurda discriminación de la lengua española común, hablada por todos, y vernácula en la mayoría. Sin embargo, basta con que algún ministro del gobierno central trate de proteger el derecho al uso del español, por ejemplo en la enseñanza, para que los nacionalistas reaccionen como basiliscos, denunciando una voluntad exterminadora de la identidad de Cataluña. No me extenderé, por otra parte, sobre el victimismo basado en el dudoso "déficit fiscal", que palidece ante el volumen de la corrupción amparada en el fer país.

El victimismo no se limita en absoluto a las minorías nacionales. Hoy triunfa en todo el mundo occidental bajo el manto de defensa de la igualdad de sexos (mal llamada, en español, de "género") y de los derechos de gays y lesbianas. Pero de nuevo, los hechos objetivos no parecen justificar ciertos discursos inflamados. En los países desarrollados, las mujeres acceden a los estudios superiores en el mismo porcentaje, si no mayor, que los hombres, y habitualmente con mejores calificaciones. Abundan mujeres en la policía, en la medicina, en el periodismo, en los tribunales de justicia, en los parlamentos y en los gobiernos. Pero como sigue existiendo un cierto predominio de los hombres en algunos puestos públicos y privados de responsabilidad, en determinadas profesiones y en el empleo a jornada completa, los ultrafeministas deducen de ello, sin ninguna prueba científica, que nos hallamos ante una discriminación encubierta, promovida por el ubicuo patriarcado opresor. A fin de combatirla, se impone paradójicamente la llamada discriminación "positiva", que no es más que una pura y simple discriminación contra los hombres. Esta estrategia se refuerza mediante la violencia de "género", otra construcción ideológica que reconoce sólo la violencia doméstica en la que la víctima es de sexo femenino, interpretándola como efecto de un supuesto machismo atávico, que resurgiría incomprensiblemente, y descartando a priori cualquier relación con el deterioro de la institución familiar. Se pretende, en definitiva, adoctrinar a la población, a través de la escuela y los medios de comunicación, en una ideología que pone bajo sospecha al varón y concibe el cuidado de los hijos como una enojosa tarea que hay que repartirse, o incluso evitar, limitando la natalidad y favoreciendo el aborto.

Una estrategia análoga de victimización siguen los grupos de activismo homosexualista. En las sociedades demoliberales, desde hace décadas, está vetada cualquier intromisión en la conducta sexual de los adultos; los gays, u homosexuales declarados, gozan incluso de una cierta sobrerrepresentación en los medios de comunicación y los círculos artísticos. Pese a ello, esos grupos pretenden que todavía sufren la discriminación del malvado heteropatriarcado, y con el objeto de erradicarla, pretenden que la sociedad está obligada a cambiar el significado de la institución matrimonial para que incluya uniones entre personas del mismo sexo. Al igual que el ultrafeminismo, tratan de imponer sus agendas ideológicas en la educación y las leyes, confluyendo en la relativización de la sexualidad fértil, el desprecio de la familia, encubierto con el reconocimiento de "otros modelos", y las limitaciones a la libertad de pensamiento, amparadas en una obsesión paranoica contra fantasmagóricas "incitaciones al odio".

Tenemos también la victimización basada en motivos económicos. La idea es que los pobres culpen a los ricos de sus posiciones relativas, y reclamen en consecuencia medidas coactivas de redistribución, conocidas como socialismo, que van desde impuestos elevados hasta expropiaciones directas, pasando por controles de precios y de la actividad económica en general. Medidas todas ellas que tienen exactamente el efecto contrario de entorpecer la creación de riqueza (cuando no hacerla imposible), y por tanto perjudican en especial a quienes pretenden favorecer. El victimismo sirve también para sustituir la excelencia educativa por criterios igualitaristas, lo que sólo consigue degradar la calidad de la enseñanza y devaluar consiguientemente las titulaciones, que son el principal "ascensor social" de los menos favorecidos.

El resultado inmediato de la victimización es justificar un trato injusto contra los grupos a los cuales se considera culpables. Pero quizás lo peor de todo es que, en la medida que muchos terminan interiorizado su condición de víctimas, culpando a otros de sus problemas, se desresponsabilizan de resolverlos por sí mismos, agudizándolos o incluso creándolos donde antes no existían objetivamente. Empieza uno sintiéndose víctima y acaba siéndolo realmente, aunque no de aquellos a quienes culpa de su situación.

Así, los pobres se acostumbran a creerse en el derecho de percibir eternamente subsidios, con lo cual su situación social tiende a cronificarse, enlodada en un sentimiento de autocompasión y de fatalismo. Las mujeres, en lugar de ser consideradas simplemente como personas, reciben un trato aparentemente favorable, pero que no destaca por encima de todo su talento o esfuerzo, sino su condición sexual, lo cual las mantiene, al menos en el plano simbólico, en una especie de eterna minoría de edad. Análogamente, parece que los sentimientos y prácticas sexuales de los gays tienen que ser el aspecto más importante de sus vidas, y se les anima a participar en actos como los desfiles del "orgullo", lastimosamente autodenigratorios. Respecto a las minorías nacionales, en la medida en que acaban creyéndose el relato de una opresión secular, tienden al ensimismamiento y por tanto al provincianismo. Al centrar todas sus esperanzas en la separación, que supuestamente resolverá todos los problemas, el nacionalismo acaba haciendo olvidar cualquier otra sana aspiración de mejora espiritual y material. Cuando sólo se habla de la independencia, las energías acaban siendo absorbidas por un obsceno onanismo político y cultural.

El victimismo no considera a los hombres como individuos libres de elegir su propio destino, sino que les confiere una identidad colectiva (palestinos, catalanes, mujeres, homosexuales, pobres) de la que no pueden ni deben sustraerse. Presenta el sometimiento a esa identidad como una liberación, como un progreso de su autoconsciencia, cuando en realidad supone condenar al hombre a ser lo que es, y no lo que quiere ser. Incluso cuando se presenta la identidad como una aparente elección, como por ejemplo en el transexualismo, en realidad esta oscila entre una arbitrariedad irreductible y por tanto irracional, o un noúmeno no menos prelógico, contra el cual sería inútil e insano resistirse. Al interpretar la existencia en función de las injusticias sufridas por los antepasados, el victimismo implica un retroceso de la consciencia moderna hacia una especie de semifeudal ley de la vendetta, en la cual la revancha pesa más que la justicia, el pasado más que el presente, el (re)sentimiento más que la razón.

Para acabar, no podemos olvidar que una triste secuela del victimismo es que ignora o posterga a las verdaderas víctimas, como los bebés abortados, quienes han sufrido la violencia del totalitarismo y del terrorismo, y los cristianos perseguidos y masacrados en diferentes lugares del mundo. En ocasiones, se llega a mezclar a las víctimas espurias con las auténticas, lo que posiblemente sea la mayor afrenta concebible hacia estas últimas, sobre todo si algunas de las primeras resultan ser los verdugos de las segundas. El victimismo no resuelve nada que haya que resolver, y además envenena cualquier fuente de solución. Es vital aprender a detectarlo y rechazarlo sin miramientos.

domingo, 26 de febrero de 2012

Antioccidentalismo preventivo

Hace ya tiempo que entre Israel e Irán se libra una verdadera guerra fría, de la cual sabemos poco. Virus informáticos que perturban gravemente las centrifugadoras de uranio iranís, científicos del programa nuclear persa que vuelan por los aires dentro de sus coches, atentados contra personal diplomático israelí... Se trata de indicios aislados pero reveladores.

Un editorial de El País de hoy, titulado "Evitar un ataque", sostiene que por ahora "no se puede asegurar que Irán busque realmente la bomba". Base a partir de la cual construye una argumentación contra la guerra preventiva. El editorialista recuerda que es Israel quien dispone de armas nucleares e insinúa que, en realidad, tras un eventual ataque contra Irán, habría otros motivos, de naturaleza geopolítica. Concluye asegurando que su efecto sería en todo caso opuesto al esperado, pues reforzaría al régimen teocrático y lo convencería de la necesidad de contar con la bomba atómica. Una manera no muy sutil de sugerir que quizás estaría justificado que la tuviera.

Evidentemente, no podemos demostrar que Irán esté intentando fabricar armas nucleares. Sin embargo, al mismo tiempo, parece cualquier cosa excepto razonable y prudente dudar de ello. El editorialista del diario progresista habla de Irán como si se tratara de un individuo que goza de la presunción de inocencia en un Estado de derecho. Pero eso solo puede tomarse como un chiste. Los Estados no son personas cuyos derechos deban ser protegidos con un sistema garantista. (Al contrario, el garantismo se inventó para proteger a las personas de los Estados.) Algunos de ellos, como Irán o Corea del Norte, son organizaciones terroristas enormemente peligrosas, que cualquier día podrían desencadenar matanzas atroces. Los razonamientos de El País son por ello relamidamente hipócritas. Al tiempo que concede, contra todos los indicios, el máximo margen de duda para Irán, lanza veladas acusaciones contra las intenciones de los Estados Unidos e Israel, como si a un ciudadano europeo le fuera indiferente el resultado de un enfrentamiento entre estos países y la dictadura islámica.

Es el estilo de la casa, por supuesto. "El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush". La preocupación era Bush, no los terroristas. Si Irán es atacado, no duden de qué lado estará el periódico de PRISA. Ya habla de "ataque ilegal", antes incluso de que la ONU (a la que idolatra tanto) se haya pronunciado sobre esa posibilidad. Por lo visto, Israel debería esperar a que Irán apuntase su territorio con ojivas nucleares para hacer algo. Lo más probable es que incluso entonces nuestros progres dijeran que eso no es motivo suficiente, mientras no se produzca un ataque. Y una vez producido el ataque sostendrían que la "venganza" no es la solución, como efectivamente hicieron tras el 11-S. Es que ya nos conocemos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Palestinos humillados

Enric González es un ejemplar típico de periodista occidental: Antiamericano y antiisraelí hasta la médula. Siempre en vilo a la espera de las represalias del imperio y el sionismo. Hoy firma un artículo sobre confesiones de soldados israelíes, arrepentidos por ser testigos mudos o participantes en humillaciones infligidas a los palestinos.

Los tres vídeos que ofrece El País, a decir verdad, no contienen revelaciones muy escalofriantes. Uno cuenta como un oficial druso de un puesto de control obligaba (año 2000) a arrastrarse por el suelo a los palestinos que querían conseguir permiso de paso. Es el que provoca más indignación. Otro denuncia el uso de un vehículo militar israelí camuflado como si fuera una ambulancia, y un tercero relata un registro en casa de un palestino, al que los soldados avergüenzan delante de su familia cuando descubren sus películas porno.

La ONG que ha difundido las confesiones, Breaking the Silence, está financiada por judíos, árabes y gobiernos europeos, el español incluido, como no podía ser menos. Ahora solo cabe esperar que esta iniciativa sirva de precedente, y pronto veamos confesiones de militantes palestinos, financiadas también por árabes, judíos y gobiernos europeos como el español. Que nos expliquen su arrepentimiento por haber lanzado misiles "caseros" contra la población civil, por haber utilizado escudos humanos o reprimido a rivales políticos entre sus propios compatriotas. (Los que se han suicidado en actos terroristas, evidentemente no nos podrán contar sus experiencias.)

Pero por supuesto, sé que puedo esperar sentado. Es más difícil encontrar un palestino arrepentido o pacifista que una aguja en un pajar. Y no debería extrañarnos, porque si diéramos con él, su vida estaría en vilo a la espera de las represalias de los propios palestinos.

viernes, 1 de abril de 2011

Tiempo de faisanes

Zeit des Fasans (El tiempo de los faisanes) es una novela del escritor suizo Otto F. Walter, publicada en 1988, de la cual existe traducción al inglés, Time of the Pheasant. El libro bucea en la incómoda cuestión del colaboracionismo con los nazis en Suiza. Por supuesto, esto no tiene nada que ver con lo que evoca la palabra faisán en la España actual. Aquí se trata de colaboracionismo con ETA y de un bar llamado "Faisán", donde ocurrieron cosas que el gobierno socialista trata de ocultar.

Posiblemente todos los gobiernos del mundo se saltan las leyes. Para eso existen los servicios secretos. En el caso de los países democráticos, se plantean espinosas cuestiones morales. ¿Hasta dónde es lícito que un Estado realice actividades ilegales a fin de preservar la seguridad y las libertades? ¿No existirá el riesgo de que por esta vía se ponga en peligro precisamente aquello que se dice defender? En la práctica sabemos que este tipo de acciones son muchas veces el mal menor. No parece, por ejemplo, que Israel, la única democracia de Oriente Medio, hubiera podido sobrevivir sin las operaciones de inteligencia del Mosad.

Pero una cosa es que un gobierno luche contra los terroristas con los métodos más contundentes, y hasta despiadados, y otra muy distinta que negocie con ellos, filtrándoles información sobre los movimientos de la policía, o cambiando a un fiscal que les resultaba incómodo. Si las fuerzas de seguridad matan a un terrorista, podrá discutirse, según las circunstancias, sobre la legalidad de este acto, pero está claro que el gobierno cumple con su obligación esencial, que es la protección de los derechos individuales contra aquellos que los violan. En cambio, cuando por las razones tácticas que se quiera, el gobierno favorece a delincuentes o lesiona los derechos de ciudadanos inocentes, se convierte en sospechoso de tener sus propios fines, ajenos a la sociedad. Claramente ha cruzado el límite moral (no meramente legal) más allá del cual ya no podemos confiar en su peculiar manera de "protegernos".

Se preguntarán por qué la novela de Otto F. Walter se titulaba El tiempo de los faisanes. La verdad es que no tengo ni idea, porque no la he leído. Pero con la historia del PSOE sucede algo parecido: mucha gente parece que no se la ha leído.

martes, 15 de marzo de 2011

El sionismo que nos domina

El presidente iraní Mahmud Ahmadineyah, a una pregunta de la periodista española Ana Pastor sobre las lapidaciones de mujeres y las ejecuciones de homosexuales, ha replicado con su habitual diatriba de perturbado antisemita, asegurando que el pueblo europeo es el más "reprimido del mundo" porque es "prisionero del régimen sionista". (Vídeo, a partir del minuto 22 aprox.)

Ahmadineyah debe pensar eso porque no lee los editoriales de El País. Vean si no el de hoy, titulado "Ceguera israelí". El editorialista se indigna porque al asesinato de una familia judía a manos de un palestino, Netanyahu ha respondido autorizando la construcción de nuevas viviendas en Cisjordania. Llama la atención la negligencia de la redacción, que condena la "aplicación sistemática del ojo por ojo" y la "arbitrariedad opresora sobre los palestinos cada vez que algo no sale a su gusto." ¿Matar a un matrimonio y sus tres hijos es comparable con las referidas medidas del gobierno israelí? ¿El asesinato de una familia se puede calificar como "algo que no sale a su gusto"?

El becario que habrá escrito este editorial tiene futuro en este peculiar régimen sionista que nos sojuzga, donde por cada crítica a la teocracia iraní, se pueden leer diez a Israel.

domingo, 13 de marzo de 2011

La Iglesia, los nazis y la modernidad

Benedicto XVI concedió en 2009 a Pío XII (papa entre 1939 y 1958) el título de venerable, lo que se considera el paso previo a su beatificación. Muchas personalidades judías, entre ellas Golda Meir, habían agradecido al papa Eugenio Pacelli su labor en defensa de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. El historiador israelí Pinchas Lapide calculó que la Santa Sede pudo intermediar para salvar la vida de 850.000 judíos de países como Eslovaquia, Croacia, Rumanía y Hungría, evitando que fueran deportados a los campos de exterminio nazis.

Sin embargo, en el museo israelí Yad Vashem, dedicado a la memoria del Holocausto, se muestra una fotografía del pontífice con un texto que lo acusa de pasividad ante el genocidio. Prácticamente desde la muerte de Pío XII ha existido una leyenda negra del papado contemporáneo, según la cual sus "silencios" ante los crímenes antisemitas del nazismo no se pueden explicar por el temor a represalias contra los cristianos, ni a la intensificación de las brutalidades contra los judíos, sino por un antisemitismo latente, o bien por oscuros intereses de la Curia.

En la historia de la Iglesia, quién lo niega, hay luces y sombras. Pero conviene distinguir los hechos contrastados de aquella propaganda interesada en que predomine el lado sombrío, con el fin de minar el prestigio de la Iglesia, en un primer paso, y del cristianismo después.

Especialmente, debemos estar prevenidos contra el discurso populista de quienes oponen sistemáticamente el mensaje de Cristo a la jerarquía católica, y que generalmente lo que pretenden es vaciar ese mensaje de contenido. Se critica a la Iglesia por su inadaptación a la modernidad, se deplora su visión de la moral sexual, su oposición al aborto, al sacerdocio femenino, etc. Al final, si la Iglesia atendiera todas estas demandas de "modernización" (tal como la entienden algunos), ya no sería la Iglesia, claro. Ser católico o más genéricamente cristiano se convertiría en algo tan trivial como ser demócrata, algo que casi nadie niega, pero que como declaración apenas compromete a nada concreto.

Un ejemplo de este populismo que finge distinguir entre el cristianismo de base y los obispos, pero que acaba convirtiendo al primero en algo insustancial y manipulable, es precisamente la leyenda negra sobre las relaciones entre la Iglesia y el nazismo. Aunque la bibliografía, tanto de los críticos como los apologistas de Pío XII, es enorme, dos son las obras que por su repercusión más han contribuido a difundir una imagen aborrecible del papa Pacelli.

La primera es El Vicario, obra de teatro del alemán Rolf Hohhuth, estrenada en 1963. En ella un sacerdote católico y un SS renegado tratan de oponerse a los crímenes de los nazis. La pieza contrapone esta actitud heroica con la indiferencia, o mejor dicho complicidad, de Pío XII, un ser representado como cínico y glacial, solo preocupado por defender los intereses económicos del Vaticano y por frenar el avance del comunismo. El argumento de la obra es tan ridículo que no merecería se hablase de ella, máxime tratándose de un ejercicio de ficción, si no fuera por la influencia que ha tenido. Todavía no hace mucho, en 2002, el director Costa Gavras realizó una película basada en el texto de Hohhuth, titulada Amén.

Hay indicios de que en realidad, El Vicario pudo ser una obra de encargo del KGB, según reveló en 2007 un antiguo asesor de Ceaucescu, huido a los Estados Unidos, llamado Ion Mihai Pacepa. Este afirmó que la obra teatral formaba parte de un intento de la propaganda soviética de desacreditar a la Iglesia Católica. La información encaja con el hecho de que el director en su estreno era el comunista Erwin Piscator, y que El Vicario se representó con profusión en todos los países comunistas. Aunque las revelaciones de Pacepa fueran falsas o inexactas, el carácter burdamente propagandístico del drama es evidente. No importa tanto si fue iniciativa de un autor solitario, o alguien más tuvo que ver en su creación.

La segunda obra que ha reeditado el mito de un Pío XII cómplice de los nazis es El Papa de Hitler (1999) de John Cornwell, hermano del mucho más famoso John Le Carré (seudónimo de David John Moore Cornwell). Este autor, que asegura ser católico, pretende que empezó a investigar la vida de Pío XII para desvanecer las sospechas sobre su pasividad ante las atrocidades del Tercer Reich, pero que el descubrimiento de documentos inéditos o poco accesibles lo llevaron a conclusiones totalmente opuestas. Llama la atención, sin embargo, el carácter prejuicioso del libro desde las primeras páginas. No parece escrito por una persona que, a pesar suyo, haya descubierto algunos datos que contradigan su tesis inicial. Todas las suposiciones e interpretaciones de Cornwell (en las cuales consiste la mayor parte del texto) son invariablemente hostiles a Eugenio Pacelli, incluso cuando parten de hechos que sugieren exactamente lo contrario, aunque con frecuencia estos prefiera omitirlos.

Un ejemplo casi cómico es la manera torticera como interpreta Cornwell el episodio del arzobispo de Viena, Theodor Innitzer, que había recibido calurosamente a Hitler tras la anexión de Austria en 1938. Pacelli, que entonces era el Secretario de Estado vaticano, llamó al arzobispo a Roma para reprenderlo severamente, dejando claro que los católicos en ningún caso podían mostrarse favorables al régimen hitleriano. Pues bien, para el escritor inglés esta anécdota solo demuestra el "formidable ejercicio de poder centralista" del entonces futuro papa, lo que le permite insistir en la crítica del modelo "piramidal y monolítico" de la Iglesia, obsesivo leitmotiv de todo el libro.

Si alguien espera encontrar revelaciones incómodas o escandalosas sobre Pío XII, leyendo El Papa de Hitler quedará decepcionado. No hay un solo documento firmado por Pacelli o alguno de sus subordinados directos que explícitamente manifieste actitudes antisemitas o remotamente favorables al régimen de Hitler. Y en cambio sí los hay que rechazan sin ambigüedades las doctrinas racistas. Pero ello no obsta para que Cornwell, a base de meras suposiciones, condene de manera global la compleja diplomacia vaticana, cuyos archivos publicados del período ocupan doce volúmenes, editados entre 1965 y 1981. Un resumen sobrio pero bastante ameno de esta colección documental puede encontrarse en el libro de Pierre Blet, Pío XII y la segunda guerra mundial (1997). El contraste con el tono sensacionalista del libro de Cornwell es suficientemente elocuente.

Los intentos más influyentes de desprestigiar a Pío XII carecen del mínimo rigor exigible. Pero como obra de propaganda han conseguido lo que pretendían y también algo quizás de más calado: desviar la atención de la resistencia admirable que el cristianismo, y particularmente el catolicismo, ha opuesto a los dos grandes totalitarismos del siglo XX, el nacional-socialismo y el comunismo.

Desde el principio la Iglesia declaró que el nazismo era incompatible con la conciencia católica. A consecuencia de ello, los nazis encarcelaron y asesinaron sacerdotes, cerraron escuelas religiosas y conventos, trataron de obstaculizar actos católicos públicos y de retirar los crucifijos de las aulas. También se prestaron con entusiasmo a campañas contra supuestos casos de pedofilia entre el clero, al tiempo que trataban de imponer lecciones de higiene sexual "científica" en las escuelas, en oposición a la moral católica. (¿Les suena a algo todo esto?)

Si Hitler no atacó de manera frontal a la Iglesia es porque era consciente de su arraigo social, pero confiaba en que, tras ganar la guerra, llegaría el momento de erradicar por completo el cristianismo de Alemania. Esta es la razón por la cual no encarceló al obispo de Münster, Clemens August von Galen, que se distinguió por sus predicaciones contra el nazismo en plena guerra.

Von Galen es sobre todo célebre por su predicación del 3 de agosto de 1941, en la cual denunció sin tapujos el programa de eutanasia de "vidas inútiles" promovido por los nazis, con la vergonzosa colaboración de buena parte de la clase médica. Su discurso posiblemente sea la defensa más dramática de la concepción del Estado de derecho que jamás se haya pronunciado. Pero para terminar quiero llamar la atención sobre un fragmento de una de sus predicaciones anteriores, la del 20 de julio de ese mismo año. En ella el obispo de Münster dijo lo siguiente:

"¿Qué aprenden en los colegios a los que hoy los niños, sin tener en cuenta la voluntad de los padres, están obligados a acudir? ¿Qué leen en los nuevos libros del colegio? ¡Haceos mostrar, padres cristianos, los libros, especialmente los de historia de los institutos! Os quedaréis aterrados al ver con qué descuido de la verdad histórica se intenta inculcar en los niños inexpertos la desconfianza hacia el cristianismo y la Iglesia, se busca llenarles de odio contra la fe cristiana. En las escuelas estatales (...) está excluida cualquier influencia cristiana, es más, cualquier actividad religiosa es excluida por principio." (Reproducido en Stefania Falasca, Un obispo contra Hitler, Ed. Palabra, 2008, pág. 231.)

No, no se trata de un sermón de un cura español de nuestros días en contra de Educación para la Ciudadanía. Es el alegato de un obispo alemán carca y casposo, de un reaccionario ensotanado frente a la modernidad y el progreso que representaba el Estado nacional-socialista. O esto, o habrá que admitir que el concepto de modernidad desde el cual tantos critican acerbamente a la Iglesia, apesta mucho más a totalitarismo de lo que posiblemente la mayoría de la sociedad imagina.

jueves, 3 de febrero de 2011

La causa de las revueltas árabes

En una entrada anterior expuse mi posición genérica sobre la actitud que debería adoptar Occidente ante las dictaduras. En resumen, se podría definir como una especie de neoconservadurismo con matices conservadores clásicos. Para entendernos, esto significa que habrá casos en que por razones geoestratégicas no nos quedará más remedio que entendernos con regímenes moralmente indeseables, y habrá otros, por el contrario, en que estará justificada una política de intervención más o menos agresiva, con el objetivo de favorecer a la oposición democrática interna, o incluso una actuación militar desde el exterior. ¿Cínico pragmatismo? ¿Imperialismo? Que cada cual piense lo que quiera.

Creo que las prioridades de Occidente son, por este orden: Uno, defender su propia existencia. Dos, defender la democracia liberal fuera de su propio ámbito geográfico. Lo segundo, sin duda, es lo que más puede contribuir a lo primero, pero no siempre es factible. El utopismo y el buenismo, dejémoslos para los progres.

Aplicado a Egipto, esto quiere decir que aunque Estados Unidos, Europa e Israel se puedan haber equivocado apoyando durante tanto tiempo a Mubarak, es muy fácil decirlo ahora. Y resulta gracioso que quienes más culpan a Occidente y "los mercados" (por emplear el latiguillo de moda) de sostener a las corruptas dictaduras árabes, sean en gran parte los mismos que hablaban casi con arrobo del régimen "laico" y "moderno" de Sadam Hussein. Y que no expulsaran hasta ayer de la Internacional Socialista al partido de Mubarak, como hace unos días hicieron con el depuesto dictador de Túnez. Por no hablar de "las relaciones de amistad y cooperación entre el PSOE y el Partido Baas Árabe Socialista", que sigue gobernando en Siria tras su ilegalización en Irak. Pero claro, la culpa de que existan regímenes autoritarios es del capitalismo y bla bla bla.

Evidentemente, el detonante de la crisis en Túnez y Egipto es el empeoramiento de las condiciones de vida de la población, como consecuencia de la crisis económica global. Pero en países mucho más pobres no se observa un estallido social. Esto es un principio general: Las revoluciones se producen precisamente allí donde una parte de la población ha llegado a adquirir una cierto nivel económico y cultural. El papel de las redes sociales en las revueltas del norte de África ha sido obvio desde el principio y esto, en efecto, es Occidente y es el mercado libre, en cuyo seno han surgido internet, Google, Facebook y Twitter. La causa última de las revueltas árabes, miren por donde, no va a ser otra que la globalización salvaje neoliberal imperialista.

Desgraciadamente, nada garantiza que la democracia triunfe a medio plazo. La globalización no es un proceso determinista que genere automáticamente sistemas parlamentarios basados en el respeto a los derechos humanos. Ahí tenemos el sangrante ejemplo de China. Pero sí es una condición necesaria para que las libertades terminen arraigando.

Quienes sostienen que el capitalismo global es algo terrible, que comerciar o invertir equivale a robar, desde el acomodado estilo de vida que disfrutan en los países desarrollados (gracias a la inversión y el comercio) contribuyen ideológicamente a que los menos desarrollados no sigan ese camino, y por tanto permanezcan en el estancamiento y el autoritarismo, sea de tipo nacionalista, socialista o islamista. Dicen deplorar las dictaduras, pero principalmente cuando éstas no manifiestan abierta hostilidad a Occidente. Cuba y Venezuela por lo general les molan. De hecho, suelen estar más ocupados condenando a Israel o a Estados Unidos que no a dictaduras de ningún tipo. Que hoy se acuerden de los tunecinos y los egipcios es poco creíble, sobre todo cuando se empeñan en interpretar cualquier acontecimiento para insistir en los mantras de siempre. No aprendieron nada de la caída del muro de Berlín y no aprenderán tampoco nada ahora.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nuestro ángel de la guarda

Recién publicada mi entrada anterior sobre el antisemitismo, leí ayer la noticia de que Israel ha vuelto a asesinar a un científico nuclear iraní. Al parecer, la criatura acababa de volver de Corea del Norte. (No parece que el motivo de su visita a la dictadura comunista fuera ningún congreso filatélico.) Mi primera reacción ha sido -lo reconozco- escasamente evangélica: Me embarga una gran alegría cada vez que Israel sabotea el programa nuclear iraní, sea utilizando virus informáticos como Stuxnet (una verdadera virguería), sea por métodos más expeditivos, como hacer volar por los aires (¡en pleno Teherán!) el vehículo donde viaja uno de los ingenieros que colaboran activamente en los propósitos de Ahmadineyah: Ya saben, terminar lo que Hitler empezó.

Más en frío, la euforia se mitiga un tanto, pues uno da en pensar cuánto tiempo podrá seguir Israel aplazando lo inevitable (?), que una siniestra teocracia que promueve el terrorismo se haga con la bomba atómica. Israel solo no podrá seguir siendo indefinidamente el ángel de la guarda de Occidente. Vale la pena leer el artículo de La Vanguardia, enlazado antes, sobre todo lo referente a la unidad de élite del Mosad conocida como Kidon, autora del atentado en Teherán. Compuesta por 33 hombres y 5 mujeres que dominan numerosos idiomas -incluido por supuesto el persa- y capaces de entrar y salir con facilidad de Irán, uno no puede menos que admirarse -y sobrecogerse- de que cosas tan graves dependan de tan poca gente.

Desgraciadamente, la dictadura iraní afirma haber detenido a algunos presuntos participantes del atentado. No quiero ni pensar en lo que les van a hacer a estos infelices, tengan o no algo que ver con los actos que se les imputan. Firmo ahora mismo para que los traten como en Guantánamo -o incluso como en una cárcel belga.

martes, 7 de diciembre de 2010

La piedra de toque del antisemitismo

Las declaraciones del ex comisario europeo Frits Bolkestein, recomendando a los judíos abandonar Holanda si no quieren ser víctimas del antisemitismo de los musulmanes, han recibido la justa y contundente réplica de Geert Wilders. El líder del PVV (Partido por la Libertad) ha respondido que "Bolkestein se equivoca completamente: no son los judíos, sino los marroquíes antisemitas quienes deben abandonar el país."

¿Cómo encaja esta defensa de los judíos con los epítetos de ultraderechista y xenófobo que sistemáticamente le adjudica la prensa a Wilders? Pues de ninguna manera, obviamente. La piedra de toque para reconocer a un ultraderechista es su posición ante los Estados Unidos e Israel. No falla: La extrema derecha odia a los americanos y a los judíos igual o más que la extrema izquierda.

Una de las razones principales por las cuales quien escribe se llegó a considerar marxista, cuando tenía entre dieciocho y veintipocos años, fue que desde siempre, de un modo previo y fundamental, por encima de todo detesté el nazismo, como Indiana Jones (Nazis, I hate this guys!) E ingenuamente me decía: ¿Qué es lo más opuesto al nazismo, si no el comunismo? Luego, la reflexión y las lecturas me hicieron apercibirme de mi error juvenil, y descubrir que lo más radicalmente opuesto al nazismo era en realidad el liberalismo, odiado por igual por los nacional-socialistas y los socialistas.



Es una idea sencilla y complicada a un tiempo: Que tanto el fascismo como el comunismo (y el anarquismo, dicho sea de paso) van contra el viejo parlamentarismo decadente, contra lo "burgués" -un término hoy pasado de moda, pero que conceptualmente sigue latiendo en todos los debates ideológicos. Cuando se comprende esto, cuando uno ve que el antisemitismo de la izquierda no es casual, que va unido al anticapitalismo y al odio contra las raíces culturales de Occidente, ya no puede seguir siendo de izquierdas... Salvo si se escribe en La Vanguardia, ese "diario de centro-izquierda comprado por la gente de centro-derecha", según la aguda definición de Josep Martí. En efecto, constituyen una estricta minoría de elegidos, como Pilar Rahola y pocos más, quienes han alcanzado ese estado de sublime superioridad espiritual que les capacita para criticar a la izquierda sin dejar de ser de izquierdas, ¡oh misterio inefable! En cambio, el común de los mortales nos vemos obligados a seguir acatando las férreas leyes de la lógica formal, esa construcción burguesa.

viernes, 15 de octubre de 2010

sábado, 14 de agosto de 2010

Don Miguel y Al-Miquel

Miguel Payeras es un periodista mallorquín que alterna en su blog algunas afirmaciones sensatas con otras en la línea del progresismo más trillado y previsible. Así, opina que Zapatero "es el peor presidente que ha tenido este país desde que gozamos de democracia". Algo, por cierto, que Intereconomía, entre otros medios, lleva años sosteniendo. Lo cual no impide a Payeras arremeter contra la TDT de "ultraderecha", a la que define por "el odio a todo lo diferente", y especialmente al pa amb tomàquet y al tradicional caganer de los belenes (esto lo deduzco yo, no es que lo diga explícitamente Payeras), aunque los tertulianos de "El gato al agua" se empeñen en disfrazarlo con disquisiciones jurídicas sobre el Estatuto y la Constitución.

Pues bien, un lector desprevenido podría pensar que este Payeras es el mismo que colabora con la revista pancatalanista El Temps, editada desde Valencia por el niño subvencionado de la Generalitat catalana, Eliseu Climent. Pero tengo motivos para sospechar que se trata de otro Payeras, pues quien firma en la revista es Miquel, con q, mientras que en el blog es Miguel, con g. Dirán algunos que la diferencia es irrelevante, pero no, tienen que ser dos personajes diferentes, como los Dupond y Dupont de los tebeos de Tintín (aquí traducidos como Hernández y Fernández). Verán por qué lo digo.

En su blog, Miguel publica una entrada titulada Israel, en la cual, sin miedo a los tabúes de la corrección política, manifiesta su preocupación ante el antisemitismo desplegado por las trágicas muertes del convoy de Gaza. Dice, juiciosamente: "Y extraño es, en fin, que tanto progre europeo esté dispuesto a enfocar más su interés sobre los efectos de la democracia israelí que sobre la perversa esencia de las dictaduras islamistas[,] incluida la que se padece en los territorios palestinos que gobiernan los terroristas de Hamás..." ¡Bravo! Suscribo hasta la última coma, y hasta he añadido una y todo.

Vean en cambio lo que escribe Miquel (con q) en El Temps, en el artículo titulado "La por a Euràbia" (El miedo a Eurabia): "De golpe [traduzco del catalán], y a remolque de la histeria norteamericana [por el 11-S], los musulmanes se vuelven sospechosos." Los atentados de Madrid y de Londres -prosigue- no hicieron más que incrementar "recelos ancestrales". Más adelante, asegura que los musulmanes en Europa tienen un bajo índice de integración y padecen una "fuerte discriminación", sin otra justificación de lo segundo (lo primero es obvio) que un informe cuyo título ya nos pone en guardia sobre su exquisita corrección política: "Los musulmanes en la Unión Europea: discriminación e islamofobia". Todo el reportaje está escrito en el mismo estilo de sugerir que no existe un problema con el islam, sino con la percepción que Europa tiene del islam; se habla de las redes islamistas como "supuestas", y se rechaza con engañosa tautología mezclar terroristas con personas religiosas "que no tienen nada que ver con actuaciones ilegales". (Claro, es injusto mezclar a terroristas con personas que no son terroristas, la cuestión estriba en saber si lo son o no.) El artículo se ilustra con una fotografía de dos apacibles mujeres musulmanas caminando junto a una pintada que ladra: "Heil Hitler", como si se tratara de un exabrupto xenófobo, cuando lo más probable es que el autor sea un islamista de esos que, como Ahmadineyah, querrían terminar lo que Hitler empezó.

Por si no quedara bastante claro, Payeras rubrica una entrevista al presidente de la Federación Islámica de las Islas Baleares (edición impresa, nº 1365), con perlas como las siguientes: "El Islam no tiene nada que ver con ninguna violencia. En ningún lugar del Corán se dice nada de toda esta violencia que se nos imputa. [Rigurosamente cierto: en el siglo VII no había bombas ni aviones...] (..) El Islam es paz, concordia, es educación... [snif!] Lo que hace falta es conocernos mejor. (...) Esto [la persecución de otras religiones en el mundo islámico] es otra de las mentiras que corren en Europa y todo el mundo se las cree. En Argelia, hay una catedral católica, en casi todos los países islámicos hay iglesias cristianas si hay [traducción: si quedan] cristianos que viven allí... Y no pasa absolutamente nada." Sin comentarios.

No hay duda, Miguel y Miquel son dos personas distintas. O al menos dos personalidades, una que se atreve a decir inconveniencias como que Israel es la única democracia de la zona, y otra que se pliega camaleónicamente al discurso anestesiante de la izquierda sobre el Islam. Si Jaime I levantara la cabeza...

martes, 13 de julio de 2010

Obama y la debilidad de Occidente

El analista financiero Michael Lewitt ha escrito sobre el problema de Irán un inquietante artículo, que va más allá de las consideraciones económicas. En él acusa directamente a Obama -con su debilidad ante el régimen teocrático- de no proteger los intereses de su país, e incluso de ser "una amenaza para el futuro de la civilización occidental". Su opinión de la actual administración de Washington no puede ser más demoledora:

"Cualquiera puede pensar que todos esos supuestos genios que tenemos en el gobierno (no dejamos de oír una y otra vez lo increíblemente listas que son esas personas) habrían aprendido ya algunas de las lecciones de la historia, entre ellas, la del peligro de la contemporización con los tiranos. A pesar de todos sus defectos (y eran muchos), George W. Bush había aprendido esa lección muy bien."

Lewitt no cree que las sanciones vayan a servir de nada y, al mismo tiempo, no está nada seguro de que una acción militar solitaria de Israel pueda esta vez tener éxito. Cada día que pasa sin que le paremos los pies al majara de Ahmadineyah, el peligro de una guerra prolongada en Oriente Medio es más serio. De la cobarde (perdón: pacifista) Europa ya no esperamos nada. Pero el problema es que ahora la política exterior de Estados Unidos está siguiendo los mismos pasos del viejo decadente, digo continente.

Lo último fue que el máximo responsable de la NASA declarara en Al-Jazeera que uno de sus objetivos es que los musulmanes sean más conscientes de sus brillantes aportaciones a las matemáticas y la ingeniería. Como si el islam y sus tontos útiles de Occidente no estuvieran todos los días magnificando las supuestas gestas intelectuales de árabes y persas en la Edad Media (donde por cierto se quedaron).

Es difícil que sobreviva una civilización que continuamente está pidiendo perdón por existir y ser como es. Israel lo tiene claro, y por eso hace tiempo que pasa de la llamada comunidad internacional, esto es, de unos organismos vendidos a las tiranías más impresentables. Pero los temores de Lewitt no parecen infundados. Los judíos no podrán resistir siempre sin nuestra ayuda. Y si ellos caen, la siguiente puede ser la civilización liberal, as we know it, como dicen los anglosajones.

domingo, 20 de junio de 2010

El mapa mental de la izquierda

(Clic en la imagen para agrandar.)

El esquema que presento no pretende ser más que un primer bosquejo, susceptible de mejoras y abierto a sugerencias. Su intención es mostrar de una forma visual las relaciones entre los distintos conglomerados de ideas que conforman lo que suele llamarse progresismo, para intentar mostrar dos cosas:

1) Que el progresismo en realidad es lo contrario de lo que su nombre proclama, una regresión nostálgica hacia una mítica solidaridad primitiva, aunque hábilmente se sitúe en un futuro no menos impreciso.

2) Que las aparentes contradicciones entre determinadas ideas de izquierdas (por ejemplo, defensa de los derechos de la mujer y connivencia con el islamismo) son perfectamente explicables dentro de la particular lógica de los progres, que se deriva de lo anterior. El diagrama no pretende describir el universo mental de toda persona de izquierdas. No todos los que se autodenominan progresistas son por ejemplo islamófilos. Pero hay muchos que sí, y en mi opinión son los otros quienes deberían explicar qué les hace permanecer en un club donde muchos piensan cosas como que los Estados Unidos se merecieron el 11-S.

Comento rápidamente algunas etiquetas utilizadas.

Romanticismo: Por supuesto, no aludo aquí a un período de la historia del arte, no tengo nada en contra de Beethoven ni de Brahms (¡todo lo contrario!). Quizás un término más apropiado sería irracionalismo, pero me ha parecido demasiado vago, y sobre todo que introduce una connotación valorativa previa innecesaria. Lo que entiendo por romanticismo en el contexto político-ideológico lo conté, y perdón por la autorreferencia, en mi entrada Contra el romanticismo. Pero mucho mejor lo explica Miquel Porta Perales en su imprescindible La tentación liberal. Vale la pena citar un pasaje largo:

"A pesar de lo que se acostumbra a decir y creer, la ideología emancipatoria, filosófica y políticamente hablando, es conservadora y tiene mucho que ver con el romanticismo clásico. En efecto, ante los cambios producidos, primero por la revolución industrial, y ya en nuestro tiempo por las diferentes y sucesivas revoluciones tecnológicas y de toda clase que nos invaden, la ideología emancipatoria lamenta la -supuesta- solidaridad perdida. Cosa que implicaría la desaparición de aquel sentido y espíritu colectivos que, según se afirma, definirían la esencia y la existencia del ser humano. Al respecto, la ideología emancipatoria lamenta también la emergencia y consolidación de determinados valores -éxito, competitividad, dinero, etc.- que, por así decirlo, prostituirían la -supuesta- esencia del ser humano. En este sentido, hay una correlación entre el movimiento romántico y la ideología emancipatoria en tanto y en cuanto una y otra critican que la sociedad, en lugar de recuperar la armonía perdida, tome cuerpo y forma a través de la defensa del interés egoísta de unos individuos que fundamentan su relación mediante el contrato. En esta concepción casi orgánica de la sociedad, no resulta difícil de percibir, por cierto, el aire antiliberal que define la ideología emancipatoria. Y es que para esta última, la ideología liberal -al basarse en el egoísmo, el interés y el contrato- convertiría al ser humano en enemigo del ser humano al excluir la posibilidad de llegar a una sociedad reconciliada y no escindida fundamentada en la solidaridad." (Ed. Península, 2009, págs. 82-83)

Por su parte, Ludwig von Mises también veía en toda ideología colectivista una añoranza de un idealizado estado salvaje, que aunque generalmente es inconsciente, el marxismo manifestó explícitamente desde el principio, como puede comprobarse leyendo el clásico de Engels, El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. (Muy ameno, aunque científicamente risible.)

El fundamento romántico del Igualitarismo (ver mi reciente entrada La igualdad contra el progreso) es el mismo que el del Nacionalismo y el Ecologismo, lo cual permite comprender las relaciones entre los tres campos ideológicos. Es cierto que la izquierda no ha sido siempre ecologista, e incluso que en determinados momentos fue antinacionalista, pero no debería sorprendernos la convergencia de todas estas ideas, porque en el fondo tienen un origen común, la nostalgia de la tribu primitiva, lo que implica también la añoranza paganoide de una mítica armonía entre el hombre y la naturaleza, que en realidad jamás existió. Así pues, discrepo de la concepción (aunque tenga parte de verdad en el nivel de la práctica política) según la cual temas como el ecologismo y el nacionalismo son utilizados por la izquierda por mero oportunismo, ante el descrédito del marxismo. En mi opinión, la conexión es mucho más profunda, no hay una izquierda que se haya desviado del racionalismo (como defiende in extremis Sebreli en El olvido de la razón, otro libro fundamental) sino que más bien ha ido a parar a donde la conduce su lógica interna, la de un colectivismo reaccionario.

Anticapitalismo y Feminismo son los dos grandes frutos del Igualitarismo. Por feminismo me refiero a lo que suele denominarse ideología de género, una concepción radical que reduce a construcción cultural toda diferencia sexual, llegando a negar la maternidad. Esto no tiene nada que ver con la idea perfectamente liberal de la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, que niegan las teocracias islámicas y el Ministerio de Igualdad (sic) de Bibiana Aído, al promover la discriminación legal entre ambos sexos (el mismo delito cometido por un hombre es más grave que si lo comete una mujer).

Pero no hay duda que la madre de casi todo es el Anticapitalismo. De ahí viene el odio a Estados Unidos y a su -hasta ahora al menos- aliado en Oriente Medio, Israel; el Pacifismo asimétrico (que consiste en querer desarmar a Occidente antes de que se desarmen sus enemigos) y el Multiculturalismo, que so capa de una crítica al etnocentrismo, proporciona argumentos al Islam (negación de unos derechos del hombre universales). Cuando hablo de Islamofilia, me refiero, más que a una actitud mental de simpatía con la civilización islámica (aunque sin duda se da en muchos casos) a la práctica de, queriéndolo o no, estar efectivamente regalando todos los días argumentos a los integristas de Hamás y de Irán, con las críticas desquiciadas a los judíos y al "imperialismo yanqui". En este sentido, los nacionalismos ibéricos, con su odio a España, confluyen con ese antioccidentalismo, al cuestionar el papel de la nación española en la resistencia contra el Islam medieval y congeniar con el populismo indigenista de Hispanoamérica (véase ETA en Venezuela, a Carod-Rovira subvencionando las lenguas no españolas en el Ecuador, etc).

Una crítica radical de Occidente requiere, pues, atacar a la razón, y negar la idea misma de progreso, pues todas las culturas -se afirma- valen lo mismo, independientemente de sus logros técnicos. En esto, el izquierdismo es donde revela más claramente su fundamento romántico. Pero el ataque no sería completo si no se combinara con un furibundo Anticristianismo. Ello permite disfrazar el carácter irracional de la izquierda, que así se muestra como una digna hija de la Ilustración, abanderada contra el oscurantismo y la Inquisición. Pero sobre todo, al ir contra el cristianismo se apunta contra la propia razón (como lúcidamente vieron Nietzsche y sus epígonos), es decir, contra el supuesto metafísico de un orden objetivo inteligible que el ser humano debe intentar descubrir, no meramente inventarse, aunque nunca pueda aprehender de manera absoluta. Para el sedicente progresista, no existen el bien y el mal objetivos, todo se reduce a convenciones, al derecho positivo. Por tanto, no hay límites a la facultad normativizadora del Estado, del colectivo. Por otra parte, negar el concepto de responsabilidad individual consustancial al cristianismo nos lleva directamente al Buenismo, la doctrina rousseaniana según la cual el mal procede de la sociedad, no del individuo, fuente de todos los estragos causados por concepciones penales ilusorias, que acaban protegiendo a los delincuentes más que a las víctimas. Finalmente, el Anticristianismo confluye con el feminismo radical en minar una institución fundamental de la sociedad, como es la familia, con la retórica engañosa de los "otros modelos de familia", poniendo en pie de igualdad cualquier tipo de asociación arbitraria entre individuos con la pareja heterosexual que cría a sus hijos biológicos, institución que es la más adecuada para formar a personas autónomas, no dependientes del Estado. El proabortismo no es más que una consecuencia de esta política, que al mismo tiempo pretende apuntalarla, pues generalmente la mayoría de abortos provocados se producen fuera de la institución familiar.

En conclusión, todos los motivos del progresismo pueden derivarse del igualitarismo, el ecologismo y el nacionalismo, los cuales a su vez son las tres variantes que ha tomado en la cultura occidental la reacción contra la razón, el progreso y el liberalismo, que resumimos con el concepto romanticismo. Naturalmente, los progres no lo ven así, porque el progreso sigue teniendo demasiado prestigio para que puedan ni quieran atacarlo frontalmente, de ahí que hábilmente han sabido camuflarse como sus partidarios por antonomasia. La teoría más elaborada del igualitarismo, el socialismo marxista, adoptó la forma de un progresismo radical, aun cuando preconizaba una sociedad autoritaria, la dictadura del proletariado, y en aspectos de costumbres no era especialmente más avanzado que la sociedad de su tiempo. Al mismo tiempo, quienes apoyamos el sistema capitalista y el legado judeocristiano, hemos sido tachados de reaccionarios, cuando lo que defendemos son las únicas bases concebibles que puede tener todo progreso, que es imposible sin la conservación acumulativa de todo aquello que vale la pena ser conservado. La izquierda por el contrario pretende destruir y partir de cero como paso previo a una construcción, a un paraíso terrenal que jamás llega, porque no tiene otra entidad que la oscura nostalgia por una edad dorada que tampoco existió jamás, pero que por alguna razón persiste en la mente humana como ciertas características genéticas recesivas.

Versión 2.0 aquí.

jueves, 17 de junio de 2010

Dejo de comprar libros en Abacus

La cadena de librerías Abacus ha decidido dejar de vender un juego de mesa israelí, llamado Rummikub, cediendo a las presiones de grupos propalestinos. Bueno, Abacus dice que es por iniciativa propia, lo cual todavía me parece peor. Por lo visto, piensan sustituir ese producto por una imitación fabricada en China, ese modelo de democracia.

Como estoy hasta los huevos de tanta campaña antisemita, por mi parte desde hoy dejo de comprar libros en Abacus, muy a mi pesar, porque era un cliente asiduo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Solidarios

Algunos datos fácilmente rastreables por internet sobre los activistas españoles que formaban parte de la "flotilla solidaria", que tan mal ha terminado:

Manuel Tapial, David Segarra y Laura Arau pertenecen a la Asociación Cultura, Paz y Solidaridad Haydée Santamaría, con sede en Leganés.

(Haydée Santamaria era la revolucionaria cubana que, junto a Fidel Castro, participó en el asalto al cuartel de Moncada. Fue directora de la Casa de las Américas, una de las plataformas propagandísticas de la dictadura. Se suicidó el 26 de julio de 1980, en el aniversario del asalto a Moncada.)

David Segarra es periodista de Telesur, un medio venezolano afín al chavismo.

Manuel Tapial es autor del libro Venezuela: La aventura de vivir, un panegírico de la figura de Hugo Chávez que provoca bochorno en multitud de párrafos. En uno de ellos, una señora relata cómo sus hijos, gracias al presidente venezolano, ahora tienen acceso a una educación. Y comenta el autor: "Mientras esta mujer nos contaba ésto, a Sonia y a mi se nos humedecían los ojos del sentimiento y la fuerza que la mujer expresaba con sus palabras. A ella nadie le iba a decir que Chávez era un dictador ni nada parecido." Más adelante, viendo por televisión a Chávez y a Castro juntos en La Habana, Tapial reflexiona de esta guisa: "Tumbado en la cama pensaba en como Fidel Castro había conseguido desde una pequeña isla, construir el mayor imperio jamás conocido de exportación de solidaridad." (Que se lo digan a Angola.)

Solidaridad con el castrismo, con el chavismo, con Hamás... Carmelo Jordá se pregunta si estos "solidarios" sabían a lo que iban. Desde luego, siempre hay idiotas que no se enteran de que están siendo manipulados. Pero otros saben perfectamente lo que están haciendo; tienen un criterio infalible para detectar regímenes tiránicos... y solidarizarse con ellos.


sábado, 1 de mayo de 2010

Cómo distinguir la extrema derecha de la extrema izquierda (es fácil con un poco de práctica)

Últimamente en las calles de mi ciudad pueden verse unas pegatinas con el texto "ESTADOS UNIDOS E ISRAEL CÓMPLICES Y ASESINOS. PALESTINA PARA LOS PALESTINOS". Las dos eses de la palabra asesinos han sido sustituidas por el símbolo del dólar. El texto se acompaña de una ilustración, debida al dibujante brasileño Carlos Latuff, que muestra a un soldado israelí lavándose las manos manchadas de sangre con el agua de un grifo tuneado con las barras y estrellas de la bandera de los USA.

Alguno podría pensar, con esta descripción, que se trata de propaganda de cualquier grupúsculo de extrema izquierda, o de una de tantas oenegés que, bajo el manto de la solidaridad y los derechos humanos, se dedican al sectarismo ideológico y a la captación de subvenciones, no necesariamente por este orden. Sin embargo, la pegatina pertenece al partido ultraderechista Movimiento Social Republicano, dirigido por el catalán Juan Antonio Llopart Senent, histórico neonazi que ha sido condenado recientemente por negar el Holocausto y hacer apología del genocidio a través de su editorial.

Esta información sobre el MSR se puede encontrar en internet, y más en detalle en el libro del periodista Joan Cantarero, La huella de la bota. De los nazis del franquismo a la nueva ultraderecha (Temas de Hoy, 2010). Tras leerlo, me veo confirmado en el análisis somero que hice de los programas de los principales partidos ultras, según podemos conocerlos en sus sitios webs, en mi entrada del 24-06-2009, "La extrema derecha en España". Allí yo afirmaba que, en contra de lo que se suele creer, el denominador común de todos los partidos de la (mal) llamada extrema derecha no es el contenido xenófobo o racista (salvo en los francamente neonazis, como es lógico), sino el antiliberalismo y el anticapitalismo... O sea, aquello que comparten con la extrema izquierda y la no tan extrema.

Por lo demás, en el entorno progresista, "xenófoba" es cualquier consideración sobre la inmigración que contravenga los tabués de la corrección política. Así, por ejemplo, afirmar que existe una relación entre inmigración y delincuencia se considera prácticamente un delito de incitación al odio, cuando se trata de una mera verdad estadística. La tasa de delitos cometidos por extranjeros es muy superior a la de los nativos, como está sobradamente demostrado. Por supuesto, la solución de los problemas derivados de la inmigración no consiste en conculcar los derechos humanos de nadie, sino en revisar las políticas buenistas que han convertido a España en el País de Jauja de los indeseables de todas partes. Pero cuando la corrección política nos impide plantear siquiera algo tan de sentido común, no hacemos más que ceder espacio a las "soluciones" de la extrema derecha.

Cantarero distingue diferentes bloques dentro del fascismo español actual. El primero estaría integrado por los distintos grupos que reivindican la herencia de la Falange y los nostálgicos del franquismo. Estos "rechazan abiertamente el racismo" debido a su "condición de cristianos católicos". El resto, que el autor divide en tres grupos según el grado de maquillaje de sus ideas, son los propiamente neonazis, como el citado MSR y Alianza Nacional. Dentro de estos, además de las proclamas socialistas y el populismo anticapitalista (que comparten con los falangistas) encontramos por supuesto el definitorio elemento racista y el antisemitismo. Este último se manifiesta habitualmente, como hemos visto, por una salvaje denigración de Israel que es prácticamente imposible de distinguir de la que realiza la izquierda, y que se enmarca en un odio visceral al judeocristianismo.

Tampoco debemos olvidar el elemento ecologista, característico tanto de los grupos explícitamente neonazis como de partidos que Cantarero llama "marcas blancas", cuyas siglas parecen inscribirlos en el movimiento verde, pero que se inspiran en el Hitler vegetariano que legisló sobre el medioambiente y la protección de los animales, por los que evidentemente sentía mucha mayor estima que por el género humano no ario. O quizás sea que el movimiento verde no es tan ajeno al nacional-socialismo, como sugiere Víctor Farías en un libro que ya he comentado. Una ideología que pone unos supuestos "derechos" de la Tierra por encima de los del hombre puede servir para justificar el peor de los totalitarismos, y de vez en cuando, algunos no pueden evitar manifestar esta tendencia. (V.g., Lovelock proponiendo "suspender" la democracia para salvar al planeta.) El citado neonazi Llopart, por cierto, es simpatizante de PECTA, Patriotas Españoles contra la Tortura Animal, contrario a las corridas de toros.

Por mucho que halague a la izquierda verse como el bastión antifascista por excelencia, son mucho más radicales las diferencias entre el liberalismo conservador y el fascismo que entre éste y la izquierda. Ambos odian el liberalismo, al que consideran incompatible con la justicia social, y tienen en los Estados Unidos e Israel sus particulares bestias negras. El hecho de que, además, los fascistas detesten a los socialistas de izquierdas y a los comunistas, no deja de ser un efecto secundario: Ambos se disputan la primacía en la lucha contra la malvada globalización neoliberal sionista y bla bla bla, y por ello no es de extrañar que el odio sea mutuo.

La huella de la bota
, hay que decirlo, no pretende apadrinar esta conclusión. Es un libro útil por su aporte de datos, pero de nulo valor reflexivo, que no escapa a la interesada concepción progre de la izquierda y la derecha. Así, elogia por su antifascismo un sitio web como Kaosenlared, un nido de sectarismo infumable, donde se apoya a Hugo Chávez, se habla con unción del "prisionero político" De Juana Chaos y se defiende explícitamente la destrucción del Estado de Israel. ¿Les suena la música?

lunes, 12 de abril de 2010

Heidegger y el nexo entre fascismo, islamismo y chavismo

El nuevo libro del profesor Víctor Farías, Heidegger y su herencia. Los neonazis, el neofascismo y el fundamentalismo islámico (Ed. Tecnos, 2010) es de algún modo una continuación de su famoso y polémico “Heidegger y el nazismo” (1987), y a la vez una impresionante corroboración de su tesis principal. El estudioso chileno no solo dejó sentada entonces, para quien ignorara los detalles, la militancia de Martin Heidegger en el partido nazi y su apoyo al régimen de Hitler, sino el carácter profundamente nacional-socialista de su pensamiento. Es decir, antisemita, antiamericano y antiliberal. (Entero en Semanario Atlántico.)

domingo, 28 de marzo de 2010

La plaga de los corresponsales extranjeros

La judeofobia y la americanofobia es la enfermedad profesional del corresponsal extranjero. Hace tiempo que llegué a esta conclusión, y que me produce hastío leer las crónicas de la gran mayoría de ejemplares de esta subespecie periodística. Una de las razones principales por las que me convertí en lector asiduo de Libertad Digital fue que por fin existía un medio cuya información internacional no echaba para atrás. Es decir, que uno no tenía que leer los mismos topicazos progres de siempre contra los Estados Unidos e Israel.

Hoy es Javier Espinosa en la edición impresa de El Mundo. Obsérvese cómo entrevista al director de la Agencia Árabe de la Energía Atómica, Abdelmajid Mahjoub, orientando sus respuestas con preguntas descaradamente tendenciosas:

J. Espinosa: "¿Hasta qué punto la preocupación de las potencias occidentales está basada en la psicosis generada por el caso iraní?" [Nótese el término psiquiátrico, "psicosis", que sugiere que se trata de temores injustificados o exagerados.]

A. Mahjoub: "Sí, no se puede negar que contribuye. Pero me gustaría que toda esta campaña contra Irán se basara en hechos y no en presunciones. A día de hoy no hay una respuesta definitiva sobre si Irán está desarrollando armas nucleares o no. Tenemos muy malas experiencias con casos construidos con presunciones." [Negritas mías: Pobrecito Irán, una campaña montada contra él, total porque Ahmadineyah dijo que quería borrar a Israel del mapa.]

J. E.: "¿Se refiere a Irak, al que se acusó de desarrollar armas de destrucción masiva y después se demostró que era mentira?" [Negritas mías: Obsérvese la pulcra elección de los términos. No encontrar algo equivale a demostrar que no existe. Dejemos de buscar vida en otros planetas, por tanto, pues como hasta ahora no se ha encontrado, queda demostrado que no existe.]

A. M.: "Sí, ése es un ejemplo."

J. E.: "¿Por qué se han centrado las críticas de los gobiernos occidentales en Irán y no en las armas atómicas que tiene Israel?"

A. M.: "Ése es el principal problema de la región. (...)" [Te lo ha puesto a huevo, macho.]

Claro, el principal problema de Oriente Medio no es que un Estado integrista fanático de 70 millones de habitantes y una superficie el triple de la española se haga con armas nucleares, sino que un país democrático del tamaño de la Comunidad Valenciana, que lleva sobreviviendo varias décadas gracias a su ejército, y a la determinación de sus habitantes, tenga un arsenal nuclear disuasorio.

Por si alguien pudiera pensar que le tengo manía a este periodista, he podido rescatar un chat de El Mundo, realizado pocas semanas después del 11-S, en el cual alguien le preguntaba qué ocurriría si los países islámicos tuvieran el potencial económico y militar de los Estados Unidos. Respuesta de Espinosa:

"Esperemos que eso nunca ocurra porque bastante tenemos que aguantar ya con un país de cow boys como el que tenemos ahora mismo y esperemos que todo el dinero que se han gastado en ese gran arsenal se lo gasten en los países donde reina la pobreza, que son caldo de cultivo para los fanatismos."

Qué fino análisis sociológico, "país de cow-boys", "caldo de cultivo"... Con la zona cero de Manhattan todavía humeando, como quien dice, después del atentado, nuestro periodista comprometido (claro, esa debe ser la palabra), todavía cree que "bastante tenemos que aguantar" con que existan los Estados Unidos. Y yo que pienso que bastante tenemos con aguantar a mentecatos como Espinosa, que después de tantos viajes, siguen sin haber aprendido nada...

P. S.: Hablando de plagas, según Esteban González Pons, "la mayor plaga que ha conocido el planeta Tierra" es... ¿Zapatero? ¿El socialismo? Pues no, el ser humano. Sobre todo el ser humano político que acaba de convertirse a la religión del cambio climático, cabe añadir; con las honrosas excepciones, pero que cada vez van siendo menos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Pedagogía progre: hazañas de ayer y hoy

Escolares de cinco o seis años están enviando cartas a la embajada de Israel en Madrid con frases como "los judíos matan por dinero", "evacuar [sic] el país para los palestinos" o "ir [sic] a algún lugar donde alguien esté dispuesto a aceptaros". (Noticia en LD.) Desgraciadamente, este tipo de cosas ya no nos sorprenden. Los jóvenes pueden llegar a la Universidad escribiendo con faltas ortográficas, pero eso sí, desde la más tierna edad les inculcan, mientras dibujan palomas de la paz, lo malos que son Israel, los Estados Unidos y el capitalismo global.

Lo que ya me ha parecido recochineo, sinceramente, son las palabras del diplomático español Juan Barba, expresando sus dudas acerca de si esas cartas "fueron escritas por los menores motu proprio o si hay detrás una incitación por parte de los profesores, lo que sería más grave". Claro, quién sabe si niños de cinco o seis años, después de ver un informativo en la tele, no han reflexionado en profundidad acerca del conflicto palestino-israelí, y tras consultar en internet la dirección de la embajada hebrea, han decidido coordinadamente canalizar por escrito su descontento.

Decía yo hace poco, y perdón por la autocita, que nuestras escuelas no han recaído en los extremos de la pedagogía "moderna" de Ferrer Guardia, ensayada en la Barcelona de principios del siglo XX. Creo que pecaba de ingenuo. Vean algunas muestras de lo que escribían niños de entre nueve y doce años, y que según aquel botarate fusilado en 1909 no habían recibido ninguna "orientación en determinado sentido de la opinión", sino que con "genial espontaneidad (...) exteriorizaban su manera peculiar de sentir, libres de preocupaciones y convencionalismos". Estos fragmentos están extraídos del libro de Ferrer Guardia, La Escuela Moderna:

"El obrero habita en casa pequeña y oscura, come poco y mal y no va en coche como el burgués. Si el obrero quisiera, todo sería suyo; si no, que se cuenten los obreros y los burgueses, ¿de cuáles hay más? Pues como los obreros son más, pronto, o mejor dicho, en seguida obtendrían su deseo." (Niño de 9 años.)

"¿Quiénes son los que disfrutan del trabajo producido por los obreros? Los ricos. ¿Para qué sirven los ricos? Estos hombres son improductivos, por lo que se les puede comparar con las abejas, sino que éstas tienen más conocimiento, porque matan a los parásitos." (Niño de 12 años.)

"El trabajador es esclavo del burgués... Mientras los ricos se recrean en jardines y paseos, hay trabajadores a quien sus hijos les piden pan y no tienen para dárselo. ¿Por qué sucede esto? Porque los ricos lo acaparan todo." (Niña de 12 años.)

"Entre las faltas del género humano se encuentran la mentira, la hipocresía y el egoísmo. Si los hombres estuvieran más instruidos y principalmente las mujeres, enteramente iguales al hombre, esas faltas desaparecerían. Los padres no enseñarían a sus hijos en escuelas religiosas, que inculcan ideas falsas, sino que los llevarían a las escuelas racionales donde no se enseña lo sobrenatural, lo que no existe; ni tampoco a guerrear, sino a solidarizarse todos y a practicar el trabajo en común." (Niña de 10 años.)

Hoy hemos avanzado mucho. A los cinco años, nuestros niños ya escriben proclamas antisemitas. A los diez, seguro que ya saben que el origen de todos los males está en el ultraliberalismo y que los casquetes polares se habrán fundido antes de que practiquen su primer botellón. ¡El futuro es suyo!

sábado, 2 de enero de 2010

Lógica árabe

Entrevistado por El Mundo, el ex presidente del Yemen Abdel Karim Al-Iryani, afirma que la presencia de Al-Qaeda en su país se ha incrementado "por la pobreza". Y generaliza:

"La penuria es el principal factor que alienta el terrorismo. Enfrentamos una hambruna debida a una de las peores cosechas en la historia del país."

Sin embargo, al mismo tiempo afirma lo siguiente:

"Israel está alimentando en su seno a un extremismo tan peligroso como el de Bin Laden. Ya tienen a un amplio sector de fanáticos cuyos desmanes vemos cada semana en la televisión, y que no para de crecer."

De donde se deduce, de ser esto cierto, que en Israel debe haber también hambre y penuria. ¿O no?

Por supuesto, ambas afirmaciones, que la causa del terrorismo es la pobreza, y que existe un integrismo judío comparable al islámico, son puras idioteces. Pero que encima se utilicen en la misma entrevista, pese a su carácter contradictorio, revela que a quien las emplea ni le importan los hechos, ni le importa siquiera la lógica. Posiblemente piense que los occidentales nos tragamos cualquier cosa, con tal de autoculparnos de todos los males. Porque, claro, la idea implícita es atribuir la pobreza al capitalismo globlal. Raro es que no haya dicho el hombre (o no se lo haya entresacado el corresponsal) que las malas cosechas del Yemen se deben al cambio climático, causado por supuesto por las malignas emisiones de CO2 occidentales.