Según el último barómetro de opinión política de Cataluña, sólo un 4,4 % de los encuestados declaran ser de derechas, frente a un 34 % que se considera de izquierdas. A nivel nacional, el estudio equivalente del CIS de marzo no ofrece resultados demasiado dispares, aunque las preguntas no son estrictamente comparables. La encuesta realizada en Cataluña propone al encuestado situarse entre izquierda, centro-izquierda, centro, centro-derecha y derecha, mientras que la del CIS propone una escala numérico-espacial, en la que izquierda y derecha ocupan los extremos. Esto hace que la gente que se defina tanto de izquierdas como de derechas sea muy inferior, del 6,8 y del 2,5 %, respectivamente. Pero el hecho es que los que se definen cómo de izquierdas son casi tres veces más que los que se definen como de derechas.
Sin embargo, tal asimetría a favor de la izquierda no parece casar con los resultados electorales, en los que siempre se dan en número de votos unos resultados cercanos al empate, aunque luego la ley electoral magnifique las pequeñas diferencias y atribuya más escaños a una formación u otra. De hecho, si nos circunscribimos al caso de Cataluña, no parece muy congruente que, siendo sólo el 11,5 % los que se consideran de centro-derecha o derecha, y al mismo tiempo opinando más del 55 % que CiU es un partido de centro-derecha o de derecha simplemente, más de un 40 % reconozca sentirse “cercano” o “muy cercano” a él. O sea, resumiendo, casi nadie quiere ser de derechas, pero luego la votan casi tanto como a la izquierda, y a veces, o según en qué comunidades, incluso más.
Todo indica que lo que ocurre es que la gente (tanto los de izquierdas como la mayoría de los de derechas) ha llegado a percibir el término derecha como un insulto, hasta el punto de que cuando defiende ideas de derechas, niega que lo sean. Y los dirigentes del principal partido de la derecha española, el PP, se atienen a esta realidad, habiendo abandonado hace mucho tiempo toda esperanza de revertirla. Por eso siempre repiten que lo que necesitamos no es ideología sino buena gestión, sentido común, y demás tópicos retóricos. El problema es que, así la cosas, la izquierda goza de una ventaja decisiva, porque en el terreno de las ideas, la derecha se ha retirado del combate. Como no se atreve a presentarse como tal, basta con que el adversario hable de la derechona, del ultraliberalismo o los neocón para tener mucho ganado, y a la derecha a la defensiva, o queriendo pasar desapercibida. Quizá de esta manera se pueda ganar a veces las elecciones (¡aunque tiene mérito!) pero desde luego, una vez en el gobierno, no se podrá aplicar el programa con el que se ha presentado, ni hacer frente a la aplastante hegemonía cutural de la izquierda. Más bien se corre el riesgo de que la derecha gobernante se convierta en un remedo de la propia izquierda, es decir, populista, autoritaria e intervencionista.
Revertir este estado de cosas sería bueno para todos, porque la izquierda es un camino equivocado, que conduce al empobrecimiento y al despotismo, como he tratado de argumentar numerosas veces en este blog. Pero para ello, es necesario conocer sus causas.
En mi opinión, las causas básicamente son dos. La primera es el triunfo de una interpretación de la historia, por la cual los desastres provocados por el fascismo y el nazismo se cargan en la cuenta de la derecha, mientras que la izquierda actual no parece sentirse concernida por los que han provocado los sistemas socialistas, pese a que siempre los ha bendecido, por acción u omisión. La segunda y más profunda es la fuerza de ciertos prejuicios atávicos de tipo anticapitalista, que están enquistados en nuestra naturaleza, debido a nuestro pasado de cazadores-recolectores (el 90 % de la historia humana; la civilización es una creación reciente). Esto explica que los mensajes gregarios e igualitaristas calen fácilmente, porque encuentran terreno abonado en nuestra psicología profunda, forjada en pequeñas comunidades en las que apenas existía propiedad privada ni intercambio, ni tampoco Estado, por lo que ni estamos preparados para asimilar el individualismo sin un esfuerzo intelectual previo, ni inmunizados frente a los peligros del estatismo.
Ahora bien, para poder trabajar en la causa profunda, hay que centrarse en la primera o coyuntural, que actúa en gran medida como un dique mental que impide a muchísima gente replantearse sus esquemas y abrirse a un discurso alternativo al seudoprogresismo imperante. Más concretamente, es preciso:
1) Desmontar la imagen del fascismo como lo más antitético a la izquierda, cuando en realidad se describe mucho mejor como una forma de socialismo despojado de la retórica humanista, tal y como mostró Hayek en su clásico Camino de servidumbre, y como demuestra la historia de la evolución del Estado alemán desde sus orígenes prusianos, de los inicios socialistas de Mussolini, etc. Por cierto, que es un error pensar que esto sólo tiene un interés académico. Estos temas, tratados en un estilo divulgativo, pueden interesar a muchísima gente; sólo una derecha burocratizada y esclerotizada es capaz de creer que la ciudadanía sólo está interesada en el precio de las judías o de los garbanzos. Hay que promover debates, exposiciones, actos de todo tipo que den a conocer la verdad de la historia desde el punto de vista del liberalismo y del conservadurismo ilustrado.
2) Denunciar implacablemente las dictaduras socialistas pasadas y presentes, convocar manifestaciones de rechazo del régimen cubano o venezolano, dar a conocer mejor las atrocidades del GULAG soviético, de la revolución cultural china, de la actual dictadura posmaoísta… E insisto, es de una ceguera total pensar que a la gente le importa un pito la situación de Cuba o de China. ¿No moviliza la izquierda a las masas por Palestina o Iraq? ¿Quién dice que no se puede hacer lo mismo contra las violaciones de los derechos humanos en los países islámicos?
3) Estrechamente ligado con lo anterior, explicar la globalización, desmontando el mito de que en el mundo cada vez hay más pobres por culpa del capitalismo, cuando es exactamente al revés, como demuestran libros como el ya clásico de Johan Norberg, En defensa del capitalismo global.
4) En el caso particular de España, insistir en la divulgación (en la línea de la obra de Pío Moa) del papel de la izquierda en el desencadenamiento de la guerra civil, para terminar con la patraña de asociar a priori democracia con izquierda y autoritarismo con derecha. Para ello es necesario conocer mejor la historia del siglo XIX y principios del XX, mostrar cómo las ideas utópicas, milenaristas y antiespañolas de unos intelectuales alejados del conocimiento empírico no hicieron más que sabotear y desprestigiar las reformas posibilistas de la derecha, hasta desembocar en el conflicto del 36.
Una vez se extienda el conocimiento objetivo de los hechos, es posible que se abra paso la pregunta esencial, que nos lleva a la causa profunda de que hablaba antes. ¿Por qué el socialismo no funciona y el libre mercado sí? ¿Por qué lo que se suele entender por progresismo en realidad no resuelve nunca los problemas, sino que los cronifica, los exacerba o incluso los crea –eso sí, culpando siempre a la derecha?
Esta es la tarea, pero entiéndaseme bien, se trata de una tarea de la sociedad civil, de todos nosotros, no de un partido político, que en todo caso no es el PP, que ha demostrado sobradamente su incapacidad y su nula voluntad para trabajar más allá del cortoplacismo electoral, dejando de lado honrosas excepciones personales, como el ex presidente Aznar (¡más vale tarde que nunca!).
sábado 23 de mayo de 2009
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8 comentarios:
Fantástico análisis, CLD. Lo suscribo al 100%. De ahí mi desolación (que no sé si compartes): la consolidación de Rajoy al frente del PP significa que la derecha política SE ALEJARÁ de esta plataforma ideológica aún más en los próximos años. Han triunfado los arriolistas, los acomplejados, los del "liberalismo simpático" (Lassalle). Sólo nos queda esperar más "precio de los garbanzos", "sentido común", centrismo reformista y escondimiento avestrucil de cabezas cada vez que la izquierda desata una batalla cultural (como la actual del aborto: la respuesta del PP es que "llevarán la nueva ley al Tribunal Constitucional" ... ¿cuándo en los últimos 30 años ha adoptado el TC una resolución que hiciera realmente pupa al Gobierno de turno? yo no quiero que el TC meta las narices en esto: yo quiero que el PP se comprometa a DEROGAR LA LEY en cuanto llegue al Gobierno ... pero supongo que eso no es "de sentido común" ni pertenece a "las cosas que de verdad importan a la gente" ...).
¿Por qué no aprovechan el vídeo de marras (el de los estereotipos derechistas según el PSOE) y empiezan uno por uno: no es que "sólo haya sitio para una sola religión" (como dice el falso cura polaco), pero cuando tengamos un 20% o 30% de población musulmana, que los progres vayan olvidándose de sus playas nudistas y los gays pongan sus barbas a remojar; "hay que privatizar la Sanidad": pues claro, funcionaría mucho mejor (como todo lo privado), y a los realmente pobres se les podría ayudar con cheques sanitarios estatales; "creo en el despido libre": por supuesto, un mercado laboral flexible devolvería la competitividad a nuestra economía y nos salvaría de los cinco millones de parados ... Etc., etc., etc.
¿Qué hacemos? ¿A quién votamos? Nunca he estado tan deprimido políticamente como ahora. Tras el 11M, al menos la indignación me vivificaba. Ahora, ni eso. Sólo queda asistir impotente a la argentinización.
Interesante articulo
Hace tiempo escribi uno en diario de america que invito a que leas
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=2017
Un cordial saludo
Juan Trenado
Carlos, tu post, simplemente ¡Divino!
Sólo subrayo como recordatorio ante las próximas elecciones europeas, que votar al pp, es votar al psoe de la derecha... y que votar al psoe (que nunca fue socialista), es votar, en el mejor de los casos, a un régimen predemocrático... y en el peor, a una reproducción (una vez más), de los totalitarismos soviéticos, chinos, coreanos, camboyanos, cubanos, etc., y que sólo en el siglo XX, tienen en su haber 100 millones de asesinatos y otros cien millones de muertos más, a consecuencia de los regímenes de miseria que impusieron a las sociedades civiles de dichos países.
En este momento en Europa, la mejor representación de toda esa barbarie ideológica, es zp, su gobierno y su partido.
Y ante tal panorama, cierto que la sociedad civil está sola; eso sí, rodeada por una parte de mesiánicos salvadores/as y por otra... de una obediente oposición.
Recibe un cordial saludo Carlos
Pablo el herrero
totalmente de acuerdo:
http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2Fwww.libertaddigital.com%2Filustracion_liberal%2Farticulo.php%2F49&sa=D&sntz=1&usg=AFrqEzdsB17TS3YqO4XsrOLDKWfV14gZHQ
http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2Fwww.libertaddigital.com%2Filustracion_liberal%2Farticulo.php%2F49&sa=D&sntz=1&usg=AFrqEzdsB17TS3YqO4XsrOLDKWfV14gZHQ
http://etrusk.blogspot.com/2008/07/citas-de-algunos-famosos-socialistas.html
http://etrusk.blogspot.com/2008/07/breve-historia-de-la-revolucin.html
Totalmente de acuerdo:
Historia de la revolicion 1917:
http://etrusk.blogspot.com/2008/07/breve-historia-de-la-revolucin.html
Citas de los destacados socialistas:
http://etrusk.blogspot.com/2008/07/citas-de-algunos-famosos-socialistas.html
etrusk,
Creo que hay dos sentidos del término liberalismo. Uno es el "racionalista": libertad total ante todo, lo cual puede conducir a aprobar la legalización de las drogas, el aborto, y qué se yo, hasta el canibalismo consentido por la víctima. Otro es el empírico, que está expuesto en las obras de Hayek, y que analiza la experiencia histórica para descubrir qué factores han favorecido más la libertad. Y esto conduce a valorar, aunque parezca paradójico, la importancia de las "ligaduras tradicionales" para la preservación de la libertad, es decir, para reducir la necesidad de la coacción (en la medida que la gente se autocontrola por razones morales).
Mi liberalismo, lo habrás adivinado, es el empírico.
Amigo Curro,
Yo no voy a votar en las europeas, primero porque no creo en la Europa actual, y segundo porque ningún partido me gusta, aunque me sienta más cercano, comparativamente, al PP. Pero más que deprimirmo, empiezo a pensar que es un error pretender que haya un gobierno cercano a nuestra manera de pensar. Lo que debemos intentar es marcar a todo gobierno, y ello pasa por combatir a la izquierda, que es la ideología ideal para un gobierno (porque legitima casi todo lo que haga).
Saludos,
Carlos
Juan Trenado, he analizado el quiz ideológico en algunas entradas anteriores, como
http://archipielagoduda.blogspot.com/2008/09/cul-es-su-posicin-poltica.html
Su origen remoto está en Hayek, quien sugirió un triángulo cuyos vértices lo ocuparían izquierda, derecha y liberalismo. Personalmente, considero que la derecha, ideológicamente está muy compenetrada con el liberalismo y a veces en este blog utilizo ambos términos casi como sinónimos. Otra cosa es que los gobernantes, tanto los de izquierdas como los de derechas, traicionen a menudo sus principios, para bien o para mal.
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