Me da bastante risa cuando el famosillo de turno, entrevistado en un programa del corazón, asegura ser siempre fiel "a la persona que ama". Traducción: Si le pone los cuernos a su pareja es que ya no la quiere y por tanto no se puede decir que cometa infidelidad, tal como él la define.
Es un ejemplo típico de la ética del sentimiento, aquella forma de pensar de raíz romántica según la cual el bien coincide con los propios sentimientos, con la espontaneiadad y la franqueza. Es una ética de carácter adolescente, que rehúye de toda disciplina, que apenas obliga a nada, que tiende a eximir de toda responsabilidad en la búsqueda de la propia felicidad, con la cual se puede justificar casi todo lo que no sea directamente delictivo, y a veces hasta esto.
Es también la ética de la izquierda, por supuesto. Basta con demostrar buenos sentimientos ("sensibilidad") hacia los pobres, los inmigrantes, etc, para que deba aprobarse cualquier política, incluso cuando objetivamente perjudica a quienes declara favorecer, que es lo más probable cuando se parte de bases tan subjetivas.
lunes, 16 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

4 comentarios:
Das en la diana, CLD. La reducción emotivista del amor (confusión del amor -compromiso existencial, donación definitiva- con la emoción rosácea del "enamoramiento") está en la raíz de buena parte de las rupturas matrimoniales.
"Es que ya no siento nada" (quiere decir: ya no tiene la sensación de levitar y escuchar violines cuando se aproxima la persona amada). Por tanto, hasta luego Lucas y si te he visto no me acuerdo.
Los psicólogos certifican que la famosa emoción levitante (que, además, le vuelve a uno medio gilipollas) no puede durar más de dos años. La gente no está preparada para afrontar lo que viene después.
C.S. Lewis escribió un gran artículo sobre eso. Creo que se llamaba "El derecho a la felicidad" (en el sentido de "derecho a ser feliz como sea" ... con una nueva pareja). En nombre del derecho a la felicidad (amorosa), se cometen y toleran las peores traiciones, engaños, abandonos ... Traiciones que nos parecerían condenables en cualquier otro contexto. Curioso que el interior de la pareja haya llegado a ser el ámbito social más "desregulado" y desmoralizado (lo único que está mal visto son los malos tratos físicos). Traicionar a un socio o a un compañero de trabajo nos parece fatal, pero traicionar al cónyuge se considera disculpable (porque "en el amor y en la guerra vale todo"; y también porque cada quisque piensa: "nunca se puede decir de este agua no beberé"; vaya, hoy tengo el día refranero y sanchopancesco).
Saludos, C.
"Después de todo, dijo Clara, tienen derecho a la felicidad". [...] El señor A había abandonado a la señora A y se había divorciado de ella para casarse con la señora B. No había la menor duda de que el señor A y la señora B estaban muy enamorados el uno del otro. [...] podría esperarse razonablemente que fueran muy felices.
Resultaba evidente que ninguno de ellos era feliz con su antiguo cónyuge. Al principio la señora B adoraba a su marido, que resultó gravemente herido algún tiempo después en la guerra. Se decía que había perdido su virilidad, y se había quedado sin empleo. La vida a su lado dejó de ser la que la señora B había soñado. A la pobre señora A tampoco le iban bien las cosas. Había evidentemente perdido la belleza de su juventud. Tal vez fuera verdad, como decían algunos, que se había marchitado prematuramente alumbrando y alimentando a sus muchos hijos. [...]
No debemos imaginar que A fuera de ese tipo de hombres que se desprende indiferentemente de una esposa como si se tratara de una cáscara de naranaja a la que previamente se ha sorbido el zumo hasta secarla. El suicidio de la esposa [la señora A] fue un golpe terrible para él. [...] "Pero, ¿qué puedo hacer?" -decía-, "el hombre tiene derecho a la felicidad"" (C.S. LEWIS, "No existe un "derecho a la felicidad"", en "Dios en el banquillo", Ed. Rialp, pp. 120-121).
"La situación real se encubre hábilmente diciendo que el derecho del señor A a abandonar a su esposa es un problema de "moral sexual". Robar en un huerto no es un delito contra una moral especial llamada "moralidad frutal". Es una ofensa contra la honradez. La acción del señor A es una ofensa contra la buena fe (en las promesas solemnes), contra la gratitud (hacia alguien con quien estaba profundamente en deuda) y contra el común sentimiento de humanidad.
De este modo, nuestros impulsos sexuales se colocan en una situación de absurdo privilegio. Se considera que los motivos sexuales hacen tolerables conductas que serían consideradas como inhumanas, traicioneras e injustas si se hubieran producido con otro propósito" (C.S. LEWIS, "No existe un "derecho a la felicidad"", cit., pp. 124-125).
Curro,
Importante también es "El amor y Occidente" de Rougemont, una crítica muy lúcida del amor-pasión idealizado por los románticos.
Publicar un comentario en la entrada