Los materialistas y los locos no saben dudar. (G. K. Chesterton)

sábado, 9 de abril de 2011

Macarthismo de izquierdas

La izquierda siempre deploró la "histeria anticomunista" del macarthismo, pese a la diferencia esencial entre la "caza de brujas" de los años cincuenta y la del siglo XVII. Mientras que nadie ha probado la intervención del diablo ni que se pueda volar en escoba, debe admitirse que los indicios de la amenaza soviética eran algo más sólidos. Pero eso no quita que el clima de listas negras y delaciones en que degeneró la actuación del senador McCarthy fuera poco compatible con una sociedad libre.

Irónicamente, hoy quien se entrega con más entusiasmo al macarthismo es... la izquierda. Basta con que alguien cuestione alguno de los sacrosantos dogmas de la corrección política imperante, sobre cuestiones de género, inmigración, la guerra civil o el cambio climático, para que la caza del "machista", el "racista", el "franquista" o el "ecocida" se revele como el segundo deporte nacional.

Las reacciones de piadosa indignación ante el artículo de Salvador Sostres sobre el hombre que estranguló a su mujer embarazada son un ejemplo de manual. (Véase mi entrada anterior para un intento de análisis racional.) Nadie se ha molestado en argumentar contra las opiniones del autor. El veredicto automático ha sido culpable, en concreto del delito de "apología de la violencia de género", por el que al menos una organización ya ha anunciado que piensa llevarlo a juicio. El Periódico se ha referido al artículo como "criminal alegato". Público habla de "exabrupto machista". El País dedicó ayer dos páginas no solo a atacar a Sostres, sino incluso a especular sobre un siniestro contubernio "negacionista" (sic) de "rearme del machismo". El diario advierte, en tono inquisitorial, que "la negación de la violencia de género se abre paso en sectores de opinión".

Uno de los blogs de El País bordea incluso la calumnia, al acusar a Sostres no solo de justificar la violencia de género, sino incluso de animarla, sin por supuesto indicarnos en qué frase del artículo se basa para acusación tan grave. Como en los procesos de fanatismo colectivo, tantas veces descritos, se empieza por suposiciones infundadas e inexactitudes enunciadas con ligereza, y se puede terminar con alguien afirmando que ha visto a Sostres arrastrando el cadáver de una mujer, al final de un reguero de sangre.

A diferencia de lo que ocurrió con el macarthismo en Estados Unidos, que duró poco debido al rechazo que produjo entre los defensores de los derechos civiles, la "caza de brujas" izquierdista apenas encuentra resistencia. El pánico a verse relacionado con opiniones "extremistas", siempre que sean consideradas de derechas, es generalizado. El director de El Mundo, pese a asegurar que no le gustan "las hogueras", se apresuró a retirar de internet el artículo de Sostres y a pedir disculpas. No sea que se le chamuscaran los tirantes. Por cierto, el mejor artículo que he leído hasta ahora sobre la polémica se titula "Herejes a la hoguera". Léanlo; es un oasis de inteligencia y sensibilidad entre tanta brocha gorda.

4 comentarios:

JFM dijo...

Para si te puede servir de municion:

-El MacCarthismmo son dos (una, dos) condenas a muerte. Y por nada menos que espionaje nuclear.

-Penas de carel: menos de una docena.

-Unos cineto cincuenta empleados fedrerales perdieron su empleo.

-En la industria cinematografica los comunistas intentaron formar un sindicatop de afilacion obligatoria afin de controlar los contenidos. Para imponer su voluntad amenazaron a un tal Ronald Reagan de echarlme acido a la cara. Hubo tambien batallas campales con barras de hierro entre comunistas y no comunistas. Fue en este punto (ademas de que las peliculas comunizantes habian sido desasgres finacieros) que los estudios depidieron a los comunistas. Sin emabargo muchos escenaristas (menos conocidos que los actores) lograon volver pocos ańos despues.

Y ahora comparemos con los mas de dos mil arrestos al dia en la URSS, pais cuyo modelo las "inocentes victimas del MacCarthismo" querain implnatra en Estados Unidos y sobre los que la izquierda calla.

Curro dijo...

Leí por fin el artículo de Sostres: me ha parecido muy valiente y muy bueno. Deja claro 3 o 4 veces que no justifica el asesinato, y que al rumano le estará bien empleada la pena que le caiga.

Pero pone el dedo en la llaga. La llaga es: las relaciones amorosas son dinamita; lo han sido siempre. La mentalidad progre intenta reducir el amor a un juego agradable, en el que las relaciones (sucesivas o simultáneas) se anudan y desanudan civilizada y asépticamente; en el que no hay perdedores ni víctimas. El tío al que su novia le dice que le va a dejar y que el hijo que espera es de otro debe -según el manual progre- sonreir estoicamente y preguntar a qué dedica el otro el tiempo libre (¿recordáis la canción de Perales?). Pero la naturaleza humana no es así. La ética amoroso-sexual progre genera una estela inmensa de sufrimiento: el sufrimiento de los abandonados, de los perdedores, de los despechados (las abandonadas suelen ser más bien las mujeres, desde luego, aunque no en el caso del rumano). Michel Houellebecq lo reflejó magníficamente en "Ampliación del campo de batalla".

Al primar la espontaneidad y la renovabilidad, al hacer desaparecer totalmente el sentido del compromiso ("estoy contigo sólo mientras no se me cruce otro/a que me guste más": éste es el acuerdo implícito), la ética sexual progre multiplica el sufrimiento. Sufrimiento que, en casos extremos, se desborda en forma de crímenes pasionales.

El manual progre ordena conceptuar los crímenes pasionales como "violencia de género": el residuo de una mentalidad machista-patriarcal. Pero entonces, ¿por qué hay 4 veces más feminicidios [en proporción a la población]en Finlandia que en España? Sí, en la civilizadísima, liberadísima, feministísima Finlandia.

La mayor parte de los crímenes pasionales tienen lugar durante el proceso de ruptura de la pareja. El corolario es claro: cuanto más frecuentemente se rompan las parejas (y a eso lleva la ética de la libertad amoroso-sexual ilimitada), más frecuentes serán los crímenes pasionales. En ello estamos. Por muchos millones de euros que nos gastemos en medidas contra la "violencia de género".

Anónimo dijo...

Amigo CLD, interesante entrada ésta que nos traes hoy al respecto del artículo de Sostres en El Mundo. Y como estoy de acuerdo con tu exposición al respecto de la libertad de opinión, permíteme que me centre en la línea argumental de Sostres.

Por cierto, ¿conoces alguna clase de violencia de la mujer hacia el hombre criticada como tal por el feminismo? Porque al fin y al cabo, es lo que semióticamente denuncia Sostres en su artículo: la legitimación feminista de toda clase de violencia de la mujer al varón.

Que tu mujer se va con el vecino del quinto y diez años más tarde, en una discusión con ella te revela que tú hijo no es tuyo... no es violencia hacia el hombre (según las malas lenguas de los departamentos de ginecología de los hospitales españoles aproximadamente el 25% de los hijos no lo son de quienes dicen ser sus padres varones, que por supuesto no lo saben). Pero eso no es violencia contra el varón.

Según los informes provida en el mundo entero, hay al menos un 20% de padres que les gustaría tener los hijos, pero las mujeres no deciden dar su consentimiento y deciden matárselos (perdón abortarlos). De nuevo el feminismo no ve como un acto violento contra el varón que cualquier mujer pueda matarle los hijos a un padre.

Estamos hablando de casos de doble violencia femenina, contra esos padres y contra esos hijos.
Siempre con resultados dramáticos y en no pocos casos con resultados trágicos de pérdida de hijos. Dramáticos, porque ese hijo que con diez, quince o veinte años se entera que su padre no es tal y para ese padre, que con ese hijo se ha encariñado, tampoco es su hijo. Para ambos, hijo y padre, dichas vivencias trasmutan sus vidas en una desconfianza existencial en el ser humano, muy en concreto contra la mujer. Trágicos, porque en no pocos casos ese hijo es matado queriéndolo el padre y ante dicha violencia el padre responde contra la madre del mismo modo.

Y estos sólos son dos ejemplos de formas de violación y violencia ancestral de las mujeres a los hombres.

¡Pero ete aquí!, que para el feminismo esos casos nunca son definidos como violencia de las mujeres contra esos hijos y contra esos padres. Para estos últimos, tales actos realizados por sus compañeras, ellos han de interpretarlos siempre como la normal libertad de las mujeres para hacer lo que quieran con sus hijos y por supuesto, todo ello al margen de derecho igualitario alguno por parte de los hombres para con las mujeres.

Al feminismo se le puede definir de muchas maneras, pero su objetivo final siempre es el mismo: la legitimación y legalización de toda forma de violencia de la mujer hacia el varón.

Cuando una ideología llega a ese extremo (y el feminismo, no es que llegue, es que nació con ese objetivo), inevitablemente toda respuesta a sus principios será lo único que definirá como violencia.

Dicho principio, a lo largo del siglo XX el comunismo lo demostró llenando de gulags y asesinatos en serie en todos los países en los que triunfó. El fascismo y el nazismo hicieron lo mismo. En la historia le ha tocado ahora el turno al feminismo.

Eso es lo que denuncia Sostres en su artículo.

Un cordial saludo por tu acertada crítica a las actitudes hipócritas de El País de la derecha (léase El Mundo).

Pablo el herrero

Gatoadicto dijo...

"al hacer desaparecer totalmente el sentido del compromiso"

Osea, que ¿hay que joderse y aguantar al marido o parienta hasta que la muerte nos separe, aunque sea o se haya vuelto un cabrón y/o una puta?

No estoy de acuerdo, Curro. A veces (no siempre ni para todos) el divorcio es un mal menor. Por lo menos hasta que una educación normal corrija la estupidez de tántos.