El movimiento del 15-M, surgido de manera aparentemente espontánea pocos días antes de las últimas elecciones locales y autonómicas, tenía un mensaje central: Que los dos grandes partidos, PP y PSOE eran lo mismo, en esencia. Por supuesto, cabe recelar de la ecuanimidad de una afirmación que en la práctica perjudica mucho más a un partido que a otro. (En este caso, obviamente, era al PP, al que las encuestas daban una gran ventaja.) Por si alguien abrigaba alguna duda, las actuaciones del movimiento del 15-M en los meses posteriores (por ejemplo, en relación a la visita del papa) han demostrado que su carácter "transversal" era puro cebo para incautos. Son extrema izquierda, y por ello con muchas coincidencias con el zapaterismo: anticlericalismo (lo llaman laicismo), proabortismo, simpatías apenas encubiertas hacia la izquierda pro terrorista vasca, etc.
Esto no significa que la idea según la cual PP y PSOE son lo mismo sea exclusiva de la izquierda. En realidad, la sugieren también muchos opinadores de derechas, liberales o liberal-conservadores, con escaso sentido práctico. Una cosa es que acusemos a la derecha política de tibieza, de no poner suficiente empeño en la batalla ideológica. Y otra muy distinta es pretender que la derecha haga la campaña electoral que le gustaría a la izquierda. ¡No seamos ingenuos! Este domingo escuchaba a Luis del Pino en esRadio exigir a Mariano Rajoy que declare solemnemente que su gobierno no respetará ningún acuerdo con ETA obtenido con la participación de los llamados "mediadores internacionales" (en realidad, unos exterroristas que siguen viviendo del terrorismo, vía contribuyentes). Claro, para liberar a los socialistas de tener que hablar de economía, el tema que más daño les causa, solo falta que Rajoy diga algo tan innecesario como que ningún gobierno entrante tiene la menor obligación moral, política ni jurídica de respetar acuerdos de un gobierno saliente con un grupo criminal, con o sin unos mediadores que solo se representan a sí mismos y a sus cuentas corrientes.
Lo mismo puede decirse de quienes reprochan al PP que no declare con sinceridad que habrá que hacer más recortes "sociales". Si alguien es tan pánfilo como para necesitar que le digan tal cosa, lo más probable es que también reaccionase votando a quien, por el contrario, le dijera lo que quiere oír, es decir, a Rubalcaba. El PP ya está hablando claramente en los gobiernos autónomos donde gobierna desde el pasado 22 de mayo: Con lo hechos. No hay ninguna necesidad de que se ate ninguna otra piedra al cuello para ayudar al PSOE a reducir la distancia a la que se encuentra del previsible ganador, según todas las encuestas.
Más grave es cuando esos mismos opinadores, supuestamente encuadrados en la derecha liberal, comparan a los dos grandes partidos políticos españoles partiendo de concepciones que en realidad son de izquierdas. Y pongo como ejemplo de nuevo a Luis del Pino, periodista al que aprecio mucho, pero que a veces, cuando se equivoca, lo hace con todo el equipo. En su editorial del programa "Sin complejos" del sábado, se mostraba preocupado por la coincidencia de los discursos de Esperanza Aguirre y José Bono en la presentación del último libro de Pedro J. Ramírez, sobre la revolución francesa. Ambos políticos alertaban, al parecer, sobre los peligros de quienes tratan de aprovecharse del descontento popular para erosionar las democracias. Dice Del Pino:
"Y ver a aquellos dos presentadores del libro de Pedro J. advertir insistentemente sobre los peligros de las revueltas callejeras, en lugar de reclamar las reformas necesarias para que esas revueltas no sean posibles, me convenció de que no hay, realmente, nada que hacer: los acontecimientos seguirán su curso de forma cada vez menos controlada. Y en lugar de una reforma que evite los sufrimientos, acabaremos por tener un estallido, que los exacerbará."
Se entrega entonces nuestro analista a una fatalista concepción de la historia según la cual, aunque Robespierre, Marat o Danton no hubieran existido, los acontecimientos hubieran seguido el mismo curso, porque todo se cifra en que había grandes injusticias que están allí solo para que el primer demagogo sin escrúpulos sepa explotarlas.
Estoy rotundamente en desacuerdo con esta concepción materialista de la historia, afín al marxismo. Descontento social lo ha habido en todas las épocas y latitudes. En ocasiones estalla y conduce a golpes de Estado o cambios de régimen. ¿Por qué unas veces ocurre y otras no? Pues precisamente porque a veces aparece un Robespierre, un Lenin o un Hitler. Esa es la diferencia crucial, he ahí la importancia capital de los individuos, para bien y para mal. Por tanto, cuando Esperanza Aguirre alerta contra las tentaciones de la demagogia, tiene toda la razón del mundo, no está en ninguna torre de marfil, insensible a las dificultades de la gente. Que José Bono, con su habilidad para adaptarse a los auditorios y hacer guiños a la derecha sociológica más tontaina, pueda coincidir en el mismo discurso, tampoco debería llamarnos especialmente la atención.
Y sí, hay también una diferencia capital entre el PP y el PSOE. Uno dice que va a subir los impuestos al alcohol y al tabaco para financiar la sanidad. El otro anuncia que deducirá 3.000 euros a los autónomos que contraten a su primer empleado. Uno busca de dónde sacar más dinero a los contribuyentes, en una cerril visión de suma cero. (Hace falta dinero: hay que quitárselo a alguien.) Otro se orienta a crear empleo, es decir, a que se cree más riqueza real. (Hace falta dinero: debemos trabajar más.) Uno se empeña en seguir repartiendo miseria y dependencia del Estado. El otro aspira a que los individuos prosperen y se ganen por sí mismos el bienestar. No es lo mismo, sino más bien todo lo contrario.
domingo, 2 de octubre de 2011
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6 comentarios:
Me interesa el tema porque soy de los que hablan de "PPSOE", y me gustaría hacer un comentario.
Contrapones dos medidas que claramente los distingue y habrá muchas otras propuestas donde también se vean claras diferencias. Pero estas diferencias son tan solo en posiciones políticas concretas. Cuando se trata de plantear reformas de calado (a nivel constitucional), las diferencias desaparecen.
Esto por una parte da estabilidad al sistema (lo que puede ser positivo), pero también nos indican que en el fondo su concepción del Estado apenas difiere.
No entendí muy bien lo que Luis del Pino quiso decir, pero para mi es el modelo de Estado lo que me hace identificar similitudes entre los dos partidos.
Ninguno va a privatizar TVE, ninguno va a recuperar competencias para el gobierno central, ninguno va a cambiar el esquema de la Seguridad Social. Son este tipo de reformas de "más calado" donde yo personalmente vería diferencias fundamentales. De momento, no las veo, por lo tanto, sigo sin estar convencido de que no son "iguales".
Por otro lado, tampoco veo el mundo blanco o negro: cuando se trata de política autonómica (en mi caso, gallega), sí encuentro necesario hacer una distinción por puro pragmatismo: que el PP gallego pierda significa poner a los nacionalistas en el poder, y eso lo vivimos durante una legislatura en la que la propaganda ideológica de extrema izquierda aparecía continuamente en toda la prensa mediante anuncios institucionales pagados con los impuestos de todos.
Dicho todo esto, ¿qué posición tomaré ante la urna? Dependerá del programa electoral del PP, pero vamos, mi voto no lo tiene para nada asegurado.
Un saludo.
Hay más partidos a los que se puede votar...
a Pablo: privatizar TVE me parece algo perfectamente factible, no veo por qué no podría hacerlo el PP. Mas difícil es recuperar competencias para el estado central o remodelar la Seguridad Social, pero en todo caso, está claro que si alguien empieza a andar en esta dirección, será el PP, no el PSOE. Las diferencias están claras, que luego cuando gobiernen se queden a medio camino, es lo normal. Si nuestras expectativas son demasiado utópicas, pues claro, todos nos decepcionarán.
Personalmente, creo que no votar al PP en estas elecciones sería una frivolidad, pero claro, cada cual hace lo que le da la gana con su voto.
a anónimo 16:21: claro que hay más partidos, pero el más próximo a mi ideología es el PP. Si alguien sabe de un partido que defienda al mismo tiempo el libre mercado, el derecho a la vida, la idea de España, etc, que me lo diga. Por supuesto que el PP es a veces demasiado moderado para el gusto de muchos, incluido el mío, pero no tenemos otra cosa, por el momento.
Gallardón=libre mercado, ¡válgame!
Estoy de acuerdo, Carlos, en que sería una frivolidad no votar al PP en noviembre. Es esencial que Rajoy tenga manos libres para abordar las dolorosas reformas que la situación exige. Y sería muy saludable que el PSOE sufriese un varapalo tal (100 diputados o menos) que se viese obligado a una catarsis en serio (por ejemplo, escoger a Redondo Terreros como nuevo líder ...¡no caerá esa breva!).
PERO ... ¿para cuándo dejará la derecha la batalla cultural? OK en que una campaña electoral no es quizás el momento adecuado para curar a la gente de dogmas y prejuicios cultivados durante décadas. Pero, ¿lo van a hacer cuando gobiernen? ¿Quitarán las subvenciones a los de la ceja? ¿"Romperán la columna vertebral a los sindicatos" (éste era un eslógan electoral de Thatcher: compárese con el entusiasmo de Rajoy por "los derechos sociales", que acusa al PSOE de poner en peligro)? ¿Se dignarán apoyar un poquito a los cuatro gatos que nos dejamos partir la cara por las ideas liberal-conservadoras en los medios y la universidad (por ejemplo, publicando cierto libro propuesto a Gota a Gota)? ;-).
Yo comprendo a todos: a los que apelan al voto útil y rechazan la injusta equiparación PP-PSOE; pero también a los que están hasta los mismísimos de la pusilanimidad ideológico-cultural de este PP tecnocrático.
De todas formas hay que ser cenutrio para pensar que lo de los 3.000 euros puede crear empleo.
Pensar un poquito quienes son los autónomos que no tienen ningún empleado.
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