El alcalde desde hace 19 años de San Sebastián, Odón Elorza, hablando de las fiestas de la ciudad, que tradicionalmente derivan en episodios de violencia callejera, ha manifestado su confianza en que la paz esté cerca. "Una paz justa para todos", ha precisado. Ya el uso del término paz en relación con el terrorismo de ETA resulta moralmente dudoso, pues sugiere que existe un conflicto con dos bandos beligerantes. Pero afirmar que además esa paz debe ser "justa para todos" es sencillamente una canallada. Supone insinuar, no sólo que se trata de una guerra, sino que ambos bandos tienen su parte de razón, y el conflicto sólo se resolverá si se concede a cada uno lo que le pertenece justamente.
Imaginemos que pretendiéramos resolver de esta manera el conflicto entre los bancos y los atracadores de bancos. Supongamos que un atracador se hubiera llevado 5.000 euros a punta de pistola. Entonces va Elorza y dice: "Venga, lleguemos a un acuerdo justo para todos: 2.500 euros para el atracador y 2.500 para el banco." Y todos contentos.
Evidentemente, no es mi intención limitarme a hacer un chiste con las palabras del político socialista. Me parecen demasiado graves para ello. Pero sobre todo son ilustrativas de la manera de pensar del mal llamado "progresismo", para el cual el crimen sólo puede entenderse como la consecuencia de una situación de injusticia previa, con lo cual no se hace otra cosa que justificarlo y, por lo tanto, favorecerlo. Desde el momento que introducimos explicaciones seudocientíficas de la conducta humana que excluyen la responsabilidad individual, quienes salen perdiendo siempre son las víctimas de la delincuencia, se revista de carácter político o no. En realidad, toda delincuencia en cierto modo se politiza, porque el robo es consecuencia de la "injusta distribución de la riqueza", el asesinato es culpa de la "cultura de la violencia" (y en Estados Unidos del derecho constitucional a la posesión de armas), el maltrato a las mujeres es consecuencia del "patriarcado", etc. En los recientes casos de asesinatos en serie en guarderías, producidos en China, no faltó el típico "experto" que imputó el fenómeno a la excesiva "competitividad" que padece la población... La cuestión es desresponsabilizar a los únicos verdaderos culpables, que son quienes roban, asesinan, etc, y aprovechar la inseguridad para sugerir mayor intervención del Estado en áreas como la educación, la economía, la justicia, etc, en lugar de donde realmente se halla una de sus principales funciones, que es proteger a los ciudadanos de los delincuentes.
El daño que hacen los políticos, los jueces y otros personajes públicos que piensan como Elorza es sencillamente incalculable. Me pregunto cuándo nos sacudiremos a esta plaga "progresista" de encima, pero lógicamente lo ignoro. Sólo sé que no debemos desfallecer en denunciarla.
jueves, 19 de agosto de 2010
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2 comentarios:
Yo creo que está bien estudiar las causas últimas que provocan un fenómeno ya que ello es el primer paso para solucionarlo. Ahora bien, eso no debe significar eximir de su responsabilidad a los causantes. Hay gente (aunque justo es reconocer que lo tienen más difícil) que surge de entornos marginales muy chungos y que consigue ser unos elementos perfectamente integrados y válidos en la sociedad. La responsabilidad de cada uno siempre está allí.
Por otro lado últimamente he enpezado a creer en la maldad intrínseca de alguna gente. Y ha sido a partir de mi contacto con niños de 12 años provenientes de entornos completamente normalizados que eran unos auténticos hijos de puta. Después de analizar su comportamiento no llegué a otra conclusión que la de que su maligno comportamiento les "rentaba" a todos los niveles incluido el psicológico. Ningún tipo de criterio ni remordimiento moral, of course.
Conforme se vayan haciendo adultos y la represión de la sociedad (bendita sea) vaya actuando, se irán dando cuenta de que les renta más adecuarse a las normas (sobre todo teniendo en cuenta que provienen de un entorno razonablemente privilegiado)y la mayoría se convertirán en ciudadanos integrados aunque su hijoputez saldrá a flote en determinadas ocasiones.
Como muy bien has dicho, el paradigma de eximir a su responsabilidad a las personas es "progresista" y no necesariamente de izquierdas. Yo distingo a la izquierda seria, democrática y moderna de la progresía cantamañanas y vacía que se basa en cuatro consignas tópicas, en el seguimiento ciego e irreflexivo al líder y en la división del mundo en malos y buenos absolutos.
En cuanto a lo de esa "equidistancia" de la que hacen gala tantos ciudadanos, sobre todo vascos, ya escribí mi opinión en mi blog.
Si me permites lo cito aquí para no repetirme ni pegar nada demasiado extenso. Al que le pueda interesar mi opinión y un curioso testimonio real, pues ya sabe.
Un saludo.
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