Lo más preocupante de este tipo de groseras manipulaciones no es que sean tan habituales, sino que sean secretadas espontáneamente, al menos en apariencia. Porque que el PSC, ERC o ICV hubieran producido un bodrio semejante, entra dentro del juego más o menos sucio de la contienda política. Pero que lo haga -es de suponer que no por encargo- un renombrado cantante (ex miembro de Sopa de Cabra, el conjunto de rock catalán de más éxito en los años noventa) resulta sintomático de una sociedad que necesita fabricarse enemigos (la "caverna madrileña") para encubrir sus propias miserias.
Imaginemos la que se organizaría ante un vídeo en el que junto a imágenes de Stalin, de iglesias reducidas a cenizas durante la república y la guerra civil, y de cadáveres de fusilados en las cunetas, aparecieran las de Iñaqui Gabilondo, Enric Sopena y Zapatero, sugiriendo que los periodistas y el político fueran directos herederos del totalitarismo comunista. Pues bien, sin duda serían menos injustas que el vídeo de Quintana, pues al menos Zapatero se ha proclamado rojo y se ha identificado claramente con el bando del Frente Popular. Por el contrario, Jiménez Losantos es el máximo popularizador en España del liberalismo, ideología no demasiado compatible con los Principios del Movimiento, mientras que el ex presidente, a través de la fundación FAES, sus libros, artículos y conferencias, es también hoy un notable padrino de las ideas de Adam Smith y Hayek.
¿Por qué, pese a ello, un engendro como La costra no generó las acusaciones de manipulación y demagogia que -previsiblemente- provocaría el montaje aquí propuesto? Pues muy sencillo: Porque las ideas de la izquierda las conoce todo el mundo, mientras que los conceptos básicos del liberalismo conservador son ignorados por millones de personas, que así pueden tragarse sin dificultad las distorsiones más burdas, e incluso aplaudirlas. Sólo conocen de Losantos o de Aznar declaraciones aisladas y sacadas deliberadamente de contexto para generar rechazo, mientras que el discurso de la izquierda, por su simplicidad y emotividad, por sí solo es mucho más fácil de vender. Además, generalmente, casi todos hemos venimos recibiendo desde la infancia y la adolescencia el adoctrinamiento de profesores y medios de comunicación progres. Como ha dicho Thomas Sowell:
"Mucha gente de derechas no tiene problema en entender a la gente de izquierdas porque gran parte de ella, si no la mayoría, era ella misma de izquierdas en su juventud. Pero gran parte, si no la mayoría de la gente de izquierdas, encuentra inexplicable cómo una persona decente e inteligente puede ser de derechas."
Por eso es imprescindible denunciar cada libelo, cada infamia, por muy torpes que sean. No podemos resignarnos a considerarlos normales, porque actúan como diques propagandísticos de contención de las ideas liberales, disuadiendo a miles de personas de experimentar un mínimo de curiosidad por conocerlas.
Imaginemos la que se organizaría ante un vídeo en el que junto a imágenes de Stalin, de iglesias reducidas a cenizas durante la república y la guerra civil, y de cadáveres de fusilados en las cunetas, aparecieran las de Iñaqui Gabilondo, Enric Sopena y Zapatero, sugiriendo que los periodistas y el político fueran directos herederos del totalitarismo comunista. Pues bien, sin duda serían menos injustas que el vídeo de Quintana, pues al menos Zapatero se ha proclamado rojo y se ha identificado claramente con el bando del Frente Popular. Por el contrario, Jiménez Losantos es el máximo popularizador en España del liberalismo, ideología no demasiado compatible con los Principios del Movimiento, mientras que el ex presidente, a través de la fundación FAES, sus libros, artículos y conferencias, es también hoy un notable padrino de las ideas de Adam Smith y Hayek.
¿Por qué, pese a ello, un engendro como La costra no generó las acusaciones de manipulación y demagogia que -previsiblemente- provocaría el montaje aquí propuesto? Pues muy sencillo: Porque las ideas de la izquierda las conoce todo el mundo, mientras que los conceptos básicos del liberalismo conservador son ignorados por millones de personas, que así pueden tragarse sin dificultad las distorsiones más burdas, e incluso aplaudirlas. Sólo conocen de Losantos o de Aznar declaraciones aisladas y sacadas deliberadamente de contexto para generar rechazo, mientras que el discurso de la izquierda, por su simplicidad y emotividad, por sí solo es mucho más fácil de vender. Además, generalmente, casi todos hemos venimos recibiendo desde la infancia y la adolescencia el adoctrinamiento de profesores y medios de comunicación progres. Como ha dicho Thomas Sowell:
"Mucha gente de derechas no tiene problema en entender a la gente de izquierdas porque gran parte de ella, si no la mayoría, era ella misma de izquierdas en su juventud. Pero gran parte, si no la mayoría de la gente de izquierdas, encuentra inexplicable cómo una persona decente e inteligente puede ser de derechas."
Por eso es imprescindible denunciar cada libelo, cada infamia, por muy torpes que sean. No podemos resignarnos a considerarlos normales, porque actúan como diques propagandísticos de contención de las ideas liberales, disuadiendo a miles de personas de experimentar un mínimo de curiosidad por conocerlas.

2 comentarios:
Me ha gustado mucho el post.
Sólo conocen de Losantos o de Aznar declaraciones aisladas y sacadas deliberadamente de contexto para generar rechazo, mientras que el discurso de la izquierda, por su simplicidad y emotividad, por sí solo es mucho más fácil de vender.
Es más fácil de vender, siendo como es: sencillo de superar dialécticamente y por los hechos empíricos.
El quid está en esa emotividad, como si nada que no apestara a socialismo fuera una opción a considerar para erradicar el hambre en el mundo. (Con las consecuencias tristísimas que todos conocemos).
Un saludo.
Todo perfecto, pero mientras en España haya trece millones largos de corazones encendidos dispuestos a votar progresía romántica, nacional o nacionalista, aquí estamos aviados. Teniendo en cuenta que corazón encendido, aunque suene muy bonito, significa oídos beethovenianos y ojitos de Stevie Wonder, da un poco igual emitir o no mensajes. El progre no lee, ni en ordinario ni en braille. Su mundo guay (y a menudo gay, alegre) le basta.
Fundamentos estructurales del progre:
1. Severísima desinstrucción, acompañada de la creencia de que se sabe más que suficiente.
2. No tener contacto, ni siquiera visual, con el trabajo productivo, pero creer que se trabaja.
3. Ser estatalista o providencialista. Si algo va mal, creer que alguien superior lo arreglará.
Eso sí, optimismo. Según el refrán, no pueden durar más de cien años.
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