Aunque la segunda afirmación no tiene el mismo grado de evidencia que la primera, el trabajo académico serio, basado en la investigación empírica, cada vez viene a reforzarla más. Quienes somos absolutamente legos en economía podemos hacernos una vaga idea de este trasfondo científico, gracias a un librito que acaba de traducirse al español con el título Sin rumbo, de John B. Taylor. En él se resume en un lenguaje sencillo y sin fórmulas matemáticas las conclusiones a las que el prestigioso catedrático de la Universidad de Stanford ha llegado en varios de sus trabajos de los últimos dos años. A decir verdad, sí que aparece una fórmula hacia el final (pág. 103), aunque no en lenguaje algebraico. Es la famosa Regla de Taylor, debida al propio autor, que ya la enunció en 1993:
r = 1,5 p + 0,5 y + 1
Donde r es el tipo de interés a corto plazo, p la tasa de inflación e y la distancia entre el PIB y su nivel tendencial*. En resumidas cuentas, esta expresión nos dice qué tipos de interés deberían fijar los bancos centrales, si queremos mantener el crecimiento económico reduciendo al máximo los periodos de recesión. Justo lo que no hizo la FED en los años 2002-2004, durante los cuales mantuvo los tipos entre el 2 y el 1 %, cuando según la Regla de Taylor deberían haberse movido aproximadamente entre el 2 y el 4,5 %.
Taylor nos muestra mediante esclarecedores gráficos la relación de causa-efecto entre la errónea política monetaria y la burbuja inmobiliaria, así como las consecuencias de las medidas adoptadas por los gobiernos de Bush y Obama, que no hicieron más que agravar la situación. Pero cronológicamente, los responsables principales del desastre financiero han sido los bancos centrales, con la Reserva Federal americana a la cabeza.¿Por qué se apartaron de la senda correcta? Taylor no entra en esta cuestión en su breve opúsculo. Presumiblemente, la crisis de las punto com y los atentados del 11-S llevaron a las autoridades monetarias a pensar que debían saltarse los principios que tan buenos resultados habían dado en los años ochenta y noventa, a fin de que el sistema financiero no se tambaleara. Paul Krugman, uno de los responsables intelectuales de la burbuja inmobiliaria (supongo que por eso le darían el Nobel), ha afirmado que, según la Regla de Taylor, los tipos de interés actuales deberían ser ¡negativos! Si esto es así, no parece que el principio sea una guía infaliblemente sensata. Pero, como el autor de la ecuación ha replicado, resultados absurdos como estos son los que arroja la fórmula cuando se introducen en ella meras estimaciones, no datos observables.
Las aportaciones del profesor Taylor no se limitan a la fórmula que lleva su nombre, ni al campo académico. Como Subsecretario del Tesoro con el gobierno de Bush, se encargó de congelar los activos financieros del terrorismo tras la destrucción de las Torres Gemelas, con resultados elogiados por la Comisión 11-S del Congreso. Así, mientras unos recomendaban hinchar burbujas, otros asfixiaban económicamente a los terroristas.
Y aquí en España, mientras unos hacen chistes idiotas sobre las siglas de FAES y Falange Española, la fundación de Aznar realiza una meritoria labor de difusión del pensamiento liberal y del debate intelectual serio. Por ejemplo, publicando este utilísimo libro de John B. Taylor.
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* Otros lugares muestran una versión más técnica de la ecuación, en la que los parámetros p e y se descomponen en otras variables. Pero en esencia, la idea es que los tipos de interés deberían ser una función determinada de la inflación y del crecimiento. En el artículo de 1993, la fórmula aparece expresada así:
r = p + 0,5 y + 0,5 (p - 2) + 2
Lo que equivale a:
p + 0,5 y + 0,5 p - 1 + 2 =
= 1,5 p + 0,5 y + 1
= 1,5 p + 0,5 y + 1
Que es lo enunciado en lenguaje informal en la página 103.

6 comentarios:
Exacto.
El Estado Useño también está contaminado de herramientas jurídicas anticapitalistas: el Estado no debería tener la facultad de endeudarse, y menos de respaldar la deuda de 2 particulares ( Freddie Mac and Fannie Mae ) con el Tesoro Público.
Un particular no se hubiese jugado así su propiedad. Pero como estos tiraban con pólvora del rey, pues así nos vemos.
Pero los anticapitalistas han vuelto a vencer en los medios: "la culpa es del mercado", cuando en realidad es que es el mercado, cuando ya no ha podido sostener más la artificiosa alteración del mismo por el Poder, el que ha reventado y está poniendo orden.
(ojo, el mercado es: miles de millones de personas viviendo en su sentido pleno: eligiendo, optando, decidiendo por sí; no hay que "democratizar la economía", hay que mercantilizar la democracia; ojalá fuese tan fácil elegir políticos, y políticas, como lo es el hecho de elegir productos en los estantes de las tiendas, discriminando de una forma legítima, natural y espontánea lo que es útil y eficiente para el individuo, y con la suma de ellos, de la sociedad en su totalidad).
Bueno, tampoco es que Taylor descubra ahora la pólvora. Los economistas austriacos llevan desde siempre advirtiendo sobre las manipulaciones en los tipos de interés y las expansiones del crédito no respaldadas por ahorro real, como causa de los ciclos económicos.
Y en el caso de la crisis actual, varios de ellos previeron en sus rasgos generales esta crisis (ver post de Esplugas "Austriacos prediciendo la crisis"). Y Rallo y Rodríguez Braun tienen un librito sobre la misma, bastante divulgativo también.
Con esto no estoy quitando a Taylor el mérito que pueda tener.
Saludos
Esto es puro monetarismo.¿Por qué va a tener Taylor más razón que otros monetaristas? Será interesante leer el libro para ver sus razones y poderlas comparar con la economía austriaca.
Un saludo.
anónimo, me parece muy atinado su comentario. Se necesitaría una "revolución conservadora" mucho más radical que la de Reagan.
Ángel y Eetión, lo interesante del trabajo de Taylor es que se basa sólo en datos empíricos, no en teorías, y por eso creo que un economista austriaco no tendría ningún problema en aceptar el diagnóstico de Taylor. Otra cosa son los remedios. Los austriacos defenderán que sea el mercado, y no un organismo burocrático, el que fije el tipo de interés, mientras que Taylor opina que si se aplicara su Regla, también funcionaría.
Esa regla no puede ser de ninguna forma una guía de la política monetaria, pues se limita a describirla durante las décadas de 1980 y 1990. Es decir, salvo que supongamos que los FED chairmen de la época contaban con LA teoría y dirigían el tipo basándose en ella, no hay nada que garantice que esta regla sea la más apropiada.
Taylor estipula un método para establecer el tipo de interés por los bancos centrales... En el fondo está aplicando un modelo válido para un período de tiempo analizado a posteriori. El tipo de interés ha de implantarlo el mercado, no ningún poder central.
Scholes y a Merton en su momento desarrollaron un modelo que les permitió ganar fortunas en los mercados de valores. Hasta les dieron un nobel por ello.
Pero los modelos son modelos, no son la realidad. Con el tiempo las premisas cambiaron y se arruinaron. Lo mismo ocurre con la fórmula de Taylor, no es válida para establecer el precio del dinero y pronosticar el comportamiento de los agentes económicos...
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