Al último artículo de Albert Esplugas sobre la muerte de Eluana cabe objetar lo siguiente: Según él, si no admitimos el concepto de auto-propiedad de nuestro cuerpo, se siguen "absurdas conclusiones", como que el Estado me pueda dictar lo que puedo comer o no. Ahora bien, de ese principio también se siguen conclusiones que no todos estamos dispuestos a aceptar. Imaginemos que descubro a alguien a punto de tirarse de un puente, con ánimo evidente de quitarse la vida. Según la ética rothbardiana, lo máximo que puedo hacer es tratar de persuadirle de que no lo haga, pero no tengo ningún derecho a impedírselo. Si llamo a los bomberos para que coloquen una red que amortigüe la caída, estoy lesionando el derecho de ese señor a disponer de su propio cuerpo.
Bien, no sé si Esplugas estará de acuerdo con esta conclusión, pero en todo caso no me parece ni más ni menos absurda que aquella según la cual el Estado puede limitar mi derecho a comer hamburguesas. En mi opinión, no hay nada esencialmente ilógico en el hecho de que el Estado se inmiscuya hasta en el último detalle de nuestras vidas, y no por ello dejo de estar rotundamente en contra. Luego trato de explicarme.
Otra cosa distinta -y esto me lleva a una segunda objeción- es la cuestión de si es lícito quitarle la vida a alguien (con su consentimiento) cuando ése es el único modo de poner fin a un sufrimiento insoportable. Hay que decir que se trata de una situación extrema y menos frecuente de lo que gustan de plantear los partidarios de la eutanasia, salvo que juguemos con la imprecisión del término sufrimiento, que puede albergar un sentido psicológico (¡o incluso existencial!) muy amplio. Pero planteémosla de todos modos. Imaginémonos dos amigos que se encuentran alejados de la civilización, sin esperanza de recibir a tiempo ningún tipo de asistencia médica. Uno de ellos sufre un accidente o enfermedad grave que le produce dolores intolerables, hasta el extremo de que le suplica a su compañero: "¡Mátame!" Si el amigo no accede a su ruego, el otro morirá con toda seguridad, pero después de una larga y cruel agonía. Si lo mata, le ahorra ese calvario inútil. ¿Qué harían ustedes? Personalmente, accedería al ruego de mi amigo, aunque no sin experimentar un angustioso conflicto.
Ahora bien, el caso de Eluana, como el de otros muchos que saltan a los medios de comunicación, no es ese. No tenemos razones para pensar que está sufriendo físicamente. Por tanto, cuando al final del artículo Esplugas introduce innecesariamente para su razonamiento la expresión "enorme sufrimiento" (aun sin referirse a Eluana) traiciona el estilo sobriamente lógico de su argumentación para acabar cayendo en la manipulación emocional tan en boga cuando de estos temas se trata.
Del mismo modo que puede haber quienes acepten la despenalización del aborto bajo determinados supuestos, pero están en contra del aborto libre, puede haber quien acepte la eutanasia en casos límites como el descrito, pero no en los demás. Es decir, defender el aborto apelando a casos como el de la violación, etc o la eutanasia aludiendo al dolor físico, para luego extrapolar su validez a todos los demás, es sencillamente hacer trampa.
El problema de fondo se halla en el intento de basar la ética en premisas racionales. Se trata de una vieja ilusión. La razón en sí misma no podrá dictaminar jamás lo que está bien y mal, como dejó claro David Hume en el siglo XVIII. Ahora bien, la alternativa no es únicamente alguna forma de convencionalismo estricto o de relativismo. Creo que existen otras dos, no necesariamente incompatibles. Una es la evolucionista, que consiste en ver en las normas morales tradicionales (no matar, no robar, etc) el resultado de un proceso evolutivo que ha permitido sobrevivir a la sociedad hasta ahora, y del que por tanto sería temerario hacer tabla rasa por motivos de tipo constructivista (Hayek, La fatal arrogancia). La otra alternativa es suponer un origen trascendente de la moral tradicional, que es la posición clásica de Locke, y que en la actualidad se tiende a descartar demasiado a la ligera.
Generalmente, fuera de círculos intelectuales, la izquierda no suele ser constructivista en un sentido consistente. Es más bien una basura sentimentaloide y manipuladora, que trata de minar la moral tradicional por el procedimiento de presentar a todos sus defensores como seres insensibles, oscurantistas y crueles. El resultado objetivo, más o menos remoto, del relativismo (independientemente de que se pretenda de manera consciente o no) es un Estado mucho más poderoso al quedar liberado de constricciones morales rígidas. Cuando todo es relativizable o justificable de algún modo, una gran mayoría de la población no se indigna, y menos aún se subleva, por nada que no le afecte directamente, porque todo es opinable y discutible; nada es sagrado, ni siquiera la propia vida.
Por supuesto, que las consecuencias de una idea sean indeseables, no demuestra que esa idea sea falsa. Sólo nos invita a ser mucho más prudentes, o si se prefiere, conservadores.
jueves, 12 de febrero de 2009
Eluana: Respuesta a Albert Esplugas
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11 comentarios:
Gran entrada. Abre un debate pendiente y necesario para clarificar muchas, muchas cosas que se sobrentienden demasiado a la ligera. Le felicito
Hola CLD,
Imaginemos que descubro a alguien a punto de tirarse de un puente, con ánimo evidente de quitarse la vida. Según la ética rothbardiana, lo máximo que puedo hacer es tratar de persuadirle de que no lo haga, pero no tengo ningún derecho a impedírselo. Si llamo a los bomberos para que coloquen una red que amortigüe la caída, estoy lesionando el derecho de ese señor a disponer de su propio cuerpo.
Tu ejemplo me recuerdo a uno que planteó Iván Moreno en una discusión en el blog de Fonseca. Copio el ejemplo de Iván y mi respuesta, que creo que sirve también de réplica a tu planteamiento.
IVAN: Un hombre salta al vacío desde una altura considerable buscando claramente el suicidio. El golpe en el suelo hace que quede consciente pero moribundo. Una ambulancia llega al lugar a petición de la madre del suicida y lo transporta al hospital más cercano para una intervención de urgencia a pesar de los gritos desesperados de éste por que le dejen morir en paz. ¿Debe ser penada la actuación de la ambulancia? ¿Y la de la madre?
Obviamente, si realmente existe algo como el "derecho" a quitarse la vida tal y como yo lo he definido, ambas actuaciones deben ser castigadas. En caso de que consideremos que no deben ser penadas es claro que no existe un derecho, sino como mucho, una actuación que no constituye delito.
ALBERT: En relación con el ejemplo de la ambulancia, estás forzando la situación para que no la visualicemos, para que no nos parezca realista aplicar nuestro criterio en ese escenario. Pero no nos parece realista porque la situación es, ya de por sí, poco nítida, con elementos que nos hacen dudar que no aparecen en otras situaciones normales. Es el peligro de los ejemplos o analogías llevadas al extremo, que a veces (no siempre, claro), incorporan elementos que las hacen suficientemente distintas como para ser tratadas de otro modo, o nos hallamos ante un continuum (de la bofetada al maltrato) y no nos sirve para demostrar nada sobre el otro extremo. En este caso, los problemas son varios: el suicida está moribundo en la calle. ¿Qué se supone que tiene que hacer la gente? ¿Dejarle morir en medio de la calle? Por qué? Al fin y al cabo, la calle no es suya. Da igual que lo pida, si quiere que lo dejen donde está debería haber probado a suicidarse en una propiedad que fuera suya. Por otro lado la ambulancia o la gente no tiene por qué hacer caso de los gritos de un hombre que está moribundo, puede perfectamente asumir que está delirando o es un demente, o aunque crea que lo dice en serio, no basta para que sea legalmente ejecutable, es razonable que se requiera una formalización de esa voluntad para que no quepa duda de que la persona desea eso y lo hace enteramente consciente. Después de todo los contratos no son legalmente válidos a gritos o estrechando manos, lo son después de formalizar la voluntad de las partes por escrito.
Tu ejemplo también apela a la tensión que a veces surge entre lo que creemos que es justo atendiendo a unos principios éticos abstractos, y lo que realmente queremos hacer en una situación determinada. Puedo imaginarme varias situaciones en las que a lo mejor nos decantamos por lo segundo a pesar de saber que no es justo, en sentido estricto, lo que estamos haciendo. Si un amigo intenta suicidarse delante mío, a lo mejor no le dejo aunque entienda que tiene derecho a hacerlo. Si me intentan atacar con un cuchillo quizás le quito al de al lado su paraguas, sin preguntarle, y lo rompo en la cabeza del agresor. Si mi hijo resulta gravemente herido mientras estamos excursión por la montaña y necesito llamar a los servicios de rescate, a lo mejor entro en una propiedad ajena sin dueño dentro para ver si tienen teléfono y medicamentos. ¿Qué es lo que prueba esto exactamente? ¿Que no existen los derechos individuales o el derecho a la propiedad privada? Yo creo que simplemente prueba que somos humanos y que en la vida hay situaciones concretas sin respuesta de manual, donde entran en conflicto valores que normalmente van de la mano.
Por otro lado, tu analogía es igualmente aplicable a otros escenarios en los que sí reconocerías que existe un derecho negativo a no ser agredido. Imagínate que los médicos plantean a un enfermo una elección de vida o muerte: si se opera vivirá, si no se opera morirá en unos pocos meses. Hasta donde yo sé hoy en día el enfermo tiene derecho legal reconocido a tomar una decisión de este tipo, y supongo que nadie aquí cuestiona que el enfermo tiene derecho a decidir si un médico le opera o no. ¿Qué sucede si los médicos, confabulados con la madre del paciente, o con la esposa, acaban operándole en contra de su voluntad? No tienen derecho a hacerlo, a lo mejor lo hacen y el paciente no toma ninguna represalia legal. Pero en primera instancia los médicos no tenían derecho a hacer tal cosa, y en puridad el enfermo podría reclamar compensación.
En definitiva, tu ejemplo extremo introduce toda una serie de problemas que oscurecen la cuestión de si se tiene o no un derecho (negativo) a quitarse la vida. Si ponemos un ejemplo más simple, sin "ruido", en el que estos problemas no existen (un individuo, en la cama de un hospital -privado, si quieres-, con plena consciencia de sí mismo, que expresa por escrito su voluntad en unas condiciones que no dejan lugar a dudas sobre su naturaleza, y que es asistido en el suicidio en su casa o dicho hospital) creo que no deja lugar a dudas. Añade al Estado queriendo impedir por la fuerza (policía mediante) esa actuación y tenemos un claro ejemplo de agresión contra una persona que no atenta contra los derechos de nadie.
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En cuanto a esta crítica que haces:
Ahora bien, el caso de Eluana, como el de otros muchos que saltan a los medios de comunicación, no es ese. No tenemos razones para pensar que está sufriendo físicamente. Por tanto, cuando al final del artículo Esplugas introduce innecesariamente para su razonamiento la expresión "enorme sufrimiento" (aun sin referirse a Eluana) traiciona el estilo sobriamente lógico de su argumentación para acabar cayendo en la manipulación emocional tan en boga cuando de estos temas se trata.
Te doy la razón en este punto. No debería haber includo la referencia al sufrimiento, que además desvirtúa la anología que intento plantear en el último párrafo.
Un saludo
Un post muy ponderado sobre el tema. Aunque no haya comentado hasta ahora, sigo tu blog y me parece muy lúcido.
Albert,
Si un suicida agoniza en la calle, creo que lo de menos son las consideraciones acerca de si se trata de un espacio de su propiedad o no. La gente intentará salvarle porque cree que el valor de la vida humana está por encima del respeto a la decisión que pueda tomar el propio interesado.
No es el mismo caso que el paciente que prefiere morir a hacerse una operación, porque no es lo mismo impedir a alguien hacer algo -mera constricción negativa- que obligarle positivamente a emprender determinados actos (esto es claramente mucho más violento).
Tampoco me sirve la explicación de que somos humanos. Está claro que mi integridad física tiene más valor que un paraguas, y por ello todo el mundo comprenderá que lo utilice para defenderme de una agresión , aunque el instrumento no sea de mi propiedad.
Cada individuo es el unico propietario de su cuerpo, y por ende puede hacer con su vida lo que le plazca, incluso si su deseo es acabar con su propia vida.
Si alguien pide que le dejen morir, pues así a de hacerse. Sea un suicida, sea un amigo que te pide que lo mates, o sea un enfermo en un hospital. Lo cotrario sería ejercer coerción sobre él, aprovechando su discapacidad de defenderse.
Solo en casos como el de Eluana, viene una discusión válida, por el echo de que no se sabe cuál era su voluntad. Si ella en algun momento de su vida expreso su decisión pues esa debía ser respetada. Por eso creo en dejar todo escrito.
En todo caso, creo que en situaciones donde la persona no puede decidir, y no hay pruebas de su voluntad previa, quienes deberían, a mi parecer, encargarse, son las personas más allegadas a la persona. Ellos y nadie más.
Si me suicido y no lo consigo, me detienen; no puedo comer hamburguesas de a kilogramo; ni disponer como más me apetezca de mi patrimonio cuando muera; me roban todas y cada una de las veces que saco el monedero; estoy obligado a ser 'solidario'; etc.
Y, para acrecentar la sensación de opresión, aún hay que aguantar a los que 'creen' en cierto invento llamado religión que se empeñan en meterse como sea en la vida de los demás con argumentos... inexistentes.
Guinda: dicen ser liberales.
Tremendo...
Saludos.
YO NO LE VOTÉ: ^^
CLD,
Si un suicida agoniza en la calle, creo que lo de menos son las consideraciones acerca de si se trata de un espacio de su propiedad o no. La gente intentará salvarle porque cree que el valor de la vida humana está por encima del respeto a la decisión que pueda tomar el propio interesado.
La gente intentará salvarle porque es un espacio público, el incidente ocurre en su presencia y nos empuja a un acto casi reflejo de ayuda al prójimo, no a una elubración rothbardiana sobre las implicaciones de la titularidad pública de las calles. Como he dicho, tampoco tenemos por qué asumir (de hecho la asunción podría ser la contraria) que el individuo en cuestión quiere efectivamente morir y su decisión ha sido meditada y tomada en plenas facultades mentales o, por el contrario, ha sido un acto no premeditado del que seguramente se arrepienta y perdone o incluso agradezca a posteriori nuestra intervención.
No es el mismo caso que el paciente que prefiere morir a hacerse una operación, porque no es lo mismo impedir a alguien hacer algo -mera constricción negativa- que obligarle positivamente a emprender determinados actos (esto es claramente mucho más violento).
Esta distinción es artificial. Utilizando otras palabras podría convertir la primera en una "interferencia negativa" ("obligamos al paciente a no dar la vuelta el mundo en su último año de vida") y la segunda en una interferencia positiva ("obligamos al paciente a permanecer vigilado o controlado para que no pueda intentar el suicidio"). Pero es cierto que obligarle a someterle a una operación parece más violento, y de ahí el propósito de la analogía: nuestro instinto moral nos dice que someter a alguien a una operación en contra de su deseo de dar la vuelta el mundo el último año de su vida es inadmisible, pero es la implicación lógica de la negación del derecho al suicidio luego o bien defiendo ambos o repudio ambos.
En el caso de la prohibición del suicidio estás impidiéndole una acción concreta y en el caso de obligarle a someterle a una operación les estás impdiendo distintos tipos de acciones alternativas, la cuestión sigue siendo que le estás impidiendo realizar una acción que no afecta la libertad de nadie (ya sea irse de viaje, ya sea poner fin a su vida), y por tanto estás violando sus derechos individuales.
Tampoco me sirve la explicación de que somos humanos. Está claro que mi integridad física tiene más valor que un paraguas, y por ello todo el mundo comprenderá que lo utilice para defenderme de una agresión , aunque el instrumento no sea de mi propiedad.
Da igual que tu integridad física tenga más valor que un paraguas, tu familia también tiene más valor para ti que la del vecino y eso no significa que para evitar la muerte de tu familia "tengas derecho" a apretar un botón que sacrifique a la familia de al lado. Quizás es lo que hagas o lo que haríamos todos si en una situación extrema nos pusieran en esta tesitura, porque en nuestra escala de valores nuestros seres queridos pueden ocupar una posición más alta que los valores de justicia y la familia del vecino.
Lo que quiero decir es que los principios de justicia en determinadas ocasiones chocan con otros valores que tenemos, y no es obvio que vayamos a elegir los primeros por encima de los segundos. Eso no quiere decir que los principios de justicia no sean válidos, sino que las personas estamos movidas por algo más que "principios de justicia" y no siempre es fácil actuar sin contradicciones internas.
Un saludo
Rothbard dio un "salto ilegítimo" de querer pasar de los apriorismos económocos miseanos, a los apriorismos éticos. La razón humana podra dar apriorismos económicos pero no éticos.
Fracamente me senti muy atraido por la ética rothbardiana, creo que en este blog hice comentarios a favor, pero luego de pensarlo me di cuenta que más que ser cierta en realidad erá "comoda"
Huerta de Soto dice bien cuando afirma que como no se puede conocer las consecuencias de los actos hay que actuar por principio, criticando a la ética consecuencialista. Pero en lo personal opino que esos principios están en la etíca evolutiva humeano-hayekiana, no en algun comodo apriorismo.
Albert,
tienes razón en que la distinción entre constricción negativa y positiva es artificial, por lo que me desdigo de ese argumento. Pero creo que sigue habiendo una diferencia cualitativa entre tratar de impedir un suicidio in extremis y obligar a un paciente a someterse a una operación. En el primer caso, la muerte es inmediata, mientras que en el segundo no. A fin de cuentas, nadie sabe con total seguridad si vivirá dentro de unos días.
En cuanto a la escala de valores, no quiero entrar en la discusión filosófica sobre si es objetiva, pero creo que todos razonamos como si lo fuera, y distinguimos claramente entre nuestros afectos y lo que es justo (un paraguas no vale más que la salud de una persona).
Un saludo.
En el caso del amigo sufriendo que pide que le mate, personalmente le cortaría temporalmente el riego al cerebro hasta que quedara inconsciente. En su situación eso puede causar la muerte, pero mi acción no es lesiva, sólo paliativa. Hay por tanto un camino intermedio que elude el conflicto moral.
Por otro lado, desde el punto de vista general, el hombre es, salvo que viva totalmente aislado, un ser social. El derecho a la vida y el valor supremo que tiene esta no basan su existencia y preponderancia sólo en el interés del individuo, sino también de la sociedad.
Todo individuo sin excepción es útil al colectivo vivo, muerto raramente.
Si ante el sufrimiento permitimos la muerte como salida honrosa, para empezar no creo que la medicina hubiera avanzado tanto como lo ha hecho en el último siglo. Si ante un cáncer doloroso aplicamos eutanasia, ¿con quién vas a investigar los métodos paliativos y curativos?
Y una vez sociedad renuncia a la vida como valor supremo y la equipara con la muerte, ¿por qué ese derecho habrá de limitarse a los que sufren físicamente? Ante la vergüenza de una deuda impagada veremos como más de uno empieza a quitarse de en medio. Y si el padre es quien decide por los hijos, para evitarles pasar penurias y malos ratos, que los mate libremente si así lo estima oportuno. En un entorno donde la sociedad civil está acostumbrada a exigir derechos y a eludir obligaciones abrir tal puerta sería catastrófico.
Así pues, salvo que busquemos enfermar a la sociedad y hacerla más débil, mantengamos cerrada la puerta a la muerte tanto tiempo como nos sea posible...
Que nadie caiga en el error de pensar que al abrir esa puerta serán pocos los que la crucen. Hemos visto comunidades enteras suicidarse, sociedades en las que el suicidio ha sido una salida digna a no pocos entuertos... Todas esas sociedades (el primer ejemplo es obvio) han sucumbido.
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