jueves, 4 de noviembre de 2010

Ni pío

Cuando Esperanza Aguirre manifestó su simpatía por los principios fundamentales del Tea Party (menos impuestos, menos intervención del gobierno, más nación americana), el diario Público señaló que sobre "la defensa de las armas, la abstinencia sexual o la limitación de gases contaminantes, Aguirré no se pronunció." Y en la edición impresa de ayer miércoles 3 de noviembre, este diario repite lo mismo: Que Aguirre no dice "ni pío" sobre esos temas.

Más allá del debate sobre la naturaleza del Tea Party, cabe preguntarse si estos silencios son tan atroces como sugieren los izquierdistas del periódico de Roures. En primer lugar, el derecho de todo ciudadano norteamericano a portar armas está recogido en la Constitución de los Estados Unidos. Incluso aunque alguien no esté de acuerdo con la Segunda Enmienda, difícilmente se podrá considerar como radical o ultraconservador a un grupo que se limita a defender algo que es legal en un país desde hace más de doscientos años. A no ser que consideremos como ultraconservador defender el derecho de reunión o la libertad religiosa (Primera Enmienda).

En segundo lugar, ignoro si la defensa de la abstinencia sexual es representativa del movimiento del Tea Party, pero en cualquier caso, resulta significativo que en una época donde se rinde verdadero culto a la libertad sexual, produzca recelos que haya quien defienda el derecho o la conveniencia de no tener relaciones sexuales. ¿No quedamos en que cada cual puede hacer lo que quiera con su propio cuerpo?

Y en tercer lugar, lo de los "gases contaminantes", en referencia al cambio climático. La ortodoxia política está empeñada en ignorar las numerosas voces científicas que cuestionan la hipótesis antropogénica del cambio climático. Actúa en esto con un dogmatismo que irónicamente, pero no sorprendentemente, encaja más con el ultraconservadurismo que no la actitud escéptica ante relatos apocalípticos.

Si esto es todo lo que tienen que criticar de las ideas del Tea Party, no parece que sea para echarse a temblar.