
El Congreso ha admitido a trámite un proyecto de ley que elimina el Libro de Familia, pocos días antes de que el Papa llegue a Barcelona para dedicar una misa al templo de la Sagrada Familia. (Sí, sagrada; qué cosas tienen los cristianos... Se empeñan en conferir valor trascendente a la vida y a la familia: ¡Maldito oscurantismo!) Como siempre, la legión de progretas de la televisión pública, Tele 5, La Sexta, Cuatro, la SER, El País, Público, El Periódico, etc, se emplearán a fondo para ridiculizar toda crítica a la enésima ocurrencia legislativa socialista, reduciéndola a mera exageración de la "caverna mediática". Pero hay que ser realmente ingenuo o sectario para negar que el partido gobernante muestra una profunda aversión contra la familia. Divorcio exprés, matrimonio homosexual, aborto libre sin necesidad del permiso del padre ni de la madre, ruptura de la filiación paterna y, como una consecuencia totalmente lógica, derogación de la figura registral de la familia, anticipo de su derogación jurídica en la práctica... Para ser una "cortina de humo", como todavía se empeñan en sostener algunos ineptos, ofrece una apariencia de proyecto sistemático de ingeniería social que tumba de espaldas.
Estos días se debatirá hasta la náusea (me parece oír ya los gritos de "La Noria") sobre la prevalencia del apellido paterno, aunque no se trata del aspecto más relevante de la reforma legislativa. Que los padres puedan decidir el orden de los apellidos es algo razonable, que ya existe en países como Inglaterra, donde las personas sólo tienen un apellido, y ninguna ley prohíbe que pueda ser el de la madre, aunque la costumbre hace que incluso ésta adopte el de su marido. Sin embargo, al introducir por defecto el orden alfabético, el Estado prácticamente obliga a los padres a tener que plantearse una posible fuente de discusiones que de otro modo posiblemente ni se les habría ocurrido. El resultado, bajo el pretexto de la igualdad de género, es restar todavía más significación a la figura paterna, que culturas como la nuestra se han esforzado durante milenios en implicar en la crianza y sostén de los hijos. Eso sí, el padre divorciado no transmitirá acaso su apellido, pero deberá seguir manteniendo a su ex mujer y a su progenie. Todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros.
De mucho más calado me parecen otros dos aspectos del proyecto de ley. El primero es que el registro civil deja de ser una competencia del poder judicial y pasa a manos de la administración dependiente del ejecutivo. Y el segundo es que, como adelantaba, el Libro de Familia es sustituido por una especie de ficha electrónica individual, donde todos recibiremos un "código personal de ciudadanía" basado en el DNI. Es decir, lamento desengañar a quien, desde un punto de vista liberal, pudiera pensar que no está tan mal eliminar un documento administrativo que no necesitábamos para nada. En realidad, la nueva ley aumenta las posibilidades de control del poder político, creando otra organización burocrática más, con sus propios cargos funcionariales, como son la Oficina Central del Registro Civil, las Oficinas Generales (una "al menos" por cada comunidad autónoma), las Oficinas Consulares, los Encargados de las Oficinas del Registro Civil, etc.
Con todo, no debemos desdeñar el aspecto simbólico. La familia deja de ser reconocida por la administración como un ente con personalidad propia. En lugar de ello, se llevará un registro exhaustivo de las vicisitudes individuales, como cambios de pareja, de apellidos y hasta de sexo, sin que exista una institución intermedia entre el individuo y el Estado. Algunos individuos tendrán vínculos registrales con otros individuos, pero no podrá decirse, en rigor, que pertenezcan a una unidad familiar, porque a efectos administrativos, tal cosa no existirá.
¿Cuál es la razón profunda de todo esto? ¿Por qué la izquierda odia tanto a la familia? La respuesta no es complicada, pero conviene advertir que aquí no abogamos por ninguna conspiración. Aunque no es descartable que haya quien actúe con plena consciencia de los objetivos que expongo aquí, basta con que el poder político se mueva por instinto para llegar a resultados muy similares. Y el poder, por naturaleza, tiende a tratar de disolver toda institución que permita a los individuos escapar de un modo u otro a su completo dominio. La familia es en este aspecto la institución más importante que existe. Cumple dos funciones fundamentales: Primero, transmite valores, costumbres, creencias y experiencias a la siguiente generación, de manera que gracias a ella el Estado no controla totalmente la educación. Y segundo, proporciona asistencia socioeconómica a los niños, ancianos y miembros desfavorecidos, al tiempo que establece vínculos (por ejemplo, en las empresas familiares) que escapan a la fiscalización estatal, de manera que mitiga la dependencia de los individuos respecto de las ayudas estatales y crea espacios donde la administración no penetra. Mientras haya familias sólidas, habrá niños que recibirán una determinada educación moral, independientemente de que sea la más conveniente para el poder político. Habrá personas a las que se enseñará que determinados principios no pueden ser revocados o reformados por una asamblea, por democrática que sea. (No digamos ya por un déspota.) Habrá, más concretamente, padres que tendrán la osadía de objetar a la Educación para el Socialismo, más conocida como Educación para la Ciudadanía, e incluso algunos hasta querrán que sus hijos aprendan la religión cristiana y ¡lean la Biblia! En suma, la familia es un foco de resistencia ideológico y económico. Por supuesto, esto es intolerable para la izquierda, que por ello desde hace mucho tiempo la ha identificado como uno de sus peores enemigos, es decir, en su lenguaje, el último refugio del oscurantismo y la reacción. Claro que existen familias poco recomendables, por ejemplo que practican matrimonios forzosos o ablaciones. Casos como estos justifican y obligan a la intervención estatal. Pero también hay Estados que matan a los ciudadanos y los torturan, y no por ello se deduce que hay que abolir el Estado.
Aunque naturalmente, todo esto no son más que exageraciones histéricas. Los socialistas lo único que pretenden, en su ilimitada filantropía, es adaptar las leyes a las "nuevas realidades sociales". Y adivinen quién decide cuáles son esas nuevas realidades.

4 comentarios:
No hay totalitarismo alguno que respete la diferencia, por eso el igualitarismo es la primera seña de identidad de las ideologías totalitarias. En esto el feminismo y el socialismo son maestros. En la historia de ambas ideologías vemos como a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, bien brusca, bien paulatinamente, sus legislaciones se han caracterizado siempre por ir destruyendo nuestra privacidad Y sin privacidad no tenemos identidades individuales... ni derechos individuales.
Fundamentalmente sus totalitarias jurisprudencias se han centrado en atacar los dos principales entornos en donde nuestras identidades individuales se desarrollan:
- LA FAMILIA, en su reiterado intento de despojarla de toda legitimidad institucional y privada;
- LA EDUCACIÓN, convirtiendo sus políticas y estructuras en púlpitos de adoctrinamiento (desde la guardería a las universidades, con sus correspondientes EpC´s, doctrinas del género e intervencionismo estatal en todos los ámbitos), en vez de entornos de desarrollo del pensamiento libre.
Sabemos muy bien que un ser humano sin la vivencia de la privacidad familiar y educado bajo principios colectivistas no tiene identidad individual alguna, pasando por tanto a ser dependiente absolutamente de los dirigentes estatalistas. Y la historia nos demuestra que allí donde manda un totalitarismo el ciudadano es un ser sin derechos propios, ni siquiera ostenta el derecho de vida. Todos sabemos que el fascismo, no es una respuesta al totalitarismo, sino el último estadío de su éxito sociopolítico. Es decir, los totalitarios se sienten legitimados para legalizar leyes con las cuales puedan controlar absolutamente las vidas de sus ciudadanos, incluido el derecho a decidir sobre la existencia o no de dichos ciudadanos.
Pablo el herrero
(continua)
Así por ejemplo y con respecto a la familia, vemos como el feminismo con la cantinela de luchar contra el patriarcado, a través de sus leyes de divorcio ha destruido de facto la paternidad (por supuesto, en paralelo a legalizar como exclusiva la relación de la prole a través del matriarcado, que éste como todos sabemos, ya desde las amazonas griegas es un dechado de virtudes).
Del mismo modo vemos como el feminismo, con la cantinela de luchar contra la violencia del hombre hacia la mujer en la privacidad familiar, destruye dicha privacidad familiar (al tiempo que silencia toda clase de violencia de las madres hacia los hijos existente en las familias monoparentales femeninas, dejando a tales hijos solos ante la misma). Hay están para demostrar dicha violencia (no deja de aumentar) las instituciones del menor, el teléfono de la esperanza, o el incesante aumento de niños que de los que el estado se está haciendo cargo de ellos.
En paralelo el feminismo con su cantinela dogmática de afirmar de que es la familia patriarcal y el macho la causa de todas las injusticias contra la mujer, la mejor forma de ayudar a ésta es liberalizándolas de todo deseo de maternidad, a través de convertirlas en meras reproductoras al servicio de estado.
De ahí sus leyes de discriminación positiva para las familias monoparentales femeninas; sus leyes de “progenitor A y B”; sus leyes de abolición de la autoridad materna para con las menores que quieran abortar (la autoridad paterna hace años que jurídicamente no existe); las leyes que permiten a los hijos denunciar a sus progenitores en cualquier momento; ahora esta ley de los apellidos como primer paso para quitarlos (por lo que en pocos años no tendremos identidad familiar alguna, sólo estatal), etc...
Pero la totalitaria ideología feminista no ceja en su empeño de alcanzar lo antes posible su último estadío de fascistización, al adueñarse, a través de la legalización del aborto libre de nuestras vidas desde el mismo momento de la concepción. Por supuesto, en este caso con la inestimable ayuda que en el otro extremo de la vida les aporta el socialismo: la eutanasia. Sabido es que para este cometido sociopolítico sus púlpitos de adoctrinamiento (máss media y colegios) no dejan de mentalizarnos lo bueno que es tener hecho el “testamento vital” para poder, a través de ese permiso que les damos, materializar con nosotros su querido concepto de “muerte digna” cuando ellos crean que es el momento más adecuado.
Pablo el herrero (Continua)
Por supuesto, a ello hay que unir la inestimable ayuda de los ecofascistas al afirmar que el ser humano es el mayor peligro para el planeta; que sobramos muchos (nunca ellos); por lo que “el suicidio asistido” es la mejor forma de ser mártir por la Tierra. Aceptemos pues sus sagrados dogmas, sin lugar a dudas sus “Papas” ya nos tienen reservado un lugar en los altares de su religión laica.
En fin, dichas ideologías cada día están un poco más cerca de convertirnos a todos en “hijos del estado”... sin privacidad, sin identidad, sin libre pensar, sin derechos a ser dueños de nuestras vidas, ni psíquica, ni social, ni mental, ni jurídica, ni físicamente.
Para el feminismo y el socialismo, ya desde los orígenes de nuestra concepción biología individual somos seres sin derecho alguno. Jurídicamente hablando, se acabó el derecho iusnaturalista (que afirma que tenemos derechos “per se”), sólo existirá el derecho iuspositivista (las cosas no son positivas o negativas en si mismas, sino que los derechos se otorgan y se quitan en función de si son o no de interés positivo para la ideología que nos gobierna).
Feminismo = Fascismo
Socialísimo = Fascismo
Feminismo y Socialismo = Totalitarismoç
Pablo el herrero
Excelente anotacion.
inxs5000
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