La polémica por las declaraciones de Stephen Hawking, según el cual la ciencia descarta la existencia de un Dios creador del universo, es tan superficial como era de prever. Ahora resultaría que el descubrimiento de un planeta extrasolar demostraría que el cosmos no es producto de una inteligencia divina. La sensación de déjà vu es inevitable. Desde la refutación del geocentrismo por Galileo, los ateos no han dejado de proclamar, a cada nuevo gran avance del conocimiento científico en astronomía, geología, biología, neurología, etc, que la hipótesis Dios es infundada o innecesaria. Pero si esto fuera realmente así, ¿no habría bastado con el primero de estos avances?
Ningún descubrimiento empírico puede probar que Dios no existe, pues siempre podrá argumentarse que los planes divinos son demasiado sutiles e ingeniosos para nuestra comprensión, tal como ya sugirió Descartes. En cambio, como más conocemos acerca de la naturaleza, más difícil es sustraerse a la impresión de que existe un orden objetivo cuyo funcionamiento es prácticamente indistinguible de un plan inconcebiblemente inteligente, ¡exista o no de hecho un Dios personal autor de dicho plan! La antítesis entre racionalismo (en sentido ontológico, no epistemológico) y teísmo es falsa. Nada se parece más a la idea de un orden racional y objetivo que la idea de un Dios omnisciente.
El positivismo ha proscrito prácticamente cualquier consideración sobre el orden objetivo del cosmos, tachándola de metafísica. La idea de que existen unas leyes de la naturaleza (un nexo causal), más allá de las regularidades observables, sería según Wittgenstein "la superstición" (Tractatus, 5.1361). Sin embargo, aunque tal afirmación sea metodológicamente útil (la ciencia se centra en el cómo, no el porqué), ontológicamente tendría consecuencias inauditas. Significaría que el orden natural es aparente, y que en rigor nada impide que en cualquier momento pueda irrumpir el caos, como sugería Sartre en su novela La Náusea:
"Salen de las oficinas, después de la jornada de trabajo, miran las cosas y las plazoletas con aire satisfecho, piensan que es su ciudad, 'una hermosa ciudad burguesa'. No tienen miedo, se sienten en su casa. Nunca han visto otra cosa que el agua domeñada que sale de los grifos, la luz que surge de las bombitas cuando se hace presión en el interruptor (...). Cien veces por día tienen la prueba de que todo se hace mecánicamente, que el mundo obedece a leyes fijas e inmutables. (...) ¿Y si sucediera algo? ¿Si de golpe se pusiera a palpitar? (...) Puede suceder en cualquier momento, quizá en seguida (...)" [Sigue una descripción alucinatoria del caos, de como la naturaleza se rebela y empieza a engendrar monstruos, abortos, absurdos. Puede leerse en PDF aquí, págs. 187-189.] Entonces soltaré una carcajada (...) y les gritaré al pasar: '¿Qué habéis hecho de vuestra ciencia? ¿Qué habéis hecho de vuestro humanismo? ¿Dónde está vuestra dignidad de cañas pensantes?' (...)"
Puede parecer que este fragmento no es más que una licencia neorromántica de un novelista, que no debe tomarse en serio más allá de su contexto literario. Gran error. Como es sabido, Sartre es uno de los filósofos más consistentemente ateos del siglo XX. La alternativa a su pensamiento no es otra que la vieja idea de los presocráticos, de que el cosmos es un Orden, independientemente de nuestra mayor o menor capacidad de aprehenderlo. Esta idea llega hasta nosotros por diversos caminos, entre ellos el Dios cristiano (que es producto tanto del mundo helénico como del judío, si no más) y también inspira a grandes científicos como Newton, Einstein, Planck o el propio Hawking, sean o no todos ellos creyentes.
Cuando Stephen Hawking concluye su libro Historia del tiempo diciendo que si se encontrara una teoría completa (que unifique la Relatividad y la mecánica cuántica), "conoceríamos el pensamiento de Dios", no sabemos si se trata de una declaración de fe religiosa, o simplemente de una manera de nombrar -según la tradición iniciada por Spinoza- la racionalidad última de lo real. Me parece por tanto una vulgar estrategia editorial presentar el nuevo libro de Hawking como si algún nuevo avance científico le hubiera hecho cambiar su pensamiento. Sobre su fe o falta de fe religiosa sigo casi tan a oscuras como antes, y además no es algo que me incumba. En cambio, la fe del gran físico teórico en la racionalidad del universo, como la de sus ilustres predecesores, se revela intacta. Según se lee en la prensa, Hawking sostiene que el universo surgió de la nada como consecuencia de las propias leyes de la física. Esto no es más que responder a la pregunta "¿por qué hay algo y no más bien nada?" en un sentido francamente racionalista, absolutamente incompatible con la actitud positivista que considera que la pregunta carece de sentido.
Ante la gran pregunta metafísica de por qué existe algo, sólo tenemos tres actitudes posibles. La racionalista, inaugurada ya por Parménides hace 2.500 años, según la cual el ser es necesario; la irracionalista, que considera la existencia como algo contingente, gratuito, absurdo; y la positivista, que niega sentido a la cuestión. Ahora bien, a poco que se medite, se verá que la posición positivista es insostenible, porque o bien el ser es necesario, o bien es contingente, carente de toda razón. No hay más. Es imposible eludir este dilema adoptando convenciones arbitrarias sobre el significado de las palabras. La actitud positivista, por tanto, en la práctica equivale a admitir la posibilidad de que la respuesta irracionalista fuera la verdad. Esto significaría que en cualquier momento puede surgir cualquier cosa de la nada, las leyes de la naturaleza pueden quedar en suspenso, como en el relato sartreano. Lo cual se extiende también a cualquier tipo de principio ético-político ("humanismo", dice Sartre con aguda intuición). Si la naturaleza es un caos con apariencia de orden (un absurdo entre infinitos absurdos posibles), y las leyes físicas meras creaciones de la mente humana, toda moral es asimismo convencional, no existe más que el derecho positivo y no hay límite en última instancia a lo que el Estado pueda decidir que es válido o no. "Todo está permitido", como dedujo también acertadamente ese otro consecuente ateo que fue Nietzsche.
Se dirá que los ateos actuales, como Richard Dawkins, en absoluto defienden la concepción irracionalista. Pero aquí no se trata de juzgar su coherencia. Lo importante es que, generalmente, un ateo negará la existencia de una moral natural universal que preexiste a las leyes, que los seres humanos descubrimos y no meramente inventamos. Por tanto, procede como si la realidad no fuera racional, y no simplemente como si negara el carácter personal de Dios. Porque si el universo es esencialmente inteligible (al menos por una hipotética mente infinita, ya que no por el débil entendimiento humano), sabemos que existen unos principios ético-políticos óptimos para la felicidad del género humano, y debemos tratar de aproximarnos lo más posible a ellos. No podemos escabullirnos de esta difícil tarea diciendo que basta con acatar lo que digan unos electores, o una asamblea democrática, porque éstos pueden perfectamente errar.
Un ateo que se limite a negar la existencia de un Dios personal, pero que crea en la inteligibilidad última de lo real, si es coherente deberá admitir que existen principios universales preexistentes a cualquier convención humana. Otra cosa es cómo podemos llegar a conocer esos principios, aquí no estoy sugiriendo que podamos tener un conocimiento apriorístico y absoluto de ellos (no me estoy decantando por el racionalismo epistemológico). Lo único que digo es que los principios ético-políticos están ahí objetivamente, al igual que las leyes de la naturaleza. E incidentalmente, esto pone límites tajantes a la acción de los gobiernos.
Ahora bien, este ateo que no reniega del racionalismo ontológico, que no sea tan radical como un Nietzsche o un Sartre, comete un error de bulto al oponer el teísmo judeocristiano al racionalismo. (El islamismo es otro asunto, como se aprecia porque empieza negando unos derechos humanos universales.) Esa no es la batalla esencial, un cristiano que no lo sea sólo nominalmente (como muchos que además creen en los horóscopos, el tarot, las pulseras energéticas o cualquier otra variante sincrética) es lo más cercano a un racionalista ontológico que podría encontrarse.
Para el cristiano, un Dios creador omnisciente es la garantía de que el universo ha sido concebido según un plan inteligible, de que todo tiene un sentido, una razón que podemos al menos vislumbrar. Si a ese Orden no queremos llamarle Dios, como hacía Spinoza, pese a que no creía en un Dios personal, no hay nada que objetar. Pero nuestro enemigo no es quien postula la existencia de un Autor del Orden (acaso superfluo), sino quien niega el mismo Orden, quien en la estela del filósofo del nazismo Heidegger (uno de los más furibundos pensadores antiliberales del siglo XX, por cierto), abomina de la técnica y el universalismo humanista. O quien, desde la asepsia positivista, y pese a creerse un abanderado de la ilustración y el progreso, se priva a sí mismo de argumentos contra el irracionalismo y el relativismo multiculturalista.
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20 comentarios:
La falsa antítesis Odín/razón.
Pues no acabo yo de ver que "contingente" sea "carente de toda razón". Ni que "o el ser es necesario o es contingente" signifique algo. Ni que "el ser" signifique algo, mayormente.
Octopus, Odín es un dios, no Dios. Dios no es un dios; es Dios. (No afirmo nada sobre si Yahveh el del Antiguo Testamento es Dios; ni tampoco sobre si hay Dios).
Marzo, Dios es el nombre propio del dios de la religión monoteísta cristiana, pero es notorio que hay decenas de cientos (o miles) de dioses en las mitologías de otras religiones monoteístas y politeístas a lo largo de la historia.
Hawking es un científico y se ha limitado a señalar que el concurso de estos seres fantásticos no es necesario para investigar y explicar las singularidades espaciotemporales como los agujeros negros o el Big Bang.
Ese argumento no es nuevo, es lo mismo que dijo Spinoza. Más te valdría familiarizarte con él antes de coger una simplifación burda y luego simplificarla tú aún más. Leer, aunque sean cosas que no nos gustan, no duele, y es bueno a la hora de rebatir argumentos ajenos y no quedar mal.
El argumento de Spinoza es básicamente el argumento ontológico de San Anselmo: Dios es un ser cuya esencia implica la existencia, luego existe. Como argumento me parece falaz, en esto coincido con la crítica que haría cualquier positivista. En cambio, mi argumento no es deductivo, sino inductivo: Si el ser puede existir sin razón alguna, el orden de la naturaleza podría romperse en cualquier momento (ahora mismo podría aparecer un centauro en mi habitación). Esto no "demuestra" nada, en sentido lógico formal. Pero si negamos la existencia de un ser necesario (que yo no identifico con un Dios personal, aunque tampoco lo descarto), entonces el centauro, o cualquiera de los engendros imaginados por Sartre en el pasaje citado, puede aparecer en cualquier momento: Lo que no se corresponde con nuestra experiencia. Es lo único que digo.
Octopus, Dios no es un nombre propio, es un título. Al que en los monoteísmos no hace falta añadir ninguna especificación por lo mismo que, por ejemplo, la familia imperial japonesa no tiene apellido: porque sólo hay 1.
Pero Dios no es un barbudo cano, ni un padre, ni un rey, ni un dios, por más que se le haya comparado a esas cosas y el concepto provenga históricamente de ellas. Lo que afirmas es notorio como otros muchos errores, como que el Sol (y las otras estrellas, que diría Dante) sale y se pone.
CLD, sigo sin ver claro que inexistencia de la Necesidad original implique que debiéramos observar toda contingencia imaginable; ¡eso sería una especie de Necesidad también!
a Marzo:
Necesidad es lo que no puede ser de otra manera, por ejemplo, 2 + 2 = 4. En mi opinión, las leyes de la naturaleza son necesarias, aunque a diferencia de las matemáticas, nuestro conocimiento de ellas es empírico, y por tanto no podemos demostrar que exista esa necesidad. Como decía Hume, que el sol haya salido siempre en el pasado no es garantía de que saldrá mañana.
Ahora bien, si no fueran necesarias, efectivamente podría ocurrir que el sol no saliera mañana, o que inopinadamente la fuerza de la gravedad fallara, o que la luna súbitamente adoptara forma de berenjena o de Mickey Mouse. Y por supuesto también podrían continuar las cosas como ahora; sencillamente, lo que a nosotros se nos antoja un orden por su regularidad, sería igual de absurdo, de arbitrario, que cualquier otra posibilidad lógica.
El principio de la necesidad fue formulado por los griegos como "nada sale de la nada", lo cual es otra manera de decir que todo tiene una causa, una razón, una necesidad. De lo contrario, como decía Lucrecio, "los hombres de la mar nacer podrían,/de la tierra los peces y las aves,/lanzáranse del cielo los ganados,/y las bestias feroces como hijos/de la casualidad habitarían/los lugares desiertos y poblados:/los mismos frutos no daría el árbol,/antes bien diferentes los daría:/todos los cuerpos produjeran frutos;/pues careciendo de principios ciertos,/a las cosas ¿qué madre señalamos?" (De la naturaleza de las cosas, traducción del Abate Marchena).
Interesante post.
Pego a continuación comentarios (relacionados con esto) que dejé en un blog de Infocatólica:
“Una religión es un conjunto de creencias que explican el sentido de la existencia, quiénes somos, y a qué cosas valiosas deberíamos dedicar nuestra vida. Por ejemplo, algunos creen que sólo existe este mundo material, que estamos aquí por azar, que cuando morimos simplemente nos pudrimos, y que por tanto lo más importante es pasárselo bien. […] Aunque esto no es una religión explícita u organizada, lo cierto es que contiene […] una concepción del sentido de la vida, así como unas instrucciones sobre cómo vivir. […] Se trata de un conjunto de creencias sobre la naturaleza de las cosas. Es una religión implícita. En un sentido amplio, la fe en alguna visión del mundo informa la vida de cualquier persona”.
Pego otro comentario:
Decía: el problema es que los ateos toman todo esto (el universo surgió "porque sí" de la Nada, etc.) por CIENCIA, cuando en realidad no es ciencia (la ciencia es incompetente para resolver las cuestiones últimas), sino "religión" (o, si se prefiere, filosofía).
De ahí la irritante situación, en la que el ateo se toma la libertad de endosar al creyente en Dios la carga de la prueba (¿puedes demostrar a tu Dios?), mientras él se va de rositas. ¿Puede el ateo demostrar su Nada creadora? ¿Ha conseguido demostrar cómo pueda pasarse de la nada al ser? Lo de Hawking es una broma, pues lo que ha "demostrado" es que las propias leyes físicas podrían "autorrealizarse" (generar un universo en el que se cumplan). Bien, aun si así fuera, ¿por qué hay leyes físicas? ¿Por qué hay racionalidad en el universo?
Y 3:
A lo que iba: ya está bien de que el ateísmo se arrogue el monopolio de la demostrabilidad; ya está bien de que intente vendernos su metafísica nihilista (la Nada es el alfa y el omega) disfrazada de "ciencia".
Ruiz de la Peña (siguiendo a Zubiri) escribió esto: “No cabe ignorar que se es ateo MERCED A UNA OPCIÓN. No es sólo el creyente [en Dios] el que opta por creer; también lo hace el increyente que, en virtud de una decisión, apuesta por la pura facticidad o, si se quiere, por la desestimación de la cuestión […] de la fundamentación de lo real. […] El increyente, pues, no ostenta frente al creyente la beata conditio possidentis, que obligaría a éste a comparecer ante él para justificar su instalación en lo real. No; la situación de ambos es simétrica. Los dos –y no sólo uno- tienen que dar razón de su opción ante el otro. […] ¿Con qué legitimidad se erige la increencia contemporánea en tribunal de casación que, según el humor del momento, perdona la vida a la creencia religiosa o la destina ad bestias?”
("Crisis y apología de la fe").
Los ateos, que tanto desprecian la religión, tienen una religión implícita, inconsciente: el culto de la Nada, la fe en la Nada creadora. Es imposible no tener religión (entendiendo "religión" en sentido amplio: hipótesis sobre las cuestiones últimas: cómo surgió todo, por qué y para qué existo, etc.).
Escribe Timothy Keller: “Una religión es un conjunto de creencias que explican el sentido de la existencia, quiénes somos, y a qué cosas valiosas deberíamos dedicar nuestra vida. Por ejemplo, algunos creen que sólo existe este mundo material, que estamos aquí por azar, que cuando morimos simplemente nos pudrimos, y que por tanto lo más importante es pasárselo bien. […] Aunque esto no es una religión explícita u organizada, lo cierto es que contiene […] una concepción del sentido de la vida, así como unas instrucciones sobre cómo vivir. […] Se trata de un conjunto de creencias sobre la naturaleza de las cosas. Es una religión implícita. En un sentido amplio, la fe en alguna visión del mundo informa la vida de cualquier persona” ("The Reason for God", p. 15).
Estoy cada vez más torpe con el Internet. Esta mañana he dejado dos veces la misma cita de Keller, cuando en realidad quería pegar este primer comentario:
El problema de los "no creyentes" es que creen no creer nada. Creen tener una visión del mundo exclusivamente científica, apegada a lo empíricamente verificable, etc.
No es cierto. El ateísmo es una metafísica. El ateo cree en un Principio Ultimo ... que resulta ser la Nada. En el principio fue la Nada. La Nada, en virtud de una explosión mágica que ningún ateo (tampoco Hawking) ha conseguido nunca explicar, alumbró misteriosamente el ser. Mágicamente alumbrado el ser, la combinación de "azar y necesidad" conduce, tras miles de millones de años, a la aparición de seres pensantes capaces de preguntar quiénes son, por qué existen, adónde van. La respuesta del ateo es: somos caprichos de la química cósmica; existimos porque sí; vamos -como individuos y como especie- a la Nada de la que surgimos. La Nada tiene la primera y la última palabras.
Carlos, creo que en tu enumeración de respuestas a la cuestión "por qué hay algo, y no más bien nada" falta la respuesta teísta: lo creado es contingente, el creador es necesario. Lo contingente es lo que no tiene en sí la razón de su existencia: lo que podría no existir (y, por tanto, hubo un tiempo en que no existía).
La verdad es que el descubrimiento del Big Bang a mediados del siglo XX complicó mucho las cosas a los ateos. Ellos estaban mucho más cómodos con la idea de un universo eterno, increado. Pero, como su idolatrada ciencia ha mostrado que hubo un Origen, se ven obligados a malabarismos como éste de Hawking, conjeturando que la materia puede surgir de la nada en virtud de "las leyes de la física". Por cierto, ¿quién hizo las leyes físicas? ¿Por qué hay leyes físicas, y no más bien nada?
Desde siempre me asombró la existencia de leyes físicas. Me recuerdo con 12 o 13 años preguntando al profesor por qué diablos los cuerpos caían siempre con una aceleración de 9.8 metros por segundo al cuadrado (y no unas veces a 10.9, y otras a 8.8, etc.). Le pedía una explicación, una justificación racional de la asombrosa uniformidad legiforme de la naturaleza. Me decía que no la había. "Simplemente ocurre".
Curro, me parece que la respuesta teísta es una variedad de la racionalista de Carlos. Siempre que se considere al Creador como existente, claro (pero si no existe no es una explicación irracionalista, como supongo que consideran no pocos ateos, sino simplemente errónea).
Claro, también es posible que Carlos considere irracionalista cualquier cantidad de contingencia en lo que existe.
De todas formas, yo no considero que Dios explique más que la Nada. Y puede argüirse que explica menos; en efecto, no sabemos cómo aparece Algo a partir de Nada, pero tampoco cómo crea Dios Algo. Y al menos, con la Nada no nos queda ya nada más que explicar, pero con Dios... ¿Cómo explicamos a Dios?
Ya, ya lo sé: por definición Dios no necesita explicación, es su propia explicación. En ese caso, no veo que el Universo (lo que los teístas llaman la Creación) necesite más explicación externa que Dios (lo que llaman el Creador). Y si esto es panteísmo, que venga Spinoza y lo vea.
a Curro: fascinante tema, o mejor dicho, el más fascinante de todos. Me identifico mucho con tu apunte biográfico, yo también sobre esa edad me devanaba los sesos cavilando. Leí el Discurso del Método precozmente, y durante años estuve subyugado por el "pienso, luego existo"; en mi infantil soberbia, creía que era de los pocos seres humanos (¡al menos de mi barrio!) que tenía verdadera consciencia de existir... Por cierto que la respuesta de tu profesor ("simplemente ocurre") obedece a la más estricta ortodoxia positivista, que en el fondo equivale a "prohibido hacer preguntas".
A mí también me ha asombrado siempre que exista una regularidad, un orden tan prodigiosamente bien trabado de la naturaleza. Las filosofías materialistas no explican nada, simplemente lo reducen todo a unos pocos principios (la energía, los átomos, etc), que a su vez quedan inexplicados. Totalmente de acuerdo en que el ateísmo esconde otra metafísica.
En cuanto a la Creación como consecuencia de la contingencia, según el argumento tradicional, pienso que se reduce a desplazar la necesidad de la naturaleza a Dios, y por tanto, para mí entra dentro de la postura racionalista: El universo podría no haber existido, pero existe un Ser necesario, que es Dios. Y si ha creado este universo y no otro, o ninguno, es porque ha tenido muy buenas razones para ello.
Quizás alegarás que mi visión de Dios es excesivamente racionalista, y acaba conduciendo al espinosismo ("las cosas no han podido ser producidas por Dios de ninguna otra manera ni en ningún otro orden que como lo han sido"). No lo sé, me declaro agnóstico en lo de un Dios personal. Pero creo que la alternativa (un Dios arbitrario), llevada a sus últimas consecuencias también conduce a otra forma de ateísmo, el más radical de todos, el de Schopenhauer y el irracionalismo en general, que acaba en el nihilismo. Que es la otra respuesta posible a la pregunta de por qué existe algo. (Aunque bien mirado, respuesta sólo hay una, la racionalista. El irracionalismo afirma de hecho que no hay respuesta, y el positivismo que la pregunta no ha lugar.)
Podríamos decir que hay no tres, sino dos actitudes metafísicas fundamentales: Quienes creen que hay una razón de la existencia, y quienes creen que no hay ninguna, o no se lo plantean siquiera. Hay racionalistas que no creen en (un) Dios (personal) y, por qué no, creyentes irracionalistas, que creen que el bien es lo que manda Dios, y no al revés, que Dios manda el bien; pienso por ejemplo en el Islam = "sumisión", aunque ha habido teólogos cristianos que también se deslizaron hacia esa postura, pero son los menos. El cristianismo se ha caracterizado por su profundo sentido moral, en cierto modo, Dios mismo está supeditado al Bien -en Kant esto es clarísimo. Por eso para mí en la metafísica cristiana late un rotundo racionalismo. (Incidentalmente, los intelectuales neofascistas en la estela de Heidegger, como De Benoist y otros, que defienden el neopaganismo, odian por igual a Occidente, al racionalismo y al judeocristianismo: Ellos tienen mucho más claro que algunos de sus enemigos superficiales (léase "progres") la íntima conexión entre estas tres cosas.)
a Marzo, evidentemente, no podemos comprender a Dios (entiéndase como un ser personal o no). Pero claro, tampoco entendemos por qué A es causa de B, sólo sabemos que ocurre. Aquí el positivista dirá: Pues ahorrémonos un paso, y digamos que no entendemos la naturaleza. Pero lo que yo planteo es: ¿Creemos que la explicación existe, aunque no sea accesible al conocimiento humano? Lo fundamental para mí es la respuesta a esta pregunta. En cambio, el positivismo imperante dice que eso no tiene ninguna importancia, pero se trata de una postura tan discutible como cualquier otra. Una cosa es que no podamos tener ciertas respuestas, y otra cosa es que nos deban ser por ello indiferentes.
>Pero lo que yo planteo es: ¿Creemos que la explicación existe, aunque no sea accesible al conocimiento humano?
A ver cómo me explico...
Según ganan en años, algunos van teniendo cada vez más dudas sobre las respuestas. Yo sé decir que voy teniendo cada vez más dudas sobre las preguntas. Es obvio que no podemso abarcar una respuesta completa; y me parece que no podemos siquiera formular la pregunta a la que responderái la respuesta completa.
Vamos, que no sé si tiene sentido preguntarse "por qué" el universo sigue leyes (o parece seguirlas); eso es la clase de pregunta que sólo Dios podría responder y, según me va pareciendo, que sólo Dios podría plantear correctamente (si Dios se plantease preguntas). O, si quieres algo de otro sabor, quiero recordar haber leído hace tiempo sobre especulaciones en plan de que el Universo _es_ su propia computación. Que no sé si me dice nada diferente a lo anterior, claro.
Bueno, Carlos, creo que no caemos en el espinosismo mientras preservemos la distinción creador/criatura y afirmemos la libertad de Dios. Eso sí, también afirmamos su racionalidad. Lo cual parece limitar su omnipotencia: no hubiese podido crear un mundo en el que 2 más 2 fuesen 5. Pero "no poder lo imposible no es no poder" (¿Hugo de San Víctor?).
Imagino que Dios no estaba obligado a crear precisamente este mundo. Supongo que había muchos mundos racionalmente posibles. Ni siquiera estaba obligado a crear.
En realidad, Feuerbach tenía razón (aunque no en la forma que suponía): atribuimos a Dios nuestras propias cualidades más importantes: la racionalidad y la libertad. Practicamos un sano antropomorfismo. "Sano" en la medida en que partimos de la idea de la semejanza hombre-Dios: el hombre como "imago Dei" (base de la dignidad humana, por otra parte; el ateísmo no ha sido capaz de encontrar otra mejor). Los teístas creemos que el libre albedrío no es un espejismo (consecuencia del desconocimiento de la complejidad de nuestros propios engranajes), y que la razón no es un epifenómeno cósmico aparecido por casualidad -tras miles de millones de años de evolución ciega- en el cerebro de una mísera especie de mamíferos, llamada probablemente a una existencia muy breve, en un planetajo esmirriado en los arrabales de una galaxia de segunda. La inteligencia no aparece "al final": la inteligencia estaba ahí desde el principio (y sigue ahí, envolviendo y sosteniendo al universo material). Nuestra inteligencia y nuestra libertad no son accidentes cósmicos, sino tímidos reflejos de la inteligencia y la libertad del Creador.
"Mind, rather than emerging as a late outgrowth in the (blind) evolution of life, has existed always as the matrix, the source and condition of physical reality. The stuff of which physical reality is constructed is mind-stuffed" (George Wald [Premio Nobel de Física], "Life and Mind in the Universe", en H. Margenau (ed.), "Cosmos, Bios, Theos", p. 218).
Dices, Marzo: "no sé si tiene sentido preguntarse por qué el universo sigue leyes".
Si empezamos a poner coto a nuestra curiosidad, mal vamos. Autocastración de la razón: prohibido preguntar ciertas cosas. ¿No ha consistido en eso el suicidio de la filosofía en el siglo XX? Las cuestiones últimas son "pseudoproblemas" (Círculo de Viena); las respuestas a ellas son "pseudoproposiciones"; la humanidad que se ha inquietado por ellas durante milenios era imbécil ... El neopositivismo me repugna, no sólo por dejar sin solución lo que más me importa, sino por su insoportable desdén elitista hacia el 99.9 % de la especie (esos palurdos precientíficos que no habían entendido aún que "la solución de los problemas metafísicos es que tales problemas no existen").
Fascinante de verdad.
Curro: “no hubiese podido crear un mundo en el que 2 más 2 fuesen 5. Pero "no poder lo imposible no es no poder"...
“Supongo que había muchos mundos racionalmente posibles.“
Está claro que no podemos percibir un mundo en el que 2 + 2 sean 5... pero, eso no quiere decir que ese mundo no sea posible. Al no poder concebir un mundo no racional no aceptamos que sea posible, llegando a pensar que Dios sólo puede crear mundos racionales porque los otros “son imposibles”.
Yo me niego a creerlo y encuentro la respuesta a ello en la pregunta de Carlos: “¿Creemos que la explicación existe, aunque no sea accesible al conocimiento humano?”
Esa pregunta es la esencia de todo, como él mismo plantea. Graciosamente, lo imposible real es llegar a un consenso en la respuesta a esa pregunta; sobre todo teniendo en cuenta que una misma persona puede opinar una cosa al respecto hoy y otra mañana.
Por eso, puesto que sólo podemos hablar de nuestra personal interpretación, opinión y creencia, yo planteo la mía: creo que "la explicación existe", pero, que nos está vedada... Y no lo digo por fe. La fe fue y es en mí, pero la duda es otra de mis obsesiones y tengo también enorme fe en la duda.
Y ando siempre buscando. Por ejemplo, he observado cómo los niños, en sus primeros meses de vida, se “llenan” de información. He visto alucinado cómo aprenden, cómo “despiertan” a la vida, descubren los modos en que hay que comportarse, con qué deben mirar y con qué tomar los objetos desde el ser que son, que van siendo... Nacen “en blanco”, el Hombre nace en BLANCO. Y es como cuando montamos un ordenador: tenemos el hardware, sólo falta el software. Y, en unos pocos meses se “configura” el Hombre el Niño para "habitar", Ser, "accionar" en este mundo que conocemos.
Lo cuento así porque, observando a mi hijo, a mis sobrinas, he creído “descubrir” que lo que nos hace tener conciencia de nosotros mismos, lo que nos hace inteligentes y diferentes del resto de animales, es un "ingrediente”, un software que, situado en otra entidad, en otro cuerpo, en otro bicho, en otra circunstancia, mundos irracionales incluidos, en otro hardware, funcionaría exactamente como lo hace en, con y desde nosotros... Esa sustancia ingrediente software loquesea que he visto que convierte a una pequeña criatura del mundo animal en un ser pensante y consciente de sí, es Lo Dios en nosotros, lo que no muere, lo estable absoluto y esencia de vida que se sitúa más allá de nuestra comprensión.
En nosotros esa inteligencia, ese software es, como dice Curro, “tímidos reflejos” de Dios.
(La información que se hereda y que no es genética, materia directa, ADN, etc, la suelo aislar y descartar porque esa suerte de energía-sustancia-entidad-claramente no tengo palabra para nombrarla- que nos convierte en seres inteligentes y conscientes de sí mismos, suele encontrarla y tomarla del animal biológico que ocupa)
Magnífico este post y comentarios.
Hola Rubén,
no publiqué antes tu interesante comentario porque, por alguna razón que desconozco, blogger me lo había etiquetado como spam (se ve que es algo nuevo) y no me he dado cuenta hasta hoy.
Saludos,
Carlos
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