Aunque simpatizo plenamente con la propuesta, haré dos objeciones. La primera, sobre la distribución del presupuesto. Creo que sería un error destinar ese 5 % del PIB a redistribuir la riqueza, por las mismas razones que el propio Mill apunta. La pobreza más extrema se puede combatir muy bien mediante la caridad privada, como hacen la Iglesia y otras asociaciones, fundaciones, etc. En cuanto a la pobreza relativa, es imposible de eliminar, salvo que defendamos un igualitarismo extremo, lo cual sin dictadura es imposible (y con ella también, siempre hay algunos que acaban siendo "más iguales que otros"). Por el contrario, el gasto en Justicia y Defensa que propone me parece completamente insuficiente. Precisamente pienso que una de las ventajas de un Estado mínimo es que permitiría dedicar muchos más recursos a lo que verdaderamente importa: Una Justicia que asegure realmente el cumplimiento de los contratos y la efectiva igualdad ante la ley, y unas Fuerzas Armadas con la suficiente capacidad disuasoria, en un mundo donde persisten demasiados Estados dictatoriales y criminales. Es evidente que los actuales presupuestos destinados a estas materias son completamente insuficientes. En el caso de la Defensa, no vería irrazonable que nuestro gasto se multiplicara por tres, y aún así no alcanzaríamos el porcentaje del PIB del Reino Unido o Francia. Ya que nuestros soldados participan en misiones de riesgo en el exterior, deseo que cuenten con los mejores medios posibles.
La segunda objeción es que no todo se puede basar en el volumen de gasto público. Existen países con un gasto superior al español, y que sin embargo se encuentran más arriba que nosotros en el ranking de libertad económica. Y al revés, Haití tiene un gasto público mucho más bajo que los Estados Unidos. Tan importantes o más que la presión fiscal, son las regulaciones, los trámites necesarios para fundar una empresa, la estructura del mercado laboral, la seguridad jurídica, etc. Un Estado más reducido, en general tenderá a ser menos intervencionista, pero la relación no es estrictamente lineal. Simplificando mucho, para poder hacer una aproximación cuantitativa a la cuestión, el gasto público deseable podría estar en función de la renta per cápita, según el siguiente razonamiento: Cuanto mayor nivel de vida tiene la población de un país, más se puede permitir el lujo de tener un Estado comparativamente grande, lo cual no quiere decir que eso sea lo recomendable. Así, por ejemplo, tenemos que la renta per cápita de España es aproximadamente el 80 % de la de Australia, cuyo gasto público es del 37 %. Por tanto, nuestro gasto público (el Estado que podemos permitirnos) podría ser 80 X 37/100 = 29,6. Es decir, en lugar del Estado 10 % que propone Mill, pienso que un objetivo más modesto y realista, teniendo en cuenta de dónde partimos, podría ser el Estado 30 %. (Se obtiene un resultado similar con los datos de renta per cápita y gasto público de Estados Unidos.) Con ello volveríamos al nivel de gasto que tenían los países industrializados en la década de los sesenta. Una vez conseguido este objetivo (que supone nada menos que recortar una tercera parte del Estado actual), podríamos entonces plantearnos otros más ambiciosos.
El tema, por supuesto, queda abierto. Lo importante es que las ideas de reducción del Estado se difundan, y toda propuesta cuantitativa concreta como la de Mill es de agradecer.
ACTUALIZACIÓN 28-5-10: Esta mañana, Federico Jiménez Losantos en esRadio ha propuesto un recorte del 20 %. Esto supondría un Estado 37,6 % (80 X 47/100), es decir, un tamaño del Estado como el australiano, en porcentaje del PIB. Firmaba ahora mismo.

4 comentarios:
Hola:
Gracias por hablar de mi articulo en DE.
Mi propuesta como bien has dicho se basa en dos apartados. Uno el de cuestiones en las que creo que el Estado debería de seguir teniendo el monopolio.
Defensa, Justicia, Policia (y prisiones) y mantenimiento de la red de carreteras (excepto autovias) además de los gastos de la clase política.
Para hacer ese calculo he tomado los gastos del actual Estado y los he aumentado en un 10-15%.
El segundo 5% lo he puesto calculando el dinero que sería necesario transferir al 20% más pobre del pais en clase media baja.
Evidentemente la mejor manera de utilizar ese dinero no sería la transferencia pura y dura sino la inversión en capital humano para lo cual hay muchas maneras.
Además ese uso no se haría de una manera centralizada a través de un gobierno que saliese de la mayoría en unas elecciones, sino por el reparto de ese dinero (hablamos de 50.000 M€) de una manera proporcional entre lo diversos grupos políticos para que cada uno lo emplease de la manera que creyese oportuna.
Eso permitiría ensayar diversos métodos y proyectos para que los electores viesen cual dá mejores resultado.
Es un tema que da para mucho y que trataré en posteriores artículos.
La transición del actual modelo al Estado 10% se haría con un sistema de cheques escolares, sanitarios, jubilación, desempleo..
Sin embargo queda un pequeño
pero. No podemos dejar de pagar la deuda del "Estado del Bienestar", deuda en forma de pensiones y derechos de pensiones adquiridos y asistencia sanitaria a personas mayores.
Esa deuda supone alrededor del 15% del PIB durante los próximos 35 años (más de 5,00 B€).
Por tanto empezaríamos con un Estado por encima del 40% para reducirlo en una primera fase al 35% (10% + 10% en cheques sanitarios y escolares + 15% deuda el "EdB") luego al 25% (10% + 15% deuda "EdB") y en 35 años, una generación aproximadamente al Estado 10%.
Saludos.
Creo que tanto el texto de Carlos como el de Mill eluden la cuestión clave (aunque Carlos la ha abordado otras veces): ni el "Estado 40%" ni el "Estado 10%" serán posibles mientras siga en vigor el Estado de las autonomías.
Os recomiendo la entrevista con el economista Luis de Velasco hoy en El Mundo. Estima el sobrecoste derivado de la existencia de las autonomías en 25.000 millones de euros anuales. Es el cáncer de España; es la piedra que nos está arrastrando al fondo del abismo.
La cuestión es si no están los tiempos maduros para que surja por fin un partido nítidamente anti-autonomías. Ese papel está siendo asumido por UPD (y creo que su éxito creciente se debe a eso), pero UPD no se atreve a entrar en el fondo del asunto: se limita a plantear controles de gasto, devolver a la administración central alguna competencia, etc.
Las autonomías se han convertido en España en un dogma que nadie se atreve a cuestionar (salvo la extrema derecha de toda la vida). Pero, si te paras a pensarlo, es un dogma bastante absurdo. Si en 1976 se hubiera hecho una encuesta sobre los problemas de los españoles, estoy seguro de que absolutamente nadie hubiera mencionado la inexistencia de un gobierno regional como uno de ellos (salvo quizás algunos catalanes y vascos). Las identidades regionales y la sed de autogobierno fueron inducidas artificialmente a partir de 1977-78 (en gran parte, por mimetismo estúpido hacia catalanes y vascos); el desastre se consumó con el "café para todos" de Clavero Arévalo (que quizás ha infligido a la democracia española el mayor daño de su historia, lastrándola con un sistema insostenible).
Replantear todo esto obligaría, claro está, a una profunda reforma constitucional: un cambio de régimen. Pero a grandes males, grandes remedios. Vamos de cabeza hacia la argentinización. Yo temo por el futuro de mis hijos, y me planteo seriamente si no debería mandarlos a estudiar (y, por tanto, también probablemente a vivir y trabajar después) a EEUU.
Quedaría la cuestión de qué hacer con Cataluña y País Vasco. Podría mantenerse el diseño asimétrico de la Segunda República (autonomía sólo para ellos), pero no creo que el resto de las regiones lo admitiera. También se les podría plantear un órdago a la grande: u os incorporais a la España refundada sin autonomías ... u optais por la independencia, y seguimos sin vosotros (y aquí paz, y después gloria).
Curro, sin duda es así. Pero ¿no habrá una causa más profunda? Quiero decir que existen otros estados, con población incluso inferior a la de España, que tienen estructura federal, la "Australia 37 %" por ejemplo, y no por ello han reproducido una clase político-burocrática hipertrofiada como nosotros.
Sólo con que existieran unas leyes que prohibieran el déficit de cualquier administración, o lo redujeran al mínimo, y algún mecanismo de responsabilidad fiscal (que no se solucione todo reclamando más dinero a Madrid), las autonomías no tendrían por que ser insostenibles.
De todos modos, es innegable que la mayoría de españoles no reclamaron en su día las autonomías, sólo parte de los vascos y los catalanes. De ahí viene sin duda el vicio de origen, que fue un invento de la clase política, no una evolución natural de las instituciones, como suele ser el caso de los estados federales.
Cierto, Carlos, en Australia, Alemania o EEUU el modelo federal ha funcionado razonablemente (y la Francia jacobina tiene un Estado hipertrofiado y 5 millones de funcionarios que se jubilan a los 60 años). Pero es que alemanes y americanos son gente seria que tiene clara su identidad nacional; los gobernantes de los Länder maniobran desde la lealtad constitucional y el patriotismo. No existen el nacionalismo bávaro ni el de Wyoming.
En España, las autonomías sólo han servido para generar las consabidas castas partitocráticas locales, cuyo horizonte político se reduce a ganar como sea la próxima elección autonómica, y que no parezca que son menos reivindicativos que el taifa de al lado. La rebatiña constante, la duplicación o triplicación (Diputaciones) de funciones y partidas presupuestarias, la autorreproducción e hipertrofia constante del poder autonómico como un fin en sí mismo ... Es una pesadilla.
No olvidemos que este es el país de los reinos de Taifas (que, afortunadamente, dieron al traste con la España musulmana ... pero recordemos que el califato de Córdoba era en el siglo X una superpotencia mundial, y todo se fue al traste con un "té [moruno] para todos" ... y el del cantón de Cartagena.
Enhorabuena por tus últimos artículos; me han encantado, como de costumbre.
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