Los puntos de encuentro entre liberalismo y catolicismo son evidentes. Tanto la doctrina católica como el pensamiento liberal se basan en una concepción de la dignidad de la persona que choca frontalmente con ideologías como el socialismo, el nacional-socialismo o el islamismo, enemigos irreductibles de ambos. Sin embargo, en la medida en que el liberalismo se entiende como una ideología, esto es, de carácter omniabarcador y autosuficiente, inevitablemente ha de entrar en conflicto con la Iglesia. Desde el momento que todo se pretende explicar reduciéndolo a términos económicos, incurrimos en una forma de materialismo no muy distinta del marxismo. Así por ejemplo, algunos liberales son partidarios de la legalización de las drogas porque, según ellos, con la prohibición solo se favorece la existencia de un mercado negro dominado por el crimen organizado, y al mismo tiempo se justifica la existencia de un fuerte aparato policial represivo, potencialmente extensible a otros ámbitos para los que no fue concebido. La Iglesia, en cambio, no puede suscribir esta postura, porque ignora por completo la dimensión moral. ¿Es lícito que el Estado permita el tráfico de sustancias que objetivamente son dañinas, por el mero hecho de que se trata de una libre transacción entre vendedor y comprador?
Ciertos defensores de la legalización, como Antonio Escohotado, han cuestionado que la peligrosidad de determinadas drogas sea algo intrínseco. Pero entonces se trataría de un debate de tipo empírico, en el que estudios que supuestamente demostrarían la posibilidad de un uso "responsable" de la cocaína, la heroína o el LSD se contrapondrían a los que nos advierten de sus perniciosos efectos. Ahí mi ignorancia me disuade de entrar, pero mi pregunta es: Suponiendo que la elevada peligrosidad de determinados estupefacientes (no estamos hablando del alcohol etílico o de somníferos, cuyos riesgos son más controlables) fuera incontrovertible, ¿seguirían manteniendo -por principio- que debería ser lícito dispensarlos en las farmacias, con todas las informaciones y advertencias pertinentes? La respuesta católica es claramente que no. Lo que ya es más cuestionable es que la respuesta liberal tenga que ser necesariamente que sí. Depende de lo que entendamos por liberalismo.
La doctrina social de la Iglesia, ya desde la encíclica Rerum novarum de León XIII, cuestionó incluso que los salarios deban estar determinados exclusivamente por la libertad contractual entre el empresario y el trabajador, porque ello en determinados casos puede llevar al segundo, movido por la necesidad, a aceptar condiciones abusivas. Antes de cualquier acuerdo, existiría un salario justo o mínimo, que es el necesario para el sostenimiento digno de un trabajador y el de su familia. Aquí puede parecer que la divergencia entre liberalismo y catolicismo es ya insalvable, pero ¿realmente es así? Hay que notar que León XIII, acérrimo enemigo del socialismo, no estaba defendiendo la intervención estatal, sino la libre asociación de los obreros para defender sus intereses. Un principio tan natural como la libre asociación de los empresarios para defender los suyos, y que nada tiene que ver con los sindicatos de clase, y menos aún con los paniaguados del gobierno que padecemos por estos lares. El propio Adam Smith recelaba mucho más, en realidad, de los conciliábulos de industriales contra la libre competencia que de las organizaciones obreras.
Si el liberalismo no se entiende desde un estrecho punto de vista economicista, que reduce al ser humano a un consumidor, un productor o un propietario (como hace por ejemplo esa caricatura del liberalismo conocida como anarco-capitalismo), su compatibilidad con el catolicismo es difícilmente cuestionable. Así lo vio siempre el agnóstico Hayek, para quien la libertad no era un principio abstracto, revelado por los filósofos de la Ilustración, sino el resultado de un proceso evolutivo que difícilmente puede germinar fuera de tradiciones muy arraigadas. Y las ocurrencias como la de Obama, que pretende justificar las subidas de impuestos en el Evangelio, quedan como las perfectas tonterías que son.
En cierto modo, algunos autores católicos, como Juan Manuel de Prada, abonan estas confusiones, al hablar de la economía como "un nuevo Moloch al que alegremente se sacrifican millones de vidas humanas". (XL Semanal del 15 de enero pasado.) Las metáforas y licencias retóricas las carga el diablo. Una cosa es denunciar, con toda razón, el economicismo, en la línea de la doctrina social de la Iglesia, y otra muy distinta es caer involuntariamente en el lenguaje chavista que hace al capitalismo responsable de un genocidio cotidiano. Claro, si identificamos al liberalismo con un burdo reduccionismo materialista, un católico no podrá ser al mismo tiempo liberal. Pero con ello, más que ganar en claridad de ideas, habrá empobrecido considerablemente su lenguaje y se habrá privado de alianzas muy necesarias.
Mucho más graves, por proceder de quien proceden, son las falacias y topicazos acerca del catolicismo que últimamente propaga César Vidal en Libertad Digital, desde su fanatismo luterano, que ha provocado la salida de Pío Moa de este medio. Nada como la lectura del blog de Moa (ahora trasladado a Intereconomía), y de su libro -magnífico- Nueva historia de España para deshacer estos errores. Que el término liberal surgiera en la católica España, y que nuestra primera constitución, que consagraba los derechos individuales y la separación de poderes, fuera explícitamente católica, parece algo más que una casualidad. Posiblemente, el error de no introducir la libertad religiosa hubiera podido subsanarse sin demasiada dificultad, en circunstancias normales. Si por culpa de la invasión napoleónica no se hubiera impuesto una concepción ideológica y por tanto anticlerical del liberalismo, que tras su degeneración izquierdista llegó a su sangriento apogeo con la persecución religiosa de 1936, el catolicismo español y el liberalismo hubieran podido entenderse de manera mucho más intensa y fructífera, no solo entre sí, sino sobre todo cada uno a sí mismo.
domingo, 5 de febrero de 2012
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23 comentarios:
Personalmente, mientras más católico soy más liberal me vuelvo. Y mientras más profundizo en el liberalismo, más lo identifico con mi catolicismo. Creo que su análisis es tremendamente erróneo.
Aplicando la lógica de prohibir lo malo y obligar lo bueno, un gobierno católico debería -según usted- hacer obligatorio los sacramentos y prohibir el ateísmo. No hay nada más importante para el hombre que su salvación, no hay nada más nefasto que su condena.
Si entendemos los católicos que tal planteamiento es una abominación que atenta contra la libertad individual -la cual es la que da valor a nuestros actos- y es inútil... ¿En base a qué se justifica desde el catolicismo la imposición coercitiva de una conducta moral?
Eso por no entrar en que la legislación antidroga no solventa absolutamente nada a cambio de crear mafias, impuestos, y más recorte de libertades. Eso por no entrar en que empíricamente se puede demostrar que es preferible un usuario regular de marihuana a un bebedor regular de ron...
De hecho la Iglesia, que es fuente de enseñanza sublime, peca gravemente de incongruente.
Así tenemos que el mismo documento de los escolásticos que se utilizó para dejar de prohibir el cobro de intereses por pecado de usura, encontramos un planteamiento perfecto de cómo ha de ser el negocio bancario. Es lógico y fantástico que se siguiera la conclusión del tipo de interés, pero ha sido nefasto y devastador ignorar la otra parte sobre la banca. Este "olvido" convierte a la Iglesia en cómplice de un mecanismo por el que el poderoso roba al débil, por el que muchos se ven abocados a la ruina y oprobio.
También es indignante que la Iglesia reciba financiación del estado. Según tal planteamiento el fin justifica los medios, lo cual vuelve a ser incongruente con las enseñanzas católicas. Pues si el dinero emana del cobro de unos impuestos excesivos y forzados, solicitarlo, por muy bueno que sea el fin al que se destinen, es un contrasentido.
No sólo es condenable el hecho per se, es que encima la Iglesia se ubica como justificación de un modelo de estado contrario al ideal cristiano. A cambio de recibir una limosna sucia se une la imagen de la institución a la consecución del supuesto "bien social" que justifica la acción del gobierno.
Por ahora acabo indicando que la infalibilidad papal está limitada a la fe, no a la economía. Y aún así, la evolución de las encíclicas en los últimos lustros está acercando cada vez más la postura de la Iglesia al liberalismo, puesto que sólo en el uso de la libertad hay posibilidad tanto de progreso como de salvación.
Bueno, lo dejo que va largo ya...
Muy buen artículo, lo suscribo por entero.
La defensa de Leon XIII de la libre asociación de obreros es impecable desde el punto de vista liberal, la existencia de un "salario justo" "anterior a cualquier acuerdo", ya la veo mas complicada. ¿Quien, sino el Estado, podría determinarlo, y con qué "acierto" de manera previa la acuerdo?
Respecto a las drogas, gastar dinero y vidas en una "guerra" que ni se puede, mas de 50 años de experiencia deberían ser suficientes. ni probablemente se QUIERE, exaltación pública de drogadictos y "rehabilitados", ganar, creo que es, incluso desde la moral cristiana, un mal mayor.
La actual "guerra contra las drogas" entiendo que es mas cuestionable que su legalización. La situación actual pone en peligro la vida, salud y hacienda de cualquier persona, con la legalización, tan solo la de los que decidan consumir esas sustancias.
Como siempre, interesante la entrada. Un saludo
El liberalismo es la revolución, con todas sus consecuencias, aunque algunos tratéis de salvarle parte de los trastos. La libertad de cultos es como pegarse un tiro en el pie antes de competir en una carrera. No es un derecho (solo desde el relativismo liberal al que en realidad le da todo eso de la religión lo mismo, mientras los creyentes no pongan al régimen en tela de juicio), sino una medida prudencial sujeta a condiciones, por ejemplo la reciprocidad.
A Vidal le están dando un buen repaso aquí:
http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1201161051-cesar-vidal-y-el-prejuicio-an
Parece ser que ha acusado de "talibanes" a quienes le rebaten. No ha contestado a ninguno, ni parece que tenga intención.
No se donde acabará su huida hacia adelante.
Nunca pensé que se pondría algún día la mentira por montera.
"Hay que notar que León XIII, acérrimo enemigo del socialismo, no estaba defendiendo la intervención estatal, sino la libre asociación de los obreros para defender sus intereses."
Se entiende los intereses de León XIII, naturalmente.
Posiblemente no fuera "enemigo del socialismo" sino que le tuviera pánico. Cosa, por otro lado, justificadísima.
a Navegante:
A ver si lo entiendo. El Estado no puede imponer una legislación contraria al aborto, porque eso sería coercitivo, pero sí imponer una legislación favorable al aborto, con sanciones a los médico y hospitales que se nieguen a practicar abortos. Esta es la falacia del neutralismo. Hay determinados temas en los que la neutralidad es imposible y quien pretende ser neutral lo único que hace es imponer sus propios prejuicios.
En cuanto a la financiación de la Iglesia, es falso que provenga del Estado, este solo presta su estructura recaudatoria para que los fieles puedan (mediante la casilla de la declaración de la renta) financiarla. Sin duda, es un pequeño privilegio que no tienen otras confesiones, pero tampoco se puede comparar la acción social de la Iglesia con la de ninguna otra religión.
El navegante debería hacer versiones de Estopa. Cuanto más católico soooo--o-o-oy, más liberaaaaaal me vuelvooooo....
En fin, que cuanto más veo a la derecha española 'políticamente incorrecta', más se nota la influencia de los ignorantes paletos del tea party y su neoconomismo, parte sin duda de su proamericanismo, que viene de la postura en contra del anti- de la so-called izquierda española, igual de patética, desnortada y trasnochada que la derecha. En fin, patético a nivel vomitivo. Y lo siento, pero Pio Moa es la antítesis de autoridad intelectual. Os llaman la caverna, pero lo que en realidad sois es un pozo. Séptico, sin tapa y sin señalizar, a propósito, a ver quien cae.
Excelente, para mí, el artículo. Un par de apuntes, si me lo permitís, para algún comentarista.
Caribbeanomics:
Dices que la "guerra de las drogas" no es justificable, puesto que causa un mal mayor del que se pretende evitar, ya que los problemas serían menor de estar legalizadas las drogas. Yo prefiero atenerme a los ejemplos que ya tenemos, y uno bien claro es el de Holanda, donde hay una política social "liberal", podríamos decir, y en mi opinión no les va nada bien. Aunque claro, yo no conozco el caso con profundidad el caso y es posible que me equivoque.
Por otra parte, la comparación que hace algún comentarista acerca de la marihuana es muy forzada, ya que los casos mencionados en la entrada son la cocaína, la heroína o el LSD, drogas mucho más peligrosas.
Un saludo cordial
El aborto atenta contra el derecho a la vida, por lo que entiendo que no tiene cabida su legalización y menos su imposición.
La Iglesia recibe innumerables subvenciones al margen de la partida recaudada en la casilla de la declaración de la renta. En primer lugar, esas subvenciones las recibe compitiendo en igualdad de condiciones con organizaciones que considera contrarias a sus principios, por lo que somete la institución al nefasto sistema de redistribución de la renta.
En segundo lugar, utilizar innecesariamente la estructura gubernamental vuelve a poner a la Iglesia al servicio de la justificación del sistema. Los medios que aporten voluntariamente los fieles y simpatizantes pueden darse directa y discretamente sin la intervención y control del estado.
El liberalismo no es neutralidad pasiva, no es el todo vale. Si dejamos a un lado la corriente anarcocapitalista -que considero útil pero utópica-, el establecimiento de un orden social precisa de unos valores comunes y esenciales sobre los que construir una convivencia útil y viable. No se trata de negar al estado, se trata de limitarlo.
Y la limitación estriba en que la Ley es el establecimiento de las normas de juego sin buscar ningún resultado predeterminado. En que ha de ser general e igual para todos, poder incluido.
Un orden liberal establecido en una zona alejada y poco poblada comprometerá mínimamente la libertad individual. Mientras que un orden igual de liberal en un entorno densamente poblado y rodeado de enemigos hostiles conllevará un sacrificio mayor del ámbito individual para que la sociedad pueda subsistir.
No hay una fórmula magistral y universal. Es cuestión de necesidad y valores, pero la combinación ha de generarla la libertad, el uso, la costumbre. No la voluntad de unos impuesta sobre el resto.
Calificar el LSD de peligroso per se no es muy científico. En cuanto a la cocaína y heroína mucho de su daño deviene del tratamiento que les dan las mafias para moverlas en el entorno ilegal establecido.
Con todo, si la decisión de consumo de un individuo a mi no me afecta, nada puedo objetar ni tengo ningún derecho a intervenir. Y de causar un perjuicio, habrá de responder por el daño causado, no por la motivación o causas que lo generen.
Si alguien borracho como una cuba empieza a romper las lunas de los coches aparcados en la calle, responde por los cristales, no por la borrachera.
Tampoco tiene sentido que estar colocado sea eximente en un asalto a mano armada y sea un agravante en un accidente de tráfico. Incluso es ridículo que el mero hecho de superar un límite arbitrario de alcohol en sangre, aunque vayas conduciendo dentro del límite de velocidad y sin cometer ningún error, sin causar daño a absolutamente nadie, sea un delito...
Mucho cuidado, desde que establecemos que el fin justifica los medios, todo vale. Y nada bueno sale de ahí...
a Navegante, de nuevo: Vaya por delante que agradezco tus comentarios. Pero con ellos ejemplificas bastante bien lo que yo llamo liberalismo ideológico. Partes de unos principios (libertad individual, principio de no agresión, etc) y los llevas hasta sus últimas consecuencias, implacablemente. (Si hay quien es tan estúpido para destrozarse con la cocaína, pues bueno, no es mi problema). Yo creo en un liberalismo no ideológico, que acepta excepciones, contradicciones, como las que se dan en la vida misma. Claro que algunos llaman a eso conservadurismo, pero no discutiré sobre palabras.
Un saludo.
"el establecimiento de un orden social precisa de unos valores comunes y esenciales sobre los que construir una convivencia útil y viable. No se trata de negar al estado, se trata de limitarlo."
Este texto que propone el propio Navegante, me parece definidor de lo que CLD llama "liberalismo no ideológico". Formar un sistema en base a una serie de premisas inapelables es algo con lo que todos coincidimos. El problema está en cuales son dichas premisas. El liberalismo filosófico o "ideológico", sin embargo, parte de unas premisas de las que algunas, por lo menos son falsas, principalmente la idolatría de la "Libertad" como fin último, bajo el que todo se somete. Esto es algo incompatible con la doctrina católica. Además, el liberalismo filosófico presenta problemas como el de llevar la libertad de expresión o la propiedad privada a al nivel de derechos inamovibles, como puede el derecho a la vida. Por otra parte, con excepción del anarcocapitalista, los liberales filosóficos que crean que el Estado puede existir presentan una contradicción, ya que la propia existencia de un Estado presenta la transgresión de derechos como, por ejemplo, el derecho a la propiedad privada con los impuestos.
La cuestión, a mi parecer, es encontrar el modo de convivencia, el sistema en el cuál existan se respete lo máximo posible la libertad, pero combatiendo los abusos que se puedan generar, y teniendo en cuenta un elemento muy importante y muy olvidado, con la excepción del autor de este blog creo, que es el sentido común.
Un saludo cordial.
Si como católico entiendo que la salvación depende de la conciencia y la acción individual, y que por ello la acción obligada carece de valor, ¿en base a qué se justifica la coerción para fines inferiores que no me afectan?
El maximizar la libertad individual es lo único que da sentido al orden social, pues si la participación al colectivo conlleva la anulación del individuo, entonces no estamos ante una sociedad de iguales, sino ante el sometimiento de unos para el beneficio de otros.
Como católicos nuestra obligación es amar al prójimo, no someterlo para que haga lo correcto. Sólo es lícito imponer las normas que posibiliten la interacción enriquecedora para todas las partes implicadas. Ahí entra la propiedad privada y la libertad como elementos claves.
Cuando limitas la libertad de expresión en el sentido que estimas oportuno, te expones a ser tú el limitado cuando la corriente opuesta a ti obtenga el poder. La Ley repito que ha de ser general y carente de fines concretos más allá de la protección de los valores fundamentales. De no ser así entramos en la dictadura de la mayoría y abandonamos el imperio de la Ley.
Dios nos hace a su imagen y semejanza. Nos hace libres. Sin libertad mis actos no tienen valor.
La caridad emana de la obligación del que la presta, jamás del derecho del que la recibe. La caridad obligada no es caridad.
Definir objetivamente un precio justo de algo, mano de obra incluido, es imposible. Cualquier regulación al respecto siempre causa efectos nefastos.
La legislación antidrogas, además de ser moralmente injustificable, causa mafia, corrupción, pérdida de libertades... No es sostenible tampoco en cuanto a sus efectos prácticos.
Yo no soy nadie para obligar a nadie a vivir según mis valores. Y si encima intentando imponer el modelo que considero mejor y más correcto fracaso estrepitosamente causando más daño que beneficio..., ¿en base a qué nos empecinamos a mantener una actuación así?
La lógica aquí expuesta por ustedes vale tanto para justificar la lucha antidrogas como para imponer la religión por decreto ley. Vale para legislar lo que cada uno puede comer o no. También sirve para imponer el comunismo en aras de, supuestamente, establecer el paraíso terrenal...
¿Vamos a prohibir los libros que consideramos inapropiados?¿Vamos a eliminar la telebasura?¿Vamos a seguir usurpando la responsabilidad individual delegando todo en el estado?¿Vamos a meter en campos de reeducación a los ateos?
¿O vamos a permitir que cada uno haga uso del regalo divino del libre albedrío para procurar su felicidad como mejor estime oportuno siempre que no perjudique a terceros?
Echo en falta más argumentos y respuestas. Esa condena del liberalismo aún no veo en qué contradice las enseñanzas de Jesucristo. De hecho creo que la coerción hacia el prójimo (por su bien, en temas que no me afectan) sí es una incongruencia grave según la cual el fin justifica los medios como regla básica y arbitraria del sistema...
Buen artículo. Y buen debate. Atención al próximo recuento de lectores en Libertad Digital. Posiblemente se produzca una fuerte caída de estos.
Veo más puntos de encuentro con el franquismo.
Carlos, en tu análisis sobre mi postura hay un error de bulto: Ante el drogadicto mi posición es de, desde mi voluntad, ayudarle, tenderle la mano. Lo que no entiendo es, primero, en qué le ayudo metiéndole en la cárcel. Y en segundo lugar, tampoco entiendo en base a qué puedo arrogarme el derecho de obligar a otros a ayudarle.
Como he dicho, la caridad emana de la obligación del que la da, no del derecho -inexistente- del que la recibe. Por lo tanto, como católico me siento obligado a actuar, a ayudar. Pero como católico no veo ninguna justificación ni para encarcelar al que no daña a otras personas, ni para someter a otros para que se unan a mi obligación personal.
Sólo desde la desconfianza y el desprecio a los demás se puede llegar a la conclusión de que hay que someterlos para que hagan lo correcto. Desde mi amor al prójimo creo que el hombre libre es capaz de llegar a las actuaciones más buenas. Y al verme como igual a los demás, no veo qué derecho tengo para obligarles a nada que atente contra esa igualdad, confianza y, por qué no decirlo, amor.
Una vez admites que la incongruencia es aceptable para trazar el límite de la violencia, ¿dónde paras y con qué argumentos el uso indiscriminado de ésta?
Juan Manuel de Prada confirma la tésis de Cesar Vidal y nada se puede hacer contra eso. El pensamiento social católico es incompatible con el liberalismo.
Se suele decir que los papas son infalibles en materia de fé y moral. Pero resulta ser que entre los temas morales esta la cuestión social y es imposible hablar de esta última sin tocar temas económicos. En síntesis, por la ventana de la moral la Iglesia termina hablando de de economía. Por lo tanto queda la duda hasta que punto un católico puede dar la espalda al magisterio sobre sus psosiciones sobre la "cuestión social", si consideramos a dichas opiniones como un capítulo de los temas morales.
¿En qué parte de la doctrina católica se establece que hay que obligar a los demás a hacer lo que consideramos bueno o mejor para ellos?
¿En qué parte de la doctrina católica se establece que el fin justifica los medios?
¿En qué parte de la doctrina católica se establece que la incongruencia es aceptable para tomar ciertas decisiones?
Todo lo contrario. De ser congruentes los católicos con las enseñanzas de la Iglesia jamás participarían en un sistema en el que el individuo es anulado con la excusa, porque sólo es una excusa, del bien común. De ser congruentes los católicos seríamos un ejemplo de cómo salir de la crisis, de cómo respetar y amar al prójimo, de cómo la responsabilidad y el ejercicio de la libertad son obligaciones inherentes al individuo.
Es la incongruencia entre la doctrina y la acción de la Iglesia y de los católicos la que participa y favorece el relativismo actual. Así tenemos católicos que se dicen socialistas o comunistas y defienden el aborto tranquilamente. Así tenemos católicos que se dicen de derechas y que defienden la coerción como herramienta habitual del poder para lograr fines arbitrarios. Así tenemos católicos sacando provecho de un sistema financiero que ignora flagrantemente los principios morales que ya establecieron perfectamente los escolásticos en ese campo.
¿Dónde está el choque entre liberalismo y catolicismo? Yo sigo sin ser capaz de desligar una cosa de la otra. No es casualidad que los primeros pensadores que dieron pie a la evolución del liberalismo fueran personas profundamente religiosas, grandes cristianos (católicos y no católicos).
Sinceramente, ese ataque al liberalismo desde posiciones católicas me choca enormemente. Primero porque no veo el mismo afán con otras corrientes políticas con un ideario totalmente contrario a las enseñanzas cristianas. Y en segundo lugar, porque me parece que lo que se busca es una justificación para relativizar, para no tener que ser congruente al 100%.
Ruego una explicación más clara y desarrollada. Porque entre incongruencias y afirmaciones sueltas cada vez me preocupa más la situación del catolicismo. Ciertamente tenemos muuucha culpa de la degeneración occidental.
La cuestión social, para el católico, es obligación personal, jamás excusa o argumento para usar la fuerza e imponer nada a nadie...
"15. Para dar mayor claridad a los puntos tratados es conveniente examinar por separado las diversas clases de libertad, que algunos proponen como conquistas de nuestro tiempo. En primer lugar examinemos, en relación con los particulares, esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. Esta tesis es contraria a la verdad. Porque de todas las obligaciones del hombre, la mayor y más sagrada es, sin duda alguna, la que nos manda dar a Dios el culto de la religión y de la piedad. Este deber es la consecuencia necesaria de nuestra perpetua dependencia de Dios, de nuestro gobierno por Dios y de nuestro origen primero y fin supremo, que es Dios. Hay que añadir, además, que sin la virtud de la religión no es posible virtud auténtica alguna, porque la virtud moral es aquella virtud cuyos actos tienen por objeto todo lo que nos lleva a Dios, considerado como supremo y último bien del hombre; y por esto, la religión, cuyo oficio es realizar todo lo que tiene por fin directo e inmediato el honor de Dios(9), es la reina y la regla a la vez de todas las virtudes. Y si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado, y que es fácilmente reconocible por medio de ciertas notas exteriores con las que la divina Providencia ha querido distinguirla, para evitar un error, que, en asunto de tanta trascendencia, implicaría desastrosas consecuencias. Por esto, conceder al hombre esta libertad de cultos de que estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación santísima y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse al mal" Enciclica LIBERTAS PRAESTANTISSIMUM
Es decir la única libertad que reconoce la Iglesia es para ella misma. Cuando ha luchado por la libertad (que lo hizo bien) lo ha hecho en aras a sus intereses. Si contribuyo a la caída de los regímenes totalitarios del Europa de este, es porque ha ella afectaba.
En mi post inmediatamente anterior me fui del tema. Toque algo más que la cuestión social. Volvamos.
Son permanentes las exhortaciones a la distribución del ingreso y al atavismo de justicia social.
"Es decir que la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son ciertamente evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulo de progreso y recompensa el esfuerzo. Por eso los países industrialmente desarrollados ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de país a país: los precios que se forman «libremente» en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es por consiguiente el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio." Populorum Progressio
Por consiguiente, la autoridad pública puede decretar puntualmente, examinada la verdadera necesidad el bien común y teniendo siempre presente la ley tanto natural como divina, qué es lícito y qué no a los poseedores en el uso de sus bienes.
cuando el Estado armoniza la propiedad privada con las necesidades del bien común, no perjudica a los poseedores particulares, sino que, por el contrario, les presta un eficaz apoyo, en cuanto que de ese modo impide vigorosamente que la posesión privada de los bienes, que el providentísimo Autor de la naturaleza dispuso para sustento de la vida humana, provoque daños intolerables y se precipite en la ruina: no destruye la propiedad privada, sino que la defiende; no debilita el dominio particular, sino que lo robustece. quadragessimo anus
Voy a ponerlo más simple...
¿En qué momento pasamos de "amarás a tu prójimo como a ti mismo" a "someterás a tu prójimo por el bienestar social"?
Navegante. No surge de las escrituras, sino de las enciclicas.
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Otro de los temas del post fue el de las drogas. Un caso para estudio empirico, es la reaparición de la droga crystal o meet, sumamente peligrosa y adictiva, pero a la vez más barata en el mercado negro, debido a que conlleva menos riesgos en su elaboración, pues se puede producir en el garaje de una casa y sus componentes para su elaboración son legales. Esta droga reapareció junto con la "guerra contra las drogas".
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El enfoque histórico evolucionista de Hayek, también puede servir para fundamentar el anarcocapitlismo. Si la experiencia histórica dice que los cerrojos constitucionales se han ido abierto, surge la necesidad de ideas superadoras, que por supuesto están sujetas a refutación. Ya no se trataría de un fundamento abstracto.
Igual que el celibato es algo discutido y discutible dentro de la Iglesia -dentro de la cual hay curas casados sin romper ninguna norma-, se puede discutir perfectamente el posicionamiento de la Iglesia en muchos asuntos.
Aferrarse a una encíclica de finales del XIX y otra de los 30 del XX que contienen una enorme contaminación de las ideas de sus épocas cuyos resultados conocemos es un gran error. Error que es mayor, primero porque las posturas reflejadas han evolucionado y cambiado desde entonces. Y segundo porque son contrarias e incongruentes con otros planteamientos más sólidos y estables del magisterio de la Iglesia.
¿Es que hasta que no se produjo la corrección con la situación de Galileo había que condenarlo sólo porque lo decía un papel, independientemente del error cometido?
¿Desde cuando el catolicismo ha defendido que el fin justifica los medios?
El último informe de Cáritas de mi ciudad es un panfleto marxista en forma, fondo, dialéctica y objetivo. Entra a criticar los recortes en los presupuestos del estado y pide que se haga un giro de 180 grados.
La última misa a la que asistí antes de emigrar media homilía versó sobre el planteamiento erróneo del Papa en cuanto a la política con los divorciados.
El candidato católico a la candidatura republicana de los EEUU no deja de decir que hay que matar a un montón de gente por nuestro bien.
En las tres parroquias en las que tenía presencia los sacramentos son actos sociales, no hay ningún atisbo de comunidad y la actividad de los párrocos pivota sobre la acción social. Son más animadores sociales -cualquier ambigüedad del término vale- que sacerdotes o directores de una comunidad católica.
Una buena amiga que me decía las mismas cosas que aquí escucho se fue a Latinoamérica a colaborar con una ONG..., y volvió embarazada y casada con el cura de la organización. Ahora los dos militan en la izquierda radical.
Y con todo la Iglesia sigue enseñando perfección y sigue siendo el camino. Pero hay una desviación enorme y dañina, tanto para sí como para la sociedad, dentro de los que se consideran católicos de corazón, pero que no dejan de ser socialistas de acción y palabra.
El hombre es centro de la creación. Y cada uno es hijo de Dios, sin distinción. ¿En base a qué, repito, tiene nadie el derecho a imponer mediante la fuerza, no la Ley, sino su voluntad? (ojo, que la ley arbitraria no es Ley, no confundamos, que el bien y el mal no lo decide el parlamento).
Es "Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo". No "Si amas a Dios somete a tus semejantes por su bien".
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