Los materialistas y los locos no saben dudar. (G. K. Chesterton)

sábado, 18 de octubre de 2008

Por qué la gente es de izquierdas

Ser de izquierdas es la forma socialmente aceptada de ser antiliberal. Con un par de ejemplos se me entenderá rápidamente. Si alguien dijera que apoya la dictadura castrista, que está a favor del sistema de partido único, de la represión política, del desastre de la economía cubana -naturalmente generaría rechazo. Pero si alguien condena el embargo de Estados Unidos, elogia los sistemas educativo y sanitario de la isla caribeña y se refiere con desprecio al exilio cubano en Florida, se le considera una persona "progresista", es decir, moralmente digna de admiración.

O supongamos que alguien dijera que no podemos confiar en la libre iniciativa individual, que el Estado debe limitar la libertad económica de los ciudadanos, poniendo trabas al comercio de determinados productos con el extranjero, dificultando con todo tipo de normativas y trámites la creación de un negocio, decidiendo por nosotros las condiciones laborales que podemos aceptar y la parte de nuestro salario que debemos destinar a la jubilación etc. Formulada de este modo, sin tapujos, no parece que sea una posición extraordinariamente defendible. ¿No es siempre preferible tener libertad a no tenerla? Pero el "progresista" no se expresará de manera tan directa. Nos hablará del capitalismo salvaje, de la protección de los trabajadores, la redistribución de la riqueza etc, lo cual ya suena mucho mejor a los desprevenidos oídos de la mayoría de la gente.

En definitiva, la izquierda se caracteriza por su habilidad para hacer emocionalmente aceptables mayores dosis de coacción estatal. Pero no debemos perder de vista la razón de su éxito: Que al contrario de lo que una consideración superficial llevaría a pensar, mucha gente, quizá la mayoría, no ama realmente la libertad, sino que está dispuesta a sacrificarla en aras de obtener una cierta sensación de seguridad, por precaria o ilusoria que sea. Esto es tan viejo como la humanidad, y los déspotas de todos los tiempos se han aprovechado de esa debilidad universal. Del mismo modo, no por comúnmente creída -y difundida por los interesados- deja de ser esencialmente falsa la idea de que los intelectuales son los principales apologistas de la libertad. Todo lo contrario; desde Platón al menos sabemos en qué medida se han sentido atraídos por el poder. Jean-François Revel se preguntaba "si lo que más les gusta en el fondo a una cantidad bastante grande de intelectuales no es la esclavitud". Una esclavitud dorada y confortablemente subvencionada, por supuesto.

La izquierda es, pues, el discurso mediante el cual el poder se legitima. Cumple exactamente la misma función que la religión ha desempeñado en épocas pasadas, pero de manera mucho más eficaz. La mayor prueba de que esto es así es que, instintivamente, cuando la derecha política se impacienta por alcanzar el poder, no falla: se aproxima a la retórica "progresista".

Por qué la gente es de izquierdas: Quizá sea una pregunta equivocada, como lo es por qué existe la pobreza (es más instructivo indagar por qué existe la riqueza). Por qué hay liberales en un mundo en el que la inmensa mayoría que no disfruta del poder, espera al menos beneficiarse de algún privilegio ("derechos", los llaman) otorgado o bendecido por él. Este es el verdadero enigma.

17 comentarios:

gabrielareto dijo...

El liberalismo es una ética de mínimos (haz lo que te de la gana mientras no limites la libertad de otro), es respetuoso con todos (deja hacer a "los malos"), y no apela a ningún objetivo común, no es creativo y no aporta nada al individuo (es el individuo el que actúa según se entendimiento). La libertad, en realidad, es lo más soso que existe. El socialismo en cambio asume un objetivo común, es creativo, quiere cambiar las cosas, no admite a los malos (es decir: nos hará a todos mejores), y apela al romanticismo de la causa común.

Por tanto, los que amamos la libertad lo tenemos bien crudo, debido a la propia naturaleza humana.

Mariana y Marcelo dijo...

Exactamente. Por algo la estatolatría se inocula en la infancia; es tan indefendible como cualquier otra religión.

El campo de batalla no es la política sino la mente, mal que nos pese a muchos: el verdadero poder del estado es el afán individual de legitimar la violencia padecida y ejercida.

Alfredo dijo...

esto me ha recordado al "glamour" que algunos profesores, en su mayoria izquierdistas (los de la publica), dan hacia quienes no respetan la autoridad.

Hoy voy a escribir del problema profesorial en la pública precisamente por eso que usted dice de apelar a los sentimientos. La semana pasada fui testigo de un "profesor" (tendria unos 30 años pero no más) "celebrando" delante de los jóvenes el hecho que tiene tatuajes y un piercing.

Más en concreto: en un colegio público del distrito centro. Pero como es más "realista" y no es uno de esos "retrógados", pues hala...qué guay y qué "humano" es.

Dwight dijo...

La palabra clave es "emocional". Ahí es donde apunta la izquierda. No apela a la razón sino a las emociones, que son las que suelen gobernar muchas vidas, y dicen los entendidos que son las que determinan nuestras decisiones, más que la razón.
Su discurso se besa en mensajes simples, en ideas muy básicas fácilmente entendibles, pero que es muy difícil rebatirlas; precisamente porque los argumentos poco puedenhacer frente a los sentimientos.
¡No a la guerra! Que se lo pregunten a Garzón. Je.

flavio g dijo...

El éxito de la izquierda está en la manipulación del leguaje por un lado, verbigracia "Cuba fue liberada" por nobles revolucionarios, y por el otro como ya se menciono a la emocionalidad "luchamos por el que más sufre, por el que más lo nesecita, los desposeidos, los parias" etc.
La pregunta es, como ya la ha formulado Thomas Sowell: ¿Importan los hechos?

Camarada Stewie dijo...

"fui testigo de un "profesor" (tendria unos 30 años pero no más) "celebrando" delante de los jóvenes el hecho que tiene tatuajes y un piercing".

"menudo joputa"!, xD

Alfredito: Una locura nueva garantizada en cada comentario, sino le devolvemos el dinero.

¿De que siglo dices que vienes?

Pablo dijo...

Me ha gustado mucho el comentario de gabrielareto.

Anónimo dijo...

Efectivamente, la política exterior de la Unión Europea es tan criminal como la de los Estados Unidos, y no por establecer misiones militares al modo norteamericano, cosa que nosotros no hacemos, pero sí por las Restricciones al Comercio que imponemos a los pobres impidiéndoles beneficiarse del mismo, del que nosotros sí que hacemos uso. Impidiéndoles vendernos parte de lo poco que saben producir (bananos, cereales, etc), les negamos las divisas necesarias para comprarnos otros productos que les hagan mejorar gradualmente su calidad de vida (gafas, pasta dentífrica, etc) y bienes de capital (máquinas agrícolas en vez de rastrillos, por ejemplo, con los que especializarse en aquellas actividades en las que tengan mayores ventajas competitivas) que les permitan maximizar sus beneficios, esto es, aumentar la productividad (clave absoluta para hacer crecer la calidad de vida del día a día: aumentar la productividad + aumentar la productividad + aumentar la productividad ), con lo que disponer aún de más divisas y poder liberar mano de obra que se dirija a otros sectores aún más productivos, como la industria, los servicios, o la emigración, al modo de lo que hicieron y hacen los países ricos ("Y Mr. Rockefeller le dijo a Rhama Jundra: si quieres ser rico, haz lo que hicieron los que hoy son ricos cuando aún eran pobres. No debilites la propiedad, no fuerces el mercado, contrata conforme a tu buen juicio, no rindas tu voluntad a la tutela de los moralistas", "Porque quien cede su libertad a cambio de seguridad, pierde la una y la otra".).
La transferencia forzada de propiedad monetaria de los bolsillos del ciudadano de las naciones prósperas a los bolsillos de los caciques del Tercer Mundo, por la fuerza coactiva del poder político de turno, sólo lleva, como 60 años de “solidaridad” nos demuestran, a la dictadura y a la miseria.
Permitamos a los pobres del mundo beneficiarse del principal activo que comparte la Unión Europea: el comercio, a través del Mercado Común. Lo que nos sirve a nosotros para vivir en la abundancia, también les sirve a ellos. Es el mejor y legítimo medio (junto a la solidaridad de verdad, esto es, a las donaciones voluntarias de propiedad, y no a las "ayudas al desarrollo" que son meras meteduras de manos en los bolsillos de los ciudadanos indefensos por parte de los moralistas institucionalizados de éste siglo) para hacer eficientes y eficaces la búsqueda del máximo beneficio, de la máxima utilidad de los recursos, que son escasos, para todas las partes intervinientes.
Creo que el mejor ejemplo de ello puede serlo China o la India. Hasta hace poco millones de personas han llevado unas vidas homogéneas en la pobreza, para acabar muriendo uniformados en la miseria, tras vidas más cortas que largas, en esclavitud. Ahora siguen rompiéndose el lomo trabajando, pero parece que materialmente son menos pobres, y espiritualmente menos oprimidos y más esperanzados en su futuro y en sus capacidades humanas. Y todo esto empezó dejando comerciar a los paupérrimos agricultores chinos allá por 1978.
Me niego a aceptar que están condenados a vivir de la caridad. Se oye a menudo que África no ha salido de la pobreza por culpa del mercado. Yo creo que África no ha salido de la pobreza precisamente por que no le han permitido disfrutar del mercado, porque no ha llegado el comercio, porque no se les deja defender sus propiedades al modo occidental, esto es al modo europeo o norteamericano básicamente. De la misma manera que el nivel de vida aumentó para los españoles eliminando los aranceles internos, forjando un mercado nacional, globalizándose internamente, paso que se llevó a cabo posteriormente entre los miembros de la Unión, así los ciudadanos europeos debemos salir masivamente a manifestarnos para exigir a la nomenclatura que borre las fronteras y extienda la globalización panaeuropea al continente siituado a nuestro sur. Y que dejen de mantener, con las "ayudas al desarrollo"(que no salen sino de violentar la intimidad del trabajo de los curritos), a los dictadores y demás gobiernos pseudo democráticos que se encargan de acumular poder (despojándoles a los pobres su capacidad natural de querer y entender y de vender y competir en el mercado, de ser seres responsables, mayores de edad, no sujetos a tutela, como nos vienen demostrando últimamente los analfabetos y pauperrísimos clientes del Grammen Bank, en el que prestamista y prestatario salen ganando buscando cada uno su lucro partidista), obligándoles a pasar por el aro de la "autoridad".

<b>Libertymad</b> dijo...

Pongamos que alguien apela a la unidad de la nación española para pedir la expulsión de los musulmanes y la persecución de los padres que quieran educar a sus hijos en el Islam, todo por medio del Estado. ¿Es eso izquierdismo? Más bien nacional-socialismo. El eje no es izquierda-derecha, como los tontainas se empeñan en hacernos creer, sino libertad y elección e intervención, que es donde tú estás, igual que los izquierdistas.

CLD dijo...

Si te molestas en leer el post, verás que no propugno expulsar a los musulmanes ni prohibir la educación islámica. Lo único que defiendo es que ELIJAN entre nuestro sistema de libertades y la ley islámica, y que no ulilicen nuestra democracia para gradualmente ir implantando su dictadura.

ELEGIR: ¿Te suena? Algo tiene que ver con el concepto de libertad.

Mikimoss dijo...

¿Pero qué es eso de la "ley islámica"? Que yo sepa, el Islam se sustenta sobre 5 pilares (monoteísmo, oración, ramadán, limosna y perenigración a la Meca), y lo demás son interpretaciones locales, políticas y morales de las suras coránicas. El Islam no establece una iglesia, y por lo tanto cada fiel debe ser capaz de interpretar la norma islámica, pero para ayudar en esto aparecieron diferentes escuelas de interpretación. En el Islam no existe un sumo pontífice leguleyo ni una congregación para la doctrina de la fe que excomulgue a los heterodoxos. Ni siquiera los integristas más fanáticos piensan que su interpretación del Corán y el Hadiz (la sharia, que no se traduce como ley o credo, sino como camino) sea una verdad apodíctica. No tiene nada que ver defender la verdad que el camino que nos hará verdaderos.

Eureka dijo...

Mucha gente tiene miedo a la libertad, porque les educan para ser sumisos, inseguros de sus propias potencialidades, y
así fabrican niños que cuando son adultos esperan que alguien les resuelva la vida, porque ellos son demasiado débiles para valerse por sí mismo, así se va perpetuando el socialismo, adormeciendo a las mentes... Bravo por tu post.

CLD dijo...

Mikimoss,

tu defensa del Islam me recuerda a la defensa del marxismo que se hacía en tiempos de la guerra fría. Es aquello de que la doctrina es maravillosa, pero su aplicación es lo que falla. Qué casualidad que no haya existido un solo régimen marxista o islámico que no atente contra los derechos humanos.

Txaber Allué Martí dijo...

Vaya, ahora resulta que la derecha define lo que es ser de izquierdas.
Amigo, ser de izquierdas no tiene que ver con el régimen castrista, tiene que ver con la solidaridad, la igualdad de oportunidades, la redistribución de la riqueza y muchas otras cosas que no tienen nada que ver con esa extraña definición que das.
Abrazos.

CLD dijo...

txaber,

Hombre, después de las décadas que la izquierda lleva definiendo lo que es la derecha (rancia, cavernícola, etc etc), ya sería hora de que la derecha dé su opinión sobre la izquierda.

La igualdad de oportunidades no es una reivindicación característica de la izquierda, tradicionalmente más preocupada por la igualdad de resultados. Ejemplo: las leyes de cuotas.

La solidaridad y la redistribución de la riqueza son fines en los que coincidimos todos. La diferencia es que la izquierda defiende medios para lograrlos que la experiencia ha demostrado que no funcionan (aunque permiten quedar muy bien y siguen dando votos).

Ejemplo: la izquierda defiende un salario mínimo. Pero la experiencia demuestra que eso sólo consigue beneficiar a unos pocos, a costa de crear más paro. Otro ejemplo: la derecha defiende la liberalización del mercado laboral. En cambio, la izquierda prefiere que los empresarios no puedan reducir fácilmente plantillas. Resultado: los empresarios no tienen incentivos para crear empleo, luego hay más paro. Por conservar unos puestos de trabajo, se pierden muchos más (los que ni siquiera llegan a crearse).

Saludos,

Mikimoss dijo...

¿Y ha existido algún régimen liberal o cristiano que no haya violado los Derechos Humanos con Guantánamos, pena de muerte, discriminación a los homosexuales, a las mujeres, expulsión de judíos o Guerra Santa contra mahometanos? Mencióname uno sólo y te mandaré a la página de Human Right Watch a que leas su expediente.

Me gustaría cerrar este comentario citando a Ralph Nader:

"Cada noche, mi padre, a la hora de cenar, se hacía en voz alta esta pregunta: '¿Por qué sobrevive el capitalismo?' Su respuesta: 'Porque siempre se usa al socialismo para salvarlo'"

Pues eso.

CLD dijo...

mikimoss,

claro, y por eso tú apoyas el socialismo, que "sólo" ha causado (en sus versiones soviética, maoísta y derivadas) 100 millones de muertos en menos de un siglo.

Fíjate: Para justificar la ideología de tu personal predilección, te tienes que ir a denunciar los atropellos cometidos por casi todas las civilizaciones durante los últimos miles de años. (La discriminación de los homosexuales y de las mujeres es mucho más antigua y extendida que el cristianismo, que yo sepa).

Comparar Guantánamo ya no con el GULAG, sino con el sistema penitenciario del resto de la isla bajo control de los Castro, es sencillamente una broma, tanto en términos jurídicos como objetivos y cuantitativos: son ganas de agarrarse a algo de que acusar también a un país democrático para consolarte de lo injustificable que es la brutal dictadura de tus amores. "Y tú más", así de pueril es tu argumentación, pero además es mentira, no hablamos de cosas comparables.

Me reafirmas pues en mi opinión: El liberalismo es el peor de todos los sistemas -exceptuando todos los demás.