Los materialistas y los locos no saben dudar. (G. K. Chesterton)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Quatre per quatre setze

Esta mañana escuchaba el programa Sin complejos en esRadio. Me ha llamado la atención que Luis del Pino dijera que la cuestión de los toros en Cataluña no tiene nada que ver con la libertad, y que resulta esperpéntico plantearla así. Que si lo que les preocupa es la libertad, lo que deberían hacer los amigos de la tauromaquia es ir a protestar frente a los colegios públicos, donde no se permite a los padres que lo deseen elegir el castellano como lengua vehicular de la educación de sus hijos.

Minutos después era el turno de la intervención semanal de Pío Moa, casi siempre muy interesante, pero que hoy volvió con su matraca sobre el inglés, que está desplazando al español, etc. Y al final llega a decir que eso es mucho más grave que la inmersión lingüística en Cataluña, porque esta no va a tener éxito. Se entiende: no tendrá éxito en desterrar al español. De lo cual implícitamente se deduciría (esto lo digo yo) que para Moa el debate sobre la inmersión no es tanto una cuestión de libertad, como de idea de España. Igual que los toros, en suma.

Pero partamos de los hechos, antes de entrar en debates acaso estériles. ¿Seguro que no se puede estudiar en castellano en Cataluña? En realidad, sí se puede, como lo demuestran a menudo algunos medios de comunicación, que nos revelan los elitistas colegios a los que los propios dirigentes nacionalistas (pero no solo ellos, claro está) envían a sus hijos. Lo que no se puede hacer en Cataluña es elegir el español en la enseñanza pública. Luego, no es un problema de falta de libertad, sino de concepción de lo que son España y Cataluña, y del modelo educativo. El hecho de que esos colegios donde no se practica la inmersión en catalán no sean asequibles al bolsillo de la mayoría no tiene nada que ver con la cuestión de la libertad, como todo buen liberal sabe. No porque yo no pueda permitirme comer caviar todos los días voy a decir que en Cataluña, o en Pernambuco, no existe libertad para consumir caviar.

El razonamiento anterior no es incompatible con preferir un sistema en que los padres pudieran elegir la lengua vehicular de la enseñanza de sus hijos, incluso en la escuela pública. Del mismo modo que se puede preferir que no se prohíban los toros, y no por ello hacer de ello una cuestión de libertades, sino de símbolos, tradiciones, etc. Como yo no soy nacionalista, los argumentos melodramáticos que estos emplean para defender su modelo me parecen ridículos y falaces. Pero siempre me he sentido incómodo con la obsesión de ciertos autores a quienes admiro (pienso, por supuesto, en primer lugar, en F. Jiménez Losantos) por convertir la cuestión de la enseñanza del castellano en una cuestión de libertades en sí misma. Lo es solo en la medida en que el nacionalismo, como todo colectivismo, es terreno abonado para salvapatrias y proyectos de ingeniería social. Ahí está el problema del nacionalismo. No se trata de que viole un supuesto derecho sacrosanto de elegir la lengua de la educación. Personalmente creo tanto en ese derecho como en el derecho a cambiar de sexo a cargo de la Seguridad Social, es decir, nada.

Cuando los gobernantes, en lugar de gobernar, se dedican a tratar de moldear la sociedad a su gusto (a fer país) tenemos un problema, porque ningún gobierno es nadie para imponer la transformación de la sociedad. A partir de este momento, todos los abusos imaginables son posibles. La cuestión no es que las calles no estén rotuladas en castellano o que los libros de matemáticas, obligatoriamente, estén en catalán en la escuela pública. Eso nos podrá gustar más o menos, pero no toca una libertad esencial. A fin de cuentas, por minoritaria que sea en el mundo, el catalán es una lengua culta, como lo son el danés o el húngaro, y no pasa nada por que uno aprenda el teorema de Pitágoras en cualquiera de estas lenguas, mientras entienda lo que significa. En todas ellas se puede expresar que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Lo preocupante es lo que hay detrás de estos síntomas, que es el deseo de conformar a una población según un determinado plan, ateniéndose a un guión ideológico muy concreto.

Además puede ocurrir que no solo no estemos de acuerdo con los métodos de ingeniería social, sino tampoco con sus objetivos. Desde luego, yo no deseo una Cataluña independiente; tanto por razones prácticas como sentimentales, prefiero una España cohesionada, en la cual se respeten las particularidades culturales de cada región, pero donde el castellano, o español, fuera de manera efectiva la lengua oficial, la utilizada en la enseñanza, en las señalizaciones viarias, etc. Los catalanes nunca habíamos tenido problemas con el castellano hasta que una minoría de excusionistas y sardanistas neorrománticos y fascistoides se apoderaron del gobierno autonómico y empezaron a salir de hasta debajo de las piedras tipejos con barbita blanca de chivo que se sienten vejados por recibir un tiquet de compra donde diga "Droguería Manolo, para servirle." Llevamos años aguantando a estos lunáticos, pero precisamente por ello no vamos a comprar sus propios argumentos. Porque el de la barbita de chivo dice que Manolo el droguero coarta su "libertad" lingüística, su "derecho" a recibir un tiquet en catalán.

No, que el libro de matemáticas de mis hijos esté en catalán, no coarta mi libertad, aunque yo personalmente lo preferiría en español. Lo que sucede es que no tengo dinero para enviar a mis hijos a una escuela como la de los cachorros de Artur Mas; nadie más que yo tiene la culpa de que mis hijos aprendan álgebra en catalán, aunque la perspectiva tampoco me atormenta. Lo que amenaza mi libertad es que exista un gobierno que esté todos los días inmiscuyéndose en cosas que no son de su incumbencia, que obligue a rotular en catalán comercios privados (eso sí es una violación directa de la libertad, aunque poco frecuente: vayan ustedes a Tarragona) o que se salte las sentencias judiciales. Por ejemplo, en relación a la inmersión lingüística, de acuerdo: pero no porque esta en sí misma sea un atentado a la libertad, mientras no se extienda obligatoriamente a la enseñanza privada.

Si abusamos de la palabra libertad, incluso aunque sea para defender cosas perfectamente defendibles por otros motivos, no estamos favoreciendo la causa de la libertad, sino en el mejor de los casos, creando confusión. No nos preocupemos tanto por los pobres niñitos que estudian la tabla de multiplicar en catalán. Preocupémonos por la ideología del odio que se les inculca sutilmente, por las multas lingüísticas, por el famoso "tres por ciento" que se le escapó a Maragall, por la violación de la separación de poderes, por el mesianismo político. No hagamos un problema de lo que en sí mismo no lo es, no confundamos los síntomas con la enfermedad. Los toros, las banderas, el idioma de los libros de texto, no son tan trascendentes, me atrevo a afirmarlo. El problema, como siempre, son las ideas, las sutiles cadenas que estas forjan. Los gobiernos con ideas, los ideólogos en el poder: ahí está siempre el peligro.

13 comentarios:

El Marqués del Villar dijo...

Estoy completamente de aceurdo con usted en todo lo planteado.

JFM dijo...

HAy un pequieño fallo en tu razonamineto y es que para empezar te han robado el dinero con el que podrias haber enviado a tus hijos a una escuala donde no los coloacaran en desventaja respecto a los catalano-hablantes. Por lo tanto si que han coartado tu libertad.

CLD dijo...

a JFM: No está mal traído, pero nos roban el dinero para tantas cosas...

Elentir dijo...

Dices: "El hecho de que esos colegios donde no se practica la inmersión en catalán no sean asequibles al bolsillo de la mayoría no tiene nada que ver con la cuestión de la libertad, como todo buen liberal sabe."

Si el hecho de que un gobierno autonómico imponga a los padres que llevan a sus hijos a los colegios públicos un modelo monolingüe en una región bilingüe, un modelo lingüístico que disfrimina sistemáticamente a los castellanohablantes... si eso no es un problema de libertad, entonces nada lo es.

El control político de la enseñanza -y no sólo de la pública- es uno de los mayores problemas de falta de libertad que tiene España. Pero en el caso de la enseñanza pública el problema es aún más grave, pues la pagamos todos, la usemos o no, pero son los políticos quien la diseñan a su antojo, con imposiciones tan antidemocráticas e indefendibles como la inmersión al catalán en las escuelas públicas de esa comunidad.

Dices: "No nos preocupemos tanto por los pobres niñitos que estudian la tabla de multiplicar en catalán." ¿Cómo que no nos preocupemos? Las familias castellanohablantes son tratadas como ciudadanos de segunda en Cataluña, ¿y no debemos preocuparnos? En Cataluña se está imponiendo un calco del régimen lingüístico implantado en Sudáfrica por el régimen racista del Apartheid, y cuyo mismo objetivo es el que tenía aquel régimen: sustituir una lengua de comunicación, el inglés (en nuestro caso el español), por otra lengua, el afrikáans (en nuestro caso el catalán), violando los más elementales derechos individuales por simples motivos identitarios, ¿y dices que no debemos preocuparnos?

Pues en fin, me arriesgaré a que me califiques como mal liberal, pero eso claro que me preocupa. Y seguiré haciendo lo posible para que las autoridades, sean las que sean, respeten la libertad de idioma, empezando por las escuelas.

CLD dijo...

Elentir, te agradezco tu comentario, sabía que mi posición es un tanto sutil (sin ironía). Por supuesto, yo estoy a favor de que los padres puedan elegir en la escuela pública la lengua vehicular, solo digo que no es un problema de derechos fundamentales. (Sí lo es, como digo en mi post, prohibir rotular solo en castellano. Es decir, no niego que no haya violaciones de derechos humanos en Cataluña, sean poco o muy frecuentes.)

Haces la comparación con el régimen del Apartheid, pero es evidente que si ese régimen, con toda razón, suscitó la indignación universal no fue precisamente porque a los negros se les obligara a estudiar en afrikáans. Si solo hubiera sido ese el problema, nadie habría hablado del Apartheid.

Respeto enormemente a los padres que en Cataluña, como en Galicia, luchan por que en la escuela sus hijos puedan estudiar en español. Tienen todo el derecho a hacerlo, pero al utilizar el argumentario liberal, abusan de él, y eluden un argumento soterrado, que es una concepción de España absolutamente defendible (que yo además comparto) y que debería poder reivindicarse claramente, sin vergüenza. Quiero que mis hijos estudien en español porque soy español y me siento español. Por supuesto, no pienso en absoluto que esos padres, ni mucho menos tú, seais "malos liberales" por ello, solo digo que en este caso concreto, no es le argumento más indicado. Personalemtne estoy a favor del cheque escolar, con lo cual efectivamente todos los padres podríamos escoger la lengua vehicular de nuestros hijos. Pero mientras eso no exista, y mientras muchos mandemos a los hijos a la escuela pública, centrarnos en el idioma vehicular eludiendo la palabra España me parece a la larga contraproducente, y además tampoco va a impedir que nos llamen españolistas. Lo que hay que decir es "a mucha honra", ¿no se sienten los catalanistas o galleguistas orgullosos de serlo?

Anónimo dijo...

El cheque escolar implica que el Gobierno apruebe la escuela donde vas a gastártelo, sea pública o privada. ¿Realmente crees que aprobarían una con el castellano como lengua vehicular? ¿Qué ha pasado con la concertada?... ¿Consideras atentado contra la libertad que se haya impedido a la concertada elegir el idioma que preferían como lengua vehicular?

CLD dijo...

Es que la concertada es también financiada con dinero público. Por cheque escolar yo entiendo, por definición, total libertad de la enseñanza, de otro modo sería más de lo mismo con otro nombre.

CLD dijo...

a Elentir de nuevo: Lo de ciudadanos de segunda no se corresponde con la realidad. El castellano se estudia igualmente, mis hijos hacen cuatro horas semanales (recuerdo: en colegio público). Decir que estudiar las matemáticas en catalán es convertir a los castellanohablantes en ciudadanos de segunda, eso en el fondo tambiñen es un poco identitario, como si ser hablante de una lengua fuera algo más que un mero accidente geográfico. Que la libertad de elección siempre es mejor, por supuesto. No defiendo para nada los argumentos tremendistas de los nacionalistas, que si la segregación que si paparruchas. Pero no caigamos tampoco en un tremendismo de signo opuesto.

Anónimo dijo...

Una cuidada redacción no convierte una fantasía en realidad.
La libertad consiste en que, si los catalanes quiere imponer su lengua a todos los residentes en esa zona, primero se independicen de España para que así puedan obligar a cuanta mamarrachada les pase por la cabeza.
Mientras la ley -que a mí me obligan a respetar, y así hago- establezca que Cataluña es España, imponer una lengua en perjuicio de otra es fascismo, además de ilegal. Ni siquiera pongo en cuestión la falacia -tan 'real' como la falsa víscera de Macià paseada por Tarradellas durante 40 años- de que esa comunidad autónoma sea un 'país'.
Pero ver rótulos únicamente en catalán 'por ley' muestra la catadura dictatorial del gobernante y de muchos de los gobernados, que intentan aplicar en todos los ámbitos.
Además, a nadie le obligan a comer caviar, pero sí a ser escolarizado, por lo que basar la libertad en semejante ejemplo es como decir 'nos roban el dinero para tantas cosas...'.
Saludos.

CLD dijo...

al último anónimo: Lee, si te parece, mi último post.

Elentir dijo...

CLD, la matanza del guetto de Soweto el 16 de junio de 1976 fue, precisamente, la reacción del régimen del Apartheid a una protesta no por la discriminación racial, sino por la imposición del afrikáans en las escuelas. Fue eso lo que detonó la protesta, que fue contestada con una brutal represión en la que la policía sudafricana asesinó a 566 niños.

Precisamente por algo así entiendo que cuando una parte de los liberales defendemos la libertad de idioma no lo hacemos, ni de lejos, abusando del argumentario liberal, sino siendo coherentes con él: no queremos que el Estado decida por nosotros en aras de discursos identitarios.

Y ya puestos a hablar de discursos identitarios, comento algo que dices cuando hablas de "una concepción de España absolutamente defendible (que yo además comparto) y que debería poder reivindicarse claramente, sin vergüenza. Quiero que mis hijos estudien en español porque soy español y me siento español."

Yo soy español, y me siento español, pero por hablar español no soy más español que otro español que habla gallego o catalán y que quiere educar a sus hijos en alguno de esos idiomas. Ni soy más español que otro español que prefiere escolarizar a sus hijos en inglés, porque lo considera lo más adecuado para ellos. Cuando yo hablo o escribo en gallego no dejo de sentirme español para sentirme gallego: soy español precisamente porque soy gallego.

Esto ya lo he explicado en mi blog alguna vez: yo no quiero que se imponga a nadie la escolarización en español en regiones bilingües, porque creo que no son los estados, ni los territorios ni las lenguas los que tienen derechos sobre las personas. Son las personas las que tienen derechos, y uno de ellos es poder escolarizar a sus hijos en su lengua materna o en la lengua de su elección. Yo no quiero sustituir un nacionalismo (el gallego o el catalán) por otro (el español). Quiero respeto por la libertad, así de sencillo.

uncadaverenmiblog dijo...

Lo de Pío Moa, por reiterativo, no deja de ser sorprendente en una persona que dice de sí mismo que es liberal.

Moa es básicamente un nacionalista que defiende el español por las mismas razones que un nacionalista catalán defiende el catalán: porque busca la preponderancia de su propio idioma sin atenerse a ninguna otra consideración. Lo sorprendente es que no le inquieta que los ciudadanos no puedan decidir la lengua "vehicular" sino que le molesta incluso que el simple hecho de que los niños aprendan una lengua diferente.

Si fuese mínimamente coherente se marcharía de LD por incompatibilidad ideológica con ese medio.

Saludos.

A. Chena dijo...

"...que para Moa el debate sobre la inmersión no es tanto una cuestión de libertad, como de idea de España."

Perdón ¿cuándo a Moa le ha importado la libertad individual?