Los materialistas y los locos no saben dudar. (G. K. Chesterton)

miércoles, 20 de abril de 2011

El error de Jorge Valín

Jorge Valín ha vuelto a escribir un artículo defendiendo la eutanasia. Tampoco es la primera vez que yo escribo para replicar sus opiniones. No se trata de que tenga una obsesión con él. En realidad, admiro una cosa en Valín, y es que expone con valentía sus ideas, a sabiendas del rechazo que provocará en muchos. Si generar debate intelectual es bueno, debemos agradecerle sus artículos.

Mis desacuerdos con Valín parten de nuestras posiciones de principio, que son diametralmente opuestas. Él cree que las normas éticas pueden deducirse racionalmente, en un sentido "fuerte" de la palabra, del mismo modo que se puede demostrar el teorema de Pitágoras. Según él, toda norma deriva del principio de autopropiedad del cuerpo humano. De ahí deduce que la única limitación válida a la libertad personal es el principio de no agresión. Está permitido todo lo que no implique agredir a terceros. Cualquier comportamiento humano, por extravagante o repulsivo que nos parezca, mientras no implique iniciar una agresión, debe ser tolerado. De aquí se infiere también que el Estado es intrínsecamente inmoral y no debería existir, porque no hay justificación para la coacción si no es en respuesta a una agresión.

Por el contrario, yo no creo que pueda existir una ética more geometrico, como diría Spinoza, es decir, deducible a partir del mero pensamiento. La razón permite conocer qué medios son más adecuados para obtener un determinado fin, pero es completamente incompetente para determinar cuáles deben ser los fines últimos de la vida. Con ello no me adscribo a las teorías según las cuales la normas morales son puramente convencionales, y por tanto relativas. Creo que existen un bien y un mal absolutos, aunque no pueda demostrar tal aserto, ni puedo deducir racionalmente ninguna ley moral. Sin embargo, pienso que la mayoría de personas, al menos en nuestra cultura, se conducen de acuerdo con ciertos principios procedentes tanto de nuestra naturaleza como de la tradición judeocristiana, sean creyentes o no. Y pienso, por supuesto, que el Estado no tiene ningún derecho a situarse por encima de esta moral natural-tradicional.

La enfermedad profesional del intelectual consiste en imaginar principios que él juzga superiores a la tradición y atenerse, por coherencia, a las últimas consecuencias que se desprenden de ellos, incluso cuando chocan con nuestros sentimientos naturales y el legado judeocristiano. Un ejemplo extremo fue el de los ideólogos nazis, que partiendo de su credo racial, que ellos consideraban superior al cristianismo, se esforzaron por reprimir los más elementales sentimientos de piedad. Como dijo Hannah Arendt, la ideología puede "causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana."

Por supuesto, no pretendo comparar las ideas de Jorge Valín con el nacional-socialismo, pues no hace falta decir que son completamente opuestas. Pero sí creo que el error de toda ideología que pretende suplantar la moral natural tiene siempre el mismo origen: Pensar que podemos de un plumazo prescindir de todos los "prejuicios" y reconstruir desde cero la ética.

Veamos esto ilustrado con el artículo de Valín. En las primeras líneas dice que se deberían crear "grupos de apoyo al suicidio, empresas". Ejemplo de cómo la adhesión a una aparente lógica nos puede conducir a conclusiones delirantes. Solo faltaría que facilitemos que haya suicidios, y hasta que existieran empresas interesadas en ello.

En el segundo párrafo, nuestro ácrata dice en esencia que los católicos tienen todo el derecho de no aprobar la eutanasia, pero no pueden imponer sus normas morales a los demás. Sin embargo, esta neutralidad ideológica es solo aparente, porque implica que la sociedad se rija por las normas de Valín, que por suerte incluyen perdonarle la vida a los católicos. Si permitimos el aborto o la eutanasia, ya estamos optando necesariamente por unas determinadas concepciones morales. En realidad, la neutralidad en cuestiones éticas es imposible, es una idea-trampa típica de los "progresistas" de izquierda, cuya función es ir desprestigiando la moral judeocristiana, como cosa de fanáticos integristas.

En el tercer párrafo habla de "suicidio y asistencia al mis[m]o". Son dos cosas muy distintas. Me parecería absurdo legislar sobre el suicidio, por dos razones: 1) Por definición, no podemos sancionar al que comete suicidio con éxito; 2) Si castigamos a quien ha intentado quitarse la vida sin éxito, se daría el resultado perverso de que estaríamos incentivando la eficacia en el suicidio. En cambio, la asistencia al suicido es un homicidio, y no veo razones por las cuales deba despenalizarse en general.

Cuarto párrafo. Contra quienes temen los peligros del ejercicio estatal de la eutanasia, Valín responde, de acuerdo con su filosofía anarquista, que el problema es el Estado, no la eutanasia. Dice que sería tan absurdo prohibir la eutanasia por ello como prohibir llevar dinero encima porque hay ladrones. Pero entonces me queda la duda de si la eutanasia debe aprobarse una vez hayamos abolido el Estado o antes. Si es lo primero, toda la discusión adquiere un carácter bizantino. Si es lo segundo, entonces, por utilizar la comparación de Valín, es como si defendiéramos llevar dinero encima en un barrio poco recomendable, a altas horas de la noche. Precisamente, cuando todas las cautelas del liberalismo clásico se inspiran en su desconfianza hacia el Estado, nuestro anarquista feroz propone que levantemos una de las barreras que protegen la dignidad de la vida humana frente a la amenaza estatal.

Finalmente, para evitar la posible acusación de frivolidad, Valín nos cuenta su proximidad al caso de una amiga suya que se suicidó arrojándose al tren. En caso de haber existido una ley de suicidio asistido, sostiene, esta persona no hubiera tenido que escoger "el brutal medio a la [sic] que le obligó la ley". Aunque obviamente no conozco los detalles ni las circunstancias del caso, sinceramente no lo entiendo. Para empezar, creo que lo terrible del suicidio es la pérdida de una vida, no tanto el método empleado, salvo que sea de efectos dolorosamente lentos, como quemarse a lo bonzo. Pero en cualquier caso, no entiendo que la prohibición del suicidio asistido le prive a uno de suicidarse de muchas maneras, por ejemplo mediante una sobredosis de medicamentos, accesibles en cualquier farmacia. Máxime cuando en el caso que se nos relata, parece que esa mujer tenía muy fácil un recurso similar ("iba literalmente drogada por órdenes del psiquiatra").

No, definitivamente, yo no veo que exista ninguna necesidad de ayudar a nadie a suicidarse, sino más bien todo lo contrario, lo que hay que hacer es disuadir de semejantes ideas, o dar tratamiento médico en caso de trastorno mental. Quien de todos modos quiera acabar con su vida, siempre lo podrá hacer. Salvo que se encuentre físicamente impedido, es cierto, pero también entonces estará imposibilitado de hacer muchas otras cosas. ¿Por qué esa obsesión de facilitar a un tetrapléjico que acabe con su vida, convirtiendo tal cosa en un "derecho", y no por ejemplo preocuparnos por que pueda realizar determinadas actividades que quizás le darían un sentido nuevo a su existencia? ¿No estamos sugiriéndoles la idea, a muchas personas que se encuentran en situaciones parecidas, de que nos cuesta entender cómo diablos pueden querer seguir viviendo? Es como si les dijéramos: "Qué desgracia, vivir así, siendo una carga para los demás. Yo preferiría morirme". Para mí en todo este debate late una pretensión falsamente caritativa de suprimir no solo el sufrimiento, sino también la visión del sufrimiento, que nos molesta íntimamente, como si viniera a aguarnos la fiesta. Y ello a costa de la dignidad de la vida humana, que es infinitamente más importante que la "dignidad" de la muerte.

19 comentarios:

Hare dijo...

Me ha gustado tu artículo

José García Palacios dijo...

En la defensa de la eutanasia hay un poso de doctrina nazi de eliminar a los que no son útiles. Un saludo.

atroma dijo...

Hay otro punto a tener en cuenta sobre facilitar la eutanasia; la investigación sobre cuidados paliativos. Es obvio que se renuncia en parte.

Saint-Peter dijo...

Buenos días, CLD. Hace algún tiempo que leo tu blog ocasionalmente y la verdad es que me convence en gran medida. Enhorabuena.

Precisamente ayer estuve leyendo varios post tuyos acerca de la eutanasia, ya que es un tema acerca del que albergo grandes dudas. Así, tras considerar que he leído varios argumentos sobre el tema -no sólo tuyos, sino también de los comentaristas-, creo que podemos establecer varios puntos sobre los que discutir.

Un problema de la legislación pro-eutanasia que se podria criticar es que la despenalización de la misma llevaría a muchos abusos por parte de médicos y familiares. Estos dirían que el enfermo quería morir en esta situación y por tanto se cometería el homicidio. Evidentemente, esto sería un asesinato claro si el enfermo no hubiera afirmado que querría morir, pero ¿y si fuera cierta la afirmación?

Como has argumentado en gran parte de tus artículos, la gente cambia de opinión. Unicamente podemos saber lo que pensaba hace unos años, hace unos dias o hace unas horas. Si el enfermo está en el caso extremo de poner comunicarse, en ningún caso podemos saber lo que piensa ni lo que siente. Y aunque el discurso proeutanasia afirma que se trata de una vida indigna no tenemos ninguna prueba de esto. Decía Sócrates que no temía a la muerte aún en el caso de que no existieran los dioses, por que sería como un sueño sin preocupaciones. Aquí tenemos lo mismo. No tenemos derecho ni razón objetiva para cortarle la vida.

Un Saludo

OJ dijo...

La asistencia al suicidio puede ser por cooperación con actos necesarios o cooperación ejecutiva -que vendría a ser un "homicidio consentido"-. El resultado común a los dos, y la consecuente consumación del delito, es la muerte del suicida.

Queda una duda fundamental: ¿La inducción o provocación al suicidio (sobre todo la que se efectúa mediante engaño en comisión dolosa) debería estar penada? ¿Cuando se considera que existe agresión directa?

*

En cuanto a la legitimidad ética del suicidio, está claro la fundamentación que hace Valín y no tanto la de CLD. No se trata de deducir nada de manera racional, sino que, dentro del ámbito de la propiedad, la única voluntad éticamente relevante es la del dueño. Aplicando los principios generales del derecho, no hay delito en la destrucción de una propiedad si existe la voluntad favorable por parte del propietario. Por tanto, si el suicida ha decidido destruirse voluntariamente, el suicidio, en sí, es un acto ético.

Más cosas: 1) defender lo anterior no es animar a la gente a que se suicide; 2) la obligación de la conservación y el mantenimiento de la vida no es un axioma ético por mucha "moral natural-tradicional" que le quieras meter: fruto de la cultura humana es la silla eléctrica; la defensa propia justifica el homicidio, etc. ¿O es que acaso no actuó moralmente el Gobierno cuando dice no a las pretensiones de una banda terrorista cuando amenaza con ejecutar a una persona secuestrada?

Un saludo.

JFM dijo...

Hay un problema gravisimo en nuestras sociedades con sistelma de salud estatal o parcialmente estatal: qyue el estado el que se supone debe perseguir el crimen tiene un interés financiero evidente en hacerse la vista gorda ante familiares que asesinan al enfermp ara hacerse con la herencia y lo disimulan bajo el concepto de eutanasia.

Que no se deduz&aca de lo que de escribir qyue apruebo lo que dice Valin.

CLD dijo...

a OJ. Por partes:

A mí la discusión sobre el suicidio me parece bizantinismo, porque legalmente, en mi opinión, no es punible, por lo que decía antes (busca al suicida cuando ya está muerto y llévalo a juicio...) Así que sobre el tema del suicidio, sea cual sea la opinión molral que nos merezca, no voy a hablar más. Otra cosa, como digo en el post, es la asistencia al suicidio.

Defender la pena de muerte o el homicidio en defensa propia, o el no ceder frente al chantaje de unos secuestradores, no se contradice con el "no matarás", salvo que lo entendiéramos en un sentido absoluto, sin salvedades, que no se sustenta ni el Antiguo Testamento ni en ninguna legislación que yo conozca. Por tanto, sí puede decirse que la obligación de defender la vida es un "axioma ético" (por emplear tu lenguaje). Y precisamente ahí estriba mi oposición a la eutanasia, que si se aprueba de manera general, equivale a abandonar en muchos casos dicho axioma.

Hay una forma de colaboración al suicidio que podría estar dispuesto a admitir. Es el ejemplo de la película de Bardem sobre el tetrapléjico. La mujer le deja dispuesto un sistema que permite al suicida sorber POR SÍ MISMO un veneno. Es decir, que la entera responsabilidad de la muerte recae en este. (Siempre podría echarse atrás, en el último segundo.) Ahí sí que se podría entender como un acto piadoso, en el que además el colaborador no es causante de la muerte, sino que se limita a obedecer unas indicaciones del suicida que le permiten decidir a él por sí mismo. Con todo, me queda una duda, y es si la persona que se presta a este tipo de colaboración ha hecho realmente todo lo posible para convencer al suicida de que cambie de idea. (No he visto la película).

OJ dijo...

Siguiendo la misma regla de tres, algunos penalistas -en lo apuntado por buena parte de la doctrina- aportan su solución en que, en caso de que se den los requisitos del 143.4 C.P. (eutanasia activa), se aprecie el estado de necesidad como causa de justificación. ¿Tampoco entonces se abandonaría ese axioma ético? Desde luego, para ser un axioma es bastante flexible.

Ahondando en el tema, unas líneas para la reflexión (Gustavo Bueno): "la vida orgánica no es la fuente de los valores personales, sino que son esos valores los que dan este valor a la vida. Y esto lo supieron ya personas distinguidas en la reciente historia de España, que militaban tanto en la derecha como en la izquierda: «Más vale morir con honra que vivir con vilipendio», dijo José Calvo Sotelo; o bien: «Más vale morir de pie que vivir de rodillas», dijo Dolores Ibárruri. Ninguno de estos cabezas de fila consideraban sin más a la vida individual como valor supremo."

No obstante, continuo sin ver con claridad tu argumentación: 1) está claro que no te basas en ese absurdo jurídico del valor absoluto de la vida humana; 2) si hablas en defensa de la dignidad humana (en la última línea), deberías ahondar más en qué es, pues, como se dice muchas veces, lo que para unos es indigno, para otros desde luego que no lo es.

CLD dijo...

a OJ: Es complicado debatir contigo, no entiendo tampoco a dónde quieres ir a parar, confundiendo cosas que no tienen nada que ver. Así, el que arriesga la vida por un ideal (pienso incluso en los mártires del cristianismo), para ti es un ejemplo a favor de la eutanasia. Pareces persona instruida, pero con una empanada mental considerable, como hay tantos.

ussitano dijo...

Tal y como le dejé escrito a Valin en el IJM en un comentario, Hay que considerar que el suicidio en el 90% de los casos no es un acto consecuente con un razonamiento en el que se decide fríamente terminar con tu vida por el motivo que sea (al estilo veronica quiere morir). La mayoría de suicidios son actos extremos debido a un momento de debilidad cuyas causas se pueden tratar de solucionar. La protección de la vida humana (de todas las vidas humanas) es la piedra angular tanto de católicos como liberales en cuanto a derechos naturales y libertades se refiere. Por lo que es de la eutanasia legalizarla y confiar en el estado para su correcta aplicación evitando numerosisimos abusos (como el caso de Holanda nos ha demostrado) choca mucha oírlo en boca de un anarcocapitalista declarado.

Iván Moreno dijo...

No veo, Carlos, la diferencia entre la ayuda al suicidio (eutanasia) y el caso que comentas de Sampedro. En ambos casos hay una ayuda, y en ambos casos hay una confirmación del suicida.

Yo creo que, al contrario que en el caso del aborto, la eutanasia, como el suicidio, es una decisión puramente personal sobre la que Dios juzgará, pero no el hombre.

La única duda que cabe plantear es jurídica: ¿dónde está el límite entre homicidio y ayuda al suicidio? ¿Cuáles son los mecanismos para separar un de otro? ¿Realmente pueden existir?

Por otro lado, su base (la vida es propiedad de uno frente a la vida es un bien a proteger) exige un cambio en las normas éticas y legales:

¿Realizar una limpieza de estómago a un suicida en estado inconsciente que ha ingerido veneno se debería considerar una agresión? ¿Operar de urgencia a un hombre que se ha tirado a la vía del tren debe ser penado?

Un saludo

OJ dijo...

No se trata de una empanada mental: el que arriesga su vida por un ideal, o el que un terrorista armado pueda ser abatido, son buenas muestras de que la vida humana no es un valor absoluto, esto es, que anule otros valores. Es lo que quería demostrar únicamente.

*

1) No creo que pueda existir una ética (...) deducible a partir del mero pensamiento.

2) La razón (...) es completamente incompetente para determinar cuáles deben ser los fines últimos de la vida.

3) No me adscribo a las teorías según las cuales la normas morales son puramente convencionales, y por tanto relativas.

4) Creo que existen un bien y un mal absolutos, aunque no pueda demostrar tal aserto, ni puedo deducir racionalmente ninguna ley moral.

5) Pienso que la mayoría de personas, al menos en nuestra cultura, se conducen de acuerdo con ciertos principios...

Lo que a fin de cuentas equivale a decir que crees en una tradición cultural se han acumulado una serie de principios éticos a través de los cuales la gente se guía. Una apuesta por una moral conservadora, efímera y localista. Pero, frente a esto, nuestro ácrata reflexiona de manera crítica y racional. ¿Qué sería de una tradición sin reflexión? ¿Unas costumbres típicas y rígidas de un área geográfica?

CLD dijo...

"unas costumbres típicas y rígidas de un área geográfica"

yo he hablado de la naturaleza humana (que es igual en todas partes) y del cristianismo, que es universalista, no pretende asociarse a ninguna cultura particular, aunque haya surgido en una concreta.

"¿qué sería de una tradición sin reflexión?" Totalmente de acuerdo. Pero me pregunto también qué sería de una reflexión sin tradición.

Anónimo dijo...

Muy buen artículo Carlos.

De las dos tendencias actuales del liberalismo moderno, en concreto en España (en un extremo el anarcocapitalismo y en el otro, el evolucionismo), en cuanto a principios éticos se refiere me quedo con este ultimo.

Los anoarcocapitalistas en cuanto a actitud se refiere tienden a caer en la trampa de los estatistas que critican. Ambos con sus ideologías se sienten “sentados sobre la verdad suprema” (religiosizan sus ideología). No estaría mal que de vez en cuando leyeran (o re-leyeran) “La fatal arrogancia” de Hayek, la “La teoría evolutiva de las instituciones sociales” de C. Martínez Meseguer... entre otros textos de Mises, Menger, etc.

La reflexión anterior a cuento viene de tus palabras "¿qué sería de una tradición sin reflexión? Totalmente de acuerdo. Pero me pregunto también qué sería de una reflexión sin tradición”.

Puedo estar de acuerdo con el anarcocapitalismo cuando afirma que el Estado es el mayor enemigo del individuo; pero aún los anarcocapitalistas no me han demostrado que una ideología “religiosizada”, (sea la que sea, por ejemplo el anarcoapitalismo) sea menos enemigo para el individuo en una sociedad sin estado.

El problema de la eutanasia, como el del aborto, es que legalizado el derecho a matar en los dos extremos de la vida, con o sin estado, la especie humana ha demostrado con creces una tendencia irrefrenable a legalizar dichas muertes en un perverso camino al centro de ambos extremos.

En ésto las ideologías estatistas (el socialismo y sus variantes fundamentalmente) han demostrado su perversa maldad intrínseca, en tanto que el anarcoapitalismo, al menos hasta el presente, está demostrando el mismo nivel... pero de ingenuidad.

¿Eutanasia y aborto? No, gracias.

Pablo el herrero

OJ dijo...

Cree en una naturaleza humana, universal; pero no en su expresión, en una ética racional y universal. Es puro escepticismo afirmar lo que usted ha señalado anteriormente (1º punto en mi comentario anterior), negando la posibilidad que tiene el hombre de conocer mediante la razón los contenidos de las normas éticas adecuadas para sí mismo.

El ideario ético de nuestro ácrata no se fundamenta en zafios principios ideóligicos (credo raciales, etc.), situados por encima de nuestro tan amado legado judeocristiano, sino, justamente, en la naturaleza humana y en el derecho natural.

En definitiva, por un lado, como creo haber demostrado, su tesis pasa por el escepticismo en la cuestión del contenido de la norma ética, así como por el conservadurismo moral en el sometimiento hacia la tradición judeocristiana.

Por otro lado, una reflexión sin tradición es como echar una gota de agua en un vaso vacío: queda en casi nada. De él no se puede beber, por lo que no sería posible progreso alguno. Ahora bien, no es el caso Valín.

Un saludo.

David Jium dijo...

Una ética resumida en un mero enunciado de caracter universal es imposible...aunque una tentación intelectual muy grande dada la necesidad humana de certeza.

Ruben A.M. dijo...

La fobia al estado (algo con lo que me identifico también) lleva a Valín a extremar el despliegue de sus principales banderas: la defensa de la libertad individual y del derecho de propiedad de cada persona, llevándolo constantemente a emitir opiniones arriesgadas y a defenderlas como absolutos. Está en todo su derecho. Pero, se equivoca un montón de veces, y esta, acerca de la despenalización de la eutanasia, es una de ellas.

¿Qué es una "persona con derecho a ser libre, con derecho de propiedad sobre su cuerpo"? ¿Lo es, por ejemplo, una niña de 13 años que consiente tener relaciones con un adulto (Samantha Geimer - Roman Polanski)? ¿O eso es, sencilla y lamentablemente, una violación por parte del adulto? Se necesita en este caso una tercera figura para evaluar la situación (el estado es también una tercera figura en cualquier caso). Sospecho que la mayor parte de la gente está de acuerdo en que sí es una violación, porque la niña, aunque consiente la relación, no está facultada, diríamos, para evaluar su propio comportamiento, no es madura, no puede razonar por carecer de todas las premisas que un adulto sopesa ante cada acto que emprende. Pues, si lo consideramos violación, a pesar de que ella dice que no lo fue, es porque no le otorgamos a esa niña derecho alguno sobre sobre sí misma, ni le reconocemos libertad alguna, ni que su cuerpo sea propiedad privada suya... todo esto, al menos temporalmente, hasta que esté, digamos, "facultada para evaluar su propio comportamiento".

Sigamos. El deseo de morir no es un acto de la razón, sino de la desesperación. No tenemos otra opción que la vida, pues la muerte ocurrirá inevitablemente. En situación normal nadie atentaría contra su propia vida porque eso no está en la naturaleza de los seres vivos, forma parte de su condición la supervivencia, la vida. Por tanto, una persona que quiere privarse de la vida es un ser en una situación límite, alejada de la normalidad.
Entonces: ¿Es un suicida una persona facultada para evaluar su propio comportamiento? No lo creo yo. Y, como en el caso de la niña, pueden ponerse en cuestión sus derechos sobre sí mismo, y la libertad de decidir sobre su cuerpo, y el argumento de que este es propiedad privada suya... puede ponerse en cuestión, en fin, su derecho sobre su propia vida, al menos temporalmente, hasta que esté "facultado para evaluar su propio comportamiento".
Y, en ese caso, quien ayuda a morir o mata o deja morir a un suicida, comete un acto parecido al del violador.

Por otro lado, despenalizar la eutanasia no va a conseguir tampoco que cambie el hecho de que quien mata al suicida no es un suicida también: es un homicida (en el mejor de los casos) No se trata de evaluar al suicida, sino a quien mata o ayuda a morir a otro, aunque este lo consienta. En todo caso, es una valoración muy personal el acto de elegir acabar con la vida de alguien que quiere morir, o dejarlo morir, o de ayudarlo a ello, en lugar de procurar todo el tiempo de evitar que desee morir y que lo consiga.
Y un último detalle: quiere Valín que no haya Estado o quiere que haya un Estado pero que legisle según los criterios de Valín... Porque, legalizar la eutanasia, al menos por ahora, sólo puede hacerlo el Estado. Me temo que si se legislara a favor de la eutanasia, Valín escribiría un artículo en contra de la violencia del Estado que se entromete en asuntos tan privados.
Muy bueno tu artículo, Carlos.
Un saludo.

Oracle dijo...

La eutanasia, siempre que parta de una solicitud consciente, libremente expresada e inequívoca de una persona impedida para el suicidio y sometida a un sufrimiento o limitación vital irreversible y a su juicio intolerable, es ética.

Con su prohibición, el estado está tomando partido por una postura moral particular sin razón de utilidad social que le legitime; y el problema es que, al igual que unos piensan que ésta es la postura moral correcta, en el otro extremo hay otros que están igual de convencidos de la corrección moral de la eutanasia forzosa.

egolandia69 dijo...

Al final, todo se reduce a que el Estado es estupendísimo cuando nos da la razón y cuando impone a los demás nuestras propias convicciones morales. Lo cierto es que la sociedad de la libertad también es la del riesgo, empezando por el riesgo a tener que soportar que el Estado no sostenga con su fuerza cohercitiva nuestra particular visión del mundo. A mí tus razones no sólo me parecen una empanada mental -tal y como calificas a uno de tus interlocutores- sino que además son agresivas respecto a las mías propias, y por tal agresividad las denuncio. Ningún derecho, ninguna moral tradicional, y mucho menos niguna moral natural, te faculta para intervenir en mi propiedad sobre mi propio ser. Por ejemplo, mi derecho a drogarme cuanto me venga en gana o a solicitar ayuda de un tercero para suicidarme.
Dicho todo lo cual, quedan las cuestiones prácticas a resolver. No defiendo que alguien borracho pueda conducir y no defiendo, faltaría más, que se habiliten lagunas legales, para que la gente asesine a viejos o enfermos molestos. Lo que no entiendo es cómo se pueden usar estas cuestiones prácticas para invalidar principios obvios sin incurrir en una deshonestidad intelectual clamorosa.
Y un último punto. Eso de que el Estado cuando no se decanta por una determinada postura está propiciando al resto de alternativas es una marrullería sofista repugnante, pero además conmino a quienes así lo perciben a tener mucho cuidado puesto que los vientos sociales cambian con frecuencia y un día se pueden ver arrollados por ellos si no encuentran mejores argumentos que las pistolas policiales del Ministerio de la Verdad. En esto conservadores e izquierdistas sois pavorosamente idénticos.