Los materialistas y los locos no saben dudar. (G. K. Chesterton)

sábado, 20 de septiembre de 2008

Por qué estoy contra el aborto (y II)

Luis I. Gómez, en su blog Desde el Exilio, ha argumentado a favor del aborto planteando el problema central de si el nasciturus es sujeto de derechos o no. Según él, los derechos emanan o bien de la voluntad divina, o bien de la propia naturaleza del hombre. Desestimada la primera posibilidad, la segunda le parece una premisa moral cuyo cumplimiento no puede imponerse a otros.

Como argumento he de decir que me parece extraordinariamente endeble. ¿No es "imponer" nuestras premisas morales encarcelar a quienes matan o roban?

"No se puede (o no se debe) -dice Luis- prohibir el aborto, pues ello supondría obligar a la maternidad a quien no quiere desarrollarla (no importan los motivos)."

En realidad, es abusivo llamar a esto "argumento". No es más que la exposición de su propia posición, sin asomo de justificación. Claro, si prohibimos el aborto, estamos obligando a que el embarazo llegue a su término... Y si prohibimos el robo, estamos obligando a la gente a que se gane la vida honradamente. Son distintas maneras de decir lo mismo.

Lo que no es válido es plantearse la cuestión de si el feto tiene derechos, para acto seguido darla por respondida, en sentido negativo. ¿Por qué no los tiene? -That's the question.

De hecho, el autor de Desde el Exilio termina su reflexión mostrándose partidario de que el aborto se considere el último recurso, de la importancia de la educación, etc. Todo esto es ingrediente habitual del discurso proabortista -con lo cual se endulza el brebaje. Pero yo me pregunto: Si de verdad un feto no tiene derecho a la vida ¿a santo de qué estos escrúpulos?

La fundamentación religiosa no puede rechazarse tan a la ligera como se acostumbra. Evidentemente, no todo el mundo es creyente, por lo cual sería problemático querer partir exclusivamente de esta base para defender principios morales de validez universal. Sin embargo, la propia idea de que existen tales principios universales, es en su origen religiosa. Olvidar este legado de la religión, menospreciarla y considerarla como una reminiscencia de nuestro pasado precientífico, entraña el peligro grave de que la ética quede al albur de las opiniones de unos funcionarios (pienso en la profesora Victoria Camps), quienes impartirán su doctrina a mayor gloria de las conveniencias estatales de cada momento.

Los principios morales deben tener la consideración de verdades trascendentes, independientes de la mente humana. De lo contrario, nada puede escapar al ácido corrosivo del relativismo. Ningún político, ningún profesor de ética puede dictar a partir de qué semana de gestación un feto empieza a ser una persona dotada del derecho inalienable a la vida. ¿Por qué si nos parece una aberración abortar un feto a los ocho meses, no lo es a los seis? En una inversión hábil de la situación, los proabortistas nos acusan a los antiabortistas de querer dictar a los demás nuestras propias determinaciones acerca de cuándo se inicia una vida humana. Pero no es así. La posición provida, aislada de cualquier componente religioso, no consiste en afirmar que la vida humana empiece el primer día de la fecundación o en otro momento, sino en que nadie puede afirmar que no empiece en un momento u otro: Es la diferencia entre un principio dogmático y un principio de cautela -conservador, si lo prefieren.

Inextricablemente relacionado con esto, tenemos el problema de la responsabilidad. Los proabortistas que se entregan al argumentario lacrimógeno sobre las mujeres perseguidas legalmente por haber abortado (no muestran sensibilidad comparable con la suerte del feto, desde luego), olvidan que salvo en el caso de la violación (en el cual sí admito el aborto), toda mujer es una persona responsable de sus actos. Nadie la obligaba a abortar, como en general nadie está obligado a delinquir. Por definición, todo delito es por acción, omisión o negligencia un acto voluntario. Ignorar la responsabilidad individual (¡hasta el extremo de tratar el remordimiento postabortivo como una dolencia psicológica!) conduce a una sociedad de adultos inmaduros, y por tanto no aptos para el ejercicio de la libertad. Los liberales que como Luis I. Gómez defienden el aborto, también olvidan esto.

34 comentarios:

Elentir dijo...

Si la justicia consiste en castigar al que ha cometido un delito y es una injusticia castigar al inocente, no entiendo que se justifique la eliminación de una vida humana inocente surgida de una violación.

Yo rechazo la pena de muerte, pero al menos entendería la lógica de que quienes defienden el aborto en caso de violación, defendiesen en su lugar que se ejecute al violador. Pero que no defiendan esto y sí, en cambio, que se ejecute a un bebé inocente, en fin, es que no le encuentro la lógica por ninguna parte. ¿O es que tiene que pagar un inocente lo que ha hecho un violador?

En cuanto a la base de la posición provida, no entiendo qué tiene de religiosa una afirmación netamente científica como es el inicio de la vida humana en el momento de la concepción, cuando el ser humano adquiere la identidad genética que le acompañará hasta el día de su muerte. No veo la religión por ninguna parte. Lo que sí veo ahí es que la ciencia nos explica con toda claridad cuándo empieza una vida humana. Otra cosa es que algunos quieran negar este hecho científicamente demostrado para justificar el aborto con todo tipo de falacias, como ésa según la cual defender la vida desde su mismo comienzo es una posición religiosa (¿?).

Anónimo dijo...

La discrepancia entre los propios pro-abortistas a la hora de determinar el umbral temporal a partir del cual están dispuestos a reconocerle derechos al embrión-feto-bebé (que va desde la implantación del zigoto en el útero, unos días tras la concepción, hasta 4 semanas TRAS el parto, en el caso de Singer) confirma que están haciendo malabarismos desesperados por hurtarse a la terminante afirmación de la ciencia: hay vida humana independiente desde que el óvulo es fecundado y quedan fijados los 46 cromosomas que integran nuestro DNI genético.

Mikimoss calificaba de "primaria" y "sustancialista" mi argumentación al final del hilo anterior. Todo, por sostener que del HECHO de la pertenencia a la especie humana se derivan automáticamente ciertos DERECHOS. Sostiene que del ser no puede derivarse el deber-ser; que si fuera así, "los derechos se realizarían solos". Agradezco a Mikimoss que condescienda a revelar la "naturalistic fallacy" de George Edward Moore (lo esencial del argumento ya había sido adelantado por Hume) a los pobres palurdos como yo. Mikimoss debe saber que el tabú de la "falacia naturalista" ha sido cuestionado con buenos argumentos por filósofos contemporáneos como Henry Veatch. Es Mikimoss quien confunde ser con deber ser al afirmar que "entonces los derechos se realizarían solos". La posesión de derechos por el sujeto A significa que los demás sujetos B,C,D, etc. tienen el DEBER de tratarle en cierta forma (no matarle, para empezar). Un deber es, por definición, algo que puede ser incumplido. Por tanto, ningún derecho "se realiza solo".

Por mi parte, como soy palurdo y "primario", no veo otro fundamento posible para la ética que 1) la naturaleza humana; 2) la voluntad divina. En el primer caso, la ética indicaría los comportamientos OBJETIVAMENTE susceptibles de favorecer el pleno desarrollo de la naturaleza humana (entendida -al modo aristotélico- más como "fieri" [como tarea, potencialidad] que como "factum" [propiedad presente de una vez para siempre]). En el segundo caso, nuestra religación radical a la divinidad nos obliga a obedecer sus mandatos. En ambos casos, es la pertenencia del individuo a la especie humana lo que proyecta automáticamente en los demás sujetos la obligación moral de no tratarle de cualquier forma. El feto es indiscutiblemente miembro de la especie, dice la ciencia: participa de la naturaleza humana, y se beneficia de cualesquiera derechos que podamos argumentar desde la primera perspectiva (iusnaturalista). Si optamos por la segunda perspectiva (teológica), también está claro que todos los miembros de la especie son sujetos de derechos ("ya no hay judío ni griego, pues todos sois del Señor"), especialmente los más pequeños e inermes ("quien hiciere daño a uno de estos pequeñuelos haría mejor en arrojarse al mar con una piedra de molino al cuello").

Si no se acepta la naturaleza humana o la voluntad divina como fundamento de la moral, sólo nos quedará la convención entre los miembros de la comunidad como posible base de la misma. Convención contingente, mutable, susceptible de cualquier contenido, sin referente objetivo alguno. Los alemanes de los años 30, por ejemplo, llegaron a un consenso bastante unánime respecto a la licitud de matar judíos. Si lo lícito es sólo lo que los hombres acuerdan llamar tal en cada momento histórico, no se ve qué objeción podríamos plantear. Los españoles del siglo XXI estamos llegando a un consenso bastante unánime en torno a la licitud de matar a fetos de 24 semanas que se chupan el dedo y dan pataditas. Esperemos que nuestro castigo no sea tan duro como el que recibieron los alemanes de los años 30.

Saludos, C.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Curiosamente los antiabortistas se mueven en la contradicción permanente de decir por un lado que las mujeres que abortan son unas frívolas y por otro que son una suerte de engañadas. No es sino una fea manifestación del dogmatismo en que se mueven tales personas.

Los circunloquios no pueden ignorar que el aborto es una realidad y que regularlo es preciso. Porque constatar que el límite es difuso a la hora de hablar de embriones y fetos no puede consagrar la falta de legislación: es un dislate.

La postura antiabortista es esencialmente religiosa, también a pesar de todo circunloquio que se haga. Porque la condena del aborto es asumir que un embrión o un feto en desarrollo es una persona; en otras palabras: que existe el alma humana y debe ser penalmente protegida.

Lo que ocurre es que el Derecho, que surge de la fuerza y no precisa de Dios, debe ser para los vivos y no para los fantasmas. Y cuando digo "debe" me refiero a si el Derecho aspira a la racionalidad.

Y no hay más historia.

Florecilla Silvestre dijo...

Yo a repetirme de blog en blog. Creo que la consciencia es lo que debemos proteger, y que esta puede albergarse en el cuerpo humano cuando este alcanza un cierto grado de madurez. En particular, cuando madura el órgano del pensamiento (el cerebro).

Antes que eso, aunque hay un humano, no es persona. Y recordemos que un paciente en muerte cerebral irreversible es tan humano como lo puede ser un cigoto (e igual de persona). Ídem para un cadáver humano reciente o un bebé con anencefalia severa, por mucho que su aspecto externo nos pueda llevar a malentendidos.

Con los conocimientos de neurobiología que poseemos, podemos asegurar que hasta que el neocórtex no está formado y bien conectado al cerebro no existe la estructura física que soporta la consciencia. Esto no ocurre hasta la nosé ni cuanta semana del embarazo.

Si rechazamos esas premisas y consideramos que el único criterio con el que juzgar este asunto es la pertenencia a la raza humana, el aborto es un asesinato con todos los agravantes posibles sí o sí. Eso significa que una niña de 12 años violada por su padre yonki y sidoso, con un embarazo de altísimo riesgo de un feto con trisomía 21 debe parir. Y si aborta, pal maco por asesina. Lo siento, pero tirando de la lógica, es lo que hay.

Es un tema un tanto complejo por cuanto requiere unas ciertas ganas de filosofar y el recurso a un conocimiento científico que está ahí mismo (tirando de google se saca). Aunque claro, entiendo que para gente acostumbrada a usar la palabra "genocidio" sin haberla buscado antes en el RAE la cosa es mucho pedir. Hablemos por tanto, de cuestiones mas sencillas: ¿es moral que quienes pretenden la equiparación jurídica de aborto y asesinato se consideren así mismos "liberales"?

Policronio dijo...

Un artículo extraordinariamente bien escrito, ¡felicidades!

Por ponerle alguna pega, digamos que no me convence en absoluto justificar el aborto en caso de violación. A mi juicio, la criatura nacida de ese acto infame no tiene ninguna culpa, por lo que debería ser ofrecida en adopción, con la máxima reserva, antes de que la madre acabase encariñándose con ella.

Mi pregunta puede parecer una exageración, y quizá lo sea: ¿Cuántos hijos finalmente queridísimos no han sido fruto de una violación a cargo del propio marido legal? ¿Cuántos como consecuencia de una esposa con apetito desenfrenado de sexo, lo que casi podría considerarse otro acto de violación?

Todos los bebés pueden encontrar unos padres, sean biológicos o de acogida. Afortunadamente ya hemos rebasado la era del "qué dirán" y de las miradas de reproche hacia las madres solteras, causa de no menor importancia a la hora de que una mujer se decida a abortar.

rtwng dijo...

¿Durante el tiempo que se permite el aborto, un feto es vendible?

CLD dijo...

elentir,

comprendo tu razonamiento sobre el caso de la violación. Seguramente el mío es imperfecto, pero es que me parece tan terriblemente injusto para una mujer obligarla a tener un hijo producto de una agresión sexual si no quiere, que no me veo incapaz de ser absolutamente coherente en esto.

En cuanto a la defensa de que la vida humana empieza en el día uno de la fecundación, la ciencia demuestra que efectivamente allí ya tenemos al ser humano futuro, pero evidentemente no dice nada de derechos, eso es otra cuestión. Yo soy partidario de que se dé categoría de persona al organismo desde ese momento, pero por ejemplo, aceptaría el uso de la llamada "píldora del día después" precisamente en el caso de la violación -y sólo en ese caso. Así, aunque es posible que con ello destruyéramos un óvulo recién fecundado (lo cual, insisto, debería limitarse a este caso extremo y dramático) no habríamos atentado contra un ser humano dotado de sistema nervioso ni ningún otro órgano.

Soy consciente de que con estos artículos, no voy a contentar a nadie, ni a los abortistas ni a los antiabortistas. Es el problema de decir lo que se piensa, equivocadamente o no. Pero mis simpatías están por supuesto con los provida, aunque pueda discrepar en algún punto.

Anónimo dijo...

"Una fea manifestación del dogmatismo en que se mueven tales personas". Isidoro Lamas: dogmático tú, que excluyes de la comunidad moral a toda una categoría de miembros de la especie (los no nacidos) sin proporcionar un solo argumento para fundar tu posición.

"El Derecho, que surge de la fuerza y no precisa de Dios, debe ser para los vivos y no para los fantasmasn". Estoy de acuerdo; quiero un Derecho que proteja a TODOS los vivos: el embrión tiene vida independiente desde el día 1: "Inmediatamente después de ser concebido empieza a producir enzimas y proteínas humanas y a dirigir su propio crecimiento y desarrollo. Se trata de un ser humano, “una nueva, genéticamente única, recién existente, vida humana individual”(Dianne N. Irving: "When do human beings begin?"; tomo la cita del magnífico artículo de Albert Esplugas "El liberalismo contra el derecho al aborto").

Florecilla: así que "podemos asegurar que hasta que el neocórtex no está formado y bien conectado al cerebro no existe la estructura física que soporta la consciencia". Bueno ¿y qué? A partir de la semana 8ª hay neocórtex, pero no hay conciencia. No la habrá en ningún momento del desarrollo del feto. ¿Vas a hacer depender la pertenencia a la especie -y por tanto, la titularidad de los derechos- de la presencia de la "conciencia"? ¿Qué es la conciencia? ¿Puedes definirla? (Yo sí puedo definir perfectamente lo que es la identidad genética, los 23 pares de cromosomas, la capacidad de autodesarrollo del embrión, etc.). Albert Esplugas lo explica mucho mejor: "Algunos pro-elección consideran, por ejemplo, que el ser humano deviene persona a partir del instante en que se forma el cerebro y/o el sistema nervioso, lo cual sucedería sobre la octava semana de gestación. Invocan, pues, cierto desarrollo del soporte físico de la racionalidad. Pero, ¿por qué iba a ser el primitivo estado de la corteza cerebral el fundamento de la persona? Se trata de una característica formal, de ningún modo sustancial. La capacidad racional efectiva sigue siendo nula. Y la naturaleza racional del individuo sigue siendo plena. Asimismo no hay que olvidar que la integración del cerebro no finaliza hasta unos cuantos meses o años después del nacimiento. Entre el nacimiento y los dieciséis años el tamaño del cerebro se triplica".

Saludos, C.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

¿Sabían que los antiabortistas lo son por razones científicas y no por religión? Sí, eso dicen aquí. Espolvorean términos técnicos para sugerirnos su rigor. Un rigor bendecido por Dios todopoderoso.

Una ley que prohíba el aborto "desde el día de la concepción" sólo es viable en sociedades donde la religión domina al poder público, la coacción. No hay más que ver el sentimiento generalizado de la gente hacia el fenómeno del aborto: que es la de que es necesario regularlo. La oposición religiosa al aborto es la misma esencialmente a la ejercida por estos colectivos contra la figura del divorcio. Es igualmente irracional y autoritaria: se pretende imponer al Derecho unos fines megalómanos como el aumento de la población (o su mantenimiento) y la conservación de diversos atavismos que según ellos se asocian a la autoconservación social.

Decir alma o decir "promesa de vida" es lo mismo. Y Dios tiene que estar fuera de la Ley. Y es que, parafraseando a Clemenceau: el asunto del aborto es demasiado importante como para dejarlo en manos de los antiabortistas.

Mikimoss dijo...

Anonimo dixit: "La posesión de derechos por el sujeto A significa que los demás sujetos B,C,D, etc. tienen el DEBER de tratarle en cierta forma (no matarle, para empezar). Un deber es, por definición, algo que puede ser incumplido. Por tanto, ningún derecho "se realiza solo".

La distinción es algo más sutil. Por ejemplo, la gravedad, que existe independientemente de que creamos en ella o no, puede neutralizarse mediante otras entidades reales, permitiéndonos viajar por el aire. Esa neutralización es un deber que impone nuestra inteligencia cuando crea el proyecto de volar. Por eso digo que si los derechos fuesen propiedades reales de las cosas, -como la tendencia a caer- entonces no habría más que sentarse a esperar que echasen a funcionar, desplegando su Ser en la realidad sin necesitar ayuda alguna. Por el contrario, para que un derecho sea efectivo hay que apoderarlo. Ese poder que no proviene de su propio Ser sino de un proyecto de la inteligencia humana, es un poder simbólico. También hay poderes simbólicos detrás de otras creaciones humanas, como la moneda.

"Si no se acepta la naturaleza humana o la voluntad divina como fundamento de la moral, sólo nos quedará la convención entre los miembros de la comunidad como posible base de la misma. Convención contingente, mutable, susceptible de cualquier contenido, sin referente objetivo alguno."

Siento despertarlo de su sueño dogmático, pero asi son las cosas. Así de aperreada es nuestra vida. La moral es una posibilidad que la inteligencia humana ha vislumbrado en la realidad: la posibilidad de que el mundo se convierta en morada, en hogar; y para sostener este proyecto megalómano hace falta que todos levantemos los brazos en alto. Por eso cualquier idiota puede derogar esta novedosa forma de vida con tan solo empuñar un arma.

De todas maneras, lo último que afirma no es en absoluto cierto. Que un principio sea el producto final de una convención no impide que posea cierto tipo de objetividad. Toda herramienta justifica su esencia en la eficacia que demuestre a la hora de solucionar el problema para el que se la crea. La objetividad de las creaciones morales se encuentra precisamente ahí, en que objetivamente solucionen o no los conflictos que objetivamente genera la convivencia; unos conflictos que resultan ser universales, porque común es nuestra condición humana. En la universalidad de los problemas encuentra su condición de posibilidad una moral racional: la ética.

"Los alemanes de los años 30, por ejemplo, llegaron a un consenso bastante unánime respecto a la licitud de matar judíos."

Eso es una falacia. Los nazis eran conscientes de la maldad que estaban cometiendo, como se extrae de que intentaran destruir aquellos documentos que los incriminaban cuando los aliados entraron en Berlín. Otra cosa es que pensaran que tenían que cometer esas atrocidades para alcanzar sus objetivos ideológicos, y por éstos las justificaran. Pero acabar con un problema (los judíos) no es solucionarlo, ya que para ésto hay que salvaguardar los valores morales en el camino.

Anónimo dijo...

Isidoro: "sentimiento generalizado de la gente hacia el fenómeno del aborto: que es la de que es necesario regularlo": estamos de acuerdo: creo que el aborto debe ser regulado punitivamente (para salvaguardar la vida del más débil, el no nacido).

Isidoro: "se pretende imponer al Derecho unos fines megalómanos como el aumento de la población (o su mantenimiento)": yo no utilicé en ningún momento argumentos demográficos, sino éticos. Pero si prefieres que pasemos a ese plano, llamar "megalómano" al fin social de "mantener la población" es disparatado. Europa está inmersa en una "demographic death spiral", como dice siempre Mark Steyn. Nuestros índices de natalidad paupérrimos (entre 1.1 y 1.7 hijos/mujer; en el caso de España, quiero recordar que 1.3: el índice de reemplazo generacional es 2.1) nos abocan a medio plazo al colapso social (insostenibilidad de las pensiones y otras prestaciones sociales por inversión de la pirámide demográfica, débil crecimiento económico, etc.) o a dejarnos invadir por los africanos, que aún se toman la molestia de reproducirse (lo cual traerá problemas sociales muy graves de otro tipo: téngase en cuenta que la mayoría de la inmigración a Europa es musulmana). Difícilmente se podría pensar un objetivo social más importante que el "mantenimiento de la población". Y en España, hoy por hoy, un quinto de los embarazos termina en aborto voluntario. Nuestro índice de natalidad podría ser un quinto más alto de lo que es.

Mikimoss: "para que un derecho sea efectivo hay que apoderarlo. Ese poder que no proviene de su propio Ser sino de un proyecto de la inteligencia humana": ergo, le estás reconociendo algún tipo de "ser" objetivo a los derechos, distinto de su "apoderamiento" o efectividad. El derecho existe aunque no sea respetado o realizado. Los judíos de Auschwitz tenían derecho a la vida, aunque no fuese respetado. El ser del derecho consiste en deber-ser: proyecta en los demás sujetos la obligación moral de no tratar al titular del derecho en cierta forma. El derecho es una exigencia moral; la exigencia moral es "impotente" en sí misma: por supuesto que no "basta con sentarse a esperar a que se realice por sí misma". La ley moral sólo puede realizarse en la medida en que sea libremente cumplida por los hombres. Pero el deber moral no necesita ser cumplido para seguir vigente en cuanto tal deber: su incumplimiento frecuente no le arrebata un ápice de su validez. Si tantos pensadores han hablado de la distinción Sollen/Sein, por algo será.

"Siento despertarlo de su sueño dogmático": el último que dijo haber "despertado del sueño dogmático" fue Kant (gracias a Hume), y llegó bastante lejos. Yo no pretendo compararme a él, faltaría más.

"Toda herramienta justifica su esencia en la eficacia que demuestre a la hora de solucionar el problema para el que se la crea": tú prefieres hablar de la ética en términos de "herramientas" de ingeniería social (a lo Roscoe Pound) que en términos de "derechos", "dignidad", "ley moral", etc. (lenguaje que te parece arcaico). Aceptémoslo por un momento, gratia argumentandi. Sostengo que la despenalización del aborto es una muy mala herramienta: proporciona la peor solución posible al problema del exterminio de millones de miembros de la especie por sus propias madres. Se trata de un "problema" ciertamente inquietante para los exterminados. Ellos necesitarían que utilizásemos otra "herramienta" moral. La despenalización también es una "herramienta" muy ineficaz en lo que se refiere a otro grave problema social: el bajísimo índice de natalidad, que convertirá pronto a nuestras sociedades en geriátricos insostenibles.

"Los nazis eran conscientes de la maldad que estaban cometiendo [...]Otra cosa es que pensaran que tenían que cometer esas atrocidades para alcanzar sus objetivos ideológicos, y por éstos las justificaran": me sorprende que digas esto, tú que estimas que no existen el bien y el mal objetivos, sino sólo "problemas de convivencia" abordables con más o menos acierto por la inteligencia estratégica. Sus "objetivos ideológicos" no eran otra cosa que la solución a los "problemas de convivencia" de la sociedad alemana de la época, tal como ellos los entendían. Estaban firmemente convencidos de que los judíos eran un cáncer social, y aplicaban la medicina que estimaban más útil. Que destruyeran los documentos del Lager en los últimos días de la guerra no significa que sintiesen remordimiento: sólo que pretendían destruir pruebas incriminadoras que pudieran ser utilizadas por los aliados si decidían juzgarles (pues los nazis sabían que los aliados no aprobaban sus "herramientas"). Por otra parte, que la mayoría de los alemanes poseían indicios de sobra para saber lo que se les estaba haciendo a los judíos es cosa demostrada por el famoso libro de Daniel J. Goldhagen y otros. Simplemente, a la mayoría les parecía bien. Igual que a la mayoría de los mayas y aztecas les parecían estupendos los sacrificios humanos, y a la mayoría de los europeos actuales les parece magnífico el aborto.

Saludos, C.

Javi R. dijo...

Aquí no se trata de que tú estes o no conbtra el aborto, lo que sinceramente me da igual, sino que quieres (y eso es lo más antiliberal del mundo, porque va contra la libertad de los demás) es que se legisle según tu moral.

octopusmagnificens dijo...

La observación de Javi R. pone de relieve una de las paradojas si no de los conservadores, que no, sí de los falsos liberales: su apelación al supuestamente aborrecido Estado de bienestar para intervenir y judicializar los embarazos de las mujeres. Imaginemos por un segundo que quienes somos partidarios del derecho al aborto, pretendiésemos legislar acorde a nuestra moral e imponer abortos a, por ejemplo, las mujeres que tuviesen fetos con síndrome de Down o cualquier otra anomalía. Ningún auténtico liberal en su sano juicio pretendería tal cosa, ni siquiera los que apoyamos políticas eugenésicas para mejorar la especie humana. ¡Ante todo respetamos las libertades individuales! Los conservadores y los falsos liberales las agreden con virulencia.

Florecilla Silvestre dijo...

¿Es una ensoñación mía o todavía nadie ha publicado un comentario glosando la épica sentencia de Policronio en la que compara la cohabitación con una mujer fogosa con ser violado?. Espero que en Batiburrillo compaginen su campaña contra el aborto con otra en defensa del sufrido macho ibérico, víctima silente de la violencia sexual en su propio domicilio a manos de la insaciable hembra hispánica.

Mikimoss dijo...

Anonimo dixit: "le estás reconociendo algún tipo de "ser" objetivo a los derechos, distinto de su "apoderamiento" o efectividad. El derecho existe aunque no sea respetado o realizado."

No he querido decir eso, sino que un derecho, por sí mismo, no es efectivo. No existe, ontológicamente hablando. Antes de que hubiera inteligencias simbólicas no existían valores morales, como antes de que hubiera animales el agua no poseía un "valor saciante". Pero en términos clásicos claro que el derecho tienen ser. Ese ser es su esencia, su quididad; como tiene cualquier idea.


"Los judíos de Auschwitz tenían derecho a la vida, aunque no fuese respetado."

No, los judíos debían (o no) tener derecho a la vida, que es distinto. Un derecho que no se reconoce no es efectivo: no existe. Esto lo sabía muy bien Hannah Arendt, que fue durante parte de su vida una refugiada y por eso defendió intensamente la necesidad del Estado, que no sólo ofrece el ámbito de nuestra actividad política, sino la misma posibilidad de nuestros derechos. Como apátrida supo bien la suerte de alguien cuyos derechos no son ni jurídicamente ni efectivamente respaldados por ningún Estado. Aunque Hannah Arendt no era jurista sabía perfectamente que los derechos fundamentales sin un Estado que los reconozca o declare, y los proteja en su ordenamiento, no son más que simples nombres o vagos postulados filosóficos. Lo que le queda a uno cuando no tiene un Estado que se los reconozca o que garantice su observancia internacional son esas cláusulas generalistas de las declaraciones, que se han limitado a trasponer tales postulados desde el cielo de los valores, sin utilidad alguna. La experiencia nazi y la idea anglosajona de los derechos, le habían enseñado a Arendt que unos derechos no reclamables, sin protección judicial, esto es, sin Estado, no son nada.


"El ser del derecho consiste en deber-ser"

No, usted es sustancialista y confunde ser con esencia. El David no estaba en el mármol antes de que Miguel Ángel lo tallara, pero sí en la mente de éste, como qué, como esencia, como posibilidad vislumbrada en la realidad, que sólo se haría efectiva con la intervención del escultor.


"proyecta en los demás sujetos la obligación moral de no tratar al titular del derecho en cierta forma"

Ni mucho menos. El derecho no proyecta nada. Somos nosotros los que proyectamos derechos en los entes con respecto a los cuales nos conducimos en la existencia, y los que asumimos los deberes derivados de ese proyecto.


" La ley moral sólo puede realizarse en la medida en que sea libremente cumplida por los hombres."

Ahí introduce ya un criterio moral en su disquisición. Una ley moral puede realizarse perfectamente sin la mediación de un acto libre. De hecho, jamás actuamos con libertad pero permanentemente realizamos juicios morales. Mala cosa sería que nuestras decisiones se tomaran con total libertad, sin atenernos a nada.


"Pero el deber moral no necesita ser cumplido para seguir vigente en cuanto tal deber: su incumplimiento frecuente no le arrebata un ápice de su validez"

Bah, puro idealismo. La moral es en realidad comportamiento moral, y como tal sólo "es" cuando se realiza. Las proposiciones morales nunca son formalmente verdaderas, si quiere verlo así. Que matar sea malo es una verdad material, que hay que estar justificando contínuamente a la luz de los datos de la experiencia. Nunca queda establecida de una vez por todas, como si fuera un teorema matemático demostrado.



"tú prefieres hablar de la ética en términos de "herramientas" de ingeniería social (a lo Roscoe Pound) que en términos de "derechos", "dignidad", "ley moral", etc. (lenguaje que te parece arcaico)."

No me atribuya cosas que no he dicho. Los términos derecho, dignidad o ley moral no me parecen en absoluto arcaicos; sí me lo parecen las categorías ontológicas en las que se encuentran instalados muchos de los fiscales y defensores del aborto.


"la despenalización del aborto es una muy mala herramienta (...) Se trata de un "problema" ciertamente inquietante para los exterminados. Ellos necesitarían que utilizásemos otra "herramienta" moral."

Volvemos al principio. Es que usted, hasta que no demuestre lo contrario, no tiene legitimidad para establecer normas en la relación de la madre con el feto, porque es literalmente un irresponsable incapaz de asumir los deberes que el reconocimiento de esos derechos genera. Mientras no solucione este problema carece de legitimidad intelectual como para cargar sus palabras con prejuicios morales, como hace cuando habla de "exterminio".

"tú que estimas que no existen el bien y el mal objetivos,"

Me ha entendido muy mal. Bien y mal son valoraciones objetivas cuando se tiene un criterio de valoración universalizable. La ética tiene ese criterio, como ya le he explicado, y se funda en el hecho objetivo de que los seis o siete problemas más graves que aquejan a la convivencia humana son universales. Estudiando la genealogía de los valores (las soluciones morales) en las distintas culturas podemos observar como éstos convergen hasta perfilar un proyecto universal al que se da en llamar "felicidad" o "justicia", y que consiste en bienestar y ampliación de posibilidades. Cuando los seres humanos se libran de la misera, de la ignorancia, del miedo, del dogmatismo y del odio evolucionan de manera muy parecida hacia los derechos individuales, la racionalidad, la igualdad, la democracia, las seguridades políticas, la suavización de las costumbres y las políticas de solidaridad.

"Sus "objetivos ideológicos" no eran otra cosa que la solución a los "problemas de convivencia" de la sociedad alemana de la época, tal como ellos los entendían"

No es cierto. Ya le he explicado que una cosa es acabar con un problema y otra solucionarlo. El exterminio de los judíos no fue el resultado de un consenso ético, sino una medida política que habrían sido incapaces de justificar en ningún foro deontológico, y que jamás fue aprobada por el parlamento alemán. Se hizo de tapadillo, alegalmente, esgrimiendo la misma lógica belicista que sigue rigiendo hoy en día en todo conflicto que se pretende terminar (que no resolver) por la fuerza.


"Simplemente, a la mayoría les parecía bien. Igual que a la mayoría de los mayas y aztecas les parecían estupendos los sacrificios humanos"

No voy a entrar a discutir esa tesis histórica, porque no soy socrático, ni necesito probar que quien conoce el mal jamás lo comete. Lo que si afirmo tajantemente es que el exterminio judío se realizó en un momento y un rincón del mundo donde resultaba injustificable desde el punto de vista ético. Por ello fue un acto de barbarie, irracional conforme a la racionalidad que impone el discurso ético, aunque pudieran legitimarlo bajo argumentos materiales o ideológicos de otra naturaleza.

Cosa bien distinta cabe afirmar con respecto a los indios precolombinos, quienes, probablemente, ni mucho menos habían desarrollado un concepto del derecho ni del individuo que les permitiese llegar a la conclusión de que los sacrificios rituales tuviesen nada de malo, o al menos lo fuesen más que disgustar a los dioses. Simplemente, en esas culturas aún no se había producido la suficiente dialéctica histórica como para que les surgiese la necesidad de inventar las soluciones morales que los conquistadores les revelaron.

Iván Moreno dijo...

es que se legisle según tu moral.

¿Cuántas veces hay que rebatir semejante argumento?

La moral, Javi R., también es la que pide que se prohiba el robo, el asesinato de gente ya nacida o las violaciones. ¡¡Es la moral y no otra cosa!!

Si mi moral considera al feto como un ser con derechos, entonces la imposión de mi moral se hace un imperativo.

¡¡Pero de nuevo tu argumento parte de que los embriones carecen de derechos!!

¿Y entonces qué más da la moral?

Isidoro: En absoluto Dios tiene que quedar fuera de la ley. Dios tendrá que estar exactamente igual que cualquier otra base argumental. Faltaría más que tus "porque sí" valieran más que los de otros. Tus principios para mí, en el caso del aborto, son igual de válidos que los de un chamán... No me sirve ninguno. Poner a Dios como origen de la legislación no puede ser racionalmente ni legislativamente peor que poner los principios de Isidoro.

Sinceramente, creer objetividad donde no hay nada más que subjetividad es de una arrogancia infinita. "Los principios objetivos son los míos. Todos los demás son unos energúmenos equivocados."

Un saludo

PD: Gran post, CLD.

Juano dijo...

Menuda hipocresía el acusar a los demás de intentar imponer una moral y pretender dar la imagen de que uno no pretende hacer lo mismo.
Toda sociedad se define por el establecimiento de una serie de valores básicos que han de imponerse. Luego hay valores secundarios que pueden negociarse.
No es lo mismo una sociedad que en sus fundamentos considera a todas las personas iguales, que otra sociedad que considera que los fetos y los negros no son personas.

También es inconsistente definir al ser humano por sus extremidades, por sus órganos o por cualquier parte del mismo. Porque entonces todo aquel que tenga esa parte definitoria dañada será inmediatamente despojada de derechos y expulsada de la condición humana. Si tenemos un nivel médico que repare el neocórtex de alguien, ¿estaremos jugando con su condición de humano o infrahumano?¿Es la capacidad científica la que define lo que puede ser o no persona?

Si el feto no es persona, entonces cualquiera que lo mate no puede ser castigado, pues no actúa contra persona alguna. A lo sumo se le podrá, dependiendo del método, acusar de lesiones a la madre.
Si es la capacidad de pensar y tomar decisiones lo que define la humanidad, entonces podemos matar tranquilamente todos los bebés y retrasados mentales.

El único caso en el que puede haber condescendencia con la madre que aborta es cuando su propia vida corre peligro. De la misma manera que si dos personas que penden sobre un precipicio agarrándose de una rama que no va a aguantar el peso obliga a una de ellas a tomar la determinación, bien de dejarse caer para salvar a la otra, bien tirar a la otra para salvarse ella, bien aguantar para ver si les rescatan a tiempo o mueren los dos. El primer caso es de un heroísmo que a nadie se exige. El segundo caso no siendo encomiable, puede llegar a justificarse, aún cuando es esa persona la que ha situado a las dos en esa posición. Y el tercer caso tampoco puede criticarse en modo alguno.

En cualquier otro supuesto, no veo justificación ninguna para matar a una persona. Diminuta. Pero persona. Pues no hay definición más objetiva y completa de ser humano que aquella que parte de la concepción. Cualquier otra es arbitraria y abre la puerta a paralelismos y extrapolaciones monstruosas...

Alejandro De Llano dijo...

No creo que quiera que se legisle segun su moral. Simplemente esta defendiendo la vida humana. No creo que defender la vida sea patrimonio moral de nadie.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Donde se dice defensa de la vida véase defensa del alma. Esto es: Dios de vuelta al Código Penal.

Mikimoss dijo...

Los antiabortistas recurren a la ciencia -a la que la modernidad ha dotado de una autoridad indiscutible- porque creen que les da la razón. Pero yo les advierto a todos ellos, sustancialistas de una u otra confesión, ¿qué pasaría si la ciencia mañana descubriese el órgano de la dignidad, y que éste sólo se desarrolla a partir de la semana equis de gestación? Pues que toda su retórica antiabortista se desmoronaría como un castillo de naipes. Si la justificación del derecho se pone en la naturaleza, cualquier objeción metafísica o epistemológica sobre esta noción determinará la suerte de los derechos.

Así pues, conviene recordar que no hay derechos humanos. No existe esa impersonalidad señalada por el "hay". Nadie tiene por naturaleza ningún derecho. El orbe de los derechos es una construcción de la inteligencia humana convertida en legisladora y que lleva funcionando en mayor o menor medida desde hace siglos. Su eficacia hace que nos olvidemos de que esa estructura no se mantiene sola. Nadie está amparado por el derecho si está fuera de la órbita de los derechos. Si en el mundo civilizado el criminal está protegido por el mismo derecho que ha conculcado no es porque nadie se lo deba, sino tan sólo por la generosidad de los que permanecen en la órbita ética, manteniéndola en vuelo, que están dispuestos a afirmar la dignidad de todos sus iguales, aunque resulten perjudicados al hacerlo.

Anónimo dijo...

Isidoro: ¡qué perra con el alma! A este paso, tendremos que llamarte "Isidoro desalmado". El embrión tiene VIDA independiente: todos los biólogos convienen en ello. No defendemos el alma; defendemos la vida humana. (Si lo que quieres es manifestar tu desprecio por la religión, te diré que la noción de "alma" apenas es ya utilizada por la teología actual: se la considera una reminiscencia del dualismo platónico colada de rondón en el cristianismo; la teología contemporánea ha vuelto más bien al monismo hebreo: el hombre como totalidad psicofísica; el credo, por lo demás, siempre habló de "resurrección de la carne").

Javi R. y Octopus dicen que quienes nos oponemos a la legalización del aborto somos "falsos liberales" que queremos que "se legisle según nuestra moral". Tópico y endeblísimo argumento. ¿Acaso no imponéis VUESTRA moral los abortistas, tutelando mediante el Derecho el exterminio de inocentes? ¿A eso lo llamais "neutralidad cosmovisional" de la ley? ¿Qué neutralidad es esa? En determinados asuntos límite, la ley no puede ser cosmovisionalmente neutral: o da por buena una concepción del hombre y del mundo, o da por buena otra. La nuestra es mejor: más incluyente (abarca a más seres humanos, reconociéndolos como sujeto de derechos) y más coherente con el estado actual de los conocimientos científicos. Los abortistas, los materialistas, los que odiais al cristianismo, etc. estais acostumbrados a llamar "neutral" a la ley que se inspira en vuestras particularísimas concepciones éticas, y a llamar "confesional", "segadora de libertades", "impositora de creencias privadas no universalizables" a cualquier ley que se desvíe de aquellas. Vuestra "neutralidad" es la ley del embudo. Leeros el discurso de Sarkozy sobre la "laicidad positiva", hombre.

A Mikimoss ya le contesto en otro momento.

Saludos, C.

Anónimo dijo...

Mikimoss: dices: "No, los judíos debían (o no) tener derecho a la vida, que es distinto. Un derecho que no se reconoce no es efectivo: no existe". Tú prefieres situarte en una perspectiva ultrarrealista, que estima que el derecho se agota en la tutela jurisdiccional efectiva del mismo. Pero, al escribir también "los judíos DEBÍAN TENER derecho a la vida", estás reconociendo que hay un deber-ser moral ANTES DE dicho reconocimiento jurídico-positivo y dicha tutela efectiva. O, dicho en otros términos, hay un conjunto de razones que hacen justo-deseable el reconocimiento y aplicación efectiva de dicho derecho. A ese deber-ser antecedente (o, si lo prefieres -si rechazas como idealista la terminología del Sollen- ese conjunto de razones que hacen aconsejable el reconocimiento del derecho) le ha llamado la teoría jurídica durante siglos "derechos humanos" o "derechos naturales". Tú dirás que todo eso de los "derechos naturales" son quimeras metafísicas, lenguaje mágico, etc. (yo también leí a Olivecrona, no te preocupes). Yo te contesto que al escribir "los judíos debían tener derecho a la vida" estás postulando implícitamente algún tipo de derecho natural. Llamamos "derecho (natural) a la vida" a ese conjunto de razones morales (las que sean) que hacen sumamente preferible que las leyes positivas incorporen y respeten el derecho (positivo) a la vida. El conjunto de razones que nos permite llamar "injusta" a la ley positiva que vulnera aquel derecho natural (sean las leyes de Nüremberg, sean los códigos penales que contemplan la pena de muerte, sea la ley permisiva del aborto).

En otro rato abordamos las demás cuestiones (si CLD nos deja ;-). Saludos, C.

Anónimo dijo...

Voy ya al grano (a riesgo de abusar de la hospitalidad de CLD). Escribe Mikimoss: "Es que usted, hasta que no demuestre lo contrario, no tiene legitimidad para establecer normas en la relación de la madre con el feto, porque es literalmente un irresponsable incapaz de asumir los deberes que el reconocimiento de esos derechos genera". Mikimoss, éste ha sido desde el principio tu único argumento pro-aborto; y, sinceramente, no le veo ni pies ni cabeza. Que soy "incapaz de asumir los deberes que el reconocimiento de esos derechos genera"!? Mi único deber generado por el reconocimiento del derecho a la vida del feto es negativo: no matarle. Deber que me veo de sobra capacitado para asumir. En realidad, los deberes resultantes del reconocimiento del derecho a la vida del no nacido competen sobre todo a la madre. También a ella le es exigible dicho deber de abstención. Porta en su vientre un nuevo ser, con identidad y derechos propios. No hay más que hablar. No entiendo a qué otra cosa te puedes referir con eso de "no estamos en condiciones de asumir los deberes", etc.

"El derecho no proyecta nada. Somos nosotros los que proyectamos derechos en los entes con respecto a los cuales nos conducimos en la existencia, y los que asumimos los deberes derivados de ese proyecto": a veces me parece descubrir en tus afirmaciones el eco de la "Etica para náufragos" de José Antonio Marina. Por ejemplo: "Los derechos humanos no pierden nada si los concebimos como PROYECTOS INVENTADOS por la inteligencia humana, porque "inventar" no es fantasear arbitrariamente, sino justificar con toda minuciosidad [...] la mejor posibilidad vital. [...] Yo soy legislador de mis derechos y he de aceptar irremediablemente sus consecuencias, los deberes" (p. 229); "admitir que los derechos son creaciones humanas, invenciones, poryectos mancomunados, nos permite construir una ética universal" (p. 107). La "órbita de los derechos" sería un lujo existencial ("deportivo" en el sentido orteguiano) inventado por la inteligencia creadora. Una especie de ritual cuyos participantes acuerdan no infligirse ciertos daños, no sobrepasar ciertos topes; un ritual ennoblecedor en virtud del cual los hombres se comportan unos con otros COMO SI sus vidas y libertades fueran sagradas (no lo son "en realidad", puesto que Marina, como Mikimoss, no acepta la existencia de ninguna esfera "platónica" de verdades morales subsistentes por sí mismas, ni ningún legislador divino). "Tratémonos unos a otros COMO SI hubiese Tablas de la Ley, COMO SI hubiese absolutos morales inviolables", etc. (sabemos que en realidad no hay Tablas de la Ley: no hay Dios, no hay orden, no hay premios ni castigos trascendentes, surgimos del entrechocar azaroso de los átomos de carbono, venimos de la nada y a ella volvemos, etc.; no hay más sentido en la vida que el que los hombres sean capaces de inventar: jugar el juego de los derechos es una de las estrategias que consiguen crear sentido, DIGNIFICANDO una existencia humana que carece de cualquier dignidad innata). El planteamiento de Marina me parece insatisfactorio por muchas razones, que no puedo resumir aquí. No creo en sacralidades inventadas o pactadas: lo sagrado lo es por sí mismo o no es nada. Lo de "vamos a comportarnos como si nuestras vidas y libertades fueran sagradas (aunque sabemos que en el fondo no lo son)" no convencerá al "free rider" que insiste en ir a lo suyo, sin respetar reglas. Y la concepción "deportiva" de los derechos se hará siempre acreedora a la objeción de Dworkin en "Taking Rights Seriously": "La institución de los derechos en contra del gobierno no es [...] un ritual antiguo, ni un deporte nacional. Es una práctica compleja y engorrosa, que hace más difícil y más cara la tarea gubernamental de asegurar el beneficio general, y que –a menos que sirviera de algo- sería una práctica frívola e injusta. Cualquiera que declare que se toma los derechos en serio, y que elogie a nuestro gobierno por respetarlos, debe tener alguna idea de qué es ese algo".

En todo caso, incluso si aceptáramos la idea de la "órbita de los derechos" como invención lujosa, Marina deja claro que los derechos no pueden tener cualquier contenido (y, sobre todo, no se puede excluir a una parte de la humanidad de su disfrute: o jugamos todos el juego, o no lo juega nadie): "para que ese modelo cumpla su cometido, ha de ser universal e incondicionado. En caso de que fuera fragmentario, la selección de los beneficiarios de los derechos tendría que hacerse por algún motivo sectario: nación, raza, sexo. Parte de la especie sería excluida [...] con lo que la coherencia entraría en quiebra" (p. 114). Es exactamente lo que haceis los pro-abortistas, excluyendo del juego a un tipo de seres humanos (los no nacidos), basándoos sólo en su provisional condición dependiente y su pequeño tamaño (factores claramente irrelevantes a efectos morales).

Saludos, C. (y perdón por el ladrillo)

Iván Moreno dijo...

Mejor Dios en el Código Penal que un Isidoro cualquiera.

Sólo la existencia de Dios, o al menos de la trascendencia garantiza:

1.- La posibilidad de autonomía de la voluntad.
2.- La existencia de la moral como realidad objetiva.
3.- La existencia de responsabilidad penal.

Sin Dios no hay posibilidad de debate. Si tú eres capaz de debatir sobres temas legislativos, Isidoro, es porque:

1.- Te crees libre
2.- Crees que existe un bien al que tender o hacia el que debería tender el ser humano.
3.- Crees que existe la responsabilidad humana

Cualquiera de los tres puntos (excepto, tal vez el segundo) exige la existencia de Dios o al menos de algo que nos trasciende.

Es decir: Dios de vuelta en el Código Penal.

El segundo punto puede ser exclusivamente un deseo personal. Pero ya me dirás qué tiene de ventaja en el proceso legislativo tus deseos personales sobre los del resto. Como te digo, prefiero a Dios en el CC antes que a ti. Aunque obviamente, no quitaría a ninguno del debate. No todos pueden decir lo mismo.

Un saludo

Florecilla Silvestre dijo...

Si el criterio único es la pertenencia a la especie humana, el aborto de un feto con anencefalia severa es igual de criminal. Estoy hablando de un ser humano que carece del órgano del pensamiento, y por tanto no piensa, no siente, no padece, no sabe, no decide ... en definitiva, no es. Mikimoss (con quien coincidir no es plato de mi gusto) os lo diría usando un lenguaje mucho mas rebuscado y se sacaría de la manga un par de referencias a Kant, Spinoza, Descartes y al tío Camuñas.

Yo, que soy así de bruto, tengo que recurrir otra vez al ejemplo de la menor violada por su padre sidoso, yonki y vicepresidente del club de fans de Leonardo Dantés. Si el feto sufre anencefalia severa y el embarazo es de altísimo riesgo, ¿he de entender que debemos traer al mundo a un ser humano que sólo vegetará atado a una máquina aún a costa de llevarnos por delante a una niña?

P.D.: Leonardo no te hagas mala sangre que soy mu bestia con mis bromas. Dentro de poco te encargaremos una canción (baile incluido) para que expliques la diferencia entre "humano" y "persona" a ver si así algunos nos hacemos entender.

Juano dijo...

Vale florecilla, con tu teoría podemos asesinar impunemente a todo el que esté en coma y a todo el que consideremos que tiene una vida de mierda según nuestro criterio. Al primero porque no tiene voluntad ni pensamiento. Al segundo para que no sufra...

Sin una defensa absoluta del derecho a la vida ningún otro valor tiene sentido. Desde que se abre la puerta para eliminar a ciertos individuos por el motivo arbitrario que sea, ¿de qué más hay que hablar?

Anónimo dijo...

Florecilla, podrías haber rizado el rizo un poco más. Podrías haber puesto: "niña de once años violada por una banda de satanistas sifilíticos en el curso de una misa negra, que lleva en su seno a un Freddie Kruger de apariencia apenas humana ...". Otro truco de los pro-aborto: buscar casos absolutamente extremos (que se presentan rarísimamente en la realidad, por no decir nunca) para introducir una cuña en la firmeza de los pro-vida; y, una vez abierta la grieta, ir ensanchándola hasta arrancar la aprobación del aborto libre (de hecho, es la función que ha cumplido la ley de los 3 supuestos a lo largo de estos 20 años).

Es como si me preguntas: "¿autorizarías el uso de la tortura en el interrogatorio un terrorista que conociera el emplazamiento de una bomba que causará miles de muertos y va a estallar en una hora?". Savater escribió en un artículo hace años que, si su hijo fuese uno de los amenazados por la bomba, arrancaría probablemente las tripas al terrorista con sus propias manos. Pero que después se sometería a la sanción penal correspondiente (es decir, el principio "no se debe torturar" subsistiría). Venga, Florecilla, llámale "incoherente".

Mira, te concedo a tu "Rosemarie's baby" (el hijo del sidoso violador de su propia hija). Ahí lo tienes: machácalo. Concédeme tú a los 99.999 bebés restantes.

Saludos, C.

Mikimoss dijo...

Anónimo, efectivamente gran parte de mi concepción del derecho como proyecto constituyente mana de Marina, pero pienso que él no estaría de acuerdo con la solución que propongo a lo que denomina "problema ético fundamental":

"Hace más de medio siglo, Albert Camus dijo una frase que hizo fortuna: «El problema ético fundamental es el suicidio». Creo que hoy diría que el problema ético fundamental es el aborto. No he dicho el más grave -el hambre, la injusticia, la guerra o la inmigración pueden serlo más-, he dicho el fundamental.También he dicho «ético», no religioso. Afecta al axioma básico sobre el que construimos la ética entera: «Todo ser humano está dotado de dignidad». Se trata de un axioma expansivo, que comenzó refiriéndose sólo a los hombres libres, o blancos, o sanos. Y que ha ido extendiéndose a todos los seres humanos, incluido el feto. Nadie quiere abortar por gusto. Por eso no me explico que se festeje la ampliación del derecho al aborto. Toda afirmación de derechos tiene un aire triunfal. Señala la anticipación de un mundo nuevo y justo. Pero las leyes del aborto son siempre el reconocimiento de un fracaso. Hemos fracasado en construir una sociedad donde no sea necesario. Salvo en casos médicos, el aborto es una solución de emergencia a urgentes problemas previos no resueltos. El gran derecho de la mujer es no tener que pensar en abortar. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo?" (http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2008/666/1216504807.html)

Yo coincido fundamentalmente con Marina en cuanto considero que la venida al mundo comunitario de un nuevo ser humano abre siempre un valioso horizonte de posibilidades (incluso aunque al final la posibilidad se actualice en un Hitler) que sería bueno proteger. Para ésto Marina nos pide esforzarnos por hacer del mundo morada, de manera que disuadamos de abortar a aquellas mujeres que se lo planteen.

Sin embargo, mientras ese acogedor hogar para la madre y su vástago siga en construcción, y la necesidad de abortar permanezca acuciando, ¿que hacemos? Ésta pregunta no me parece nada retórica. El mismo Marina, en su "Teoría de la inteligencia creadora" establece que el culmen de la inteligencia no es el conocimiento, sino la acción. Para resolver un problema no basta con conocer su solución, sino que además hay que ponerla en práctica salvaguardando los valores fundamentales. Pues bien, yo considero que limitar un valor tan fundamental como la libertad de cada cual para disponer de su propio cuerpo sólo puede justificarse con argumentos muy contundentes, y no veo a los antiabortistas enarbolar ninguno de ese jaez, puesto que carecen de medios para hacerse cargo de los deberes que acarrea conceder al feto un derecho que contradiga, precisamente, la libertad de la madre de disponer de su propio cuerpo.

CLD dijo...

mikimoss,

"¿qué hacemos?", te preguntas. Te preocupan los problemas con la justicia de una mujer que haya abortado ilegalmente. Seguramente, no te preocuparán los problemas con la justicia de un tipo que hubiese atracado un banco. Se deduce, pues, que consideras que abortar no es inmoral, como sí lo es atracar bancos.

Entonces, tu pregunta "qué hacemos" no plantea el problema, sino que es ya una forma retórica de exponer tu solución.

Tu teoría de que los derechos sólo tienen sentido si alguien asume las consecuencias de su ejercicio (bueno, tú consigues decirlo de manera mucho más complicada) me recuerdan a aquella idea tuya que expusiste sobre los límites de la libertad de expresión en tu viejo blog -sí, aquello que te molestó un poco que yo exhumara, no debías estar muy orgulloso.

Sinceramente, me parece una conceptualización ad hoc para apoyar un prejuicio proabortista que en ti debe ser previo, como el "no a la guerra" o "el capitalismo mata". Como ya te dije en su momento, con tu extravagante idea de los derechos, me parece que no quedaría ni uno -salvo quizás el de abortar, lo admito.

Anónimo dijo...

Mikimoss: escribes: "las leyes del aborto son siempre el reconocimiento de un fracaso. Hemos fracasado en construir una sociedad donde no sea necesario [abortar] [...] mientras ese acogedor hogar para la madre y su vástago siga en construcción, y la necesidad de abortar permanezca acuciando, ¿que hacemos?".

¿De verdad crees que vivimos en una sociedad donde "es necesario abortar"? Hablamos de la España con más de 30.000 $ de renta per capita, no de Malawi o Togo. La España de las incontables ayudas sociales, escuelas y pediatras "gratuitos" (sufragados con nuestros impuestos, pero ese es otro debate), etc. Pienso como CLD: creo que esto de la "incapacidad de la sociedad para dar la bienvenida al nuevo ser" es una racionalización impostada y forzadísima a la que recurres para cubrir un prejuicio pro-aborto al que tú sabrás cómo has llegado.

Prácticamente nadie en España hoy día puede decir que "se vio obligada a abortar" por incapacidad de mantener y educar al niño. Y si algún caso extremo hay (alguna inmigrante ilegal sin trabajo, etc.), siempre queda la posibilidad de dar al niño en adopción. Tú sabes muy bien que la gran mayoría de los 100.000 abortos anuales son protagonizados por mujeres en situación económica no desesperada (en gran parte, jóvenes de entre 16 y 25 años que no quieren interrumpir sus estudios, "crecer de golpe", renunciar a las diversiones de la juventud, etc.).

Que conste que yo apoyaría una fiscalidad más pro-familia y pro-maternidad, etc. Pero -a pesar del insuficiente desarrollo de las ayudas a la familia- no creo que la necesidad económica pueda seriamente ser invocada por nadie como eximente del aborto. Por lo demás, el admirable movimiento pro-vida da ejemplo enfatizando cada vez más la parte "afirmativa" de su mensaje (crear instrumentos de apoyo a las madres en dificultades: Red de Madres, etc.), sin por eso, claro está, renunciar a la imprescindible dimensión "represiva" (penalización del aborto).

Saludos, C.

irichc dijo...

He argumentado contra Mikimoss en el otro hilo, y me he ocupado de este tema en repetidas ocasiones en mi blog y en varios sitios más. Con lo que -habiendo sido la postura antiabortista suficientemente bien defendida por CLD y Curro en el presente debate- ya me queda poco que decir. Sólo un par de apostillas.

Isidoro:

Los circunloquios no pueden ignorar que el aborto es una realidad y que regularlo es preciso.

Así es: con penas para quienes aborten.


Porque constatar que el límite es difuso a la hora de hablar de embriones y fetos no puede consagrar la falta de legislación: es un dislate.

Cierto, por lo que la legislación debería recoger el criterio que ha alcanzado mayor unanimidad entre científicos: que la vida empieza en la concepción.

Lo que sigue es una reflexión final sobre los términos de esta polémica.

El derecho natural al uso y disfrute del propio cuerpo, así como a tomar las medidas que propicien su conservación, sólo debe ampararse socialmente cuando su ejercicio se ajuste a los fines para los que ha sido reconocido. Es decir, incluso prescindiendo de la cuestión de si el "nasciturus" tiene derechos, que parece ser la causante de la polarización de la controversia que sostenemos, el derecho de la propia madre está subordinado a un presupuesto básico, a saber, que de la práctica del aborto se sigan perspectivas de mayor salud para ella. Siempre que esta premisa no se dé y el aborto suponga un riesgo o menoscabo mayor que la continuación del embarazo, se denegará el derecho. Y como hemos dicho que el derecho concierne al cuerpo, estarán de más las causas psicológicas, salvo que se demuestre que de proseguir la gestación la madre padecería una especie de demencia que le haría perder el control sobre aquél.

Ahora bien, si no es un derecho lo que se reivindica, sino una simple libertad, entonces no hay que regularla ni contemplar en ella supuesto alguno, bastando la enunciación en un texto legal conforme se reconoce dicha facultad de obrar genérica a los sujetos responsables que quieran llevarla a cabo (equiparable a la libertad sexual o a la de sindicación). Limitar una libertad -cuando dicha limitación no es arbitraria o moralmente perfeccionista- conlleva siempre reconocer un derecho ajeno. Puesto que el "nasciturus" no los tiene, según se ha alegado, el aborto tiene que ser completamente libre hasta el parto o, si fuera falsa esta postura, no ser legal en absoluto.

Mikimoss dijo...

Irichc, te he respondido en el otro hilo.

En éste pretendes aplicar el código penal, sin más distingos, a toda mujer que aborta. No creo que pienses en serio que la eliminación de un cigoto del tamaño de la cabeza de un alfiler merezca una condena por asesinato, aunque tu obcecada apología del sustancialismo te obligue a mantener tan extravagante postura.

La misma te obliga a supeditar tus principios morales al capricho de la certidumbre que establezca la autoridad (profana o iluminada) de turno, ocultándote de paso la profunda lógica interna del dinamismo ético.

Intentar fundar la moral en propiedades objetivas de las cosas te condena de hoz y coz al irracionalismo aunque pienses que constituye el cúlmen del realismo, porque la historia del conocimiento humano y de los descubrimientos científicos, tal y como nos han enseñado los filósofos de la ciencia, no sigue un programa coherentemente estructurado. Ese realismo ingenuo acaba resultando muy peligroso en este asunto, porque en cualquier momento un nuevo hallazgo puede obligarnos a abandonar, sin solución de continuidad, nuestras convicciones morales. ¿Sabías que la singamia (la unión de los cromosomas de ambos gametos) no se produce hasta 24 horas después de que el esperma penetra en el óvulo? Y por cierto, ¿sería la fecundación o la singamia a lo que se alude cuando se habla de la Inmaculada Concepción?

El sustancialismo nos deja a los pies de los caballos, incapaz de responder a cosas tan simples como por qué colgar los derechos en el genoma y no en el color de pelo. No existe ninguna razón profunda para ese establecimiento de fronteras cada vez más pequeñas y difusas.

irichc dijo...

No creo que pienses en serio que la eliminación de un cigoto del tamaño de la cabeza de un alfiler merezca una condena por asesinato, aunque tu obcecada apología del sustancialismo te obligue a mantener tan extravagante postura.

En efecto, no lo creo, y sin embargo ya he justificado en otra parte la importancia moral de respetar esas cabezas de alfiler como si fueran personas maduras. Hablar de asesinato me parece excesivo en el caso que comentas (no hay dolor ni, por tanto, ensañamiento), aunque no me quepa duda de que por lo menos se está eliminando a un individuo.


La misma te obliga a supeditar tus principios morales al capricho de la certidumbre que establezca la autoridad (profana o iluminada) de turno, ocultándote de paso la profunda lógica interna del dinamismo ético.

Cuando me veas cambiar de parecer y balbucear con el aire escéptico que suele darse el abortista podrás acusarme de estar siguiendo un capricho. Lo del "dinamismo ético" debe de ser el hermano pobre del relativismo cultural, ¿no?


Intentar fundar la moral en propiedades objetivas de las cosas te condena de hoz y coz al irracionalismo aunque pienses que constituye el cúlmen del realismo, porque la historia del conocimiento humano y de los descubrimientos científicos, tal y como nos han enseñado los filósofos de la ciencia, no sigue un programa coherentemente estructurado.

El juicio moral no es un juicio empírico del estilo "el cielo está nublado", pero tampoco es ajeno a la realidad.


Ese realismo ingenuo acaba resultando muy peligroso en este asunto, porque en cualquier momento un nuevo hallazgo puede obligarnos a abandonar, sin solución de continuidad, nuestras convicciones morales.

Sí, como ese "gen de la dignidad" del que hablabas más arriba. Todavía me estoy riendo.


¿Sabías que la singamia (la unión de los cromosomas de ambos gametos) no se produce hasta 24 horas después de que el esperma penetra en el óvulo? Y por cierto, ¿sería la fecundación o la singamia a lo que se alude cuando se habla de la Inmaculada Concepción?

Es rizar el rizo. Me importa poco saber en qué hora, minuto o millonésima de segundo nace el individuo. Soy consciente de las limitaciones de nuestra aproximación a la realidad.


El sustancialismo nos deja a los pies de los caballos, incapaz de responder a cosas tan simples como por qué colgar los derechos en el genoma y no en el color de pelo. No existe ninguna razón profunda para ese establecimiento de fronteras cada vez más pequeñas y difusas.

Por supuesto que sí existe. Para hablar de individuo han de darse dos requisitos metafísicos:

1) Continuidad del cuerpo en un espacio delimitado, lo cual no sucede hasta la unión de los gametos, que son dos realidades discretas y distintas.

2) Una vez podemos hablar de cuerpo, añadimos que es un cuerpo viable si no requiere ninguna acción externa para iniciar su desarrollo. Desde el instante en que el cuerpo es, por así decirlo, fuente de sus actos, se trata de un cuerpo plenamente constituido y de un organismo autónomo en germen, bastándole el mero paso del tiempo en un entorno adecuado. Porque si no distinguiéramos entre constitución primera y desarrollo ulterior, sería absurdo referirnos a los progenitores. Todos seríamos hijos de la Madre Tierra.

Sanzwich dijo...

Lo que no es válido es plantearse la cuestión de si el feto tiene derechos, para acto seguido darla por respondida, en sentido negativo. ¿Por qué no los tiene?

Bueno, aquí creo que has pasado por alto la previa distinción entre las nociones de humanidad y personalidad.

«Humano» es un individuo de la especie humana. Con ello se hace referencia, pues, a una condición genética y biológica. «Persona» es, por su parte, un miembro de la comunidad social. O, en otras palabras, es el sujeto que interactúa con otros sujetos en el tráfico social y jurídico.

Así, ni todos los humanos son personas (por ejemplo, un feto o un cadáver), ni todas las personas son humanos (por ejemplo, una sociedad mercantil o una administración pública).

De acuerdo con esta premisa, el Derecho -ese sistema por el que se regulan las relaciones sociales- sólo reconoce -o sólo debiera reconocer- derechos a las personas. Bajo esta perspectiva, resulta obvia la inidoneidad de atribuir al feto el derecho a la vida.

No obstante, es oportuno aclarar que de lo anterior no se deriva, necesariamente, la libertad de aborto. El feto, aunque no pueda ser titular de derechos (ni obligaciones), sí puede ser categorizado como bien jurídico digno de protección. Ello dependerá de nuestra sensibilidad hacia la condición humana y la personalidad potencial del feto.

Así pues, el debate sobre la admisión o inadmisión y, en el primer caso, los eventuales límites del aborto tiene que plantearse sobre esta premisa: El feto no es un sujeto de derecho, sino un mero bien jurídico digno de protección (siendo ésta una categoría inferior, más relativa que absoluta, y, por consiguiente, susceptible de ser ponderada en mayor medida en atención a otros intereses).

Por ejemplo, yo opino que las justificaciones terapéutica, eugenésica y ética (violación) son, sin duda, suficientemente poderosas como para que el interés por la conservación del feto decaiga, al menos hasta el momento en que éste adquiere viabilidad (22-24 semanas). Por el contrario, la voluntad incondicionada de la madre me plantea más dudas. En los debates de estas semanas me he inclinado por considerar esa voluntad motivo bastante. Pero, tras una reflexión más reposada, empiezo a considerar más valiosa la condición humana del feto; además de que no veo con buenos ojos el fomento de la irresponsabilidad personal que trae consigo la admisión del aborto sin causa mayor.

Eso sí -y concluyo-; fundamentar la oposición (o aceptación) del aborto en consideraciones religiosas (el fantasma en la máquina) o idealistas (el ser humano como fin en sí mismo, etcétera) está, en mi opinión, fuera de todo debate racional.

Un saludo (y perdón por llegar tarde).